Gaby Moreno: Música, cine y el arte de contar historias

La cantautora guatemalteca proyectó Lamento en la Ciudad de México. En entrevista exclusiva con The Hollywood Reporter en Español, comparte los detalles de este cortometraje, nominado al Latin Grammy.

Por KARLA LEÓN |

octubre 17, 2025

10:55 am

Adriana Delgado

Es una noche de lluvia torrencial en la Ciudad de México. En medio de la oscuridad, la marquesina de un cine local ilumina los pósters de algunas de las películas de la temporada: Frankenstein, The Smashing Machine, Dreams, Leonora y, por supuesto, Amores Perros. Adentro, entre las personas que aguardan el cambio de sala, se vislumbra la silueta de Gaby Moreno, multipremiada cantante, productora y compositora guatemalteca, quien en unos instantes proyectará Lamento, cortometraje de su sencillo homónimo, incluido en Alegoría, álbum nominado al Grammy.

Gaby Moreno es sinónimo de virtuosidad. De una forma u otra, la música la ha llevado a estrechar un vínculo con el séptimo arte. Además de interpretar el tema principal y dar voz al personaje de Marlena —la primera princesa latina de Disney— en Elena de Ávalor, también ha compuesto para proyectos como El gabinete de curiosidades de Guillermo del Toro, Parks and Recreations, The Valet, El gato con botas: el último deseo y Radical.

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Con Lamento, Gaby apuesta por la fusión distintiva entre una narrativa cinematográfica y la expresión musical. Dirigido por Diego Contreras, el cortometraje es, a su vez, un homenaje al pasado, a las memorias y a la tierra que se deja atrás. Entre paisajes oníricos y una visión futurista, el visual nos adentra en Turicentro Likin, un antiguo destino vacacional de Puerto Quetzal, Guatemala, destruido por las corrientes oceánicas. Lo que en su momento resguardó memorias y vivencias, hoy descansa como una ruina de concreto que se niega a desaparecer en el mar.

Inicialmente, la artista compuso ‘Lamento’ —junto a Cheche Alara— para una película. Al no ser incluida en la cinta, decidió terminarla y dotarla de nostalgia, tristeza y recuerdos, particularmente, aquellos que siempre tienen a Guatemala como escenario. Casualmente, el encuentro con Diego sucedió bajo ese contexto: ambos migrantes, residentes de Los Ángeles, decididos a no olvidar sus raíces ni dejar de lado su herencia latina. 

“Casi 80 personas de distintas partes del mundo se unieron para apoyar este proyecto de pasión”, contaría más tarde el cineasta, a través de una grabación proyectada durante la función. “Por fuera, parece un gran cortometraje de ciencia ficción, pero en el fondo alberga recuerdos y muchas memorias. Inmortalizar este lugar de nuestra infancia fue algo muy especial. En esta historia, no importa hacia dónde nos lleve la vida o dónde estemos en el futuro, nunca debemos olvidar quiénes somos y de dónde venimos”.

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En Lamento, la cantautora comparte escena con Tony Revolori. Gracias a este proyecto, el actor de El gran hotel Budapest y Spider-Man: Sin Camino A Casa visitó por primera vez Guatemala, el país de origen de sus padres. Junto a ellos, Diego Contreras le dio vida a Finitor, un asistente autónomo aéreo que escanea los restos del Turicentro, para preservarlos mediante un modelo tridimensional. La pieza original de esta figura fue realizada por un escultor, quien la diseñó con una estética inspirada en la obsidiana, material característico de la región. 

Algunas escenas del metraje se filmaron en un antiguo teatro de Los Ángeles. Más adelante, ese mismo espacio sirvió como locación para los videos musicales de ‘Til Waking Light’ y ‘Luna de Xelajú’, esta última, junto a Oscar Isaac. Ambos temas forman parte de  X Mí (Vol. 1), una colección de versiones acústicas que Gaby alineó con el sonido que siempre la ha caracterizado, y que le otorgó su primer Grammy a Mejor Álbum de Pop Latino. 

Si algo define a la cantautora, es que nació con el arte en el alma y, desde entonces, lo ha llevado en cada nota y palabra. “Es importante seguir contando nuestras historias: cantándolas, presentándolas de manera visual”, dice en exclusiva a The Hollywood Reporter en Español, justo antes de que las luces de la sala se apaguen y las miradas expectantes se adentren en el universo de Lamento.

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Gaby, tu vida siempre ha estado estrechamente vinculada con la música, pero también con el cine. ¿Es una casualidad que estas artes se compaginen o tú lo has buscado?

Creo que es un poco de las dos, sucedió por accidente, pero al mismo tiempo era algo que llevaba tiempo buscando. ¿Cómo empezó? Simplemente con la idea de hacer un video musical. En 2022, publiqué un disco que se llama Alegoría. Lancé el primer sencillo y, a la hora de pensar en el segundo, quise trabajar con alguien para hacerle un video. Me presentaron a Diego Contreras, un gran director, originario de Guatemala, pero que, al igual que yo, reside en Los Ángeles.

Recuerdo que hablamos y le compartí entre tres y cuatro canciones. Yo no quería mandarle una y limitarlo, sino que él me dijera con cuál conectaba. De inmediato, me respondió que tenía que ser ‘Lamento’. Me pareció curioso; no es precisamente la canción que yo hubiera escogido, porque es lenta y tiene una onda deprimente. No piensas que va a sonar en la radio, aunque igual esa no era mi intención, sino lanzar un video que conectara muy bien con la canción y presentarlo.

Le dimos viaje y comenzamos a pensar en cómo lograr la historia que él tenía. Nos fuimos a Guatemala y filmamos toda una semana en las playas del Pacífico, en este lugar que se siente como un mundo postapocalíptico. Es surreal, con la arena negra y esos edificios a los que se los está comiendo el mar. Diego había querido filmar en ese sitio, hacerle un cortometraje, no un video musical, pero cuando llegó la canción fue como el casamiento perfecto.

Lamento plasma una dualidad entre el pasado y el futuro. Por un lado, nos remonta a tus recuerdos, pero también habla sobre preservarlos a través de aspectos tecnológicos y futuristas. ¿Cómo surgió este contraste?

Diego ya tenía la idea de hacer algo así. Quería usar a Finitor –un asistente robótico que escanea espacios para preservarlos a través de modelos tridimensionales–, así que lo llevó a una dimensión más futurista. Yo dije que sí a todas sus propuestas, porque es maravilloso ver cómo trabaja su mente. Me envió el tratamiento de cómo sería la historia y siempre mantuvo la visión de una narrativa sobre la nostalgia, la memoria, los recuerdos y el viaje de los inmigrantes; de cómo eso nos sigue jalando y no nos deja ir. Aún nos cuesta separarnos de nuestra tierra, de los lugares donde crecimos, de nuestras familias. Me encantó esa dualidad, y ese contraste entre pasado y futuro.

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¿‘Lamento’ tomó otros significados a partir de este trabajo visual? Hablas, por ejemplo, del cambio climático y, como bien mencionas, del viaje de los migrantes, ¿por qué fue importante para ti plasmar estos temas?

Salí de mi país a los 18 años, llevo más de dos décadas viviendo en Estados Unidos. Aunque yo llegué en condiciones muy distintas y favorables, y estoy perfectamente consciente de ello, sé que la gran mayoría no tuvo o tiene esa suerte. Simplemente, es algo que hago con mis canciones y fue muy lindo plasmarlo en este video.

Es importante seguir contando nuestras historias; cantándolas, presentándolas de manera visual. Que la gente conecte con otras perspectivas, con otras experiencias, y que podamos crear empatía a través de distintas realidades y de los lugares de donde venimos. Eso es lo que queremos construir: un mundo en el que todos nos aceptemos y nos respetemos por nuestras diferencias. La diversidad es hermosa. Siempre digo que los inmigrantes tenemos el superpoder de presentarnos como personas que llevamos algo hermoso de nuestras culturas, y lo adaptamos y mezclamos con el lugar al que llegamos. Eso es algo mágico, y no hablo solo de los latinos en Estados Unidos, sino de todos los que llevamos nuestra historia al mundo.

Es impactante ver el antes y el después de Turicentro Likin. ¿Cómo recuerdas tus días en este lugar? ¿Cómo fue reencontrarse con ese espacio y filmar durante seis días?

Fue un lugar que tuvo mucha popularidad en la década de los setenta y principios de los ochenta. Yo era muy pequeña, tenía entre tres o cuatro años la primera vez que fui, pero sí recuerdo que más adelante alquilamos una casita cerca de ahí. Crecí yendo a esas playas, escuchando historias de ese lugar que, para mis padres, era mágico. Todos iban a pasarla bien los fines de semana y, por lo tanto, se crearon muchas memorias y cosas hermosas.

Cuando llegué a grabar fue totalmente impactante, porque yo solo había visto las fotos del pasado. Era la primera vez que yo me encontraba con esos tres esqueletos de edificios; antes eran 40 y había una gran piscina. También me impactó, y lo sigue haciendo cada vez que voy a mi país, la fuerza del Pacífico y de sus olas. La agresividad del mar es terrorífica y eso lo sentí durante todos los días que filmamos.

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 ¿Sumaste algunas ideas al guion?

La verdad es que siempre que trabajo con un director dejo que eche a volar su imaginación. Me encanta jugar con eso. En el caso de Diego, me dejé llevar por todas las ideas que tenía. Recuerdo que Tony Revolori —gran actor de Hollywood, que aparece en el cortometraje como el lanchero que nos lleva al lugar— tuvo la idea de integrar una moneda que permitiera viajar, mediante un sueño, a ese sitio donde viven tus recuerdos. Nos encantó, y decidimos incluirla en la historia.

Hay una escena en la que estás con un piano, cerca del mar. Me recordó mucho a The Piano, la película de Jane Campion.

¡Pasó algo loquísimo con ese piano! Ya estaba viejo y no iba a regresar con nosotros, pero la idea era filmar con él una o dos horas, y luego entregárselo al mar. Diego lo colocó tan cerca del agua que las olas llegaban a mí, y hacían que el piano se meciera. Hicimos varias tomas, pero en una de ellas me levanté y, de la nada, vino una ola y se lo llevó en dos segundos. Fue muy impactante ver cómo se rompía dentro del mar. A la mañana siguiente, todas las teclas estaban esparcidas por la playa. Fue increíble, muy simbólico y muy cinematográfico.

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¿Qué representa para ti su nominación al Latin Grammy y, por supuesto, su selección en distintos festivales?

Para mí, han sido como guinditas en el pastel. Haberlo terminado y presentado, el hecho de que ya esté en plataformas y festivales, que haya sido nominado, que haya ganado premios; todo ha sido un gran regalo. Estamos muy contentos de ver lo lejos que ha llegado y la forma en que ha conectado con personas de distintas partes del mundo. Es una historia universal, llena de metáforas.

Has trabajado en muchas composiciones para cine y televisión. ¿Es un proceso que dista mucho de la forma en la que haces música para tu proyecto?

Es distinto y muy específico. Por ejemplo, cuando tengo que componer una canción para una película, una serie de televisión o una escena en particular, me envían referencias, ya sea de otras canciones, o solo me cuentan qué sucede dentro de ella. Se convierte en un reto muy bonito. Cuando escribo mis propias canciones, tengo el papel en blanco y puedo hacer lo que quiera. 

En el aspecto audiovisual, me gusta jugar con distintos ritmos musicales y con las letras; a veces pienso que no les van a gustar, pero al final resulta que sí. Eso me pasó con ‘¿Por Qué Te Vas?’, una canción para El gato con botas: el último deseo. Heitor Pereira, compositor de la película, me pidió que escribiera una letra sobre un gato deprimido, y eso fue todo lo que me dijo. Fue muy lindo trabajar con él y ser parte de esa producción.

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¿Has pensado en incursionar en otros roles dentro del cine?

Sí, tal vez eso está un poquito fuera de mí, pero definitivamente me gustaría. Me encantaría protagonizar un papel en alguna serie o en una película, algo con lo que conecte y que tenga sentido para mí. No lo descarto.

¿Planeas retomar algún tema de tu discografía para hacer otro cortometraje?

Fue un proyecto muy ambicioso, completamente independiente. Lo financiamos entre Diego, otro productor y yo. Por ahora, no creo que podamos hacer otro visual así de grande, pero ya tenemos una idea para un video musical corto. La canción es de Dusk, mi último disco, y estamos revisando si logramos hacerlo para el próximo año.

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¿Qué aprendizajes te ha dejado este vínculo entre arte y vida?

No tomármelo tan en serio. El arte crea magia; es una forma de jugar con la imaginación, con las emociones y de ser receptiva a lo que ocurre a tu alrededor. Pero, al final, es algo tan bello, capaz de conectar con tantas personas, que siento que no hay que tomárselo tan en serio. Cada artista logra, a su manera, percibir y transmitir sentimientos, y siempre pienso en eso cada vez que subo a un escenario o cuando tengo que escribir una canción.

No sé qué me deparará el futuro, pero sí sé que quiero seguir en la música. Quiero seguir componiendo y cantando hasta que ya no tenga vida, porque es lo único que sé hacer bien, lo único que me da paz y felicidad, y por eso vine a este mundo. No me imagino haciendo otra cosa. Mientras tenga vida y energía, quiero seguir creando.

KARLA LEÓN

Redactora de Cine y Televisión

Karla León es redactora de cine y televisión en The Hollywood Reporter en Español. Su labor periodística se distingue por entrelazar los procesos creativos, el contexto sociopolítico y el futuro de la industria.

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