Chiara Parravicini: Entre la magia y la memoria de La Casa de los Espíritus

La actriz y cantante argentina conversa con The Hollywood Reporter en Español sobre los retos y las virtudes de dar vida a Rosa del Valle en la adaptación televisiva de la emblemática novela de Isabel Allende

Por KARLA LEÓN |

abril 28, 2026

6:01 pm

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Hay personajes que parecen imposibles de trasladar a la pantalla sin perder parte de su magia. En La Casa de los Espíritus, Rosa del Valle destaca por una belleza pura e irreal y una presencia que parece trascender lo terrenal. Ese halo de misterio, que la vuelve casi etérea, es perceptible incluso en su inconfundible cabello verdoso. 

Ese mismo aire habita en Chiara Parravicini, actriz y cantante argentina, quien da vida a la hija mayor de la familia del Valle en la adaptación televisiva de la emblemática obra de Isabel Allende, quien funge como coproductora junto a Eva Longoria. Su personaje funciona como el detonante de la historia, pero también representa la memoria, la sensibilidad, el cuidado y la espiritualidad dentro de un linaje familiar que, a lo largo de las generaciones, logra romper con la herencia de la violencia y convertir el dolor en palabras. 

Un día antes de la proyección de La Casa de los Espíritus en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, Chiara Parravicini conversó con The Hollywood Reporter en Español sobre la esencia, los orígenes y los retos de encarnar a Rosa del Valle dentro de un proyecto narrado a partir de la memoria de las mujeres. 

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Te vimos en Soy Luna y en La Cabeza de Joaquín Murrieta. ¿Cómo llegó a ti el proyecto de La Casa de los Espíritus y, particularmente, el personaje de Rosa del Valle?

Estoy muy emocionada. Es una serie muy linda, fuerte y profunda; está muy bien lograda. Me llegó la audición para La Casa de los Espíritus y acudí de manera presencial, porque ahora la mayoría de los castings se hacen por self tape. No fue un proceso muy largo ni me pidieron verme muchas veces. Creo que en este proyecto hubo mucha intuición por parte de Francisca Alegría y Fernanda Urrejola, creadoras de la serie. Me vieron una sola vez y me quedé. 

La Casa de los Espíritus se iba a filmar en 2023, pero todo se retrasó un año porque hubo muchos cambios. Eso implicó mucha espera. Poco a poco me fui enterando de la gente que iba quedando y, para mí, fue un orgullo enorme haber sido de las primeras. 

En La Casa de los Espíritus, Rosa es el detonante de la historia. Es el ancla y la cuidadora de Clara, y la obsesión de Esteban. ¿Qué aspectos del personaje decidiste enfatizar en esta adaptación?

Me concentré mucho en la esencia de Rosa, en sus cualidades mágicas. Ella es el origen, quien destapa toda la historia y, aunque aparece poco, tiene una enorme trascendencia: es un núcleo. Siento que, dentro de la familia, es una de las originadoras de la magia, incluso por el simple hecho de haber llegado antes que Clara. Las dos son los pilares de esa magia dentro de la familia del Valle.

Trabajé al personaje desde la delicia de disfrutar existir de una manera muy consciente y muy presente. Ella es mágica porque tiene un poder de presencia que los humanos, en general, no tenemos. Todos estamos exigidos por factores externos que nos desconectan de esa presencia que, en realidad, nos permite percibirlo todo. Para mí, Rosa lo ve todo: ve espíritus, ve cosas y habla poco. 

Ella simplemente existe y disfruta de su existencia, de las cosas bellas; así como percibe la luz, también percibe la oscuridad. Termina muriendo de una manera muy oscura, pero creo que eso también tiene que ver con el balance entre la luz y la oscuridad que atraviesa toda la serie. Es un personaje muy luminoso, un pilar de luz que trae alegría, cuidado y belleza, y cuya muerte parece no tener nada que ver con eso. Ahí está el equilibrio perfecto. 

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En la serie se describe con claridad que Rosa es alguien fuera de lo común, casi de otro mundo. A nivel actoral, ¿cómo se traduce eso en pantalla? ¿Cómo trabajaste ese equilibrio entre lo humano y lo casi mítico?

Junto a un profesor, trabajé una técnica de actuación muy somática. Se trata de sentir y percibir todo con el alma, con el cuerpo y con el movimiento. Para mí, Rosa tiene una forma de moverse muy delicada y lenta; su manera de hablar también es suave. Es todo lo opuesto a una persona atropellada y acelerada. 

Esa fue mi manera de llevarlo a la pantalla, a través de un trabajo corporal muy profundo, de muchas horas. Recuerdo pasar el tiempo con los ojos cerrados, percibiendo cosas en la habitación. Yo no estoy tan acostumbrada al trabajo corporal, pero este personaje despertó algo muy profundo en mí; me abrió un tercer ojo. 

Ahora lo veo en pantalla y siento que lo logré, porque se ve muy lindo. Estoy contenta con la interpretación y con todo lo que hay alrededor como el arte, la edición, el sonido. Todo es tan bello, y cada actor hace lucir su personaje gracias a ese sostén de calidad que existe en todo el equipo.

¿Qué tan presente estuvo la obra de Isabel Allende en tu proceso de construcción del personaje?

Completamente presente; está súper basado en la descripción de la escritora. Rosa, además de ser de otro mundo, tiene, por así decirlo, cualidades de sirena. Y, en realidad, es muy humana; yo diría que incluso más humana que todos, y también más sensible, por eso la perciben como “extraña”. En realidad, creo que todos deberíamos ser así de humanos.

Leer a Rosa y, después, interpretarla fue hermoso. Nunca antes había tenido la experiencia de dar vida a un personaje de una novela que ya existe en el inconsciente de las personas. Tomé muchos de los elementos que desarrolló Isabel e hice mi mejor interpretación, pero también llega un punto en el que, como actriz, no debes castigarte si el resultado sale un poco distinto o si vos querés hacer algo diferente. En este caso, siento que fue muy cercano al libro. 

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La casa de los espíritus es una historia contada desde el dolor, el cuerpo y la memoria de las mujeres. ¿Cómo dialoga tu interpretación de Rosa del Valle con esa mirada?

Hay algo muy simbólico que empieza con Rosa y Clara. Es como si la cuota de oscuridad se fuese acentuando con las generaciones, así como también el trabajo que cada una hace sobre el linaje femenino de la familia y sobre la manera de habitar la luz y la oscuridad. 

Rosa, aunque puede percibir tanto la luz como la oscuridad, es un personaje profundamente luminoso. Yo no creo que Rosa haya sufrido actos de violencia, porque realmente vive desde un lugar de belleza, profundidad y pureza espiritual. Quise interpretarla de esa manera porque, más adelante, la historia se oscurece tanto que me interesaba generar esa sensación de menos a más. 

De Rosa hasta Alba hay muchas generaciones, y me parece muy poderoso que sean las únicas con el cabello verde: la que abre y la que cierra. Alba también tiene esas cualidades de pureza e inocencia, pero termina atravesando algo muy oscuro, sin llegar a la muerte. Rosa sí llega a la muerte en manos de la oscuridad y la perversión; a pesar de eso, no me concentré en el dolor, sino en su percepción y su presencia porque, de nuevo, ella es el origen de todo. 

La pieza de Robert Schumann que interpretas en el piano está asociada con la idea de imaginar otros mundos desde la infancia o la curiosidad infantil. ¿Cómo decidieron incorporarla en la serie, especialmente en un momento tan clave como la despedida de Rosa?

¡No sabía eso! Me pidieron aprender la pieza porque toco el piano y, en la escena, la interpreto de verdad. No lo sabía, qué hermoso. Seguramente, eso estuvo en manos del equipo de dirección musical de la serie. Me parece preciosa esa simbología porque está totalmente relacionada con ese momento de la historia y con el personaje. De alguna manera, esa también es la mirada de Rosa, aunque evidentemente no es una niña ni tampoco es ingenua; por el contrario, es muy despierta y no tiene la necesidad de exteriorizarlo o demostrarlo. Ella simplemente vive y experimenta la vida. Me parece increíble que hayan elegido esa pieza de Schumann.

Contrasta con un diálogo de Rosa en el que menciona que no entiende qué tiene que ver el amor con ir a picar piedra para hacerse rico.

Sí, totalmente. Quiero que me amen, no que intenten demostrarlo a través de lo material. Que me amen y punto. 

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Más allá de la música, ¿hubo algo de Rosa del Valle con lo que conectaras personalmente?

Yo creo que Rosa conectó con mi yo del pasado, con mi versión más inocente. De joven veía solo las cosas lindas y quería estar rodeada de espacios bonitos, no de una manera superficial, sino desde un lugar mucho más sensible. Los espacios me afectaban; podía percibir la energía de la gente. Había personas que me gustaban y espacios en los que no me sentía bien. Conecté mucho con la percepción de Rosa, pero también con su inocencia y su pureza para ver la luz en todo. Yo era así, lo sigo siendo un poco, pero cuando creces, la vida y la sociedad moderna te corrompen un poco. El trabajo tan profundo que hice con el cuerpo para interpretarla me hizo volver a mí. Medité mucho, profundamente, y eso inevitablemente te hace encontrarte con tu yo del pasado, del presente y del futuro. Ahí no hay tiempo; puedes volver a ti en cualquier momento.

Aunque Rosa suele entenderse como el punto de partida de la historia, también abre otras lecturas sobre el cuidado, el amor desinteresado o incluso el sacrificio. ¿Qué otras capas encontraste en el personaje?

Hay muchas capas, como toda la simbología del origen y aquello que se desata con los linajes. Mucha gente trabaja en las constelaciones familiares y, a veces, se plantea que el destino de un alma ya está escrito y que no puedes hacer nada contra eso. Todos hubiéramos querido que Rosa viviera hasta los 150 años, porque no le tocaba morir así, pero me interesó pensar que, de alguna manera, ella se entregó a la muerte. 

Al interpretarla, imaginé que Rosa entendió por qué le tocó eso y no quiso aferrarse a la vida, a esa vida. Al fin y al cabo, la muerte no es el final, sino un portal, solo eso. La entrega a la vida y a la muerte, así como la entrega a la luz y a la oscuridad, me parecen capas muy interesantes del personaje. Una tiene que estar lista para vivir los extremos y también los matices de la existencia misma.

Lo que mencionas sobre el cuidado y la ternura también me parece muy importante. La conexión entre las dos hermanas es preciosa. Además, Keka (Francesca Turco Rimada), la actriz que interpreta a Clarita y a quien amo, es la ternura máxima. Realmente se generó una ternura muy profunda entre nosotras; ella me miraba con una admiración enorme y a mí eso me despertaba una ternura que casi me partía el corazón. Nunca había actuado con una niña y me pareció precioso.

La Casa de los Espíritus me hizo entender que hay cosas sobre las que no tenemos poder de decisión. Dentro de la historia eso es terrible, pero también bellísimo. La entrega me parece uno de los valores esenciales de la narrativa y de todos los personajes. Cuando Clara llega a la adultez no se resiste a su realidad, sino que se entrega. Alba también se entrega, aunque es quien más resiste; y quien más sufre es Blanca. Es como si todas entendieran que eso era lo que tenían que hacer, que ese era su destino. Alba decide quedarse y luchar por una causa más grande que ella. Todo eso nos lleva a la idea del no arrepentimiento y, al mismo tiempo, a esa entrega a la vida y a la muerte. 

Amazon MGM Studios

Al final, todo está conectado. No se puede entender un personaje sin el otro.

Muy lindo cómo todo está conectado y lo bien que se percibe en la novela. Ahora recuerdo que hubo un momento muy especial entre Keka y yo. Era tanta la ternura que yo siempre quería tocarle la papadita, me volvía loca. Hicimos una escena en la que manteníamos mucho contacto visual y, un momento después, mientras estábamos tocando el piano, le hice “tin, tin, tin” en la carita. Esa escena en el piano no quedó, pero sí se ve ese mismo gesto cuando estamos en la cama y le digo que siempre voy a estar con ella. Ese detalle se repite a lo largo de la serie y fue algo que surgió de manera completamente natural. 

Las cosas que realmente nos pasaron en el set traspasaron la pantalla y alimentaron la historia. Eso habla de cómo todos estábamos muy presentes, en un estado muy esencial, conectados y comprometidos con la historia. Fue algo muy mágico. Todas las chicas del elenco nos reuníamos para hacer rondas de meditación, hablar y compartir. La energía, el cuidado y el poder femenino fueron sumamente profundos, potentes y especiales. Todo eso también traspasó la pantalla. 

Y todas son grandes actrices.

La verdad que sí, todas son tan talentosas.

¿Hubo alguna escena particularmente compleja durante el rodaje?

No me fue nada fácil la muerte de Rosa. Yo soy una persona muy sensible y pensaba mucho en si me afectaría interpretar su partida. Te puedo decir que, a partir de ese momento, hubo una muerte simbólica en mí, pero también un renacer. No fue nada liviano; fue muy triste. Me costó porque no es una muerte western, sino una gran pena y una tristeza que todo el mundo resiente. Yo estaba dentro del ataúd y decía: “Ay, Dios, por favor cuídame, no me quiero morir ahora” —ríe—.

Amazon MGM Studios

Se percibe una oscuridad y una bruma a partir de su muerte. Algo cambia.

De hecho, hasta los colores cambian; es como si todo se volviera más oscuro. Es muy fuerte. Además, eso refleja muy bien lo que Esteban Trueba dice respecto a que nunca imaginó que Rosa fuera mortal. Nadie pensaba que Rosa sería quien moriría cuando Clara hace esa predicción, porque era como la mayor fuente de vida dentro de la familia, y su partida golpea profundamente. 

¿Cuál es la lección más valiosa que te deja este proyecto y qué lugar crees que ocupará en tu carrera?

Yo creo que, de aquí hasta el día en que me muera, esta producción va a ocupar un lugar muy grande y de muchísimo valor en mi vida. No es muy usual, por el mundo patriarcal en el que vivimos, encontrarse con un escenario como el que se dio en La Casa de los Espíritus: liderado por gente muy sensible y consciente, con muchas mujeres involucradas y con hombres muy dispuestos a abrazar esa energía femenina. La conexión entre todos fue muy única y admirable.

Nunca había vivido algo así, tan puro y tan consciente. Claro que en todas las producciones siempre hay problemas, un poco de locura, conflictos y relaciones humanas que, al fin y al cabo, son desafiantes, pero La Casa de los Espíritus se hizo con tanta entereza, conciencia, dedicación y amor, que creo que va a trascender precisamente por eso, por ser tan única.

Ojalá vuelva a vivir algo así, con el mismo ambiente de trabajo. Lo voy a pedir mucho; por algo me llegó. Este proyecto me hizo ver que todo es posible. Es casi surreal ser parte de una novela así, tan mágica, tan profunda, tan preciosa, escrita por una mujer y con tanto éxito e impacto en todo el mundo. Una oportunidad única. A veces me pregunto: “¿Yo hice esto?”. Sí, sí, mija, lo hiciste; que no te agarre el síndrome del impostor.

KARLA LEÓN

Redactora de Cine y Televisión

Karla León es redactora de cine y televisión en The Hollywood Reporter en Español. Su labor periodística se distingue por entrelazar los procesos creativos, el contexto sociopolítico y el futuro de la industria.

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