La cineasta y productora gallega Chelo Loureiro es una de las figuras fundamentales de la animación española contemporánea. Desde Galicia ha impulsado una filmografía marcada por el riesgo estético, la sensibilidad autoral y un fuerte compromiso con temas sociales como la inclusión, la igualdad y la dignidad de las diferencias. Productora de obras esenciales del cine animado reciente y directora de proyectos como Valentina, su trabajo ha contribuido a consolidar a Galicia como uno de los polos más fértiles de la animación en España.
A su lado, Lúa Testa, actriz, aporta una mirada complementaria sobre el trabajo de interpretación en animación, especialmente sobre la voz como herramienta expresiva capaz de construir un personaje antes incluso de que exista en pantalla. En esta conversación, madre e hija reflexionan sobre la relación entre actuación y animación, sobre el valor de una producción que pone en el centro la experiencia humana y sobre los desafíos de un cine que sigue expandiendo sus posibilidades expresivas.
En el marco del Festival de Animación Comfama El Retiro, conversamos con ambas sobre la vocación, la producción autoral, la inclusión en Valentina, la irrupción de la inteligencia artificial y la potencia cultural de la animación hecha en Galicia.

Chelo, ¿qué experiencias o inquietudes personales te llevaron a optar por la animación?
CHELO LOUREIRO: Siempre fui una gran fan del cine de animación. Me gustó muchísimo desde niña, aunque en aquel momento ni siquiera podía imaginar que algún día podría dedicarme al cine, y mucho menos a producirlo o dirigirlo. Hay que tener en cuenta que yo crecí en Galicia, en una pequeña ciudad, en un contexto en el que eso era impensable. Ni siquiera había referentes cercanos que permitieran soñar con esa posibilidad.
Yo iba al cine y veía las películas que llegaban, sobre todo cine estadounidense, westerns, ese tipo de producciones que se veían a finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Pero no existía la idea de que una pudiera dedicarse a esto.
En realidad, no entré al cine justo al terminar mis estudios. Llegué más tarde, después de pasar por el mundo de la cultura, organizando actividades vinculadas con la literatura, la música y la pintura. Y en un momento entendí que precisamente esos son los ingredientes esenciales de la animación: gente que sepa dibujar, gente que sepa contar historias y gente que pueda hacer música. Ahí fue cuando pensé: ¿por qué no hacerlo desde aquí?
¿Recuerdas qué películas o qué imágenes te hicieron enamorarte de la animación?
CHELO LOUREIRO: Curiosamente, no fueron las películas de Disney, porque no llegaban a donde yo vivía. Las historias de Disney nos llegaban en forma de cuentos, pero no en el cine. En la televisión española había un único canal, en blanco y negro, y en la programación infantil emitían animación de países del Este: Checoslovaquia, Polonia, Hungría. Era una animación hermosísima, muchas veces en stop motion. Eso fue lo que realmente me enamoró.
A mí me parecía magia. En el stop motion hay volumen real, objetos verdaderos que se mueven, y de niña eso me resultaba fascinante. Esa sensación de maravilla se quedó conmigo para siempre.

Lúa, desde tu perspectiva como actriz, la animación tiene una particularidad muy especial: el actor no aparece con su cuerpo, sino con su voz. ¿Cómo asumes ese proceso de darle voz a una película?
LÚA TESTA: Para mí es también un proceso de creación, y además está muy ligado al trabajo con el director o la directora. En animación, cuando el proceso se hace así, lo primero que se graba es la voz, y eso cambia todo.
Hay personas que se sorprenden cuando escuchan esto, porque no en todas las producciones se trabaja igual. En muchos estudios primero se crean los personajes, incluso se graban diálogos de referencia con los propios animadores, y luego, cuando la película ya está bastante avanzada, se hace el doblaje. Pero aquí no.
En este caso, la voz va primero, y eso significa que desde el inicio se está construyendo la energía del personaje, su ritmo, su cualidad, su manera de existir. Hay un trabajo previo de ensayo, de búsqueda, de encontrar dónde está esa personalidad. Y luego esa voz termina influyendo en cómo se mueve el personaje, cómo respira, cómo habita el espacio.
Entonces para ti la voz no acompaña al personaje: lo configura.
LÚA TESTA: Exactamente. Yo siempre trabajo así. Primero grabo las voces, antes de empezar a animar, porque es la voz la que va configurando la personalidad del personaje.
Y eso significa que el cuerpo del actor también entra en juego, aunque no aparezca en pantalla. La fisicalidad está presente en la voz, en el ritmo, en la respiración, en la intención. Por eso no se trata simplemente de doblar un dibujo ya hecho: se trata de participar en la creación misma del personaje.
La animación, como ha dicho Guillermo del Toro, no es un género sino una técnica, un lenguaje que dialoga con la literatura, la pintura y la música. ¿Cómo ha influido esa visión interdisciplinaria en tu forma de producir?
CHELO LOUREIRO: Influye completamente. Yo parto justamente de esa idea: la animación no es un género, sino un conjunto de herramientas muy diversas. Y cuando me enfrento a una historia, es esa historia la que me pide una técnica.
Nunca parto de la idea de “voy a hacer una película en 2D” o “voy a hacer una película en stop motion”. No. Es la historia la que te dice cuál es la mejor herramienta para ser narrada de una manera diferente, con personalidad.
Hay guiones que me llegan y me pregunto por qué tendrían que hacerse en animación si podrían contarse perfectamente con actores y escenarios naturales. No todo necesita animación. A mí me interesa cuando la historia tiene elementos, sean mágicos, fantásticos o expresivos, que permiten que la animación haga crecer el relato y lo lleve a otro lugar.

En Valentina hubo una decisión muy importante: que la voz del personaje principal fuera interpretada por una niña con síndrome de Down. ¿Cómo fue ese proceso?
LÚA TESTA: Fue un trabajo bellísimo. Para mí era evidente que si el personaje era una niña con síndrome de Down, lo lógico y lo justo era que la voz también la hiciera una niña con síndrome de Down. De otro modo, iríamos contra la naturaleza misma del proyecto.
Entonces lo que hicimos fue trabajar mucho previamente para que ellas, porque eran dos (Josephine Lockhart y Lucía Seren), una para la versión gallega y otra para la versión en castellano, sintieran que estaban jugando todo el tiempo y que no vivieran la grabación como una carga.
Fuimos descubriendo que la mejor manera de lograr naturalidad era a través del juego y de la imitación. Eso exigía una energía altísima por parte de todo el equipo, pero funcionaba. Les lanzábamos frases, ellas las repetían, las transformaban, y todo se iba grabando de una manera mucho más libre que en un proceso tradicional.
Había momentos en que se cansaban, claro, y entonces parábamos y nos poníamos a jugar en serio, a correr, a reírnos, a movernos por el estudio. Cuando la energía volvía a subir, retomábamos. Lo lúdico fue la clave.
Lúa, desde la actuación, ¿qué te parece especialmente potente de ese proceso?
LÚA TESTA: Que ahí se ve con mucha claridad que la voz no es solo un sonido, sino una presencia. Cuando la voz se trabaja antes de la animación, está dejando huella en la construcción del personaje. Ya no es únicamente interpretación: es creación. Y eso me parece muy hermoso, porque la voz lleva consigo algo del cuerpo, del gesto, del impulso. Aunque no veamos al actor, su fisicalidad está ahí.
Chelo, muchas de las películas que has producido pertenecen a una animación de autor, con propuestas estéticas y temáticas arriesgadas. ¿Qué te atrae de los cineastas que buscan expandir los límites del medio?
CHELO LOUREIRO: Lo que más me interesa es la mirada del autor o de la autora. Creo que las historias, en el fondo, son siempre las mismas: amor, desamor, pérdida, deseo, conflicto. Lo que cambia es la mirada con la que alguien se aproxima a ellas.
En animación, además, tenemos la herramienta del diseño gráfico, y eso hace que muchos narradores sean también ilustradores. Entonces mi trabajo consiste en reunir un equipo que pueda ser fiel a esa mirada, a esa singularidad.
Por ejemplo, mientras producía Unicorn Wars, estaba produciendo también El sueño de la sultana. Las dos eran películas en 2D, pero con estilos visuales totalmente distintos. Los animadores que trabajaban bien en una no servían para la otra. Por eso yo no tengo un estudio fijo: cada película es única y cada una exige un casting distinto de profesionales que sepan adaptarse al estilo del autor.
Eso es lo que más me seduce: encontrar la forma precisa de narrar una historia con una personalidad visual irrepetible.

¿Qué crees que Galicia le está aportando hoy al mundo de la animación?
CHELO LOUREIRO: Galicia está aportando muchísimo, y los datos son sorprendentes. Aunque es una comunidad pequeña dentro de España, ha tenido un peso enorme en la historia reciente de la animación del país.
Una clave importante fue el cambio tecnológico que se produjo con la llegada del 3D. Cuando apareció Toy Story, todo cambió. Y fue precisamente un estudio gallego, Dygra, el que hizo El bosque animado, la primera película europea de animación en 3D.
Eso fue una llamada potentísima para toda una generación de jóvenes ilustradores y animadores gallegos. Empezaron a surgir pequeños estudios, se generó formación, se consolidó una escuela, y Galicia comenzó a producir muchísimos profesionales muy bien preparados en 2D y en 3D.
Yo recuerdo ir a festivales internacionales y que me dijeran: “Ah, eres gallega. ¿Qué estáis haciendo allí con la animación?”. Había una sensación de que nos habíamos convertido en una referencia.
¿Dirías que la animación española vive hoy una especie de edad de oro?
CHELO LOUREIRO: Sí, claramente. Se están estrenando entre ocho y diez largometrajes de animación al año, que es una cifra muy importante para un país como España.
Ahora bien, también hay cierta cautela por todo lo que está ocurriendo con la inteligencia artificial. Pero, aun así, estamos en un momento muy fuerte. Los productores también hemos aprendido mucho, especialmente en lo relacionado con las coproducciones internacionales.
En España es muy difícil financiar una película grande sin socios de otros países. Francia tiene una estructura muy sólida que le permite levantar proyectos por sí sola, pero nosotros no. Así que nos hemos ido formando, aprendiendo a trabajar con otros mercados, creando redes. Y eso ha fortalecido mucho al sector.
Justamente quería preguntarles por la inteligencia artificial. Muchos cineastas no la rechazan de plano, sino que la ven como una herramienta. ¿Cómo la ven ustedes?
CHELO LOUREIRO: Mi formación es tecnológica, así que no parto de una mirada apocalíptica. Toda revolución técnica genera temor, como ocurrió con la revolución industrial, pero eso no significa que desaparezca la parte humana.
Yo creo que las máquinas pueden repetir, acelerar, facilitar, pero no reemplazar el talento. Lo que sí va a pasar es que veremos una enorme cantidad de trabajo mediocre, porque la herramienta permite producir mucho y muy rápido. Pero lo que seguirá diferenciando una obra será la mirada, la sensibilidad, la inteligencia artística de quien está detrás.
En una producción futura, por ejemplo, seguramente podré reducir parte del equipo en tareas mecánicas o repetitivas. Hay trabajos como el clean up, el limpiado, que no tienen una dimensión artística central y que una IA puede hacer muy bien. Pero la parte creativa necesita de un artista.
LÚA TESTA: Y además tampoco tiene sentido oponerse al cambio como si no existiera. La inteligencia artificial ya está aquí y se va a quedar. Lo importante será entender cómo usarla sin perder lo humano.
Quizá aparezcan incluso nuevas profesiones que todavía no imaginamos. La pregunta no es solo tecnológica, sino ética y creativa.
Chelo, mencionabas incluso la posibilidad de usar IA en documentales.
CHELO LOUREIRO: Sí, y me parece un caso muy interesante. El otro día vi un documental hecho íntegramente con inteligencia artificial sobre Goya. Todo estaba generado: los espacios, los personajes, la época, los cuadros en proceso de creación.
Todavía se nota que está hecho con IA, aunque cada vez se notará menos. Pero para un documental, donde los presupuestos suelen ser muy limitados, puede ser una herramienta extraordinaria. Permite mostrar cosas que con actores o reconstrucciones tradicionales serían imposibles de financiar.
Entonces sí, claro que eso también puede pensarse como animación. Pero incluso ahí siguen haciendo falta personas que sepan imaginar, decidir, organizar y dar sentido a lo que se ve.

Si miras en retrospectiva los proyectos que has producido y dirigido, ¿qué temas sientes que se repiten en tu trabajo?
CHELO LOUREIRO: Sin duda hay una constante muy clara: los temas sociales. A mí me importa mucho que en cada película haya algún tipo de reflexión crítica sobre asuntos que me preocupan profundamente. El feminismo, la igualdad, la inclusión de las personas diferentes, que en realidad somos todos, las desigualdades sociales, el cambio climático.
En Valentina eso está muy presente a través de la inclusión. En Decorado, por ejemplo, el corazón de la historia está en la idea de que el mundo puede ser un decorado maravilloso, pero con repartos deplorables. Es decir: somos los seres humanos quienes muchas veces convertimos ese mundo en un espacio injusto y perverso. Ese tipo de mirada crítica me interesa mucho. Creo que el arte puede tocar emocionalmente a las personas y, desde ahí, generar cambios sociales de una manera muy poderosa. Y justamente Valentina parece haber tenido ese efecto.
LÚA TESTA: Sí. Después de una proyección, una joven con síndrome de Down participó en el coloquio y habló de la película de una manera conmovedora. Dijo que por primera vez sentía que veía en pantalla algo cercano a cómo le gustaría que la tratara la sociedad. Fue un análisis increíble, muy lúcido, profundo. Y ahí una entiende de verdad que el cine puede hacer visible a alguien, puede dignificar una experiencia, puede cambiar una mirada.
CHELO LOUREIRO: Cuando alguna persona me pregunta si fue una propuesta arriesgada construir un personaje así, yo siempre respondo lo mismo: yo no construí “una niña con síndrome de Down”, construí una niña, sin más. Y creo que ahí está la clave: en la mirada.
¿Qué lugar creen que ocupa la animación alternativa o de autor en un panorama dominado por los grandes estudios?
CHELO LOUREIRO: Ocupa un lugar necesario. Los grandes estudios tienen su espacio, claro, pero también hace falta una animación que se atreva a mirar desde otro lugar, que no tenga miedo de experimentar, de hablar de temas complejos, de proponer otras sensibilidades.
LÚA TESTA: Y hace falta también porque la animación puede ser mucho más que entretenimiento infantil. Puede ser emoción, pensamiento, memoria, crítica, intimidad. Puede llegar muy hondo.
CHELO LOUREIRO: Exacto. Y cuando eso ocurre, cuando una película logra tocar algo verdadero, entonces la animación demuestra toda su fuerza.