Las calles de Los Ángeles vivieron una de sus jornadas más caóticas y tensas en años, luego de que se intensificaran las protestas contra las redadas migratorias y la repentina decisión del presidente Donald Trump de desplegar a la Guardia Nacional en la ciudad sin el consentimiento del gobernador estatal. Lo que inició como una manifestación pacífica en el centro de la ciudad se transformó en un enfrentamiento abierto entre manifestantes y fuerzas de seguridad, con violencia, incendios, arrestos masivos y el uso de fuerza policial.
El día de ayer se anunció el despliegue de dos mil soldados de la Guardia Nacional en respuesta a las protestas que habían comenzado días antes, luego de una serie de operativos de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas por sus siglas en inglés) que resultaron en la detención de más de 100 personas en diversos puntos del área metropolitana de Los Ángeles. Los arrestos se llevaron a cabo en lugares concurridos como un centro comercial, un estacionamiento público y varios otros puntos, lo que generó una reacción inmediata entre las comunidades migrantes.
A pesar de que el gobernador de California, Gavin Newsom, había comentado que la situación estaba bajo control y que no era necesaria la intervención federal, el presidente Trump tomó una decisión unilateral. “Donald Trump ha creado las condiciones que vemos esta noche en las pantallas de televisión… está echando gasolina al fuego”, declaró Newsom durante una entrevista con MSNBC. Además, calificó la acción como “ilegal e inmoral” y anunció que presentaría una demanda contra la administración federal, acusando al presidente de haber actuado sin consultar a las autoridades estatales, lo cual constituye, según el mandatario californiano, una violación a la soberanía estatal.
El domingo por la tarde, el centro de Los Ángeles se transformó en un escenario de confrontación en la que tropas armadas con escudos antimotines y fusiles formaron una línea frente a los manifestantes, muchos de los cuales portaban banderas mexicanas y pancartas en contra de ICE. Cuando los protestantes se acercaron demasiado a las autoridades, estos respondieron lanzando botes de humo y proyectiles no letales para dispersar a la multitud. Más tarde, el Departamento de Policía de Los Ángeles declaró una “asamblea ilegal”, autorizando así la intervención directa para disolver la protesta y detener a quienes permanecieran en el lugar.
An UNLAWFUL ASSEMBLY for the area of the Civic Center part of Los Angeles has been declared. Those with Cell Phones in the area of the Civic Center have received the alert.
— LAPD Central Division (@LAPDCentral) June 9, 2025
La situación empeoró cuando varios manifestantes bloquearon la autopista 101, arrojando objetos a los vehículos de la policía, incluidos rocas, fuegos artificiales y patinetas eléctricas. Se reportaron incendios en otras partes de la ciudad, y los medios mostraron las calles cubiertas de vidrios rotos, como grafitis en instalaciones importantes como la sede del diario Los Angeles Times, la comisaría central del LAPD y el tribunal federal. También se reportaron saqueos, incendios en contenedores de basura y atentados a negocios del centro.

La policía confirmó la detención de al menos 39 personas en Los Ángeles durante el fin de semana, mientras que en San Francisco, que también vivió manifestaciones, fueron arrestadas otras 60 personas por delitos de vandalismo y agresión. En ambos casos, las autoridades declararon la ilegalidad de las manifestaciones, luego de que algunas protestas derivaron en violencia.

Trump se refirió a la situación, a través de su red social, Truth Social, haciendo un llamado directo a intensificar la respuesta militar. “¡Luce muy mal en L.A.! ¡TRAIGAN A LAS TROPAS!”, escribió, mientras su secretario de Defensa, Pete Hegseth, advertía que, de continuar la violencia, se movilizaría a los infantes de marina desde la base de Camp Pendleton, quienes ya se encontraban en alerta máxima.
Por su parte, la congresista californiana Maxine Waters calificó de “escandalosa” la decisión de Trump y sostuvo que el mandatario está instrumentalizando a Los Ángeles para alimentar su retórica antiinmigrante. “Está utilizando la deportación como herramienta política para agradar a los sectores más radicales que no quieren que este país reciba a personas de otras naciones”, dijo. A estas críticas se sumó la exvicepresidenta Kamala Harris, quien afirmó que el despliegue de la Guardia Nacional representa una movida peligrosa y deliberada. “No se trata de seguridad pública, se trata de infundir miedo. Miedo a una comunidad que exige dignidad y debido proceso”, señaló.
Las manifestaciones dejaron como resultado una disputa entre el gobierno federal y las autoridades estatales de California, como también una creciente polarización respecto a las políticas migratorias. La administración Trump sostiene que sus acciones buscan restaurar el orden y proteger a los ciudadanos estadounidenses, mientras que sus opositores acusan al presidente de actuar por motivos ideológicos y políticos, generando miedo en las comunidades inmigrantes.
“Esto no tiene que ver con la seguridad, tiene que ver con una agenda política”, advirtió la alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, quien pidió a los manifestantes mantener la calma. “Lo que vemos en las calles es resultado directo de una provocación”, añadió sobre la intervención federal.