Luis Tosar: “Como actor, no hay que dejar al personaje ni un minuto”

El actor gallego habla de La infiltrada

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

septiembre 15, 2025

11:25 am

Getty Images

Luis Tosar es uno de los actores más respetados del cine en español. Con títulos como Celda 211, Los lunes al sol, Mientras duermes y Te doy mis ojos, ha interpretado personajes intensos, complejos y, muchas veces, profundamente humanos. Dueño de una presencia magnética, su trabajo ha sido reconocido por la crítica y el público a ambos lados del Atlántico. En La infiltrada, su última película, da vida a un agente clave en una operación encubierta de largo aliento. En esta conversación, Tosar se sumerge en el proceso de construcción de personajes, los paralelismos entre actuar y espiar, y el peso ético de los papeles que ha interpretado.

Señor Tosar, cuando usted afronta un personaje, ¿qué herramientas actorales considera esenciales para encontrar su verdad escénica?

Pues seguramente lo más acertado sea una mezcla de todas, sí, porque uno—bueno, yo intento que el personaje vaya demandando lo que necesita. Así, a priori, salvo en algunas ocasiones, en las que te puedo decir que he tomado esa decisión con antelación y he decidido construirlo desde algo más concreto. No digo en La infiltrada en concreto, sino en otras cosas que he hecho. Pero en general, intento que después de un proceso de investigación—sobre todo de análisis de texto—el personaje empiece a demandar, y en virtud de esa demanda, si logro descifrarla, que eso es lo complicado, voy añadiendo.

Y a veces parte un poco desde lo físico, a veces desde lo emocional y otras desde la observación directa de la realidad. Como, por ejemplo, pasó en La infiltrada, donde tuvimos acceso a testimonios reales de personas implicadas directamente en la historia. Eso es oro para un actor. Aunque luego no hagas una imitación directa del personaje. De hecho, ni siquiera lo intenté.

Tampoco veía sentido hacer una transformación física drástica, porque este personaje real no estaba en la conversación pública. No había una referencia clara para el público. Por eso entendía que no tenía sentido. Pero me sirvió mucho su manera de entender lo que hicieron durante ese tiempo. Era un sentimiento complejo: muchos años de sacrificio por un objetivo que no tiene por qué salir bien necesariamente. Un éxito que ni siquiera está asegurado en un 1%. Eso me impactó mucho: la vocación, el principio de servicio público, ese sacrificio. Me toca, porque está muy lejos de mi realidad diaria.

En el set de La infiltrada. Cortesía de Cineplex

Ahora, con respecto a La infiltrada, hay algo que me causa curiosidad. En la película se aborda el mundo de los agentes encubiertos. ¿No cree usted que esa entrega y ese camuflaje guardan un paralelo con la capacidad del actor para sumergirse en vidas ajenas y sostenerlas con coherencia frente a la mirada externa?

Sí, totalmente. Esa era una de las conversaciones habituales mientras hacíamos la película. Tanto con Arantxa Echevarría, la directora, como con Carolina Yuste. Los paralelismos eran constantes.

Nos producía una admiración enorme pensar que una persona había sido capaz de mantener un personaje durante ocho años. Sin descanso. El agotamiento que eso genera fue algo que intentamos reflejar en la película. Que el personaje necesitase, en algún momento, ser ella misma. Y eso finalmente lo incluimos en una secuencia en la que ella necesita ver a su mentor, “el inhumano”, simplemente para conectarse con alguien de su mundo anterior. Alguien que le recuerde quién era.

Porque ya está en un estado interpretativo tan radical que no sabe muy bien si sigue siendo ella misma o si se ha convertido del todo en el personaje. Eso que a veces dicen que nos pasa a los actores—que nos llevamos el personaje a casa—pues esta mujer lo tenía en casa las 24 horas. Y moralmente empieza a tambalearse, a dudar de lo que cree y de lo que piensa. Ya no distingue entre la identidad real y la impostada.

Ahora, señor Tosar, mirando hacia atrás en su trayectoria, ¿cuál ha sido ese papel que lo llevó al límite, ya sea por exigencia técnica, emocional o ética, y que lo hace sentirse orgulloso de haberlo interpretado?

Seguramente Te doy mis ojos fue uno de los más intensos. Probablemente el personaje más alejado de mí, sobre todo moralmente. Fue un trabajo muy duro, sobre todo a nivel emocional, para poder acercarme a esos territorios que son los del maltrato y la violencia de género. Nunca es agradable tocar esos temas, aunque seas actor y disfrutes interpretando. Pero cuando lo haces desde una intención constructiva, con la idea de arrojar algo de luz y generar comprensión, vale la pena.

En su momento, la película tuvo un gran impacto. Marcó una conversación importante y constante en el tiempo. Después, también hubo otros trabajos complejos. Por ejemplo, Maixabel, otra película con Iciar Bollaín, donde interpreté a un ex terrorista. También un personaje muy distante de mi realidad.

Incluso aquí, en La infiltrada, me muevo en un mundo muy ajeno al mío: la policía. Yo vengo de una profesión liberal, nos movemos por otros valores, a menudo más efímeros y hasta banales. Pero interpretar a alguien que pone su vida al servicio de salvar a otros es algo que admiro profundamente. No soy un salvador, ni un rescatista, ni militar, ni policía. Por eso la vocación de esa gente me despierta respeto, admiración y mucha curiosidad.

La infiltrada. Cortesía de Cineplex

Ahora, siendo un personaje tan alejado de su realidad, ¿qué lecciones le dejó La infiltrada como persona y como actor?

Como actor, que no hay que dejar al personaje ni un minuto. En el caso de La infiltrada, la protagonista se jugaba la vida si dejaba de interpretar. Nosotros nos jugamos la credibilidad. El compromiso con el oficio es importante. Si bajas la guardia, aunque sea un instante, algo puede salir mal. Y eso, incluso en cosas que crees tener controladas.

Y como persona, creo que La infiltrada me dejó una enseñanza muy clara: que vale la pena el sacrificio por los demás. Esta mujer hipotecó su vida para salvar muchas otras. Y eso tiene un valor incalculable.

Para terminar, señor Tosar, ¿qué proyectos vienen para usted a corto y mediano plazo?

Pues lo más inmediato será el estreno de Golpes, la ópera prima de Rafa Cobos, a quien muchos conocerán como guionista de Alberto Rodríguez. Esperamos que se estrene este otoño.

Y lo próximo que ruede será cruzando el Atlántico: en Panamá, con Luis Romero, un documentalista que va a rodar su primera ficción. Si todo va bien, estaré en tierras cercanas a Colombia en noviembre. André, recuerdo cuando estuve en Colombia filmando Operación E, una película muy intensa. Fue una experiencia maravillosa. Espero volver pronto, ya sea de visita o a trabajar. ¡Gracias!

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ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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