Adriana Paz y el instinto detrás de La Cazadora

A punto de comenzar un nuevo proyecto, la actriz comparte el proceso actoral que desarrolló para protagonizar la ópera prima de Suzanne Andrews Correa

Por KARLA LEÓN |

octubre 21, 2026

9:43 am

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Adriana Paz vive uno de los mejores momentos de su carrera. Este año, interpretó a Isabel en Ceniza en la boca, el más reciente filme de Diego Luna, y dio vida a Cecilia Trujillo en Animales, el thriller de Ben Affleck, en el que comparte créditos con Kerry Washington, Steven Yeun, Gillian Anderson y Luis Gerardo Méndez. Ahora, lleva La Cazadora, estrenada en Sundance, al Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). 

A lo largo de su trayectoria, Adriana ha hecho de la intuición y el instinto dos ejes de su trabajo actoral. En 2009, bajo la dirección de Carlos Carrera, se colocó en la piel de una víctima de violencia, un papel que, asegura, la marcó significativamente. “Fue durísimo. Me costó meses soltarlo. El cuerpo no distingue la ficción. He aprendido a poner distancia, pero el daño se queda”, relató a THE HOLLYWOOD REPORTER en Español hace un año. 

De alguna manera, reconoce, las historias regresan para revelar otras aristas de una misma realidad. Durante ocho años, Suzanne Andrews Correa escribió el guion de La Cazadora, su ópera prima, con una fotografía de Adriana sobre su escritorio. Supo, desde entonces, que solo ella podría encarnar a Luz, una madre soltera y empleada de una maquila, quien decide terminar con la vida de sus agresores y convertirse en una protectora ante la impunidad.  

La película, en la que comparte créditos con Jennifer Trejo, Teresita Sánchez, Efe Malafe y Guillermo Alonso, está inspirada en el caso de “Diana, la cazadora de choferes”, una mujer anónima de Ciudad Juárez, que expuso en una carta abierta los motivos detrás de los asesinatos de dos conductores de transporte público, señalados por agredir a las empleadas de las maquiladoras. 

“Luz es la representación de un montón de mujeres”, reflexiona la actriz, quien ofrece en esta cinta una de sus mejores actuaciones. En entrevista, comparte los desafíos físicos y emocionales de protagonizar La Cazadora, su trabajo junto a Suzanne, la importancia de seguir llevando estas historias a la pantalla y los aprendizajes más valiosos de sus últimos proyectos.

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Cuando leíste el guion de La Cazadora, ¿cuáles fueron tus primeras impresiones sobre la complejidad y la profundidad de tu personaje, que está inspirado en un caso real?

Me conmovió muchísimo. Soy muy intuitiva, muy visceral, y cuando algo me toca las entrañas y me conmueve, es algo que muy probablemente querré hacer. Cuando lo leí, me sorprendí y pensé: “Qué poder, qué personaje tan complicado, con tantas capas y con decisiones difíciles de entender. Esto es un reto, pero qué maravilla y qué afortunada me siento de que me lo estén ofreciendo”. Quería estar en este proyecto y no podía esperar a que empezáramos. Se retrasó, pero disfruté todo el proceso. 

Luz se mantiene constantemente en un terreno de ansiedad y dolor. ¿Cómo se construye, a nivel emocional y físico, un personaje con todas estas capas y, además, inmerso en un sistema que todo el tiempo le recuerda lo que le duele?

Fue importante esa intuición, aunque el guion lo muestra muy bien. Ya conocía la historia, pero me impactó aún más porque inmediatamente recordé lo que pensé y lo que sentí cuando escuché esa noticia. Fue un contraste de emociones. Sentí horror por lo que estaba viviendo esta mujer; terror por lo que hizo, pero también surgió una especie de entendimiento al preguntarme: “¿Hasta qué punto habrá llegado para tomar una decisión así? ¿En qué momento se encontraba para hacerlo?”.

Es algo que recordé todo el tiempo durante el rodaje, incluso desde que leí el guion y empecé a trabajar con Suzanne. Hubo un trabajo de mesa muy importante, en el que desmenuzamos cada palabra y discutimos mucho sobre lo que se estaba narrando. Conversamos sobre los otros personajes, porque eso también nos decía quién es Luz. En la vida, nosotros somos a partir de quiénes somos para el otro. 

Agradezco haber tenido ese tiempo con Suzanne y, después, llegar al set con todos los acuerdos. Los ensayos y las pláticas previas hacen el trabajo del set mucho más fácil, más rápido y, además, te ayudan a construirlo. Cuando llegas con tus compañeros, ahí también se construye el personaje, con lo que el otro trae. De pronto, tienen una reacción diferente a lo que tú te imaginabas y eso enriquece y retroalimenta el trabajo.

Claro, además, en La Cazadora hay escenas muy fuertes y complicadas. ¿Qué momento representó un reto importante para ti? 

¡Todos! Es que no hay una escena fácil para Luz en ningún momento. Físicamente, correr. Estoy totalmente fuera de forma y, para mí, fue muy impactante darme cuenta de eso, porque yo siempre fui muy deportista. Las cosas físicas eran ‘papita’; si tenía que treparme, me trepaba; si tenía que correr, corría; si tenía que brincar, brincaba. Y, de pronto, la carrera de Luz, cuando va saliendo del autobús, híjole, casi me da un tirón en la pierna. Me di cuenta que los años sí habían pasado, que yo me había descuidado mucho. Dejé de entrenar como entrenaba y, aunque tú te sigues sintiendo bien, descubres que ya no estás tan fuerte, tan ágil, y ese sí fue un golpe duro para mí. No es solamente una cosa de vanidad, sino una cuestión de funcionalidad del cuerpo y, en este caso, de funcionalidad del cuerpo al servicio del personaje. 

Me dije: “Adriana, te tienes que poner las pilas, porque tu cuerpo está al servicio del personaje y Luz necesita correr”. Pude hacerlo, pero me costó; me sentí más pesada de lo normal. En ese momento comenzó también un proceso de sanación personal, porque esto no solamente afecta mi vida, sino también mi trabajo. Fue impactante reconocer cómo el cuerpo se va deteriorando y, a veces, no te das cuenta ni cómo. Eso impacta las historias que estás contando y esa carrerita fue bien dura. Me dolió la espalda, la rodilla y me frustró muchísimo. Pensaba: “Necesitó correr. Luz necesita correr. Necesita todo de mí y yo no estoy pudiendo dárselo”. Además, tenía el peso de la maleta. Todo eso también interrumpió mi proceso mental y emocional. Suzanne me gritaba: “Más lejos, más lejos”. Y yo solo podía pensar en cuándo iban a decir corte, porque ya no podía. 

Hace tiempo, nos contaste que uno de los proyectos que más te marcó fue Backyard, de Carlos Carrera. Ese personaje comparte ciertas similitudes con Luz. Si bien, comentas que has aprendido a poner una distancia, el daño persiste aún en el cuerpo. ¿Cómo logras trabajar con esas heridas?

Se convierten en tu alimento. Al final, es como un archivo de emociones y experiencias que está ahí, así que acudes a él como si fuera una biblioteca. No es tan racional, pero sí surge el recuerdo de un momento específico o una situación. Además, este proyecto fue muy natural porque se rodó en Ciudad Juárez y fue como una especie de continuación de la historia de Backyard, que se contó cuando iniciaron todos estos asuntos de violencia, cuando se empezaron a nombrar los feminicidios, cuando se expuso de manera masiva y la gente se enteró qué es lo que estaba pasando. 

Tantos años después, Luz sigue siendo una víctima de esa crisis que comenzó en la década de los noventa y que no se ha resuelto. No ha cambiado nada; las mujeres no están más protegidas, no se sienten más seguras, no han dejado de ser violentadas y asesinadas. Por fortuna, Luz sobrevive, pero la dejan en una situación en la que ya no puede ser ella porque le destrozaron la vida; es como si la hubieran dejado muerta en vida. Fue impactante pensar que en 2009 contamos una historia que sucedió entre 1994 y 1995, y ahora estamos retomando una historia que pasó en 2013. Estamos casi en el mismo lugar. Claro que entiendo a Luz, porque es una situación que sobrepasa todo. Puede ser cuestionable, pero hay muchos puntos con los que puedes sentirte identificada, empatizar con ella y con su dolor. Luz es la representación de un montón de mujeres. 

Uno de los grandes aciertos de La Cazadora es que, además de la violencia sistemática, muestra la indiferencia del poder ante ella. Por ejemplo, en la historia, los medios ignoran por completo a las desaparecidas y centran su narrativa en quién está detrás de los crímenes contra los choferes. ¿Qué conversaciones tuviste con Suzanne sobre cómo esto trastoca a Luz?

La Cazadora fue muy personal porque algunos hombres pueden ser muy empáticos y se esfuerzan por entendernos, pero en realidad no pueden hacerlo. Lo increíble fue tener una directora que, al mismo tiempo, es la guionista. El otro día vi una entrevista en la que le preguntaron a personas en Estados Unidos qué es lo primero que harían si supieran que están seguros. La respuesta de las mujeres fue salir de fiesta, ir a correr al parque, ir a la playa. Todo solas y sin miedo. Los hombres mencionaron cosas realmente peligrosas o hacer las actividades que comúnmente hacen porque, para ellos, eso no representa ningún riesgo. No digo que no estén en peligro, pero realmente ellos no se sienten tan inseguros como nosotras. Las probabilidades de que nos suceda algo son más altas. 

En México, tengo que decirlo, el panorama no es igual. Ellos corren muchísimo peligro. Tengo un hijo y a mí me da miedo que salga; le pido que tenga mucho cuidado, que desconfíe. Pero es cierto que, por ser mujer, puede resultar más peligroso, incluso en espacios donde se supone que tienes que estar segura. Tenemos el caso de Cornell, pero también el de tantas empleadas de las maquiladoras que han sufrido abuso o que han sido asesinadas. No tengo las estadísticas, pero todos lo sabemos, ¿cierto? Para Suzanne y para mí fue muy personal porque tenemos experiencias. Si todas nos ponemos en un círculo a hablar, podemos compartir algo. Me acuerdo que un amigo de la facultad me contó que lo tocaron y dijo que se sentía violentado, vulnerado y horrorizado porque es lo que las mujeres viven todos los días.

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¿Qué te motiva a seguir contando estas historias?

Desgraciadamente, son situaciones que no han dejado de suceder. Hay personas que dicen: “Ay, otra vez sobre desaparecidos y violencia”. Pues sí, porque todos los días pasa. Cuando escucho las noticias pienso: “¿Otra vez?”, pero no con fastidio, sino con enojo. Eso me motiva; ese hartazgo, esa necesidad de decir: “Ya no puede ser así, las cosas tienen que cambiar”. Podemos crear conciencia en alguien, podemos hacer que vea las cosas de forma diferente y aprender a cuidarnos entre todos, porque sí creo que la mayoría no somos los malos. Y me pregunto: “¿Qué estamos haciendo?”. Es complicado y, por lo tanto, hay que seguir hablando de eso.

En la película, me parece que el nombre de Luz es muy simbólico. De alguna manera, atraviesa todas estas sombras que la atormentan, pero, como bien mencionas, no solo a ella, sino a todas las mujeres que representa.

Sí, así es. Me pareció muy lindo, sobre todo entre tanta oscuridad. De pronto, ella es la luz para algunos de los personajes que la rodean, mucho más para su hija. 

Adriana, este año te vimos en Sana y Salva, Ceniza en la boca y Animales. ¿Cómo te sientes con todo lo que está ocurriendo en tu carrera? ¿Cuáles han sido los aprendizajes más valiosos de este momento?

Estoy muy agradecida porque, como siempre lo he dicho, es una carrera que puede ser muy difícil. Es de mucha espera, de muchos “no”. Mi esposo también es actor y no solamente veo mis batallas, sino también las de él, que, después de tantos años, se hace un lugar aquí en México. Tengo amigos que se dedican a la actuación y sé lo difícil que es y lo afortunada que soy. Ellos siempre me recuerdan que tengo que ser agradecida y que tengo el privilegio de poder estar en estos proyectos. No bajo la guardia, siempre tengo que seguir chambeando. De alguna manera, dignificar este trabajo es lo mejor que puedo hacer. Hago esto por mí, porque lo amo, pero también lo hago por la gente que quiero y respeto.

Además, eres una de las figuras que está impulsando la industria cinematográfica de México a nivel mundial. 

Gracias, eso es importante. Esos son los premios más grandes, que yo pueda hacer algo por los que vienen detrás de mí, que pueda usar mi voz para cambiar cosas. Tampoco quiero ser tan ambiciosa, pero siempre que pueda hacer algo, lo haré. 

¿Estás por comenzar un nuevo proyecto?

Sí, estoy por empezar. Terminamos la prensa de Animales y de aquí me voy a las pruebas de vestuario. ¡Qué fortuna! Me emociona mucho, la verdad; es lo que siempre he deseado. Este siempre fue mi sueño: tener este trabajo, estar rodando y andar de aquí para allá. Ten cuidado con lo que sueñas, porque se cumple. Es chistoso, porque el universo me dejó descansar un tiempo y, de pronto, otra vez. 

Espero pronto poder contarles lo que viene y que proyectos como Animales ayuden a que todas las demás producciones, que son increíbles, puedan tener mucha más exposición. Que las personas me conozcan e indaguen en qué más he hecho; que puedan ver La Cazadora, Arillo de hombre muerto o La tirisia, que son proyectos tan bonitos, pero que tienen más dificultades para estar en plataformas o salir en el cine. Ayúdenos a expandir el mensaje para que la gente vaya a ver estas películas tan increíbles.

KARLA LEÓN

Redactora de Cine y Televisión

Karla León es redactora de cine y televisión en The Hollywood Reporter en Español. Su labor periodística se distingue por entrelazar los procesos creativos, el contexto sociopolítico y el futuro de la industria.

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