James van der Beek, nacido el 8 de marzo de 1977 en Cheshire, Connecticut, murió el 11 de febrero de 2026 en Austin, Texas, a los 48 años, a causa de un cáncer colorrectal diagnosticado en 2023 y hecho público en 2024. Su partida cierra el capítulo de uno de los rostros más emblemáticos de la televisión de finales del siglo XX, una figura que supo reinventarse más allá del encasillamiento juvenil.
Van der Beek será recordado, ante todo, por su papel como Dawson Leery en Dawson’s Creek (1998–2003), serie que definió la sensibilidad adolescente de toda una generación. Con su mezcla de idealismo cinéfilo, inseguridad romántica y discursos apasionados, Dawson se convirtió en un arquetipo del joven sensible de los noventa. La serie, que se mantuvo seis temporadas al aire, trascendió su época y continúa siendo referencia obligada del drama juvenil contemporáneo.

Pero su carrera no se limitó al chico soñador de Capeside. En 1999 protagonizó Varsity Blues, un éxito de taquilla que lo catapultó al estatus de estrella cinematográfica y le valió un MTV Movie Award. Más adelante asumió riesgos con papeles más oscuros, como Sean Bateman en The Rules of Attraction (2002), adaptación de la novela de Bret Easton Ellis (American Psycho) y dirigida por Roger Avary, amigo y colaborador de Quentin Tarantino que, aunque inicialmente incomprendida, adquirió estatus de culto.
Lejos de conformarse con la nostalgia, van der Beek demostró una notable capacidad de reírse de sí mismo. Su participación en la sitcom Don’t Trust the B—- in Apartment 23 (2012–2013), donde interpretaba una versión exagerada y paródica de sí mismo, reveló un talento cómico que muchos no habían anticipado. La serie se convirtió en otro fenómeno de culto, y su actuación fue ampliamente elogiada por su precisión cómica e inteligencia.
En televisión acumuló apariciones memorables. Fue el perturbador Tobias Hankel en Criminal Minds, participó en la popular How I Met Your Mother, integró el elenco principal de CSI: Cyber y obtuvo un papel destacado en la primera temporada de Pose. También exploró la escritura y la producción como creador y protagonista de What Would Diplo Do?, una sátira del mundo musical que confirmó su interés por ampliar su espectro creativo.

Su vínculo con el espectáculo incluyó momentos profundamente humanos. En 2019, durante su participación en Dancing with the Stars, reveló en directo que su esposa había sufrido un aborto espontáneo días antes, un episodio que conmovió al público y mostró una faceta vulnerable que siempre acompañó su imagen pública. Casado con Kimberly Brook desde 2010 y padre de seis hijos, van der Beek habló abiertamente sobre la paternidad, la fe y la resiliencia.
Más que el eterno Dawson, van der Beek fue un actor que entendió la fugacidad de la fama y eligió abrazarla con humor y honestidad. Su legado no solo vive en los episodios que aún se revisitan en plataformas de streaming, sino en la forma en que supo transformar la imagen del galán adolescente en la de un artista consciente de su tiempo y de sí mismo.

En 2023 recibió el diagnóstico de cáncer colorrectal. Durante meses mantuvo la noticia en privado mientras seguía trabajando y acompañando a su familia. En 2025 anunció la subasta de objetos vinculados a Dawson’s Creek y Varsity Blues para ayudar a cubrir los costos de tratamiento. Incluso en medio de la enfermedad, participó en programas como The Masked Singer, donde su aparición incluyó referencias veladas a su estado de salud.
Desde sus inicios teatrales en Nueva York (luego de un intento fallido como jugador de fútbol americano, debutó profesionalmente a los 16 años en una obra dirigida por el prestigioso Edward Albee), hasta su consolidación como estrella televisiva, James van der Beek construyó una trayectoria que combinó sensibilidad, ironía y perseverancia. Su apellido, de origen neerlandés, significa “del arroyo”, una coincidencia poética para quien quedó para siempre asociado a un arroyo (creek) que marcó la memoria colectiva de muchos televidentes.
Le sobreviven su esposa, Kimberly Brook, y sus seis hijos. Con su partida, se apaga una de las miradas más reconocibles de la televisión de los noventa, pero permanece intacto el eco emocional de una generación que creció escuchando sus monólogos sobre el amor, el cine y la vida.