Crítica Des preuves d’amour: Una hermosa cinta que reflexiona sobre la maternidad, desde ambos lados del vínculo

Alice Douard construye un retrato íntimo sobre los miedos, las heridas y las contradicciones que acompañan a dos mujeres en su intento por construir una familia

Por JULIETA CHÁVEZ |

julio 24, 2026

10:05 am

DA Film Festival

Era mayo del 2013 cuando, después de un debate de 136 horas y 46 minutos de duración, con 331 votos a favor y 225 en contra, la Asamblea Nacional de Francia se convirtió en el decimocuarto país del mundo en legalizar el matrimonio igualitario. 

Es así que la sorprendente Alice Douard toma dicho hecho histórico para presentarnos, en su primer largometraje, la historia de Céline y Nadia. Dos mujeres que deciden convertirse en madres, pero debido a la reciente legislación, se enfrentan a un vacío legal en el que, aunque las parejas lésbicas ya podían casarse, a la madre no gestante seguía sin reconocérsele la maternidad de forma automática. 

El primero de ellos, ya cumplido, es casarse. Y el segundo, es un largo (y estricto) proceso de adopción en el que mediante 15 cartas de recomendación —emitidas por distintos perfiles, no solo amigas o miembros de la comunidad LGBTIQ+, según le especifica su abogada—- Céline debe justificar su compromiso ante el Estado para adquirir la potestad irreversible de su hija.

De esta forma, la protagonista se sumerge en un viaje completamente nuevo y confuso, en el que debe atravesar los retos de su maternidad mientras resuelve los conflictos del pasado con su madre, una importante pianista que estuvo ausente durante sus años formativos y a quién ahora debe pedirle una de las quince cartas que necesita.

Des preuves d’amour

Veredicto final: Nadie nace como madre experta, ni muere siéndolo. 
Elenco: Ella Rumpf, Monia Chokri, Noémie Lvovsky, Emy Juretzko, Julien Gaspar-Oliveri y Aude Pépin
Director: Alice Douard
Guión: Alice Douard
Duración: 1 hora y 37 minutos

Después del preámbulo en que se nos brinda un necesario contexto sobre la situación política y social en la que se desarrolla la película, la cinta inicia en la primavera de París de 2014, con Céline colaborando en una simulación de parto. A su lado se encuentra Nadia, su esposa embarazada, a quien le ayuda a hacer ejercicios de respiración y simulaciones de pujo, para poder prepararse para el día en que dé a luz. 

Más tarde Céline se reúne con una abogada que la está ayudando a llevar el proceso legal para la adopción, mientras le explica que no aparecerá en el certificado de su bebé como progenitora, pero sí como tercera persona. Además, le rectifica que no podrá otorgarle su apellido de manera inmediata, así que su hija llevará se registrará bajo el apellido de soltera de su esposa, sin importar que estén casadas, porque para poder aplicar la reciente Ley Taubira, tienen que completar un expediente con fotos familiares y 15 cartas de recomendación que garanticen que Céline puede involucrarse de manera eficaz y responsable en la crianza de su hija.

Dichas cartas deben provenir de perfiles bastante diversos: desde parejas heterosexuales, hasta amigos cercanos de la comunidad LGBT y familiares. Es así que Céline confiesa solo tener de familia directa a su madre, quién es pianista y vive en Praga, por lo que la cercanía con ella es complicada. Sin embargo, aunque se niega en un inicio a pedirle su ayuda, su abogada le recomienda hacerlo porque, de esa forma, el juzgado puede asegurarse que las personas directas a la adoptante aprueban la situación.

Sin otra opción, ambas chicas inician una extravagante búsqueda entre su círculo más cercano, para poder conseguir las cartas. Es este momento en que, al acercarse a sus amigos con familias, Céline comienza a conocer por primera vez lo que es realmente la maternidad. Se encuentra de frente con advertencias sobre cantidades excesivas de ropa sucia, vómitos, diarreas y decisiones importantes por el bien de los niños.

Después, al encontrarse con un letrero en el metro que anunciaba un concierto de su madre Marguerite—quién, por cierto, no es solo una pianista. Parece tener una fama mucho más relevante de la que habla Céline, pero hace sentido que se le pinte así, pues es una realidad que tiene normalizada. Qué lindo detalle, ¿no?—- decide ir a visitarla. 

La mujer, de primera impresión, se presenta como alguien que ama a su hija, pero es demasiado dispersa para mantenerse presente en cualquier cosa ajena a su trabajo. Pero eso no evita que note el anillo en su dedo, descubriendo que Céline se casó sin que ella se enterará. “Fue solo un trámite”, le responde a su madre. “Vamos a tener un bebé”. Marguerite recibe la noticia con un singular entusiasmo, que extrañamente apaga en un abrir y cerrar de ojos, para volver a su piano. Como si evitará por completo conectar de forma profunda con su hija. 

En fin, Celine vuelve con Nadia para ir a un chequeo rutinario con un doctor. Ahí les hacen las preguntas más básicas: sí les han puesto anestesia, si fuman, qué antecedentes familiares tienen con enfermedades cardíacas, etcétera. Solo que ¡Ups! Esas aplican para parejas que han concebido de manera natural, para saber qué aspectos del embarazo necesitan un monitoreo más cercano y así garantizar que el nacimiento sea lo más seguro posible. Caso contrario al de nuestra pareja… 

Céline le señala al doctor su torpeza, quien admite que solo no quería hacerlas sentir incómodas y que son la primera pareja homoparental a la que atiende. Aunque solo hace que el descuido del médico aumente con cada palabra que sale de su boca, obligando a que Nadie abandone el consultorio para prevenir un ataque de risa.

Nuestras protagonistas viven muchas situaciones así, no olvidemos que son precursoras en esto. No solo ellas se están adaptando, si no que también todo su entorno. Claro que algunas situaciones son graciosas y otras son desagradables, pues no está desarrollada en un mundo utópico y la homofobia sigue siendo parte del imaginario en la narrativa. 

Pero lo más impresionante es que, a pesar de eso, durante toda la cinta podemos ver a dos mujeres que se aman, intentando aprender. Los miedos les ganan, eso nadie se los quita. La incertidumbre, su poca experiencia, el terror a ser incapaces… Solo que, conforme se acercan al día de parto, se dan cuenta que nadie nace experto en ser madre, ni muere siéndolo. Esa es una parte bastante reconfortante de la cinta, que si observamos muy de cerca, cada vez que interactúan con una familia, en realidad están presenciando a padres igual de asustados, sin importar sus años de experiencia ni cantidad de hijos. 

Eso se refleja explícitamente en su relación con su madre. Quien como ella sigue siendo una mujer intentando sobrevivir en un mundo que no entiende en su totalidad. Al final del día es una madre que falló en balancear su vida con su maternidad, pero eso no la convierte de forma inmediata en una villana. ¡Porque ama a su hija con locura! En sus momentos más despistados derrocha amor por Céline, y la carta final terminó por confirmarlo. 

Bien dicen por ahí que para avanzar en la vida hay que aprender a perdonar y ser perdonado. Por eso mismo es que Des preuves d’amour es excelente balanceando los temores de una pareja a la maternidad, a través de la propia maduración interpersonal del personaje principal. No se limita a ser una especie de documental de ficción sobre el matrimonio igualitario, sino que indaga en las raíces de sus personajes para visibilizar sus miedos, disgustos e inseguridades, sin definirlas únicamente por su sexualidad.

Las dos madres (que en realidad son tres, si incluimos a Marguerite) tienen sus respectivos trabajos, y no se reducen a una bandera que las define durante toda la película. Es una trama presenta su realidad, de la forma más común, sin etiquetarse como “militante”. Solo es y ya.

Si bien, este último aspecto es relevante y se integra como un fantasma siempre presente en la historia, Céline en todo momento es presentada como un personaje honesto, que a pesar de haber decidido ser madre y encontrarse emocionada con la idea, sigue siendo un ser humano con dudas sobre sus capacidades reales para criar a una hija. Alguien que aún sigue buscando su comodidad en la palabra “madre”, tanto en su identidad propia como en un vínculo externo.

Es así que, a partir de una relación popularmente representada en el cine como complicada (Ladybird, Matilda, Carrie, Un viernes de locos, Coraline, Enredados; por mencionar algunas), Douard logra crear una cinta hermosa que reflexiona sobre las dos caras de la maternidad, con Céline como próxima madre, pero también como hija.

JULIETA CHÁVEZ

Redactora

Redactora editorial en The Hollywood Reporter en Español. Ha entrevistado a directores, actores y líderes de opinión, con un foco especial en mujeres, arte contemporáneo y temáticas de género.

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