La película animada David, dirigida por Brent Dawes y Phil Cunningham, propone una relectura épica y musical de uno de los relatos más conocidos del Antiguo Testamento: la historia del joven pastor que se enfrentó a Goliat y terminó convirtiéndose en rey de Israel. Con una combinación de aventura, drama y música, la cinta busca acercar esta historia clásica a nuevas generaciones a través de la animación contemporánea.
En el centro del relato está la voz de Brandon Engman, quien interpreta al joven David y aporta una dimensión emocional clave al personaje. Su relación con esta historia no comenzó con la película, sino años antes, cuando participó en el desarrollo inicial del proyecto y en la miniserie Young David. Esa continuidad le permitió construir una conexión profunda con el personaje a lo largo del tiempo.
En esta conversación, el actor habla sobre ese proceso de largo aliento, el reto de encontrar la voz y el corazón de David, y el mensaje que espera que el público se lleve tras ver la película.
Ya habías trabajado en la miniserie animada Young David. Cuando supiste que volverías a interpretar al personaje en la película, ¿sentiste una continuidad o lo abordaste como algo completamente nuevo?
Es una muy buena pregunta, gracias por hacerla. De hecho, mi relación con este proyecto empezó incluso antes de la serie, en 2017. Ahí fue cuando hice la audición inicial y grabamos una especie de demo, un corto de unos cinco minutos que funcionaba como prueba de concepto. Queríamos ver si había interés en contar esta historia en la gran pantalla como realmente merecía.
En ese momento no había tantas producciones sobre David como ahora. Hoy hay varias versiones, pero entonces no había prácticamente nada. Así que he tenido la oportunidad de convivir con este personaje durante unos ocho años. Para mí no fue tanto un nuevo comienzo como una continuidad. No veía la demo, la serie y la película como cosas separadas, sino como distintas etapas de un mismo camino.
Siempre se trató de conectar con el espíritu de David: su sentido de aventura, su valentía, su fe. Y para mí fue un honor poder interpretarlo en todas esas versiones.

¿Cómo describirías a David y el viaje emocional que atraviesa en la historia?
David, en el fondo, es alguien que quería una vida simple. Él quería ser pastor, cuidar ovejas, estar en el campo. Eso le hacía feliz. Pero también sabía que había algo más grande para él, un llamado mayor. A veces necesitaba que otros, como su madre, se lo recordaran. Y sobre todo, necesitaba aprender a escuchar: escuchar a Dios, escuchar su propósito. Una de sus grandes virtudes es que reconoce los dones que tiene y decide compartirlos. En su caso, uno de esos dones es la música, por eso tiene tanto sentido que la película sea un musical animado. David, al que se le atribuyen muchos de los salmos, era un poeta y músico.
Pero también es importante decir que es un personaje profundamente humano. Es imperfecto, comete errores. Si uno conoce su historia completa, sabe que su vida está llena de momentos complejos. Lo que lo hace especial no es la perfección, sino su fe, su confianza en que no está solo.
¿Cómo encontraste la voz de David? ¿Cómo fue ese proceso a nivel emocional y técnico?
Curiosamente, para mí no se trató tanto de encontrar una voz específica, sino de encontrar su corazón. Una vez que logras conectar con eso, la voz aparece sola. Si alguien escucha mi voz en la película y luego me escucha hablar, notará que son bastante similares, aunque con matices. David es más joven que yo, así que había que ajustar ciertos tonos, pero lo esencial era captar su energía.
Su valentía, su sentido del humor, su manera de ver el mundo. También ese espíritu de pastor: alguien que quiere cuidar a los demás, que siente que cada persona importa.
¿Cuánta libertad te dieron los directores para experimentar con el personaje?
Esa es una gran pregunta, porque no suele hacerse mucho. Brent Dawes y Phil Cunningham fueron directores increíbles. Siempre sentí que estaba en buenas manos. Tenían ideas muy claras para cada escena, pero no estaban cerrados a ellas. Había espacio para descubrir cosas en el momento. Recuerdo una escena al inicio, cuando David vuelve a casa y se encuentra con el profeta. Dice algo como “Shalom”. Esa toma en particular la usaron en la película… y yo ni siquiera sabía que estaban grabando. Estaba ensayando por mi cuenta, probando el tono.
Eso muestra el tipo de ambiente que había: abierto, orgánico, dispuesto a capturar momentos auténticos.
Mirando todo el proceso, ¿hubo un momento en el que sentiste que realmente habías encontrado al personaje?
Sí, hubo uno muy claro, y curiosamente fue muy parecido a un “momento David contra Goliat”. Estábamos en Londres grabando la música. Era una producción internacional, con gente que venía de distintos lugares, y teníamos apenas cuatro días para grabar todo el material musical, lo cual es muy poco tiempo.
Estábamos trabajando en “Adventure Song”, que abre la película, así que era clave que funcionara bien. Pero yo estaba teniendo problemas: tenía fatiga vocal, la canción estaba en una tonalidad muy alta para que David sonara más joven, y aunque mentalmente sabía que podía hacerlo, físicamente no me respondía la voz. Llegó un punto en el que pensé que no lo iba a lograr. Había mucha presión, dudas, incluso miedo.
Hicimos una pausa… y de repente algo cambió. Como si alguien encendiera un interruptor. Mi voz se abrió y pude alcanzar las notas. Lo logré. Me emocioné mucho, porque sentí que había superado ese “gigante”. Fue un momento muy especial.

Después de tanto tiempo con el personaje, ¿qué te gustaría que el público recordara de David?
Creo que hay muchas cosas que el público puede llevarse. Por un lado, recordar que incluso los héroes son humanos. David se equivoca, tiene fallas, no es perfecto. Pero también me gustaría que las personas se queden con su fe, con esa idea de que no estamos solos. Que cuando enfrentamos momentos de duda o de miedo, tenemos más capacidad de la que creemos.
Independientemente de las creencias de cada uno, hay algo muy universal en eso: la idea de que hay una fuerza, una comunidad, algo que te sostiene. Me gustaría que la gente salga del cine inspirada, con ganas de hacer las cosas mejor, de no rendirse ante sus propios “gigantes”.
¿En qué estás trabajando ahora?
Recientemente participé en una serie llamada High Potential. Es una especie de drama policial, tipo Law & Order, pero con un tono más ligero y algo de comedia. Y también acabo de filmar una película con un título bastante curioso: Mick Skylark: Mini Golf Prodigy. Es una comedia en la línea de Happy Gilmore, pero ambientada en el mundo del Mini Golf. Yo interpreto al protagonista. Esperamos que se estrene pronto, probablemente en verano, aunque ya sabes cómo es el cine… nunca se sabe con certeza.