El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) de Argentina renovó criterios de acreditación de audiencia debido al crecimiento de las plataformas de streaming. Con ello se limita la cantidad de espectadores y se modifican los requisitos para que el público acceda a las producciones nacionales.
La medida se registra como “Resolución 543/2025”, publicada ayer en el Boletín Oficial, respondiendo a la irrupción de las plataformas de video bajo demanda y la multiplicadores de canales de exhibición de contenidos audiovisuales a los que el público tiene acceso. En ella establece que los documentales, a comparación de la “Resolución 545/2024” donde el requisito fijado era de 10,00 visualizaciones, ahora deberán alcanzar un mínimo de 5,000 espectadores.
También destaca que para acreditar la audiencia mínima requerida, el productor deberá presentar, a través de la plataforma INCAA en línea, alguna de las siguientes opciones: “Certificación emitida por la/s plataforma/s o medio/s de exhibición, en la que conste el total de visualizaciones (views) registradas del contenido”; “Certificación emitida por la/s plataforma/s o medio/s de exhibición, en la que conste el total de horas vistas del contenido, considerándose visualizaciones (views) al resultado de dividir las horas totales vistas del contenido por su duración total” o una “Copia certificada del contrato celebrado entre el productor y la/s plataforma/s o medio/s de exhibición (en este caso, la acreditación de la audiencia mínima se determinará dividiendo el monto total del contrato por el valor de la entrada promedio publicado por el INCAA en su sitio web institucional)”.
De igual forma se anunció la creación del Programa para la Difusión de Películas Nacionales Terminadas a Nivel Internacional, la cual tiene como objetivo fortalecer la presencia del cine argentino en festivales internacionales reconocidos por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores de Filmes (FIAPF). Berlín, Cannes, San Sebastián, Venecia, Locarno, Toronto, Busan, Sitges, Tokyo y Shanghai son solo algunos de los que se mencionan en el Anexo II del documento.
Entre los requisitos para acceder a ello se piden el título del filme, nombre del director, productor, sección de competencia y fecha en que será el evento; presentar la carta oficial de invitación y el desglose de cuentas con tickets y pasajes aéreos en clase económica. Los participantes tienen hasta ocho días antes del inicio del festival para solicitar la ayuda y se otorgará exclusivamente a productores argentinos, sean personas físicas o jurídicas, con el compromiso de destinarlo a cubrir traslados del equipo de la película.
Gracias a esto resurge una conversación y lucha constantes en la industria cinematográfica argentina debido al revuelo ocasionado tras el estreno de Hommo Argentum: el cuestionado Decreto 662/2024 aprobado en julio del año pasado por el presidente Javier Milei. Esta reglamentación de la Ley de Fomento de la Actividad Cinematográfica Nacional eliminó la “cuota pantalla”, misma que garantizaba la exhibición de películas nacionales en las salas comerciales de Argentina, impactando de manera directa en las competencias del INCAA. Además, otra de las afectaciones más grandes fue la “media de continuidad” donde se permitía que al superar cierta cantidad de público, los largometrajes argentinos pudieran continuar en cartelera más tiempo del previsto.
Desde entonces, el 50% de los fondos del INCAA destinados al fomento del cine nacional cayó al 20%, porcentaje que estaba garantizado desde 1994. En respuesta, muchos colectivos de cineastas argentinos levantaron la voz para mostrar su inconformidad frente a las consecuencias de dicha decisión. En sus múltiples protestas alegan que actualmente existe una paralización casi total de la producción nacional, pérdida de miles de empleos en la industria, quiebra de empresas audiovisuales, escuelas de cine sin recursos, festivales sin financiamiento ni participación argentina y presupuestos de películas nacionales devaluados e inviables, entre muchas otras.
El caso Hommo Argentum funciona como el ejemplo claro del discurso que tiene el poder Ejecutivo respecto a las producciones argentinas, donde su popularidad permite que el Estado y ciertos sectores promuevan producciones masivas, con respaldo privado, y así justificar la eliminación de apoyos específicos a producciones nacionales más pequeñas o independientes.