¿Alguna vez te ha pasado que recibes un regalo y la envoltura es más bonita que el contenido? Cuando sucede, la sensación es extraña. Se siente como una especie de vacío que te hace cuestionarte si valió la pena la experiencia, para concluir en un rotundo “no”. Hay películas que te dejan con un sentimiento similar, ya que cuentan con muchos adornos que intentan tapar una clara falta de contenido. El caso de Soy Frankelda puede entrar en esta categoría.
Escrita y dirigida por los hermanos Arturo y Roy Ambriz, la cinta nos cuenta la historia de Francisca, interpretada por Mireya Mendoza, una joven escritora mexicana del siglo XIX que busca hacer una carrera en la literatura. Para su mala suerte, el mundo en el que vive es demasiado hostil para que pueda cumplir sus metas y, tras perder a su madre, la sociedad del momento la invita a dedicarse a las actividades estereotípicas de las mujeres de la época, como cocinar, limpiar y remendar calcetines. Obviamente, Francisca no está de acuerdo con las costumbres sociales y opta por seguir sus sueños de todas maneras. Sin embargo, el mundo no cambia y aquellos que controlan la industria literaria la rechazan.
Al mismo tiempo en el que la protagonista es introducida, la película se encarga de desarrollar a su acompañante, Herneval, cuya voz pertenece a Arturo Mercado Jr., el joven príncipe del Topus Terrentus, un mundo que existe en la delgada línea entre lo ficticio y lo real. Este intrigante universo se nutre de los sustos de la gente del mundo real, los cuales obtienen a través de sus pesadillas. Desde hace unos años, el Topus Terrentus se encuentra en una crisis causada por el pesadillero real, Procustes, encarnado por Luis Leonardo Suárez. Él es el encargado de escribir las pesadillas que los reyes del Topus Terrentus envían a los humanos, pero desde hace unos años la pluma del pesadillero se ha oxidado. Él mismo lo sabe, pero no quiere admitirlo y buscará toda alternativa posible para seguir siendo reconocido como el mejor escritor de este universo fantasioso.
En este punto de la historia, es inevitable cuestionarse si Herneval, Procustes y todo el Topus Terrentus existen realmente en la mitología de Soy Frankelda o si solo se trata de la imaginación de la protagonista haciendo de las suyas. Y es que después de ser rechazada por la industria literaria, Francisca —quien para este punto adoptó el seudónimo de Frankelda— conoce a Herneval, quien la invita a su mundo buscando que sea la nueva pesadillera. ¿Muy conveniente, no? Después del rechazo más significativo de su vida, Frankelda se adentra en un nuevo mundo en el que mágicamente se convierte en la mejor escritora. A partir de este momento, comienza una rivalidad entre Frankelda y Procustes, con este último robándole las historias.
Es imposible no comparar esta situación con lo que ocurre en El laberinto del fauno, más teniendo ambas a Guillermo del Toro involucrado — en Soy Frankelda, el cineasta mexicano funge como productor. Precisamente este es uno de los problemas principales del largometraje de los hermanos Ambriz. El guion no intenta ser novedoso o contar una historia nueva, sino que, como su protagonista, toma elementos de muchas historias y crea una especie de Frankenstein que no termina por contar nada al final del día.
El largometraje también peca de no saber en qué querer enfocarse narrativamente. Desde el primer momento, la cinta se centra demasiado en construir el Topus Terrentus y toda su mitología, pero se olvida de desarrollar su propia historia y a los personajes. Parece que los Ambriz pensaron en la creación de toda una franquicia alrededor de Frankelda y en el proceso se olvidaron que esta era una película individual. El filme introduce a muchísimos personajes, pero muy poco son realmente memorables. Únicamente la protagonista y el antagonista tiene objetivos claros y desarrollo. Incluso el propio Herneval, quien aparece en pantalla casi el mismo tiempo que Frankelda, carece de la profundidad que un coprotagonista debería tener.

La rapidez con la que la historia pretende avanzar es notoria en dos sucesos importantes de la cinta. Uno de ellos es la relación amorosa entre Frankelda y Herneval. Si bien es predecible desde el primer momento que estos dos terminarían juntos, uno como espectador espera ver el desarrollo de la relación y el paso de amigos a novios de forma tranquila, como sucede en el mundo real. Sin embargo, el paso de amigos a amantes se da prácticamente de un momento a otro, todo cerrándose con un beso insignificante que aparece con la única intención de cumplir la cuota romántica que toda película infantil debe tener. Algo similar sucede con el clímax de la historia: la batalla final entre Frankelda y Procustes. La pelea se desarrolla con normalidad, pero termina abruptamente con un movimiento que, a los ojos del público, parece poco contundente. Incluso Procustes advierte de su regreso, con lo cual se espera que aparezca nuevamente en pantalla para continuar el combate, pero esto no ocurre.
Donde la película destaca en sobremanera es en el aspecto visual. De incio a fin nos encontramos con una animación stop motion de calidad que es cautivante a la vista. Ya sea en el mundo real o en el Topus Terrentus, el diseño de los escenarios es simplemente asombroso, con detalles minúsculos asomándose por todos lados. Lo mismo sucede con los personajes. A pesar de que muchos carecen de una personalidad interesante, muestra diseños impresionantes para el ojo humano; con muchísimo color y variación morfológica, lo que es un estímulo constante para seguir viendo la pantalla.
Otro punto que llama la atención del largometraje son las canciones. Si bien no son composiciones maestras como las que suenan en la mayoría de clásicos de Disney, las canciones están bien hechas, aunque la letra puede llegar a flaquear en algunos versos con poca cohesión. La más memorable es el penúltimo tema, cuando Procustes y su ejército invaden el castillo del Topus Terrentus. Es un tema con buen ritmo, buena letra y, sobre todo, pegajoso. Te invita a cantar, lo cual no sucede con el resto de canciones de la película.
La intención detrás de Soy Frankelda es simplemente mágica y pura. Se trata del primer largometraje mexicano hecho con animación stop motion, por lo cual, independientemente de su calidad narrativa, será un parteaguas. Si el objetivo detrás de la cinta era mostrar el poder que México tiene al momento de crear producciones animadas y darle más visibilidad a esta industria que se siente en ocasiones olvidada por el mainstream nacional, sin duda lo logró, pero si la idea era ser una película memorable por su historia, puede que se quede corta. Soy Frankelda presenta una animación excepcional, pero ir al cine es más que ver diseños bonitos y escenarios impresionantes; el cine se trata de contar historias y desafortunadamente la cinta flaquea mucho en ello.
Directores: Arturo y Roy Ambriz
Guionistas: Arturo y Roy Ambriz
Elenco (voces): Mireya Mendoza, Arturo Mercado Jr., Luis Leonardo Suárez, Carlos Segundo
Distribución: Cinema Fantasma, Cinépolis Distribución, Warner Bros.