Carolina Guerra, la actriz colombiana arquitecta de formación (no la intérprete homónima asociada a otras producciones internacionales), ha construido su carrera como quien diseña un espacio habitable: con estructura, visión y riesgo. Nacida en Medellín, creció entre la danza, el performance y el juego teatral, antes de entender que esa inclinación infantil era una vocación.
Su recorrido la ha llevado del teatro y los comerciales a proyectos internacionales, y ahora se integra a la tercera temporada de La reina del flow, fenómeno que ha trascendido fronteras gracias a su mezcla de música urbana, melodrama y cultura local. En esta nueva etapa interpreta a Mayi, un personaje breve pero decisivo dentro del entramado narrativo.
Carolina Guerra habla del oficio como quien dibuja planos invisibles, la escena como espacio, la intuición como cimiento y la disciplina como estructura. En La reina del flow 3, Mayi será una aparición puntual; en su trayectoria, en cambio, la búsqueda continúa, paciente y encendida.

Tu formación antecede y sostiene todo tu recorrido audiovisual. Vienes del teatro y de la danza. ¿Cómo marcó eso tu manera de entender la actuación?
Yo siento que el teatro existe en todos los momentos de la vida. Empecé como bailarina a los tres años y hacíamos performances teatrales que trabajábamos durante todo el año. Para mí era un juego. No lo veía como “voy a exponerme ante tantas personas”, sino como algo lúdico.
En mi casa, cuando no tenía clases, seguía montando obras con mi mamá, mis tías, mis amigas. Imitaba a personas que me llamaban la atención. Hoy entiendo que todo eso era composición. La vida es una obra de teatro porque el teatro es la vida: reaccionamos en tiempo real, no hay posibilidad de repetir la escena.
Has interpretado mujeres muy distintas: antagonistas, víctimas, figuras de poder. ¿Hay algo que determine que digas sí o no a un personaje?
La curiosidad. Siempre encuentro algo de mí en cada personaje. Es una forma de conocerme. Me fascina explorar la psicología humana.
A veces me subo a un bus o me siento en un parque y observo cómo camina la gente, cómo come, cómo mira. Cada persona es un universo. Esa curiosidad me permite abrirme a personajes muy diferentes. Hasta ahora no me he enfrentado a algo que me haga decir “no lo haría”; siempre encuentro una manera de explorarlo.
Tu carrera cruza Colombia y producciones internacionales. ¿Cómo ha transformado eso tu identidad actoral?
Comencé en Colombia, hice teatro, modelaje, comerciales. Estudié arquitectura, así que durante un tiempo mi vida estaba encaminada hacia ese lado. Pero mi pasión estaba en la actuación.
Viví cuatro años en Miami, retomé estudios actorales y confirmé que necesitaba volver a eso que me hacía sentir viva. Después regresé a Colombia y empecé una etapa de trabajo más estructurada, con equipo y representación.
Ser actriz implica preparación constante, castings, perseverancia. El desplazamiento entre países te obliga a adaptarte, a traducirte, y eso enriquece tu identidad.

En la tercera temporada de La reina del flow interpretas a Mayi. ¿Qué aporta este personaje a la historia?
Mayi es un personaje corto pero sustancioso. Tiene presencia, aporta frescura y dinamismo. Aunque no es un rol extenso, sí deja una marca dentro de la narrativa.
Sumarme a esta temporada ha sido muy importante porque la serie es un fenómeno internacional. Tiene una audiencia fiel, apasionada, que no solo consume la historia sino también la música. Incluso antes de que salga mi personaje, ya he recibido mensajes de seguidores en España preguntando por Mayi.
¿Cuál crees que es la clave del éxito de la serie?
Le dio visibilidad a Medellín y a Colombia. Mostró nuestra cultura, nuestro sabor, nuestra música urbana.
La mezcla de reguetón, drama y romance conecta mucho. Además, la ficción trascendió la pantalla: la música se volvió real, hubo conciertos en España, en lugares como Lanzarote. Eso habla de un fenómeno que desborda la televisión.
Has trabajado con equipos internacionales. ¿Notas diferencias en la forma de producir entre Estados Unidos y Colombia?
En Colombia hay muchísimo talento y entrega. La gente trabaja con el corazón.
En Estados Unidos encontré procesos muy estructurados y precisos. Quizá por la experiencia acumulada todo está más definido desde el inicio. Aquí a veces hay más espacio para explorar, para ajustar una escena desde lo que el actor siente. En calidad estamos muy parejos; las diferencias están más en el ritmo y en la metodología.
¿Qué mitos del oficio deberían desmontarse?
Que es fácil. Que si estás en televisión ya “lo lograste” y eres millonario. No es así.
Es una profesión inestable que exige constancia, preparación y creer en uno mismo. Hay muchísimo talento en el mundo. Para escalar necesitas disciplina y también respaldo. En mi caso, la arquitectura ha sido ese soporte paralelo.
Para cerrar: ¿qué pesa más en la carrera de un actor, la estrategia o la intuición?
Es una combinación. Me gusta planificar mis metas, ser organizada. Pero en escena la intuición es fundamental.
Si sientes que debes hacer algo, confía. El actor necesita estructura, pero también fuego interior. Razón y emoción trabajando juntas.