Cristina Umaña: “Siempre hay que dejar espacio para la magia”

La actriz reflexiona sobre su papel en Zeta, su trayectoria internacional, la representación femenina en el cine y el posicionamiento de Latinoamérica en la industria global

Por DAMARIS ARELLANO |

abril 17, 2026

4:05 pm

Foto José Veira Styling : Paula Sanmiguel Makeup Oscar Sanches

De Colombia para el mundo, la actriz Cristina Umaña ha diversificado su carrera con proyectos en distintos mercados audiovisuales. Desde su aparición en La mujer del presidente, hasta su trabajo en Capadocia, y ahora en la película del director Dani de la Torre, Zeta, Cristina ha estado constantemente en evolución y crecimiento. 

Zeta es un largometraje en el género de acción producido por Prime Video. La historia sigue la investigación de una serie de asesinatos de ex oficiales de inteligencia que destapan una operación secreta en Colombia ocurrida décadas atrás. El agente Zeta (Mario Casas) lidera la misión, enfrentándose a una red de secretos y conspiraciones, mientras cruza su camino con Ancares (Luis Zahera), el único superviviente de aquella operación. La trama se articula desde distintas figuras de poder, como Helena (Nora Navas), del CNI en España, y Diana (Cristina Umaña), directora del DNI en Colombia, en un conflicto marcado por decisiones del pasado que siguen impactando el presente.

Tras el estreno de la película, la actriz colombiana conversó con The Hollywood Reporter en Español sobre la construcción de su personaje, Diana, y su evolución profesional, entre nuevos proyectos y su papel dentro de la industria.

¿Tú cómo describirías a Diana dentro del universo de Zeta

Yo creo que dentro de Zeta, Diana es ese personaje que llega un a hurgar y a ser la piedrita en el zapato de Ancares y de la investigación, claro, sin saber es que hay información que tiene el DNI que la pone en riesgo completamente. Yo creo que Diana juega ese papel, ese rol de ser la piedrita en el zapato de Ancares en toda esa investigación. 

Es una figura que toma decisiones desde el poder, que no ejecuta la acción directamente pero si la determina. En ese sentido, ¿cómo fue para ti la construcción del personaje? 

Diana es de esos personajes que están en rangos altos, en donde son autores intelectuales de todo lo que sucede, están manejando los hilos y tienen, obviamente, a su cargo gente muy preparada. En Zeta, mi participación era muy puntual, muy especial, y yo quería que no fuera un interrogatorio más, sino que pudiera tener algo distinto, que esta mujer pudiera provocarlo a él (Ancares) de alguna manera y creo que lo logramos. Yo creo que fue muy interesante todo el trabajo previo que hicimos con Dani y con todos los actores, en donde podíamos ponernos a prueba un poquito y entender cuáles eran las propuestas de cada uno y jugar ahí con eso. 

Cortesía

Aunque Zeta entra en el género de acción y espionaje, no se siente del todo como una película tradicional del género. ¿Cómo fue para ti trabajar bajo la dirección de Dani de la Torre, con ese ritmo de pocas tomas y contrarreloj?

Para mí, trabajar con Dani fue maravilloso. Hoy en día lo respeto y lo quiero tanto como director como amigo. Es alguien que se preocupa mucho por que el actor se sienta cómodo y tenga espacio para jugar, y eso fue exactamente lo que percibí durante el rodaje de Zeta. Lo interesante es que pudimos tener varios ensayos previos, para conocernos y conversar entre el elenco, y entonces pudimos entender cuáles eran las propuestas de cada uno.

En mi caso, yo sabía que tenía un “pez gordo” que no se me podía escapar y que el tiempo era muy limitado, así que toda mi energía estaba enfocada en eso. Dani confía mucho en el trabajo del actor. Es un gran guía, te da seguridad, pero también confía en tus propuestas. Tuvimos la posibilidad de alimentar los diálogos que había en el guión y hacer que todo sucediera de una forma mucho más natural y cotidiana, y creo que eso se siente en la película. Por supuesto, siempre dentro de su visión, pero con la libertad suficiente para proponer.

En ese contexto y pensando en tu proceso como actriz, normalmente cuando enfrentas un rodaje, ¿tiendes a apoyarte más en la técnica o en la intuición? ¿Cómo dialogaron esas dos herramientas en una experiencia como Zeta, donde había tanta apertura para proponer?

Sí, soy muy disciplinada y muy juiciosa. Estos 30 años de carrera me han enseñado, a veces de forma dura y contundente, que no debo confiarme únicamente en mi intuición, en mi talento o en mi expertis como actriz. Eso me lo ha enseñado el tiempo, me lo ha enseñado mi carrera. Hoy puedo decir que estudio, vuelvo a estudiar y vuelvo a estudiar, pero también sé soltar.

Hay un momento en el que suelto y me permito ver cuáles son las propuestas tanto del director como de los otros actores, y me doy el espacio para jugar. Pero necesito entender completamente el universo de mi personaje y de la historia que estoy contando, y tener las líneas al derecho y al revés. Incluso si después no uso ninguna en la toma, necesito esa base. Soy un poco controladora, tengo que decirlo, pero también es lo que hace que Cristina, la actriz, se sienta segura.

Cuando llego al set, trato de estar en una apertura absoluta a la intuición, porque ahí es donde aparece la magia, y es algo que no puede faltar en nada de lo que hagas. Incluso en teatro, en una función número 80, aunque te sepas la letra y las marcas perfectamente, siempre tienes que permitir un espacio para el juego, para improvisar, para que sucedan cosas que no puedes prever, pero que terminan haciendo que todo funcione de manera maravillosa. 

¿Cómo fue tu primer acercamiento a Diana, ya fuera desde la lectura del guión o la propuesta inicial, y qué fue cambiando o revelándose durante el rodaje?

Tuve la fortuna y el honor de que tanto Eva y Yolanda, que eran las directoras de casting, como Dani me invitaran directamente a ser parte de la película. No tuve que hacer casting, lo cual me hizo sentir muy honrada por la confianza que depositaron en mi trabajo.

Desde el inicio, sentía que Diana era el personaje que representaba la autoridad de Colombia en este caso: la ley frente a una serie de circunstancias confusas que habían estado al margen, protagonizadas por agentes españoles. Para mí, Diana tenía que ser una figura muy sólida, alguien que realmente emanara respeto, confianza y certeza en lo que hacía. Tiene también su contraparte en el personaje de Nora Navas, y hay una relación de confianza en la verdad que Diana puede sostener y transmitir.

Eso era lo que yo percibía al inicio, pero en el trabajo en escena, especialmente con Luis Zahera, fueron apareciendo muchas cosas nuevas. Él proponía constantemente, improvisaba en las líneas, y ahí íbamos jugando. Yo le respondía desde ese lugar de “jefaza” que tiene Diana. Fue una experiencia muy rica, muy disfrutable. Para mí era un gran gusto compartir escena con actores como Luis, a quien admiro mucho, así como con Nora, Mariela y Ricardo. Estar con ellos fue un deleite absoluto. Todo fue surgiendo a partir de los ensayos: ahí nos permitíamos jugar, improvisar, proponer. Pero después era necesario fijar las cosas, porque había mucha información, mucho diálogo y muchos personajes interviniendo. Una vez que las propuestas se definían, las íbamos asentando para poder darle dinámica y claridad a la escena.

Cortesía

Pensando en tu trayectoria reciente, y en personajes como el de The Night Manager, donde interpretas a una fiscal general, aquí vuelves a una figura de poder, pero desde otro lugar: más cercano a la operación que a la ley. ¿Cómo crees que Diana se mueve en esa línea tan delgada entre lo legal y lo necesario?

Digamos que no podría responderte eso con total certeza, porque siento que el personaje de Diana no alcanza, en esta ocasión, a desarrollarse lo suficiente como para ir mucho más allá en ese aspecto.

Lo que sí puedo decir es que este tipo de personajes, incluso en la vida real, suelen moverse en esa delgada línea de cómo cumplir un objetivo, a veces cruzando límites que pueden ser muy peligrosos. En el caso de la película, siento que Diana está en un lugar donde no se permite del todo cruzar esa línea. Ahora bien, sí hay una operación clandestina —la entrada a la hacienda—, y ahí evidentemente hay límites que se tensan o se cruzan. Pero, aun así, siento que Diana se mantiene más del lado de la legalidad que de la ilegalidad.

Este tipo de personajes que has interpretado en los últimos años, ¿han sido una búsqueda consciente o al revés, te han encontrado a ti?

Terminan encontrándome. Todos estos personajes que he interpretado, sobre todo en proyectos más internacionales, han ido llegando a mí.

Ha sido maravilloso y me siento muy afortunada por los últimos proyectos en los que he podido participar. Son mercados distintos al mío, y sin duda han abierto puertas, tanto para mi carrera como para la posibilidad de explorar otros espacios, trabajar con gente de la industria de otros países, y eso a mí me emociona muchísimo.

Si piensas en esa expansión de tu carrera, ¿hay algún director con el que te gustaría trabajar o algún género que te gustaría explorar?

Me encantaría trabajar, por ejemplo, con Guillermo del Toro, porque me gusta mucho la fantasía, especialmente el dark fantasy, un género que me fascina y en el que me encantaría incursionar con él.

Si soñamos en grande, también me parecería maravilloso trabajar con Christopher Nolan. Me interesa mucho la ciencia ficción, y sería increíble participar en una película de ese tipo, con grandes presupuestos.

Hoy puedo decir que tengo la fortuna de estar en proyectos con esos niveles de producción, como lo soñaba antes. Siempre me han gustado las películas y series de espionaje, y ahora estoy participando en dos —una serie y una película—, así que me siento muy, muy feliz por eso.

Hubo un momento muy claro en tu carrera donde das ese salto hacia lo internacional. Si tuvieras que ubicarlo, ¿cuáles fueron esos puntos de quiebre?

Creo que hay dos momentos en mi carrera que han sido muy importantes. Uno fue, por ejemplo, Capadocia, que fue la primera serie que hice y mi primer trabajo a nivel internacional, fuera de mi país.

Fue una experiencia muy significativa: aprendí muchísimo, la disfruté enormemente y, además, fue una gran ventana. A ese momento se suma también Narcos, que fue un proyecto y un personaje que me abrieron a otro tipo de oportunidades que antes veía casi inalcanzables. Ambos fueron muy importantes en mi camino, y también llegaron como resultado de decisiones difíciles, pero necesarias.

Una de esas decisiones fue dejar de hacer telenovelas, que era lo que hacía en ese momento y por lo que también me siento profundamente agradecida. Al final, uno es el resultado de todo lo que ha hecho y vivido. Pero hubo un punto en el que sentí que necesitaba hacer una pausa, porque había experiencias que quería explorar y no estaba pudiendo hacerlo al estar constantemente trabajando.

Decidí detenerme, darme ese espacio, estar disponible, seguir estudiando y abrirme a otros caminos. Y creo que esas decisiones han sido fundamentales para que mi carrera tomara el rumbo que tiene hoy.

Desde tu rol como presidenta de la Academia Colombiana de Cine, hoy no solo actúas, sino que también piensas la industria. ¿Cuáles dirías que son los principales retos del cine colombiano actualmente?

Sí, creo que tenemos muchísimos retos en el cine colombiano, y también en el cine latinoamericano en general. Uno de los principales es lograr articular un diálogo efectivo con los gobiernos. Somos afortunados de contar con leyes de cine que nos respaldan, pero no son del todo suficientes y necesitan actualizarse para que la industria pueda ser más sólida y efectiva.

En ese sentido, fortalecer la relación con el Estado es fundamental, así como acercar la inversión privada al cine. Es importante que se entienda el cine no solo como industria, sino también como memoria colectiva y como reflejo histórico de una cultura, en este caso la colombiana.

También creo que, como sector, necesitamos sentirnos parte activa de la industria, construir comunidad y trabajar en función de un proyecto colectivo, más allá de los logros individuales. Esto no es sencillo, porque hacer cine es muy difícil y requiere muchísimo esfuerzo. Es un trabajo en equipo, siempre lo ha sido, pero sacar una película adelante implica tanto que, a veces, se pierde esa mirada colectiva. Por eso es importante seguir trabajando en construir una comunidad unida, activa y orgullosa de lo que hace.

Otro punto clave —y que ya está empezando a suceder— es fortalecer los lazos entre las academias de cine de distintos países de Latinoamérica, apoyarnos entre nosotros y darle mayor visibilidad a nuestro cine.

Y, por último, uno de los grandes retos sigue siendo la distribución: necesitamos generar conversaciones más efectivas con distribuidores y exhibidores para asegurar espacios donde nuestras películas puedan verse. Ya sea en salas, en plataformas o en otros formatos, lo importante es que el cine llegue al público y que encontremos formas en las que todos los actores de la industria puedan beneficiarse. 

Pensando en el caso de Zeta, que es un proyecto con alcance internacional desde plataforma, ¿qué papel crees que están jugando hoy estos espacios para el talento latinoamericano?

Sin duda las plataformas han ayudado mucho a globalizar los contenidos y a que talentos de distintos países puedan trabajar en mercados más visibles y sólidos. También han permitido que nuestras historias viajen y encuentren éxito en otros territorios.

Creo que eso es fundamental, y Zeta es un gran ejemplo de ello. Además, es un ejemplo exitoso, y eso es maravilloso, porque al final el cine y el arte terminan en el público, en esa conversación e interacción que se genera con la audiencia. Cuando el público conecta con lo que haces, lo disfruta, ahí sucede una magia muy especial.

También pienso que el hecho de que existan industrias que sean comerciales y exitosas abre espacio para otro tipo de historias y géneros, quizá más de nicho, pero no por eso menos valiosos o relevantes. Al final, todo se complementa: es un ecosistema en el que todos nos apoyamos y avanzamos juntos.

Al inicio te comentaba que tu personaje se siente distinto dentro de un arquetipo que ya conocemos, y creo que tiene mucho que ver con la manera en la que retratas el liderazgo femenino. ¿Sientes que aún hay representaciones simplificadas de mujeres en estos espacios de poder?

Yo creo que sí. En muchos casos, los estereotipos siguen predominando. Yo traté de profundizar más en el rol, más allá de si se trata de una mujer o un hombre en una posición de poder. Pero, al mismo tiempo, al ser mujer frente a personajes tan “machitos”, de esos que lo controlan todo, tenía que estar muy bien parada: generar respeto, autoridad y confianza. En eso me enfoqué principalmente.

Tampoco quise irme demasiado al detalle en ciertos aspectos, porque el guión ya marcaba claramente que se trataba de una mujer fuerte, imponente y en control de la situación. Sin embargo, sí creo que seguimos atravesados por prejuicios y estereotipos que responden a estructuras todavía muy patriarcales.

Y ahí estamos las mujeres, intentando contar otras historias, mostrarnos desde otros lugares y hacer denuncias importantes a través del cine y del arte. Eso ya se está viendo en muchas películas recientes, como Belén, dirigida por Dolores Fonzi, que aborda temas de justicia y derechos desde una perspectiva femenina , o Aún es de noche en Caracas, que retrata el colapso social y político en Venezuela desde una mirada íntima y femenina .

Son propuestas que evidencian cómo empiezan a consolidarse nuevas narrativas: historias dirigidas por mujeres, protagonizadas por mujeres y con discursos potentes que necesitan ser visibilizados. Ahí es donde empieza a surgir una voz propia, una forma distinta de contar, que a mí me interesa muchísimo y me entusiasma ver cómo sigue creciendo.

Totalmente. Y creo que, desde tu lugar como presidenta de la Academia Colombiana de Cine, es muy importante que lleves este discurso contigo. Se percibe con mucha claridad en tu trayectoria y también dialoga con tu rol en Zeta, que parte justamente de una posición de liderazgo. 

Claro, te voy a decir algo que me parece muy bonito de Zeta: en el guión, las dos figuras de poder dentro de la ley son mujeres. Tanto la del CNI como la del DNI —el personaje de Nora Navas, Helena, y Diana—, y eso me pareció muy interesante.

Sí, claro. Sobre todo porque dentro de un género históricamente masculinizado, esa decisión resulta muy significativa y le da una identidad distinta a la película.

Si, así tal cual. También el personaje de Mariela, Alfa, es una chica súper aguerrida. Está maravillosa. Es una actriz muy disciplinada, muy inquieta, siempre buscando profundizar en las relaciones y en el trabajo físico. Eso me encanta de ella como actriz y como persona.

Además, sé que en muchas escenas, aun teniendo doble, quiso hacerlas ella misma, y lo hizo con muchísima destreza. Creo que vale la pena destacarlo, porque hay un trabajo físico muy fuerte detrás de su personaje y eso se nota en pantalla.

Foto José Veira, Styling : Paula Sanmiguel, Makeup Oscar Sanches

Totalmente. Si pudieras mirar hacia atrás y hablar con la Cristina de hace diez años, en ese momento de transición, ¿qué le dirías hoy?

Bueno, la Cristina de hace diez años fue la que tomó el riesgo de parar, de salir de su zona de confort para buscar nuevas posibilidades y abrirse camino en otros mercados. Fue una etapa con mucho miedo, mucha incertidumbre y también mucha tristeza. Me mudé de país, me fui a vivir a Estados Unidos, era una inmigrante más, y todo eso implicó enfrentar muchas cosas que me generaron temor.

A esa Cristina le diría que confiara, que estuviera tranquila, porque la decisión que tomó fue la correcta.

Y en este momento, que es tan significativo en tu carrera —con un proyecto internacional y un rol institucional importante—, ¿cómo definirías esta etapa profesional que estás viviendo?

La definiría —como también lo he dicho en otras entrevistas— como un proceso constante de construcción y deconstrucción. Voy aprendiendo cosas nuevas, transformándome y también dejando otras atrás.

A medida que avanzo en la vida, como mujer y como actriz, me doy cuenta de que hay ideas que antes tenía muy claras y que hoy ya no sostengo, o creencias que han cambiado con la experiencia. Y eso me mantiene en una actitud de aprendizaje permanente, que además me encanta.

Creo que es el mejor lugar en el que uno puede estar: entender que no se las sabe todas y que siempre hay algo nuevo por aprender.

Me parece hermoso eso de dejar espacio para seguir construyendo. ¿Qué sigue para Cristina? Además de la actuación, ¿te ves explorando otros roles como la dirección o la producción, impulsando historias desde otro lugar? 

Lo veo totalmente viable. En este momento, lo veo más cercano desde la producción que desde la dirección. No es que me sienta completamente ajena a dirigir, pero sí siento que aún no estoy preparada para eso. Respeto muchísimo el trabajo del director, lo admiro profundamente. Tengo amigas que han hecho ese tránsito de la actuación a la dirección, y toda mi admiración para ellas.

Pero sí me veo expandiéndome más allá del lugar de actriz. Creo que, como artistas, en esa necesidad de contar historias y generar experiencias emocionales con el público, podemos hacerlo desde muchos lugares.

Ahora, amo actuar, es algo que disfruto profundamente y quisiera seguir haciéndolo siempre. Pero también me interesa explorar espacios donde pueda tener mayor participación en las historias y en los procesos creativos. Por eso, la producción es un camino que ya estoy empezando a construir, aunque sé que no es fácil. Como actriz, uno llega a proyectos que ya han pasado por procesos muy complejos, y ahora ver ese otro lado me parece muy valioso. Creo que por ahí puede estar lo que sigue.

Para cerrar, ¿tienes algún otro proyecto nuevo en puerta del que nos puedas platicar?

¡Claro! Acabamos de terminar una serie en Colombia, una comedia negra titulada Cómo perderlo todo, basada en el libro de Ricardo Silva Romero, que es fantástico, y quien además participa en la escritura de los guiones junto a Dago García. Tiene un retrato muy agudo y ácido de la cultura bogotana, en todos sus espectros y niveles socioeconómicos, lo que la hace muy interesante y también muy divertida.

El rodaje fue divertidísimo. Estuvo dirigido por Mateo Stivelberg y Fabio Rubiano, y además comparto escena con mi amiga Angie Cepeda, con quien trabajé por primera vez, lo cual me emociona mucho. También están Víctor Mallarino y Ramiro Meneses, a quienes quiero muchísimo. Es un elenco muy especial, y creo que será un proyecto muy interesante. Me imagino que se estrenará este mismo año.

Excelente, ¿nos podrías compartir un poco sobre tu personaje?

Creo que todavía no puedo contar mucho sobre el personaje, pero sí puedo decir que se llama Gabriela Teodán y que es una de las grandes antagonistas de la historia. Es divertidísima, realmente.

Es de esas mujeres que, si Diana era de armas tomar, esta lo es de todo. Pero desde un lugar muy divertido y también muy disruptivo.

DAMARIS ARELLANO

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