Más allá de los gamers empedernidos que se adjudicaron la propiedad espiritual de la franquicia, la limitación que muchos encontramos en las películas de Tron de Disney —tanto la original de 1982 como su secuela tardía de 2010, Tron: Legacy— siempre fue el desequilibrio entre los deslumbrantes paisajes digitales y el drama humano sin brillo. … Sigue leyendo Crítica: Tron: Ares
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