Carolina Gómez: Resiliencia y evolución en la actuación

La actriz comparte sus experiencias y reflexiones sobre su carrera como actriz, su evolución profesional y las lecciones que ha aprendido en la industria audiovisual colombiana.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

julio 22, 2025

5:38 pm

Hernán Puentes

Carolina Gómez ha sido un rostro conocido en la televisión colombiana, primero como modelo y presentadora, antes de convertirse en una actriz de renombre. Su trayectoria está llena de aprendizajes, desafíos y momentos decisivos que la han llevado a explorar diferentes géneros y formatos dentro del entretenimiento. En esta entrevista, Gómez reflexiona sobre su carrera, el proceso de adaptación a la actuación, la importancia de la resiliencia profesional y el legado que desea dejar a las futuras generaciones de actrices.

Carolina, antes de que el público te conociera como actriz, fuiste modelo, presentadora de televisión, reina de belleza… ¿Cuál fue ese primer momento personal, inesperado, en el que sentiste que lo tuyo también era la actuación?

Creo que fue la primera audición que hice. Siempre he tenido un gusto y afinidad por la industria del entretenimiento. Desde los 12 años empecé a trabajar en medios. Esa primera audición, cuando tenía 27 o 28 años, fue algo muy inesperado, porque iba en contra de lo que yo quería en ese momento. Mi verdadero interés estaba en presentar noticias internacionales en inglés, en producir e investigar, y había orientado mi vida hacia la comunicación y el periodismo.

Sin embargo, ese día, al pararme en el set y que me pidieran cosas tan extrañas, me di cuenta de que tenía una conexión natural con la actuación. Soy actriz natural, estudié en Corazza, pero lo hice después de haber comenzado a actuar. Hice algunas audiciones y me di cuenta de que no me resultaba difícil; las cámaras no eran un obstáculo. Entendía bien el ángulo que debía dar y me dejaba llevar por el instinto. En una de las audiciones, Enrique Carriazo, un gran actor colombiano, me cambió toda la letra de la escena. Para alguien que recién comenzaba, eso podría haber salido muy mal, pero lo tomé como una oportunidad y me fue bien. Después de la primera audición, el director me pidió regresar para una segunda, y al día siguiente me cambió todo de nuevo. Fue un reto, pero lo afronté con confianza.

Esa fue la señal de que la actuación era lo mío. Cuando regresé a casa, llena de energía, me di cuenta de que había sido una revelación. Estaba pasando por un momento emocional y psicológico difícil, y esa experiencia me ayudó a entender que la actuación era mi verdadera pasión. Fue un amor a primera vista y aquí sigo.

A lo largo de tu carrera has trabajado en diferentes formatos: televisión, cine, series internacionales. Me comentas que primero aprendiste en el oficio y luego estudiaste. ¿Cómo moldeaste tu técnica para adaptarte a cada uno de esos formatos sin perder la autenticidad?

Los actores colombianos tenemos una característica particular. Recientemente hablaba con un actor español sobre ello. Antes, existía una tendencia a especializarse: unos en teatro, otros en cine, otros en televisión. Sin embargo, en Colombia, los productores siempre han tenido la apertura de entender que un actor, aunque especializado, puede adaptar su estilo al formato. De forma intuitiva, muchos actores colombianos somos capaces de subir o bajar la intensidad según el medio.

En mi caso, mi intuición actoral ha sido clave. Cuando comencé, me di cuenta de que entendía rápidamente lo que se requería en cada situación. Yo ya venía de la televisión, así que la cámara no me era ajena, y con el tiempo entendí que la clave estaba en la introspección. Mientras más introspectivo sea el trabajo actoral, mejor lo capta la cámara. Me sentía cómoda con esa conexión, y aunque estaba dispuesta a entregar mis emociones al personaje, también me permitía conectar con aquellas emociones que no eran mías, pero con las que me resultaba fácil conectar.

En el teatro, la retroalimentación es inmediata, el aplauso. En cambio, con la cámara, la retroalimentación es más íntima. Mirar a otro ser humano a los ojos a través de un lente tiene una dimensión completamente diferente. En el teatro, el actor se proyecta hacia afuera, buscando captar la atención de la audiencia, mientras que en cine y televisión, la conexión es mucho más cercana, casi íntima. Para mí, la actuación ante la cámara es un proceso mucho más privado, no necesito el ruido exterior.

Después, comencé a leer más sobre actuación y cómo manejar los planos. Cuando comencé a actuar, me dejaba llevar por el instinto. La cámara me permitía “desnudarme”, no solo físicamente, sino emocionalmente, y eso me ayudó a perder el miedo a la autocrítica.

Lo que más disfruto es el cine y las series. El cine tiene algo maravilloso: la capacidad de profundizar en cada escena. Tienes muy pocas oportunidades para mostrar todo un personaje, lo cual te obliga a aprovechar al máximo cada momento. Esto se traduce en una estructura llena de colores, texturas y capas. En la televisión, en cambio, el ritmo es más rápido y las escenas menos profundas.

En el teatro si hay una cámara, es el público. En cambio, en el cine la cámara es todo. ¿Cuál crees que es la diferencia fundamental entre ambos?

Exactamente. En el teatro, si eres consciente de la cámara, pierdes. Pero en el cine, la cámara es esencial. Además, en el teatro siento que uno es más exhibicionista, mientras que en el cine puedes ser más voyerista. Mi naturaleza es más voyerista que exhibicionista.

En tus papeles siempre hay un aura de glamur, pero también una gran carga emocional. ¿Cuál consideras que fue tu papel bisagra, ese que te obligó a mirarte de manera diferente?

Tuve varios puntos de inflexión en mi carrera. Uno de los más importantes fue La viuda de la mafia. En ese momento, entré al mundo de la actuación con la carga de haber sido una figura mediática, lo que me hizo sentir que no me recibirían igual. A pesar de que llegué como presentadora, fue mi primer trabajo donde realmente creé un personaje. Fue un ejercicio de adaptación total, de darle una voz, un cuerpo, una corporalidad y unos manierismos distintos a los míos. Aunque aún no había estudiado formalmente, todo salió por instinto. Ahí me di cuenta de que tenía la capacidad de interpretar personajes sin juzgarlos, permitiéndoles vivir con su propia psicología.

Otro punto de inflexión fue con Mujeres asesinas. En ese entonces, la industria veía en mí una imagen de glamur y me costó que me aceptaran para papeles más complejos, pero logré representar a mujeres que vivían en entornos sociales muy distintos al mío, lo que me permitió alejarme del físico y poner en primer plano la psicología de los personajes. Fue un reto interesante y me dio la oportunidad de explorar nuevas capas en mi trabajo.

Recientemente, me dieron un personaje que nunca me habría imaginado hacer. Fue gracias a Mario Mendoza, quien vio en mí algo único, algo que no había reconocido en mí misma. Él me ayudó a entender que, a pesar de las dificultades de la vida, siempre hay más recursos de los que uno cree, y a partir de ese momento, pude abrirme a audicionar para personajes totalmente diferentes a los que había hecho antes.

Cortesía 15 minutos/Fotógrafo Hernán Puentes

En un país como Colombia, donde la industria audiovisual se reinventa constantemente, ¿qué has aprendido sobre resiliencia profesional y emocional?

Esta profesión debe amarse profundamente. No es para quienes buscan fama, reconocimiento o dinero. A veces, el reconocimiento no depende de tu talento, sino de factores como la apariencia física o el perfil que se busca para un personaje. En muchas ocasiones, los actores tenemos que enfrentarnos a muchos “no” y cuestionar nuestro trabajo, porque no siempre se trata de lo que uno hace, sino de cómo encajas en el proyecto. La resiliencia es clave para seguir adelante, y la adaptabilidad también.

Gracias a mi vena empresarial, siempre he tenido la capacidad de tomar decisiones y de adaptarme a lo que se me presenta. He aprendido a trabajar con humildad y profesionalismo, sin la necesidad de ser una “diva” o complicada. En la industria actual, donde los tiempos y los presupuestos se reducen, la rapidez y la eficiencia se valoran. La clave está en ser siempre uno mismo y dar lo mejor de ti, sin importar las circunstancias.

Si pudieras dejar un legado como actriz a las futuras generaciones, más allá del reconocimiento o la fama, ¿cuál sería?

Creo que es fundamental enseñar a las futuras generaciones de actrices a entender el negocio. Las mujeres deben aprender a negociar, a exigir un salario igual al de los hombres, a no sentirse menos por hablar de esos temas. Necesitamos ser conscientes de que somos parte de una industria y que debemos también manejarnos como un negocio. La solidaridad, la fraternidad y la sororidad son esenciales para que podamos avanzar como industria.

En Colombia, tenemos un gran potencial, pero debemos aprender a apoyarnos más, como lo hacen en México, por ejemplo, donde los actores se respaldan mutuamente y eso les da poder. Debemos entender que no somos simples piezas de un tablero, sino que tenemos un poder dentro de la industria que debemos hacer valer. Es importante que las futuras generaciones de actrices sepan cómo manejar su carrera y administrarse, para que sus trayectorias sean largas y satisfactorias.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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