Crítica: All’s Fair

Kim Kardashian es una protagonista apropiadamente acartonada para el vacío e imperdonablemente aburrido drama de Hulu de Ryan Murphy

Por ANGIE HAN |

noviembre 6, 2025

9:06 am

Ser Baffo

De cierta manera, Kim Kardashian podría ser la elección perfecta para encabezar All’s Fair, el nuevo y elegante drama legal de Ryan Murphy para Hulu. Esto no quiere decir, claro está, que la exintegrante de American Horror Story: Delicate sea buena en él —no lo es, y rodearla de pesos pesados como Glenn Close, Naomi Watts, Niecy Nash-Betts, Sarah Paulson y Teyana Taylor solo hace que su debilidad como actriz sea aún más evidente.

Pero la actuación de Kardashian, rígida y carente de afecto sin una sola nota auténtica, es exactamente lo que la escritura, también rígida y carente de afecto, sin una sola nota auténtica, merece. Su mera presencia, que logra generar atención y poco más, se siente adecuada para una serie que parece no querer ser vista tanto como ser explotada por fragmentos virales.

All’s Fair

Fecha de emisión: martes, 4 de noviembre (Hulu)
Elenco: Kim Kardashian, Naomi Watts, Niecy Nash-Betts, Glenn Close, Sarah Paulson, Teyana Taylor, Matthew Noszka
Creadores: Ryan Murphy, Jon Robin Baitz, Joe Baken

Son las otras actrices, intentando vender material que no merece su esfuerzo, quienes dan lástima, o quien darían lástima, si la serie no te recordara cada cinco minutos lo maravilloso que es tener mucho dinero y luego ganar aún más. Por ellas, pero también por mi propia capacidad de creer en un mundo que ocasionalmente tiene sentido, espero que todas, incluida Kardashian, hayan cobrado cheques enormes por lo que sea que estén haciendo aquí.

Reuniendo nuevamente a Murphy con Jon Robin Baitz y Joe Baken de Grotesquerie, All’s Fair llega bajo un barniz de empoderamiento femenino que se vuelve más delgado cada vez que la trama exhibe sexo “kinky” consensuado o una trabajadora sexual trans como una revelación sensacionalista. Hartas de no ser tomadas en serio por colegas indistinguiblemente viejos, blancos y hombres en su firma de élite, las abogadas Allura Grant (Kardashian), Liberty Ronson (Watts) y la investigadora Emerald Greene (Nash-Betts) —crédito donde corresponde: esos nombres son increíbles— deciden que es momento de independizarse.

En poco tiempo, han formado su propia firma especializada en divorcios y dedicada a representar únicamente a clientes femeninas. Una década después, Grant Ronson Greene & Associates está prosperando, como se ilustra directamente a través de las victorias que recuerdan en diálogos expositivos, pero más vívidamente por el hecho de que cuando no están taconeando con sus stilettos de diseñador por enormes pasillos de mármol, están paseándose por mansiones junto a la playa, conduciendo Bentleys por Beverly Hills y comentando qué joyas de un millón de dólares esperan obtener en una subasta mientras vuelan a Nueva York en jet privado.

Inspirada por la productora ejecutiva y abogada de divorcio de Kardashian en la vida real, Laura Wasser (quien también se rumorea que fue la inspiración para el personaje de Laura Dern en Marriage Story), All’s Fair aparentemente pretende explorar cómo las carreras de estas mujeres influyen en sus vidas personales, y viceversa. Cada una de las primeras tres horas estrenadas el martes combina un caso de la semana, poblado por rostros sorprendentemente reconocibles como Judith Light, Elizabeth Berkley Lauren, Jessica Simpson y Rick Springfield, con inquietudes continuas sobre las vidas amorosas de los personajes principales.

Allura lo ha visto todo, pero aun así queda desconcertada cuando su propio esposo, un joven y atractivo jugador de fútbol llamado Chase (Matthew Noszka), anuncia que la deja. Liberty está felizmente en pareja con un apuesto médico, Reggie (O-T Fagbenle), pero teme comprometerse porque ha visto demasiadas relaciones terminar mal. La mentora del grupo y figura materna, Dina (Close), ha mantenido vivo su espíritu romántico a pesar de su trabajo, pero lucha con el deterioro de la salud de su esposo, Doug (Ed O’Neill). Y así sucesivamente.

Pero cualquier resonancia emocional real o coherencia narrativa que All’s Fair logre en el camino es meramente incidental. En realidad, la serie está aquí para ofrecer looks feroces, frases mordaces y grandes momentos, con resultados sumamente irregulares. De hecho, encuentra más éxito en lo primero. 

Despreocupada alegremente de cualquier idea de lo que las abogadas reales podrían usar para trabajar, la diseñadora de vestuario Paula Bradley crea su propia versión fantástica de la ropa de oficina, con sombreros y guantes en tonos perlados, diamantes del tamaño de pelotas de béisbol y enormes escotes. Los atuendos no siempre son elegantes o siquiera muy bonitos, pero lucidos por profesionales de la alfombra roja como Kardashian, Nash-Betts o Taylor (quien interpreta a la recepcionista de la firma, Milan) hacen exactamente lo que deben: obligarte a mirar.

Por otro lado, la serie fracasa por completo en lograr frases memorables, porque cuando el diálogo no es tan insípido que roza lo absurdo (“Fallé. Odio fallar”, se queja Allura), es tan extravagantemente vulgar que resulta agotador. Ni siquiera Paulson, como la rival villana Carrington “Carr” Lane, puede pronunciar con gracia una línea tan laboriosamente forzada como: “No haría [eso] ni aunque estuviera sin un centavo y muriéndome de hambre en una esquina, obligada a hacerle una mamada a un cura con clamidia a cambio de un tazón de frijoles refritos”.

El drama también falla en general al intentar darnos esos momentos “de conversación de pasillo” o, en términos más 2025, aptos para TikTok, que parecen haber sido planificados primero, como si la serie hubiera sido construida hacia atrás solo para provocar reacciones virales, en lugar de surgir de la historia de manera orgánica. No es por falta de reacciones exageradas. Pero incluso cuando Carr destroza un modelo de barco tras un rechazo profesional o Allura se imagina yéndose full Lemonade (como el álbum de Beyoncé) contra la amante de Chase, sus acciones se sienten desconectadas de cualquier contexto mayor. 

Estos personajes son tan superficiales, sus tramas tan endebles y sus motivaciones tan poco desarrolladas que no hay emoción reconocible detrás de nada, y por lo tanto, nada que sentir al verlo.

Podrías estar viendo GIFs aleatorios de alguna serie que nunca has visto. Lo cual, dado lo aburrido que resulta All’s Fair a pesar de lo mucho que intenta ser sexy y llamativa, podría ser en realidad la forma ideal de experimentarla.

ANGIE HAN

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