Un auto se detiene a las afueras de un baldío en la Ciudad de México. De pronto, se abre una de las puertas y una joven desciende apresuradamente, llena de pánico. Un hombre la persigue entre la oscuridad de la noche; sin embargo, su sombra es perseguida por Emma (Yalitza Aparicio), una joven maestra de secundaria, que decide no dejar a su suerte a quien podría ser su alumna. No obstante, cuando la maleza la hace caer, el captor nota su presencia y decide tomarla como víctima: una más, una persona más dentro de la desoladora y creciente cifra de 120 mil desaparecidos en México.
Este suceso marca el punto de partida de Cometierra, un drama de ficción sobrenatural, inspirado en la primera novela de Dolores Reyes, escritora argentina y referente de la literatura feminista en Latinoamérica. “Antes tragaba por mí, por la bronca, porque les molestaba y les daba vergüenza. (…) Después, empecé a comer tierra por otros que querían hablar. Otros que ya se fueron”, escribió la autora. El peso y el significado de esas palabras inspiraron a Daniel Burman y a Mónica Herrera a escribir el guion de la serie.

“Para ser histórica, fui condenada a nacer”, cantan Masta Quba y Mayki Graff cuando conocemos a Aylín (Lilith Curiel). Despierta, precisamente, en el aniversario luctuoso de Lourdes (Mabel Cadena), su madre, quien perdió la vida hace 13 años. Desde entonces, Walter (Roberto Aguilar), su hermano mayor, que se gana la vida como mecánico, ha cuidado de ella. Es un día atípico: Verónica (Max Peña) es la nueva alumna; Calaca (Iván Martz), su mejor amigo, parece no estar de su lado; y Emma, su maestra, no está.
Aylín tiene un carácter fuerte, casi rebelde. No baja la voz ante las injusticias y defiende sus ideales, pero también los de los demás. Esto no le agrada a muchas personas; es la causa por la que algunas alumnas la toman por la espalda en una jardinera, y la obligan a comer tierra. Un halo de luz ilumina sus ojos ante esta acción y, confundida, vislumbra las imágenes de la desaparición de su maestra, con quien mantiene una relación profundamente cercana. “Escúchala, pruébala; no creo que te quiera hacer daño”, le sugiere Sandra (Cecilia Toussaint), una curandera del barrio, cuando acude a ella en busca de ayuda para resolver el misterio de las visiones.

Cometierra narra, desde el misticismo y el dolor, la violencia de Latinoamérica. Es testimonio de la crisis de los desaparecidos, de la violencia sistemática contra las mujeres, de la impunidad, la marginalidad, la corrupción, las omisiones del sistema de justicia y la indiferencia de la policía. Aylín ilumina un panorama lúgubre. Luego de cerrar el caso de Emma, se convierte en una detective involuntaria que brinda información a las víctimas de un Estado ausente. No solo recupera su voz, sino también su memoria.
“Lo que tú puedes hacer es increíble. Hay poderes más chidos: volar, lanzar telarañas de las muñecas. El punto es que tú puedes encontrar personas que nadie más puede encontrar y salvarlas”, le dice Verónica durante un receso. Mientras Aylín crece al ritmo de un barrio marcado por la violencia y las desapariciones, también descubre, junto a sus amigos, su propia identidad y su lugar en el mundo.

En Cometierra hay ferias locales y azoteas céntricas llenas de soledad; se piensa en el baile de fin de curso y se recuerda el abandono de un padre; se canta por igual ‘Nunca Tristes (Me Vale Madre)’, de RENEE, y ‘Si me matan’, de Silvana Estrada. Lo cierto es que la serie cobra vida gracias al talento de su reparto, integrado, además, por Juan Daniel García Treviño, Lizeth Selene, Luis Curiel, Sayuri Ramírez, Harold Torres, Arcelia Ramírez, Hugo Albores, Gerardo Taracena, Clementina Guadarrama, Rubén Albarrán y Luisa Huertas.
En entrevista con The Hollywood Reporter en Español, Dolores Reyes, autora de la novela, y Daniel Burman, showrunner y director, conversaron sobre lo significativo que resultó llevar Cometierra a la pantalla, los procesos de su adaptación audiovisual y el impacto de su narrativa frente a la situación de Latinoamérica.

¿Cómo surge la idea de llevar Cometierra a la pantalla?
Daniel Burman: Dolores escribió esta novela fantástica, que tuve la oportunidad de conocer cuando aún no había sido publicada. Casualmente, yo estaba buscando una historia extraordinaria, con una gran heroína que cambiara el patrón o el arquetipo de lo que consumimos en Latinoamérica. Esos héroes solitarios, de alguna manera escondidos, con dones escindidos de la sociedad o que los practican siempre como un acto independiente y solitario.
Fue la primera vez que vi una historia muy ligada a lo que está ocurriendo en Latinoamérica. El don de esta heroína se activa, de algún modo, por capilaridad social. Es un poco lo que sucede con las buscadoras: heroínas; mujeres que buscan a quienes no están. A veces, parece que están aisladas, pero realmente tienen una red, también de mujeres, con la que se sostienen. Así funciona lo que ha elaborado Dolores.
Su obra es un material sumamente atractivo, entretenido, emocionante, que no traiciona la realidad de un continente. Nos permite adentrarnos en una temática muy compleja y dolorosa, sin anestesia, pero también con todos los elementos y claroscuros que tiene la vida cotidiana que continúa, en estos casos, entre los que buscan. Es una novela totalmente inédita. Con el tiempo, cuando uno se enfrenta a un material así, se da cuenta del enorme potencial que tiene y, a su vez, de la enorme responsabilidad que surge para darle en pantalla la calidad y la altura que propone la literatura. Estuvimos bastante cerca de eso.
Dolores Reyes: Estoy realmente contenta; con más vida, emocionada. Todo junto. El libro, en sí, tiene un nivel de intensidad muy fuerte, y verlo en pantalla lo intensifica todo aún más. Desafortunadamente, estos tiempos hermanan a México, Argentina y a toda Latinoamérica por la problemática de los feminicidios y las desapariciones.
Esta es una buscadora distinta. Es una buscadora que conecta con las huellas que dejamos en la tierra, en lo subterráneo; algo que también está muy presente en la cultura mexicana. Duelamos a nuestros muertos, y eso abre portales —se están por abrir en estos días—. Diría que es algo que siempre me obsesionó, más que interesarme. La adaptación dio lugar a todo lo que me parece importante, como el don colectivo. Por ejemplo, en Argentina hay graniceros, intérpretes de los elementos de la naturaleza, que nunca usan su poder para sí mismos, sino que lo ponen al servicio de los demás. Para mí, esto es central en el personaje de Cometierra, y me parece que en la serie se reflejó muy bien.

Cometierra no solo aborda el tema de la violencia sistemática contra las mujeres, sino también la crisis de los desaparecidos, lo insuficiente que es el sistema de justicia, la indiferencia y la corrupción. ¿Cómo fue el proceso de configurar todo esto en el guion?
Dolores Reyes: Desde el inicio, fue un desafío de escritura, pero parte de la vida misma. La vida tiene toda esta carga tan triste, tan ática, tan de buscar justicia. Cometierra busca verdad y justicia en la tierra, no solo para quienes la necesitan, sino también para los que están del otro lado. En la historia también está toda la parte luminosa de la vida: el amor, las amistades, la música, los encuentros y mucho más, porque es una heroína adolescente.
Esa etapa de la vida, donde toda esa carga vital es más intensa que nunca, también está presente. Le hace la vida soportable a un personaje que tiene que resolver casos durísimos, casos con los que nuestras policías —la mexicana y la argentina— se hermanan. Es una cosa desafortunada, porque no buscan como deberían; no valoran la vida de las mujeres ni de las personas desaparecidas como corresponde. Si los que tienen que resolverlo lo hicieran, no existiría un personaje como Cometierra, que está ahí, aunada a la tierra y a lo que necesitan saber los buscadores.

¿Cómo se adaptó el aspecto visual? ¿Cómo idearon, por ejemplo, el submundo de las visiones de Aylín?
Daniel Burman: Fue un trabajo larguísimo. El desarrollo nos llevó tres años. Parece una frase hecha, pero cuando tienes un personaje tan fuerte como el de Cometierra, surge algo que te va llevando. Las decisiones estéticas comienzan a ser las necesidades del personaje, de dónde habita. Quisimos tener mucho cuidado con el, a veces, mal llamado realismo mágico, particularmente, para no llevarla a universos que, por un lado, propicien un artificio que nos aleje de la realidad que estamos contando. Sabemos que hay algo en nuestra cultura que se distancia de lo que normalmente llamamos real.
Por otro lado, quisimos darle belleza a la serie, en el sentido más estricto de la palabra. Diseñamos un universo donde se quiere ver, habitar y estar, incluso, en las zonas más oscuras. Nuestro desarrollo fue de muchísima búsqueda, con un equipo de VFX extraordinario. Mi colega, Martín Odara, codirector de la serie, estuvo muy a cargo de experimentar, incluso, utilizamos muchísimos recursos del cine más clásico, combinados con trabajos muy complejos de composición digital.
No le hemos hecho asco a nada para construir estos dos universos que habita Cometierra. No estamos, no lo vemos, no lo intuimos, pero es un inframundo, un espacio donde, finalmente, habita todo lo que queremos ocultar o que creemos que podemos poner debajo de la alfombra. Nosotros emergemos de eso. En realidad, eso que no vemos no es lo que está oculto, sino al revés, es lo que se está revelando al mundo. Fue un trabajo complejo, pero me da mucho gusto que llegue a una audiencia global.

Esta historia no podría contarse sin el talentoso grupo de jóvenes actores.
Daniel Burman: Me parece que fue una decisión maravillosa. Agradezco que la plataforma nos haya dado la libertad absoluta para el casting. Los intérpretes son personas que representan la diversidad real de los habitantes de México y Latinoamérica. El elenco me parece extraordinario: combina actores tremendamente conocidos de la industria mexicana con nuevos rostros. Un trabajo arduo, de la mano de Luis Rosales.
¿Por qué era importante llevar Cometierra a la pantalla?
Dolores Reyes: Para llegar a un público muchísimo más masivo. Es como una traducción más. Mi libro tiene 16 traducciones a distintos idiomas, pero este es un momento soñado. Yo suelo hacer mucho énfasis en los personajes inolvidables. Para mí, Cometierra y Miseria son personajes que, de alguna forma, se van a quedar en la memoria colectiva. Que lleguen a un universo audiovisual, con esta potencia y con esta producción, me parece que apunta a eso.
Algo que ocurre, y que lo siento muchísimo, es que las buscadoras han estado mucho tiempo solas. Hoy mismo vi, en un noticiero de México, a mujeres con palas y rastrillos, buscando, agujereando la tierra, y las veo muy solas, muy autogestionadas. Esto también es un mensaje para ellas: las estamos mirando, las estamos acompañando y no queremos que sigan buscando tan solas como lo han venido haciendo.