Mentiras, identidad y arte político: la visión de José Manuel López Velarde

Desde el teatro hasta la pantalla, Mentiras desafía estereotipos y abre diálogo sobre la diversidad, el autodescubrimiento y la verdad

Por JULIETA CHÁVEZ |

julio 9, 2025

2:59 pm

Cortesía

Hace dieciséis años, Mentiras llegó a las carteleras de teatro como una comedia musical nostálgica anclada en los grandes éxitos pop de los ochenta. Hoy, el fenómeno ha crecido hasta convertirse en un multiverso que incluye nueva producción, conciertos, una versión drag, y más recientemente, una serie que se convirtió en la más vista de Amazon Prime México a nivel mundial en su primer fin de semana. Al frente de todo ha estado su creador, José Manuel López Velarde, quien define el proyecto como un “Mentiverso” que permea el mensaje de ser quien eres. “De estos personajes que se dan cuenta de que le habían estado mintiendo a los demás, pero sobre todo a ellos mismos y que encuentran las fuerzas para enfrentar quienes realmente son”, nos cuenta. 

Desde la primera versión teatral, hasta el desarrollo de la serie (que tomó siete años de preparación) el universo de Mentiras se ha construido como un tributo al melodrama, las telenovelas, los videoclips musicales, y a esa música que algunos llaman “de señoras” pero que marcó generaciones. “Más que querer meter las canciones a unos personajes de una historia, era dejar que esas canciones contarán quiénes eran esos personajes”, recuerda. A partir de ahí fue armando un mundo visual y narrativo donde cada color, peinado y silueta conecta con un arquetipo, pero también lo rompe. Sasha, Verónica Castro, Lady Di, La Tesorito… todas viven un poco en Daniela, Dulce, Yuri y Lupita.

María Elisa como Yuri, en Mentiras El Musical / Cortesía

Cada una de ellas representa un mandato de género que se empieza a quebrar. Daniela descubre que su perfección era una cárcel. Dulce se reconcilia con su instinto sexual, más allá de la culpa religiosa. Lupita, que ha sobrevivido sin mirar sus heridas, aprende a ponerse en contacto con su corazón, con lo que ella necesita. Yuri, que se esconde en el éxito profesional, se atreve a preguntarse quién es, y a ponerse atención a sí misma. “Se suele poner a las mujeres en papeles muy limitados, muy poco diversos y contradictorios, incluso. Pero en Mentiras la historia es de ellas. Es un lugar de mujeres en el que también, a través de ellas, podemos cuestionar las masculinidades”.

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Este discurso no es accidental. Mentiras pone al centro lo que López Velarde llama “la caja de muñecas”. En la versión teatral hay referencias explícitas en canciones como ‘No soy una muñeca’, ‘Tu muñeca’ o ‘Muñeca rota’, y hasta escenografías en forma de caja, con personajes que rompen estereotipos. “Es una especie de Pinocho, en el cual hay cuatro muñequitas estereotipadas de un solo color, que creen que solo pueden ser una cosa (la amante, la secretaría, la ejecutiva o la cuidadora). Pero, son esas muñecas que se niegan a ser eso y al final se convierten en mujeres de carne y hueso.”

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Hablando un poco de la serie, José nos cuenta que pensó en la expansión audiovisual desde el inicio. A los pocos meses de tener lista la obra, firmó un contrato que le reservaba los derechos para cine y televisión. Su apuesta era hacer una película, incluso desarrolló el storyboard completo, pero en ese momento el cine mexicano no ofrecía condiciones viables para pagar los derechos musicales de más de 30 canciones ochenteras. Fue entonces cuando comenzó a imaginarla como serie. Luis Gerardo Méndez, recuerda, lo animó en una cena a hacerla realidad. Con los derechos a punto de expirar, escribieron un pitch para Netflix, armaron biblias, sinopsis y fichas de personaje junto con un equipo de escritoras. Netflix pasó. Entonces volvieron a intentarlo, esta vez con Amazon.

Más allá del escenario, el musical se ha convertido en un fenómeno cultural que trasciende el teatro. En redes sociales, los fans recrean escenas y vestuarios de los personajes, escuchan las versiones de las canciones que aparecen en la serie. Este impacto demuestra que Mentiras no es solo un espectáculo pasajero, sino un universo que sigue creciendo y conectando con nuevas generaciones, renovándose en cada interpretación y encuentro con su público. Ver cómo la gente responde, canta, grita y se disfraza es el mejor indicador de que la obra se ha convertido en un espacio de pertenencia y expresión para muchos.

Escrito hace 18 años y en cartelera desde hace 16, Mentiras ha sido también un vehículo para hablar de identidad y diversidad desde una mirada profundamente personal. Para su creador, mostrar estas posibilidades no viene desde el afán de dar lecciones, sino que lo hace convencido de que su mirada está hermanada con los feminismos. Lejos de ver un conflicto entre ambas luchas, insiste en que van del mismo lado. Esa tensión entre lo que se espera y lo que una es, atraviesa toda la obra, al igual que la voluntad de salirse de las cajas que impone el patriarcado. Quizá por eso Mentiras ha resistido tanto, porque detrás del espectáculo hay una postura. Porque lo que podría ser solo divertido, se sostiene también en una convicción política. “Hay algo que quiero decir que para mi es importante ponerlo en el mundo. Jamás participaría en un proyecto que no va alineado con algo que quiero que ahí se quede. Es poner ahí afuera algo que aporte a una conversación.”

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La evolución del proyecto también ha sido personal para el autor. “Yo, siendo parte de la comunidad LGBT, siempre trato de incluirla porque somos parte de la realidad. Aquí estamos y existimos. Las historias que no nos incluyen, no están retratando lo que realmente somos como sociedad.” En Mentiras existe Yuri, un personaje bisexual que además cuestiona la monogamia. En Mentidrags, hay diversidad sexual y de género entre el elenco. En la versión más reciente del montaje, una actriz trans interpreta a una mujer cis. El público, dice, ha respondido con entusiasmo. “En el Pride había gente disfrazada de los personajes, con carteles de frases de la serie. Me enorgullece muchísimo que en Mentiras sean bienvenidas, bienvenidos y bienvenides todes”. 

Paola Gómez como Lupita en Mentiras El Musical / Cortesía

Su activismo, cuenta, también se refleja en lo cotidiano: “Mi familia es homoparental. Dos papás con dos hijas. Nos separamos, pero podemos viajar junto con nuestras hijas y tener una relación familiar con ellas. Hay muchas veces situaciones en las que no se puede, pero ahí es donde está el centro de mi activismo. En crear un mundo más inclusivo para las familias. […] Yo lo que quiero es un mundo en el que la gente esté abierta a toda esa diversidad, y sepan que es una ventaja, no es una amenaza. Que nos hace mejores como humanidad”. Ver cómo la gente responde, canta, grita, se disfraza o ha ido más de 300 veces a la obra, dice, sigue siendo un regalo. 

A pesar de que muchos la viven como una comedia musical ligera, Mentiras tiene una postura política muy clara. El público olvida que lo político también puede ser divertido, puede tener muchos colores. No tiene que ser sobrio ni panfletario para decir algo importante. Por eso decide darle todo el foco a ellas, porque sus personajes son mujeres fuertes e interesantes, con una historia que contar y además, admite que sus intérpretes en la serie hicieron un trabajo grandioso dándoles vida. 

Aunque Mentiras continúa en cartelera y ha cobrado nueva fuerza gracias a su llegada al streaming, su creador ya está enfocado en nuevos proyectos. Uno de ellos es la adaptación musical de Un día sin mexicanos, la película que imaginaba un escenario en el que todos los latinos desaparecen de un día para otro en California. La intención es que el montaje pueda realizarse tanto en México como en Estados Unidos, porque, como él señala, “atañe tanto a México como a Estados Unidos”. La premisa, dice, sigue siendo urgente. La pregunta sigue viva, sobre todo en un contexto político como el actual, donde el discurso contra la población migrante, particularmente la latina, vuelve a ocupar espacios de poder y retórica electoral. Fiel a su estilo, el enfoque del musical no será panfletario, sino una combinación de humor, sátira y corazón. La apuesta no es sólo levantar una obra, sino poner sobre la mesa una conversación necesaria sobre racismo, exclusión y pertenencia, desde una mirada artística y profundamente política.

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También cree que es momento de afianzar los logros del teatro musical mexicano escrito por mexicanos. Cita el caso de Mentiras, pero también el de Siete veces a Dios, musical al que le ha ido muy bien. Recuerda también Si nos dejan, que alcanzó más de 500 funciones y tuvo dos temporadas exitosas en Colombia, lo cual él considera enorme. Su apuesta es que eso inspire a que exista más teatro musical nacional, y que además pueda exportarse. “Me encantaría que el éxito de Mentiras le abra la puerta a mis otros musicales y a otros musicales mexicanos a convertirse en material para otros medios”.

José nos cuenta que cree “los humanos no somos lineales, no somos muñecas, ni estamos hechas de un solo color”. Cada una de las protagonistas debe enfrentarse a lo que ha reprimido para encajar, para ser aceptada, para cumplir con mandatos que muchas veces reducen a las mujeres a un solo papel. La obra no solo cuestiona eso, también abre preguntas más amplias sobre la identidad. ¿Quiénes somos? ¿Seguimos siendo las mismas personas que hace diez años, que hace cinco, o incluso que ayer? El autor lo dice así: todos los días seguimos creyéndonos mentiras. Y deshacerlas implica energía, introspección, y la valentía de poner en duda hasta las creencias más arraigadas. Ojalá, dice, todos tuviéramos una noche como las que ofrece Mentiras, en la que se remueve todo y descubrimos que podemos ser mucho más de lo que habíamos creído.

JULIETA CHÁVEZ

Redactora

Redactora editorial en The Hollywood Reporter en Español. Ha entrevistado a directores, actores y líderes de opinión, con un foco especial en mujeres, arte contemporáneo y temáticas de género.

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