Crítica: El ser querido: Javier Bardem protagoniza un tenso drama familiar que podría tener mayor carga sentimental

Victoria Luengo co protagoniza la nueva película del director español Rodrigo Sorogoyen, quien retrata un rodaje cinematográfico que rápidamente se sale de control

Por JORDAN MINTZER |

mayo 22, 2026

2:51 pm

El ser querido de Rodrigo Sorogoyen | Cortesía del Festival de Cine de Cannes

Las películas sobre el cine suelen parecer destinadas únicamente a cinéfilos, en detrimento del resto del público. Claro que existen grandes excepciones a esa regla, como Day for Night de François Truffaut, de Federico Fellini y Contempt de Jean-Luc Godard; o más recientemente, Sentimental Value, de Joachim Trier, que fue un éxito en Cannes y terminó ganando un Oscar.

Aún así, el género sigue siendo difícil de ejecutar y suele repetir las mismas historias sobre directores tiránicos, actores inseguros, equipos de producción sobrecargados y productores corruptos. Algunos, aunque no todos, de esos clichés están presentes en el drama detrás de cámaras del cineasta español Rodrigo Sorogoyen, El ser querido, que logra añadir algunos giros frescos a la fórmula. La película también ofrece una fuerte dosis de malestar en el set tan incómoda de ver que, por momentos, provoca ganas de gritar: “¡Corte!”.

El ser querido 

La conclusión: Tensión e incomodidad dentro del set.

Festival: Festival de Cine de Cannes (Competencia Oficial)

Reparto: Javier Bardem, Victoria Luengo, Melina Matthews, Marina Foïs, Malena Villa

Director: Rodrigo Sorogoyen

Guionistas: Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen

2 horas 15 minutos

Rodrigo Sorogoyen es ya una especie de maestro de la incomodidad, como demostró en su intenso thriller de 2023, As Bestas, sobre una pareja francesa que se muda a un pueblo español donde son tan poco bienvenidos que terminan convertidos en marginados y, eventualmente, en presas. También creó y dirigió la aclamada serie The New Years, que seguía a una pareja a través de momentos buenos y malos, alternando episodios de pasión carnal con situaciones de extrema incomodidad.

El ser querido se inclina frecuentemente hacia esta última sensación gracias a su ficticio cineasta Esteban Martínez, interpretado por Javier Bardem, ganador de dos premios Oscar. El personaje regresa a casa tras años de exilio en Nueva York para dirigir una película de época ambientada en el Sahara Español, un territorio disputado en el norte de África —actualmente conocido como Sahara Occidental— que España ocupó hasta la década de 1970.

El detalle, dentro de lo que ya parece un proyecto arriesgado, es que Martínez decide darle el papel principal a su propia hija distanciada, Emilia (Victoria Luengo), aunque ella solo haya participado en algunas series de televisión olvidables. Sí aquí viene inmediatamente a la mente la película de Joachim Trier, es porque ambas historias exploran un terreno similar: el de un director prestigioso pero volátil que intenta reconciliarse con una hija y actriz a la que descuidó durante demasiado tiempo.

Sin embargo, la película de Rodrigo Sorogoyen toma un rumbo distinto en varios aspectos, empezando por la manera en que construye la tensión y oculta información clave, llevando la incomodidad del espectador hasta el límite. Los primeros 15 minutos de El ser querido son un gran ejemplo de ello: seguimos a Martínez mientras llega a un restaurante para encontrarse con Emilia. Al principio no queda claro cuál es su relación —¿expareja?, ¿enemigos íntimos?, ¿socios en algo turbio?— hasta que descubrimos no solo que Martínez abandonó a Emilia al nacer, sino también que ha regresado a España para pedirle que protagonice su ambiciosa nueva película.

El drama se traslada después al propio rodaje, ambientado en los desiertos y costas de las Islas Canarias, que representan al Sahara de 1932. A partir de ahí, Sorogoyen y el director de fotografía Álex de Pablo comienzan a alternar técnicas y formatos visuales: desde los íntimos primeros planos en cámara en mano de la secuencia inicial hasta grandes paisajes que mezclan imágenes en color y blanco y negro, capturando los escenarios azotados por el viento donde Martínez y su equipo filmarán durante las siguientes semanas.

El conflicto dentro del set escala rápidamente bajo la presencia dominante del director, que al principio parece inofensiva, como la de otro célebre autor con un gran ego intentando sobrevivir a una producción complicada. Pero conforme avanza el rodaje, termina convirtiéndose en un auténtico dictador, culminando en una escena destacada donde su trato hacia el elenco y el equipo se vuelve exasperantemente —y hasta cierto punto hilarantemente— abusivo.

Javier Bardem está magnífico en el papel de un cineasta endurecido, con un pasado turbio y una pésima reputación, aunque todavía lleno de talento, que busca redimir su relación con Emilia mientras colaboran por primera vez. Al inicio, Martínez se muestra encantador con su hija, apoyándola como actriz pese a su poca experiencia. Pero cuando eso no logra acercarlos, comienza a perder el control, reprendiendo a todos —incluida su productora francesa de toda la vida, Marina, interpretada por Marina Foïs, quien también participó en The Beasts— y provocando que Emilia se vuelva completamente en su contra.

La razón detrás de esto es precisamente donde El ser querido se siente demasiado familiar. En pocas palabras, Emilia resiente a su padre por décadas de mal comportamiento, incluyendo un problema con el alcohol que Martínez —sobrio desde hace varios años— parece incapaz de reconocer. Es un terreno ya conocido: el director con un pasado oscuro y la hija que quizá nunca lo perdone. Y aunque Victoria Luengo (The Room Next Door) ofrece una interpretación poderosa como una mujer incapaz de soltar un rencor de toda la vida, Sorogoyen no termina de dotar a la historia de la emoción necesaria.

Otro problema tiene que ver con la película ficticia que se está filmando, titulada Desert, que aparentemente aborda los peligros del colonialismo español, aunque permanece desconectada de todos los conflictos y caos que ocurren detrás de cámaras. Ambas historias paralelas nunca terminan de unirse, al punto de que el espectador pierde interés en el proyecto por el que Martínez parece estar arriesgando toda su carrera, además de la ya frágil relación con Emilia.

Aunque sus elementos no siempre encajan del todo, El ser querido vuelve a demostrar el talento de Rodrigo Sorogoyen para construir incomodidad, así como la habilidad de Javier Bardem para interpretar hombres capaces de explotar en cualquier momento (Martínez es como Anton Chigurh sentado en la silla de un director). Jean-Luc Godard, cuyas propias excentricidades en el set fueron retratadas el año pasado en Nouvelle Vague de Richard Linklater, escribió célebremente que “el cine es verdad a 24 cuadros por segundo”. Esta tensa película demuestra que, a veces, la verdad aparece justo cuando las cámaras dejan de grabar.

JORDAN MINTZER

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