Con de más de una década al aire, Chicago Fire está de regreso en exclusiva por Universal+, con una nueva temporada llena de drama, tensiones y giros inesperados. La entrega número 14 de la serie creada por Dick Wolf sacude a sus personajes con situaciones complejas tanto en el ámbito profesional, como personal. “Da la sensación de que siempre hay un pequeño terremoto bajo los pies de los personajes”, explica Miranda Rae Mayo a The Hollywood Reporter en Español, quien interpreta a Stella Kidd. “Y tú solo ves cómo todos intentan mantener algún tipo de orden en medio de toda la fractura”.
Pero además de los viejos rostros que regresan como Taylor Kinney, David Eigenberg o Joe Minoso, ahora se incorpora Brandon Larracuente como Sal Vásquez, un bombero con un perfil atípico dentro de la dinámica habitual del equipo. “Marcha a su propio ritmo”, advierte Mayo. La presencia de nuevas figuras como Sal, y los cambios estructurales impuestos desde el Ayuntamiento, obligan a todos en la estación 51 a replantearse su lugar y su forma de actuar. “Hay muchas decisiones que vienen de arriba y no les queda más remedio que aceptarlo”, señala la actriz.
Esa sensación de inestabilidad atraviesa todos los niveles. Las decisiones de los altos mandos afectan el día a día del equipo, pero también desatan consecuencias emocionales. “Todo el mundo está intentando encontrar su lugar y, justo cuando lo consiguen, ocurre algo más o le pasa algo a otra persona del parque de bomberos. Es una locura, es inquietante”, reconoce Mayo.
Y aunque la acción no se detiene, Chicago Fire también da espacio para los procesos más íntimos. Uno de ellos es el nuevo capítulo que empieza para Stella, quien al final de la temporada pasada reveló su embarazo. Un giro que reconfigura, no solo su vida personal, sino su rol dentro del equipo. Y para preparar este momento, Mayo se apoyó en la experiencia real de lo que es ser un bombero. “Fuimos a una estación, hicimos simulacros, pasamos el día con ellos… Es mi forma favorita de prepararme: recordar que este es el mundo al que servimos. Queremos hacerlos quedar bien”.
Para Stella, la maternidad no llega como una curva dulce o romantizada en su arco narrativo, sino como una grieta emocional que la obliga a replantear su liderazgo, su pareja y su propia identidad dentro del equipo. “Cree que las cosas van a ir de cierta manera con su familia y con el embarazo, y se está preparando para ello”, cuenta Miranda. “Y luego vemos que no sale del todo como ella pensaba o pretendía”.
Sin embargo, este desequilibrio se convierte en el motor de una nueva etapa del personaje, una que desafía su aparente fortaleza y la lleva a confrontar emociones que no siempre sabe cómo manejar. En la estación, Stella sigue siendo un miembro ejemplar, pero también una mujer en transición, vulnerable ante las tensiones internas que se acumulan cuando no hay tiempo para procesar lo que se siente. “Después de un tiempo sin afrontar del todo el dolor, vemos que eso le pasa factura”, explica Mayo. “Y creo que es importante mostrar que todos somos humanos y que todos tenemos un punto de quiebre”.
Y este es justamente uno de los conflictos centrales de esta temporada: cómo sostenerse, y sostener a otros, cuando nuestro propio mundo parece venirse abajo. La actriz reflexiona sobre esa tensión inherente a los primeros intervinientes, quienes “quieren ayudar y nunca ser una carga”. Pero, como ella misma afirma, ahí se esconde una de las ironías de la vida real. “No quieres ser una carga, así que nunca te abres al mundo, pero entonces nunca conectas plenamente”.
A lo largo de los años, Stella Kidd ha evolucionado con sus derrotas y conquistas, pero también con las preguntas que la empujan a seguir adelante. Mayo reconoce que el personaje le ha dejado lecciones que van más allá de su rol como actriz. “He aprendido mucho sobre el compromiso, la coherencia y el servicio interpretándola”, dice. En sus propias palabras, “interpretarla y hacer el trabajo de comprender su perspectiva, de defenderla realmente, ha profundizado mi empatía y mi gracia hacia mí misma”.