Luis Gerardo Méndez sigue asimilando su éxito

El mexicano aún procesa el haber colaborado con figuras de talla internacional, mientras continúa guiado por su pasión por contar nuevas historias.

Por PABLO MONROY |

mayo 22, 2025

7:27 am

Fotografías por Jesús Soto Fuentes

A lo largo de dos décadas, Luis Gerardo Méndez ha dado vida a personajes entrañables que marcaron a toda una generación en México. Con carisma, inteligencia y una visión clara de su oficio, ha trascendido fronteras y hoy comparte escena con figuras como Ben Affleck, Adam Sandler y Jennifer Aniston, consolidando su lugar como uno de los actores más influyentes de su generación.

Mencionaste El curioso incidente del perro a medianoche en el roundtable, y esa fue de las primeras obras que vi. Me acuerdo de que me dejaste muy sorprendido. ¿Qué lecciones te dejó esa obra? ¿Qué caminos te abrió?

Me abrió muchos caminos. No me deja de sorprender el tiempo que tardan las semillas en germinar en esta profesión.  Un productor de cine me vio en El curioso incidente y me llamó a hacer Bayoneta. La vieron los productores de Narcos: México y me invitaron. Acabo de hacer una película con Ben Affleck, Animals, y me la ofrecieron porque me vieron en el personaje de Narcos. Si lo piensas así, me abrió muchísimas puertas.

Me dio muchos regalos. Pero, sobre todo, es de los personajes más lindos que he podido hacer y, también, me dio muchas satisfacciones: gente que me esperaba afuera del teatro después de la función, salían, me abrazaban y se soltaban llorando, y me decían, “Acabamos de entender que nuestro hijo está en el espectro autista viendo tu obra de teatro”. Eso era muy lindo.

¿Qué otro proyecto crees que te haya marcado así, de esa manera?

Un montón. Nosotros los Nobles no sólo me cambió la carrera, me cambió la vida. Marcó un antes y un después, sobre todo en mi seguridad como actor. Ahí tomé riesgos que nunca antes me había atrevido a tomar. Gary Alazraki nos empoderó mucho a Karla Souza y a mí: nos impulsó a improvisar, a experimentar, a sentirnos dueños de la película. No como empleados o títeres de un director, sino como colaboradores. Desde entonces, no concibo el cine, la tele o el teatro de otra forma.

He escuchado entrevistas de directores que todavía ven al actor como un títere y pienso: “Perfecto, no me interesa trabajar contigo”. Las mejores experiencias que he tenido han sido con gente dispuesta a escuchar y dialogar. Podemos tener opiniones muy claras, pero la clave está en estar abiertos a probar.

Fotografías por Jesús Soto Fuentes

¿Qué tanto influye llegar con buen humor  a una producción? Imponer el sentido del humor, la buena vibra. 

Es importantísimo. Cuando eres el número uno del call-sheet, ya sea el protagonista, productor o director, “You set the vibe” [tú estableces el ambiente]. Si llegas de buen humor, la gente se contagia. Me ha tocado estar en sets donde esa figura llega de mal humor, tirando mierda sobre el proyecto o los compañeros, y eso es la manzana podrida. Inmediatamente, la energía cambia. Eso lo aprendí de Adam Sandler. En Murder Mystery, llegaba todos los días con música, dando high-fives a todo el mundo. Es imposible no sonreír cuando ves a Adam haciendo eso. Lo hacía de manera consciente para poner de buen humor a la gente, no por show, sino porque quería una atmósfera positiva en el set, especialmente en una comedia. En una comedia, tiene que haber ligereza, sin perder la concentración. Con Ben Affleck fue algo similar. Su nivel de concentración era impresionante. Producía, dirigía y actuaba, y mientras se cambiaban las cámaras, ya estaba editando escenas o pensando en lo que íbamos a hacer al día siguiente. Su compromiso era muy contagioso. Además, él es muy energético y expresivo todo el tiempo. Son figuras generosas, y eso es lo que he intentado aprender. A los nuevos actores les digo: “¡Eso que hiciste estuvo increíble! Esa escena te quedó cabrona.” No se dan cuenta lo que significa para alguien que está empezando que un actor con experiencia te diga: “You’re doing a good job” [Estás haciendo un buen trabajo]. 

La primera vez que Adam me dijo, “Dude, you’re killing it!” [¡La estás rompiendo!], fue como, “What?” [¿Qué?], yo crecí viendo sus películas. O la primera vez que hice reír a Jennifer Aniston. O cuando Ben felicitó a Diana y a mí por una escena que hicimos. Nos dijo algo muy lindo que no repetiré, pero eso es lo importante: ser generoso y buena onda, porque todo eso se filtra de arriba hacia abajo.

Has podido trabajar con esas personas que me imagino que antes veías inalcanzables, ¿cómo has asimilado eso?

Todavía lo estoy asimilando. Me cuesta mucho trabajo entenderlo, es muy surreal. Todo el tiempo me tengo que estar pellizcando cuando estoy en estos sets, con estos actores y que, de pronto, eres uno más. Ya estás ahí, eres uno más de ellos. Me cuesta trabajo entenderlo, dejar de estar como star-struck [deslumbrado]. Pero, cuando empezamos ya a hacer el trabajo de mesa, o actuar ahí, ese momento es muy bonito porque, inmediatamente, todo se democratiza ahí. Se acaban las jerarquías, los niveles, los agentes, el famosómetro. Somos solamente unos actores haciendo lo que sabemos hacer, jugando nuestro oficio y todos tenemos las mismas ganas de jugar. Ahí se vuelve todo muy horizontal. Es muy bonito darte cuenta que estos actores, también, fueron un actor o una actriz de 20 años en una escuela de actuación, jugando videojuegos con sus amigos. Es muy bonito ver esas cosas. 

Has sido parte de proyectos que marcaron la cultura —Nosotros los Nobles, Club de Cuervos, Murder Mystery, ¿Quién lo mató?—, pero también has mencionado que a veces participas en cosas que casi nadie ve. ¿Eso te sorprende? ¿Cómo identificas desde antes si un proyecto va a conectar con la gente, o es algo que solo se revela con el tiempo?

Siempre hay un presentimiento. El presentimiento que tuve con Nosotros los nobles también lo tuve con Club de Cuervos, con ¿Quién lo mató?, con Murder Mystery, con Narcos ––que ya era un exitazo antes de que yo entrara. Pero, también, a veces te equivocas. Hice una película ––que no voy a decir cuál, ni quién es la actriz–– muy grande en Estados Unidos. En la alfombra roja, cuando nos estaban tomando las fotos en la premier, una de las actrices ––de mis co-stars–– se volteó conmigo, y me dijo, “Disfruta mucho esto, Luis, porque la película no va a funcionar”. En Hollywood, hay sistemas que van trackeando cómo va funcionando la película desde antes. Entonces, el día antes de la premier, ya te pueden decir, “This is gonna flop, this is gonna be good”, [Esto va a fracasar, esto va a ser bueno]. Y esta actriz, mientras nos tomaban las fotos en la alfombra roja, me dijo, “Enjoy this, sweetie, because this movie’s gonna flop”, [Disfruta esto, cariño, porque esta película va a fracasar]. Y fue muy cabrón, decir, “Claro, pues sí, así es”. Y es muy liberador, me siento muy afortunado de eso. Haber podido tener la película más taquillera de la historia en México, la película más vista de la historia en Netflix y el contenido más visto de la historia en Amazon. Y, luego, hay proyectos que no funcionan. Y yo siempre digo, “Y, ¿qué quiere decir eso de que algo no funciona?”. A lo mejor, no funciona como tú quieres medirlo: en nivel de números, métricas y presupuestos. Pero puede ser que esa película le cambió la vida a alguien, o es la película favorita de estas personas y le hablaste, específicamente, a esta comunidad, tipo de humor o tipo de comedia que no se hace en México. Entonces, para mí todo tiene su valor. Claro que es muy bonito que tu proyecto sea trending topic en Twitter, y que la gente en la calle te grite el nombre de tu personaje, pero no es la única manera de medir si algo funciona o si es un éxito. Todavía no sé qué quiere decir eso.

Claro, no hay cifras de cuántas personas lloraron o cuántas rieron.

Lo que te digo. Bayoneta, por ejemplo, es una película que, para mí, fue muy significativa por muchas razones. Estuve viviendo en Finlandia dos meses filmando esto. De los procesos más complejos de mi vida a nivel actoral: cambiar mi cuerpo, aprender a boxear, no tener un gramo de grasa, entender el tema de un alcohólico retirado, leer libros de boxeo. Fue mi segunda nominación al Ariel. Tuvo muchas cosas muy lindas. Había gente que pensaba, “Bueno, esta película no funcionó”, y para mí, esta película es muy importante que, además, me trajo después Narcos y Animals. Entonces, otra vez, ¿qué quiere decir que algo funciona o no funciona? 

Varios actores han mencionado que la actuación te da empatía. ¿Ha sido tu caso? 

Es muy bonito que las cosas que vives con tus personajes son aprendizajes que, también, te quedas tú. Creo que uno de los grandes regalos de esta profesión es los aprendizajes que te llevas. Un contador o un médico, tienes una experiencia de vida que es muy válida y puede ser increíble, pero los actores, que estamos locos, vives a lo largo de tu vida muchas vidas. A ver, no es lo mismo hacer un cortometraje donde haces un personaje que dura tres días, una temporada de una obra de teatro que dura dos años o una serie donde haces un personaje tres años. Terminas entendiendo muy bien cuál es la realidad de ese otro o esa otra. Y esos aprendizajes te los quedas tú. Creo que si estás abierto, que si también haces el trabajo propio, pues sí. No es casualidad que haya actores y actrices mayores tan sabios, tan sensibles. Escucha hablar a Meryl Streep, a Daniel Giménez Cacho, a Karina Gidi, a todos estos actores y actrices que han hecho tanto teatro y tantas películas, y tienen un entendimiento de la experiencia humana muy profunda y particular, porque has vivido todas esas vidas de alguna manera.

Fotografías por Jesús Soto Fuentes

Pero también se habla mucho del ego en la profesión, ¿por qué crees que haya tanto espacio para el ego? ¿Tú has lidiado con el ego propio o de algún compañero?

Es un tema muy complejo. Desde que sales de la escuela de actuación, o antes, ––si eres un actor natural que no está entrenado y, empiezas a actuar–– nos enfrentamos al rechazo todo el tiempo. Un arquitecto, cuando presenta un proyecto, si lo rechazan, rechazan su proyecto, ––su maqueta, su diseño que hicieron en el CAD–– no lo están rechazando a él. Dicen, “Tu proyecto no funciona, pero contigo todo bien”. Como actor, te están diciendo que no funcionas tú, tu cara, tu voz, no funciona quién eres para esto. Ahora, ya lo entiendo desde otro lugar, pero cuando empiezas, es muy fuerte estar escuchando, “No, no funcionas, no eres suficiente”. Entonces, cuando tienes un éxito y toda la gente llega a decirte lo bueno, lo talentoso y lo increíble que eres, y además, tienes todo un sistema alrededor de mánagers, agentes y asistentes que están como al servicio de lo que quieras o necesites, claro que es fácil perder el piso. Y puede haber una cosa muy inconsciente de decir, “Todos esos años que comí mierda, escuchándolos y haciendo estos castings horribles de comerciales donde los creativos, que no tienen ni idea de nada, se están burlando de los actores que están empezando”, dices, “Ahora es mi venganza. Ahora es mi momento. Y eso es muy enloquecedor”. Por eso, es tan importante la terapia, tener buenos amigos, una pareja o familia que te hagan hacer tierra, porque hay unas olas que son difíciles de surfear. Es muy contradictorio. Y con los años vas aprendiendo a manejar eso. Me pasa que los actores más talentosos que conozco, con las carreras más interesantes, son los más humildes, los más generosos, las mejores personas, pero no siempre fueron así. Todo es un crecimiento, todos vamos mejorando, aprendiendo cosas. He aprendido a ser más empático con los procesos de los demás, más amable con tu propio proceso, decir, “Uno tiene que pasar por donde tiene que pasar”. Igual, no quedarse ahí y no acomodarse en algo que no está chido, sino estar buscando cuál es esa mejor versión ––mi manera de relacionarme con las personas, con mis colegas, con la industria. Eso ha sido muy lindo de estos 20 años que llevo trabajando.

Y fue muy lindo el otro día que hicimos la mesa redonda, voltear a verlos a todas y todos, y decir, “Nos hemos hecho juntos, nos conocemos de hace años y todos hemos tenido momentos buenos, momentos malos. Y ahí estamos todos, librando nuestras batallas, entendiendo nuestro lugar en la industria”. Cada quien con sus propias batallas y sus propias banderas de lo que quiere hacer uno, representar o cambiar. No siento que seamos una familia, siento que somos colegas y algunos amigos. Pero sí son muchos años de conocernos, de trabajar juntos, de estar juntos en un set, de encuerarnos emocionalmente en frente de la otra o del otro en el set. Pero también, de tomarnos unos drinks en el Festival de Morelia o en la premier de la película de uno o del otro. Y es lindo ir viendo crecer a tus colegas, verlos entender cosas y cambiar para mejor.

¿Dirías que una de las grandes fortalezas de la industria en México es justamente lograr cosas enormes con recursos limitados?

No es ninguna casualidad que cuando Iñárritu, Cuarón, del Toro, Alonso Ruizpalacios, llegan a Hollywood, a trabajar en otros países, en otros mercados, hagan estas maravillas. Aprendemos a ser muy creativos con muy pocos recursos. Entonces, cuando te dan los big toys, ––los grandes presupuestos, juguetes, cámaras–– imagínate, ahora sí, sky is the limit! [¡el cielo es el límite!] Porque ya traes un rigor y una experiencia, aprendemos a resolver con muy poco. Entonces, cuando llegan estos recursos, todo estalla, se vuelve exponencial. Yo me acuerdo cuando hicimos Nosotros los Nobles, a mí todavía me tocó filmar en Super 16 o en 35 mm. Me acuerdo perfecto de que en una de las escenas que, para mí, eran de las más importantes, le pedí una toma más a Gary Alazraki, me dijo, “Luis, no puedo porque ya no tengo material. Aquí está todo, están los actores, está la locación, pero ya no tengo material”. Entonces, como actor, te vuelves una bala y una flecha. Sabíamos que teníamos dos tomas para hacerlo bien, porque no había suficiente película para filmar.

Ahora es distinto, “Toma 75”, antes eso era imposible. No había presupuesto que te lo aguantara en México. Entonces, aprendes a ser muy efectivo, eficaz, a apuntar muy bien la flecha como actor de lo que quieres hacer.

Y, además, si tienes una escuela de teatro que, yo creo, profundamente, que el actor se hace en el escenario, donde puedes hacer una obra de teatro 200 veces. Siempre digo que me pasaba por la función 60 o 70 de una obra de teatro, decir, “Ah, así es. Ya entendí, güey”. En la función 70. En el cine tienes tres o cuatro tomas para hacerlo. Entonces, te estoy hablando de cómo puedes profundizar. El teatro se vuelve un laboratorio donde puedes experimentar muchas cosas para que, cuando llegues a un set de cine y tengas tres oportunidades, metas gol. Y ahí es donde se ve la escuela y el entrenamiento.

Es muy bonito llegar, de pronto, a otros países a filmar con argentinos, con españoles o con norteamericanos, donde muchas veces no saben quién eres y la primera vez que dicen acción y te ven trabajar, todo el mundo dice, “¿Quién es este güey?”, y dices, “Sí, este güey lleva 20 años trabajando en su país, aunque tú no me conozcas”.  

También, me ha pasado con actores o actrices que yo no conocía de Corea, de Japón, de Francia, y dices, “¿Dónde estaba esta actriz?”. Métete a su IMDB y vas a ver los 20 años que tiene experiencia. 

Entonces, aprendemos a ser muy creativos con muy poco. Creo que eso, a la larga, nos da habilidades importantes. Sí creo que, cada vez más, deberíamos tener los presupuestos que necesitamos para hacer lo que queremos hacer.

Fotografías por Jesús Soto Fuentes

Sí, que esa ya no tenga que ser la fortaleza de México y que se compita en igualdad de condiciones.

Claro. Pienso que si algún ejecutivo lee esta entrevista, dice, “Bueno, sí, está muy bien. Por eso deben tener pocos presupuestos, para ser creativos”. No, no necesariamente. Es muy contradictorio. La película que acabo de filmar con Ben [Affleck], ensayamos dos semanas antes de empezar a filmar, con todos los actores, en todas las locaciones. Nunca, jamás en mi vida, había tenido esa experiencia de ensayar en todas las locaciones, con todos los actores dos semanas antes de empezar a filmar. La mayoría de las veces, llegas a un set y es “Hi, nice to meet you” [Hola, gusto en conocerte], y ya, vamos a ser pareja o vamos a ser hermanos. Los ensayos son muy del teatro, porque todo eso cuesta dinero. 

Pero claro, luego ves estas películas de estos directores y dices, “¡Guau!”, pues sí. Hay un trabajo atrás, hay presupuestos y hay una manera de trabajar que cuesta dinero. Es interesante, también, entender eso.

Más allá de la actuación o del cine, de la pantalla, ¿qué te interesa o te apasiona en este momento?

Siempre he sido un diseñador de interiores frustrado. Me gusta mucho eso, ponerles mucho amor a mi casa en México, en Los Ángeles, siempre estoy ahí dándole vueltas a eso ––es que no tiene que ver, pero sí tiene que ver. He tenido mucha suerte como actor de que los productores y los directores siempre me han llamado para hacer cosas que para mí son muy divertidas, son muy interesantes. Entonces, mi actor está muy satisfecho y feliz, pero yo, como espectador, tengo un hambre muy particular de cosas que quiero ver en México ––series de televisión, películas, obras de teatro. De ahí nace mi productor, de no necesariamente hacer cosas porque yo las quiero actuar, sino quiero hacer cosas que quiero ver como espectador. Y ese es mi nuevo juguete, mi nueva pasión. Cuando entendí que como actor tienes el poder de espejear al otro y a la sociedad, me explotó la cabeza. Muy recientemente entendí que, como productor, tienes el poder de hacer eso, que algo nuevo exista, de un proyecto nuevo exista para la gente. Y, ahora, soy muy adicto a esa sensación. Justo hoy salió el tráiler de Mentiras, la serie musical que hicimos para Amazon. Eso empezó como un sueño, hace seis años. Estaba dormido en mi casa, en Los Ángeles y, me desperté un día, y dije, “Si yo quiero que se haga un buen musical en México, lo tengo que hacer yo”. Y no es porque nadie más lo pueda hacer, hay mucha gente que lo puede hacer, pero crecí en el teatro musical, me formé en él, y estoy en un momento donde puedo hacer que algo suceda, donde puedo ir con una plataforma y venderle un proyecto. Es mi momento de ir y hacerlo, ¡ya hace seis años! Eso le hablaba José Manuel López Velarde, el escritor de la obra de teatro, le dije “Güey, vámonos a una casa en la playa a encerrarnos tres días, a ver cómo podemos adaptar tu obra de teatro a una serie de televisión”. Nos encerramos tres días en una casa en la playa, preparamos nuestro pitch y se lo vendimos a Amazon. Luego, nos tardamos seis años en desarrollarlo porque era dificilísimo, porque nadie sabe cómo hacer un musical en México y mucho menos una serie de televisión musical. Nadie lo ha hecho nunca, es dificilísimo. No lo volveré a hacer jamás, me salieron miles de canas en este proceso, pero hoy que salió el tráiler y vi lo que soñé hace seis años, la respuesta de la gente y cómo todo el mundo se emociona, y dicen, “¡Güey, no mames, un musical, chingón!”, eso es lo que me gusta. Ahora, me sigue gustando mucho actuar, pero la posibilidad de crear este estos contenidos, estas series, eso es muy nuevo y emocionante.

Literalmente, hacer realidad tus sueños.

Sí, aunque suene a un lugar común. El otro día, hice una película loca con Emiliano Rocha que se llama La peluca, ya saldrá próximamente. Y filmando esa película, Daniel Jiménez Cacho quería hacer una cosa muy loca, y Emiliano le dijo, “Sí, Dani, la vamos a hacer”. Nos tomamos unos mezcales, y me dijo, “Luis, el cine es para cumplirle los sueños a la gente”, y se me quedó muy grabado. Hay algo muy especial que no tenía tan claro hasta ahora. 


PABLO MONROY

Editor

Periodista y líder de opinión en cultura iberoamericana. Editor en The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español, con más de 200 entrevistas a artistas de renombre y piezas periodísticas de alto impacto.

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