Ace Frehley, guitarrista de Kiss y leyenda del rock, muere a los 74 años

Figura clave del sonido y la imagen de Kiss, Frehley combinó virtuosismo, excesos y carisma en una carrera que definió la teatralidad del hard rock.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

octubre 17, 2025

8:59 am

Cortesía de Casablanca Records

Ace Frehley, guitarrista original de Kiss y uno de los arquitectos del rock más visual, espectacular y desmesurado del siglo XX, falleció el jueves en Morristown, Nueva Jersey, a los 74 años. La familia confirmó su muerte a través de un comunicado que destacó el amor con el que fue acompañado en sus últimas horas. Se desconocen las causas exactas de su fallecimiento, aunque se encontraba con problemas de salud desde finales de septiembre.

Con su guitarra colgando como una nave espacial, su traje metálico y su característico maquillaje de “Spaceman”, Frehley no solo fue uno de los miembros más queridos de Kiss, sino también un símbolo de una época donde el rock abrazó la fantasía y la exageración sin pedir disculpas. Su estilo guitarrístico directo, crudo y lleno de energía se convirtió en la puerta de entrada para miles de jóvenes que soñaban con estar sobre un escenario.

Frehley nació y creció en el Bronx, en una familia trabajadora de raíces alemanas y noruegas. Su camino hacia la música fue tan azaroso como genuino. Pasó por bandas de garaje y trabajos ocasionales hasta que, a principios de los años 70, respondió a un anuncio que buscaba un guitarrista para una nueva banda. Esa audición lo puso en órbita junto a Gene Simmons, Paul Stanley y Peter Criss. Pronto, Kiss despegaría como un fenómeno cultural.

Detrás del maquillaje plateado, Frehley aportaba mucho más que imagen. Fue el autor de clásicos como Shock Me, Cold Gin, Parasite, Torpedo Girl o New York Groove, que hizo parte de los álbumes solistas de los cuatro integrantes de Kiss publicados simultáneamente en 1978. Su presencia en el escenario tenía una mezcla única de desparpajo, humor y técnica desordenada pero efectiva. Si Simmons era el demonio y Stanley la estrella, Frehley era el astronauta errante, misterioso, errático, humeante y eléctrico.

Cortesía de Casablanca Records

Pero Ace no solo habitó los escenarios. En 1978, Kiss protagonizó una extraña incursión cinematográfica con Kiss Meets the Phantom of the Park, una película para televisión donde los miembros del grupo eran retratados como superhéroes enfrentando a unos doppelgangers robóticos en un parque de diversiones. Aunque la crítica la destrozó, con el tiempo se volvió una joya kitsch de culto. Frehley, cuya participación fue caótica detrás de cámaras, aparecía en pantalla como un guerrero cósmico con poderes de teletransportación, consolidando aún más su alter ego.

Cortesía de Casablanca Records

Ese mismo año, Marvel Comics lanzó un cómic donde Kiss se transformaba oficialmente en un cuarteto de superhéroes intergalácticos. La tinta, según la campaña promocional, contenía muestras de sangre real de los integrantes. Frehley era “el hombre del espacio”, una figura que parecía nacida para la viñeta. Décadas más tarde, el mito sería revivido en cómics publicados por Image y conocidos como Psycho Circus, donde el universo de Kiss volvía a tomar forma como una saga de ciencia ficción rockera. Frehley, como sus compañeros Gene Simmons, Paul Staney y Peter Criss, encarnaba ese cruce entre estrella y personaje, esta vez fusionado con Tommy Thayer como “The Celestial”.

Cortesía de Ace Frehley

Su carrera no estuvo libre de turbulencias. Las giras, el consumo excesivo de alcohol y drogas, y las fricciones internas con la banda lo llevaron a abandonar Kiss en 1982. Aunque regresaría brevemente en los años noventa para una serie de conciertos de reunión con la formación original, su relación con el grupo fue siempre volátil. En el tiempo entre ambas etapas, lanzó proyectos solistas, incluyendo su banda Frehley’s Comet, donde mostró una veta más personal pero mantuvo intacta su identidad sonora.

En el escenario, su figura era inconfundible. Botas de plataforma, humo saliendo de su guitarra, una risa traviesa a medio camino entre el Bronx y Marte. Su estilo no era académico ni preciso, pero tenía algo más importante: alma. Nunca intentó ser virtuoso; intentó ser inolvidable. Y lo consiguió.

Con su muerte, se apaga una de las últimas luces auténticas de una era en la que el rock se atrevía a soñar sin límites. Frehley llevó el ruido, el humo, la fantasía y el exceso a otro nivel. Fue una caricatura viva, pero también un artista que entendía como pocos que el rock es, ante todo, un acto de imaginación.

Se fue el Spaceman. Pero su órbita sigue.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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