Crítica Street Fighter: Noah Centineo protagoniza una adaptación del videojuego que te bombardea con guiños para los fans, pero ofrece muy pocas novedades

Los coloridos luchadores regresan en esta nueva versión de la veterana franquicia de videojuegos, dirigida por Kitao Sakurai y con las actuaciones de Andrew Koji y Callina Liang

Por FRANK SCHECK |

octubre 16, 2026

4:14 pm

Noah Centineo (izquierda) y Andrew Koji en ‘Street Fighter’. PARAMOUNT PICTURES.

La tendencia actual de apelar a la nostalgia por los videojuegos continúa con esta nueva adaptación cinematográfica de la popular franquicia, cuyos orígenes se remontan a 1987. Tras los pasos de la exitosa película de 1994, protagonizada por Jean-Claude Van Damme, y de la olvidable Street Fighter: La leyenda de Chun-Li, estrenada en 2009, llega la versión de Kitao Sakurai, concebida como una carta de amor a los jugadores de antaño.

Con tantos personajes y elementos tomados de los videojuegos que quienes no conocen la franquicia apenas logran seguirle el ritmo, Street Fighter intenta encontrar un equilibrio entre complacer a los fans y atraer a quienes se acercan por primera vez a este universo. El resultado es que probablemente ninguno de los dos públicos termine del todo satisfecho.

No cabe duda de la pasión de Sakurai y el coguionista T.J. Fixman, quienes abordan este extravagante material con un entusiasmo que deja entrever las incontables horas que han pasado jugando los videojuegos. Sin embargo, su fervor termina siendo contraproducente, pues da como resultado una mezcla caótica de tonos que por momentos se toma demasiado en serio y, al siguiente, parece una parodia. Incluso una de las características más distintivas de la película, el uso de secuencias de anime en 2D para mostrar escenas del pasado, resulta problemática, ya que son tan dinámicas y visualmente impactantes que terminan opacando las escenas de acción real.

Street Fighter

CONCLUSIÓN FINAL: Intenta vencerte a punta de golpes.

Fecha de estreno: Viernes 16 de octubre

Reparto: Noah Centineo, Andrew Koji, Callina Liang, Joe “Roman Reigns” Anoai, David Dastmalchian, Cody Rhodes, Andrew Schulz, Eric André, Vidyut Jammwal, Orville Peck, Olivier Richters, Hirooki Goto, Rayna Vallandingham, Alexander Volkanovski, Curtis “50 Cent” Jackson y Jason Momoa.

Director: Kitao Sakurai

Guionistas: Kitao Sakurai y T.J. Fixman

Clasificación: PG-13 (mayores de 13 años)

Duración: 1 hora y 59 minutos.

En mi caso, como crítico que no juega videojuegos y para quien las películas anteriores de la franquicia son apenas un recuerdo lejano, esta nueva entrega de Street Fighter solo resulta entretenida por momentos. Incluso las secuencias de pelea, que dominan buena parte de la película y están coreografiadas con un despliegue de color, se quedan cortas frente a franquicias de acción ajenas al mundo de los videojuegos, como John Wick, que han elevado cada vez más la apuesta en materia de violencia y caos.

La película arranca con un prólogo animado ambientado en 1987 y un segmento de un falso programa de televisión sensacionalista que pone al público al tanto de los antecedentes. La historia principal transcurre seis años después, cuando Ken Masters (Noah Centineo, Black Adam) y Ryu (Andrew Koji, Warrior, de Cinemax), compañeros de batalla, atraviesan una mala racha tras el asesinato de su mentor, Gouken (Don Lee).

Mientras Ken, sumido en el alcohol, mata el tiempo cantando a todo pulmón una versión de karaoke de una canción de 4 Non Blondes, Ryu, desaliñado y sin mucho que ofrecer, se dedica a vender ramen tan malo que ni siquiera un gato callejero se lo quiere comer.

La dupla vuelve a reunirse gracias a Chun-Li (Callina Liang, quien seguramente acelerará el pulso de más de un adolescente), una subordinada del malvado M. Bison (David Dastmalchian, un viejo conocido del género), quien los recluta para el próximo torneo World Warrior. Tanto Chun-Li como su jefe tienen sus propios planes: Bison busca aprovechar los poderes de los luchadores para sus oscuros propósitos, mientras que Chun-Li trabaja en secreto como agente de Interpol y pretende acabar con él por haber asesinado a su padre.

Hasta ahí llega lo que les contaré de la trama. Y, francamente, tampoco hay mucho más que rescatar de la película, pues esta prácticamente se conforma con llevar a la pantalla grande a tantos personajes favoritos de los fans que apenas les da tiempo para desarrollarse. Describirlos aquí sería inútil: los seguidores ya saben quiénes son y a quienes no los conocen probablemente ni les interesen. Basta decir que se trata de un grupo de lo más variopinto, interpretado por un elenco con resultados desiguales que incluye decisiones de casting bastante peculiares, por decirlo de alguna manera, como las de los cantantes Orville Peck y Curtis “50 Cent” Jackson en los papeles de luchadores, así como la del exintegrante de Saturday Night Live Kyle Mooney, quien interpreta al agente de Interpol encargado de Chun-Li y está perdidamente enamorado de ella.

Jason Momoa, quien también participa como productor, aparece transformado mediante CGI en Blanka, el personaje verde de aspecto similar a Hulk. Entre los trabajos anteriores del director Sakurai figuran The Eric Andre Show y la película Bad Trip, lo que explica la participación de su colaborador habitual, Eric André, como un estridente anunciador del ring.

Repleta de canciones pop clásicas que irrumpen en los momentos más oportunos, la película hace honor a su mantra, repetido hasta el cansancio: “Vivir es luchar, luchar es vivir”, con una interminable sucesión de peleas. Ken, por ejemplo, entra al ring al ritmo de “Who Let the Dogs Out”, porque, ¿qué otra canción podría ser? Entre los enfrentamientos destaca una pelea en un baño de vapor entre Ryu, con muy poca ropa, y un contrincante corpulento. La escena sería impresionante si no se hubiera hecho mejor en Eastern Promises (Promesas peligrosas). Sin embargo, aquella película de Cronenberg no tenía luchadores con vestuarios y peinados tan extravagantes. En esta ocasión, los equipos de diseño y efectos especiales se esfuerzan al máximo para que los actores luzcan como sus respectivas versiones de los videojuegos.

Centineo resulta bastante divertido en su interpretación de Ken, al que dota de una torpeza casi entrañable, mientras que Koji aporta a la película la seriedad que tanta falta le hace con su Ryu, un hombre atormentado emocionalmente, pero que sigue siendo un peleador formidable. Liang demuestra un carisma impresionante como la imponente Chun-Li. Al asumir el papel del villano que Raul Julia interpretó de manera tan memorable en 1994, Dastmalchian opta por una versión más perturbadora que caricaturesca de M. Bison, cuyo rasgo más distintivo es su retorcido placer por los olores.

Aunque la reciente adaptación cinematográfica de Masters of the Universe se estrelló en su llegada a la pantalla grande —si bien logró reivindicarse un poco con su estreno en plataformas de streaming—, Street Fighter demuestra tal confianza en sí misma que termina con un desenlace abierto que prácticamente garantiza una secuela.

FRANK SCHECK

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