Crítica: Gatillero

Gatillero es un thriller argentino filmado en un único plano secuencia que convierte una noche en la Isla Maciel en una trampa sin salida

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

enero 23, 2026

12:22 pm

Cortesía de HBO Max

El plano secuencia ha sido, a lo largo del cine moderno, una manera radical de pensar el relato sin red. Desde la exploración del tiempo histórico en El arca rusa hasta la deriva nocturna de la alemana Victoria, pasando por el tiempo real asfixiante de la colombiana PVC-1 o la presión laboral llevada al límite en la británica Boiling Point (Stephen Graham, su protagonista, también hace parte del plano secuencia en la miniserie Adolescence), la decisión de filmar sin cortes implica algo más que una proeza técnica: obliga a asumir el presente como único territorio posible. La argentina Gatillero se inscribe con claridad en esa tradición y la traslada a un paisaje pocas veces abordado con este rigor en el cine argentino.

La película de Tapia Marchiori es apenas la segunda producción nacional realizada íntegramente en plano secuencia (la primera es Causalidad), pero el dato técnico no funciona como carta de presentación sino como método. La historia de Pablo “El Galgo” Correa, un sicario que sale de prisión con la ilusión mínima de recomponer su vínculo con su hija y acepta un último encargo, se despliega en tiempo real, sin el alivio del corte ni la comodidad del montaje explicativo. Desde el primer movimiento de cámara, el filme se compromete a acompañar el desgaste físico y mental de su protagonista, atrapado en una noche que se cierra sobre sí misma.

El barrio es el verdadero campo de batalla. La Isla Maciel aparece como un entramado orgánico de pasillos, casas, negocios, comedores, búnkeres y calles donde circulan vecinos, narcos y policías sin jerarquías claras. No hay distancia ni mirada panorámica: la cámara se mueve a ras del suelo, se incrusta en los cuerpos, se desvía con ellos y vuelve a encontrarlos. El espacio no decora la acción, la condiciona. Cada esquina redefine el peligro y cada desplazamiento agrega una capa más al cerco.

Sergio Podeley sostiene la cinta desde una actuación de pura presencia física. Su Galgo no responde al molde del antihéroe seductor ni al del mártir social. Es un hombre cansado, un delincuente entrenado para robar, matar y sobrevivir, consciente de que la lealtad es frágil y siempre transitoria. La cámara no lo exalta ni lo absuelve, registra su respiración agitada, sus errores, la sangre que corre y la obstinación de seguir avanzando aun cuando la salida ya no existe. El deseo de cambio aparece, pero nunca como redención.

A su alrededor, el sistema se completa con figuras que encarnan distintos grados de poder y traición. Mariano Torre y Matías Desiderio representan variantes del control barrial, mientras que las apariciones femeninas (en especial Julieta Díaz como La Madrina) funcionan como presencias breves pero decisivas, recordando que la autoridad no siempre se ejerce desde la exposición constante ni desde la fuerza explícita.

Tapia Marchiori dialoga con el cine criminal clásico, especialmente el de los noventa (el western urbano, el hombre perseguido, la noche como purgatorio) sin convertir esas referencias en gestos nostálgicos. La violencia irrumpe de forma abrupta, sin estilización ni coreografías pensadas para el lucimiento. Las balas dejan marcas, los cuerpos caen y el espacio queda alterado. Nada se reacomoda después.

Con una duración ajustada de 80 minutos, Gatillero avanza sin digresiones. No explica, no justifica y no ofrece salidas limpias. Prefiere tensar el relato hasta el límite y mostrar cómo una sola noche puede condensar años de decisiones, silencios y complicidades. Lejos de la postal miserabilista y también del cine de acción industrial, la película confirma que el cine argentino puede trabajar desde los márgenes con una precisión formal poco habitual y una mirada territorial que no necesita exagerar para ser contundente.

Veredicto: Un thriller argentino que avanza sin cortes ni concesiones, directo al nervio.

Ficha técnica

Distribución: Cinetren, HBO MAX

Productora: Dukkah Producciones

Elenco: Sergio Podeley, Maite Lanata, Mariano Torre, Matías Desiderio, Ramiro Blas, Julieta Díaz

Dirección: Cristian Tapia Marchiori

Guion: Clara Ambrosoni, Cristian Tapia Marchiori

Producción: Enrico Udenio, pablo Udenio

Productores ejecutivos: Pamela Livia Delgado, Mariana Flores, Enrico Udenio, Pablo Udenio

Dirección de fotografía: Martín Sapia

Diseño de producción: Ana Cambre

Maquillaje: Mariángeles Capparelli

Música: Santiago Pedroncini

Edición: Cristian Tapia Marchiori

Efectos visuales: Virginia Palomeque, Martín Villarreal

Casting: Eugenia Levin

Clasificación: 16

Duración: 1 hora 20 minutos

Tráiler:

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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