El destino de Justin Baldoni en su disputa con Blake Lively por Romper el Círculo aún está por definirse. Pero hay algo seguro: su abogado, Bryan Freedman, ya salió victorioso.
Más allá de lo que pueda facturar por hora, Freedman cuenta con un respaldo financiero considerable. Steve Sarowitz, multimillonario y socio de Baldoni en la productora Wayfarer, habría comprometido 100 millones de dólares para su defensa. Este caso ha elevado el perfil del abogado en el mundo del entretenimiento, quien ya era conocido por representar a celebridades envueltas en controversias. De hecho, incluso antes de que las acusaciones de Lively se hicieran públicas, Freedman protagonizó una portada de The Hollywood Reporter en 2024. Ahora, su nombre resuena tanto como el de Mark Geragos, otro abogado célebre por su relación cercana con los medios.
El mérito de Freedman radica en que, hasta ahora, la batalla de su cliente contra una de las parejas más influyentes de Hollywood sigue siendo un enfrentamiento abierto. Muchos pensaron que Baldoni se disculparía y desaparecería del ojo público luego del demoledor reportaje de The New York Times en diciembre, firmado por Megan Twohey, una de las periodistas clave en el movimiento #MeToo.
En cambio, Freedman contraatacó con fuerza. Amenazó con demandar a “cualquiera involucrado… hasta la aniquilación” (ya presentó una demanda por difamación de 250 millones de dólares contra el diario), filtró documentos que él llama “pruebas” en un sitio web público y emitió tantas declaraciones agresivas a la prensa que el equipo legal de Lively pidió a un juez poner un alto. Mientras tanto, Baldoni, quien en los últimos años se había consolidado como una de las principales voces del feminismo masculino en Estados Unidos, ha recibido apoyo de figuras inesperadas, todas con plataformas mediáticas de gran alcance y un denominador común: también son clientes de Freedman.
Freedman siempre se ha visto a sí mismo como el defensor de los desvalidos. Sí, representa a personajes ricos y famosos, pero sus batallas más destacadas han sido contra grandes corporaciones, a las que considera los verdaderos gigantes a derribar. En esta disputa con Lively, ha tratado de presentarla como parte del establishment de Hollywood, una pieza más en una red poderosa y sigilosa que incluiría a su amiga (o quizá ex amiga, según los tabloides) Taylor Swift y, sobre todo, a su esposo, el actor y productor Ryan Reynolds.
Acostumbrado a litigar en la corte de la opinión pública, Freedman entiende que la gente tiende a identificarse con los marginados que desafían al sistema: Katniss Everdeen, Luke Skywalker, Erin Brockovich. Su estrategia es encajar a sus clientes, y a sí mismo, en narrativas contemporáneas de opresión y lucha contra el poder. Asegura que su “instinto protector” proviene de traumas de infancia que nunca ha detallado. Según su versión de la historia, Lively es la chica popular y despiadada; Baldoni, el hombre noble que sufre injustamente.
Por supuesto, pelear en los medios implica también enfrentarse a ellos. Freedman ha filtrado información a periodistas afines y lanzado declaraciones explosivas, confiando en que las voces amigas en redes sociales amplifiquen su mensaje. Pero quienes van en contra de sus intereses saben que se enfrentarán a su ira.
“Yashar está escribiendo un artículo sobre ti”, Freedman me escribió luego de que The Hollywood Reporter publicara algo que no le gustó sobre un litigio anterior de Baldoni, en el que se le acusaba de robar un guión a un hombre con fibrosis quística. El mensaje no era sutil: insinuaba que había enviado a Yashar Ali, un ex cliente suyo y conocido informante en línea, a atacar al reportero. (Freedman había representado a Ali en una fallida demanda por difamación contra Maer Roshan, editor de Los Angeles Magazine). Más tarde, cuando supo que THR investigaba su relación con un polémico consultor al que Lively acusa de manipular la conversación en redes sociales, protestó asegurando que la publicación actuaba en complicidad con Reynolds porque Disney y Marvel, socios del actor en Deadpool & Wolverine, pautan publicidad en la revista.
La agresividad ruidosa de Freedman lo distingue de otros abogados de Hollywood más reservados. A menudo lo comparan con Marty Singer, otro abogado famoso por enviar cartas intimidantes en las que exige que sus destinatarios “actúen en consecuencia”, o por gritar al teléfono. Sin embargo, mientras en Singer hay un toque de espectáculo calculado, mientras que la pasión de Freedman parece auténtica, incluso personal. Su estilo provoca rechazo entre algunos colegas, tanto por la forma como por el fondo, pero lo ha convertido en un aliado ideal para clientes que buscan alguien dispuesto a pelear en la arena pública.
Para Freedman, ganar o perder no es lo que define su éxito. Su reputación, y su lista de clientes, no hace más que crecer.