Crítica: Agente Secreto

Entre el absurdo y la represión, el director de Bacurau entrega una fábula densa, fascinante y agotadora sobre la identidad, la ética y el control.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

octubre 13, 2025

8:10 am

Cortesía de MUBI - BIFF

Director: Kleber Mendonça Filho

Wagner Moura, Tânia Maria, Carlos Francisco, Maria Fernanda Cândido, Robério Diógenes

Con O Agente Secreto, Kleber Mendonça Filho (Aquarius, Bacurau) confirma su posición como uno de los autores más complejos e intransigentes del cine brasileño actual. La película mezcla géneros, estilos y tonos para construir una experiencia tan intensa como desconcertante. Es cine político, pero no panfletario; cine de género, pero no comercial; una obra profundamente consciente de sí misma, que homenajea, reflexiona y también se extravía.

Ambientada en Brasil durante la dictadura militar de 1977, el detonante del protagonista de O Agente Secreto comienza con un gesto aparentemente menor. Un ingeniero universitario, Marcelo (Wagner Moura, en un registro contenido), se opone a la privatización de su centro de investigación. Ese acto ético basta para convertirlo en blanco de una persecución estatal absurda y brutal. Forzado a huir, se refugia en su Volkswagen escarabajo amarillo en  Recife, donde es protegido por una red de resistencia durante los días de carnaval. Allí, bajo una nueva identidad, comienza a trabajar irónicamente en una oficina estatal que emite documentos falsos. El hombre perseguido por tener nombre propio ahora fabrica nuevas identidades.

La historia avanza a través de una estructura fragmentada y digresiva. El relato lineal pronto se ve interrumpido por desvíos, repeticiones y secuencias simbólicas que deforman la lógica narrativa clásica. La figura de Euclides (Robério Diógenes), un siniestro agente del régimen camuflado entre las multitudes carnavalescas, introduce una dimensión más inquietante. El terror no se presenta con tanques, sino con gestos burocráticos, cuerpos anónimos y una violencia latente que puede estallar en cualquier momento.

Mendonça funde lo histórico con lo fantástico. El hallazgo de una pierna humana en el estómago de un tiburón desata una histeria colectiva que deriva en la aparición mítica de “la perna cabeluda”, criatura del folklore brasileño. La leyenda urbana opera como síntesis de una sociedad marcada por el miedo, la desinformación y la necesidad de proyectar el horror sobre lo inexplicable. Es aquí donde el filme se aleja definitivamente del thriller político tradicional y abraza lo que podríamos llamar un “realismo psicodélico” y de metacine conformado por imágenes que remiten a Jaws, Doña Flor y sus dos maridos, al Belmondo de Le Magnifique (llamada en español Agente secreto) y al horror paranoico de The Omen. No se trata de citas gratuitas, sino de apropiaciones estilísticas. Al igual que Jarmusch, Tarantino y Almodóvar, Mendonça Filho utiliza el cine como archivo, fuente de inspiración y espejo distorsionado del presente.

Wagner Moura encarna a Marcelo con una energía apagada, casi abstracta. Su personaje es más símbolo que sujeto. Representa al ciudadano común arrastrado por la maquinaria paranoica del Estado. Tânia Maria brilla como Doña Sebastiana, la figura maternal que ofrece resguardo y sentido dentro del caos, mientras Robério Diógenes se apropia del absurdo. Incluso Udo Kier, en un cameo tan inesperado como eficaz, subraya el tono alucinado de la propuesta.

Formalmente, O Agente Secreto es impecable. La fotografía en gran formato, el diseño sonoro meticuloso, el montaje lleno de trampas temporales, y el uso expresivo de los espacios urbanos construyen un universo asfixiante, donde cada plano parece conspirar contra el espectador. Pero ese rigor técnico también impone un precio. La película exige atención constante, tolerancia al exceso y una disposición a aceptar que el ritmo será más literario que cinematográfico. Como The Limits of Control de Jim Jarmusch, Jackie Brown de Tarantino o Wasp Network de Olivier Assayas, O Agente Secreto prefiere demorarse en los márgenes que avanzar por el centro.

Y ahí está su mayor virtud y su mayor límite. Para quienes logren entrar en su lógica, la película puede ser una experiencia hipnótica, envolvente e incluso reveladora. Para quienes no conecten, puede sentirse como una sucesión de signos vacíos, guiados más por la voluntad de estilo que por una urgencia emocional. El relato no busca empatía, busca análisis. Y ese distanciamiento deliberado puede resultar frustrante, sobre todo cuando la acumulación simbólica satura en lugar de iluminar.

Mendonça hace aquí cine político desde la forma. Y eso, en una era de discursos obvios, es valioso. Pero también se arriesga al encierro estético. La cinta parece hablarnos desde una posición de superioridad. Lo sabe todo, lo controla todo y lo cita todo. Y aunque muchas veces deslumbra, también agota.

O Agente Secreto es, sin duda, una película de autor con “A” mayúscula. Es ambiciosa, desafiante, y políticamente aguda. También es excesiva, fría y cerebral. En lugar de buscar adhesión, impone una prueba. Y como toda prueba, deja dos caminos: rendirse al hechizo o salir por la tangente.

Tráiler:

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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