Crítica Oasis: Don’t Look Back in Anger: una celebración conmovedora del glorioso regreso de la banda

Los hermanos Noel y Liam Gallagher nos llevan consigo en su gira de reencuentro de 2025 en este documental de conciertos que se estrena en Venecia antes de llegar a Disney+

Por RICHARD LAWSON |

septiembre 7, 2026

2:43 pm

Festival de Cine de Venecia

Me ocurrió algo curioso mientras veía la nueva película Oasis: Don’t Look Back in Anger. Había afrontado el encargo con cierto recelo, ya que a menudo los documentales musicales me resultan tediosos; en particular, no me apetecía ver dos horas de los hermanos Noel y Liam Gallagher discutiendo y dándose aires de grandeza. Así que entré en la sala bastante escéptico. Sin embargo, al poco tiempo, se me saltaron las lágrimas. Y luego, para mi sorpresa, prácticamente no pude dejar de llorar durante el resto de la película. No se trataba de sollozos desconsolados, ojo, sino más bien de esa bruma agridulce y ese nudo en la garganta propios de la nostalgia. Quizás esta banda —que brilló con fuerza y ​​rapidez en el firmamento hace 30 años— significaba para mí más de lo que yo creía.

La película, dirigida por Will Lovelace y Dylan Southern, logra transmitir con gran acierto que Oasis significa muchísimo para muchas personas en todo el mundo. Don’t Look Back in Anger es, en parte, una película de conciertos que recoge la exitosísima gira de reencuentro de la banda en 2025 y, en parte, una reflexión entre bastidores sobre su larga y singular trayectoria. Quienes esperen conocer detalles escabrosos sobre la famosa disputa de los hermanos Gallagher, o sobre los entresijos que propiciaron su reconciliación tras quince años de distanciamiento, no verán satisfechas sus expectativas. Se trata de una película amable y festiva que apuesta por dejar el pasado atrás; aquí no hay lugar para el escrutinio de asuntos personales ni políticos.

Oasis: Don’t Look Back in Anger

Conclusión: Un documental sorprendentemente efectivo para los fans.

Lugar: Festival de Cine de Venecia (Venice Open — Fuera de competencia)

Directores: Will Lovelace, Dylan Southern

Guionista: Steven Knight

Elenco principal: Liam Gallagher, Noel Gallagher

Duración: 2 horas y 2 minutos

Al final, la película se estrenará en Disney+, donde seguramente registrará la mayor cantidad de usos de la palabra cunt (pendejo) de todo el catálogo de la plataforma, a menos que The Mandalorian dé un giro extraño en la tercera temporada del que nadie me haya informado.

Podría argumentarse que la amabilidad de la película, su conmovedor aire de celebración y gratitud, encaja a la perfección con la música de la banda; una música que, si bien era adorada por muchos, también fue objeto de burlas por su pulcritud propia del britpop y su estilo apto para las listas de éxitos. A ojos de esos detractores, la actitud desenfadada y algo tosca de los hermanos mancunianos nunca terminaba de cuadrar —o tal vez suponía una sobrecompensación— con el sentimentalismo comercial de sus canciones. Don’t Look Back in Anger no está pensada para esos críticos, aunque imagino que hasta el corazón más duro tendría dificultades para resistirse a la emotiva reflexión que plantea el filme sobre el paso del tiempo y la alegría de la pasión compartida. Sin duda, logró despertar en este crítico, poco amigo de la música en directo, el deseo de asistir a un concierto, cualquiera que fuera, por primera vez en mucho tiempo.

Lovelace y Southern han entrelazado de manera convincente entrevistas, fragmentos de actuaciones, reacciones del público y algunas incursiones en las vidas de seguidores concretos. La película posee un ritmo vibrante y enérgico, aunque su marcada dependencia del montaje a veces da la sensación de estar ante una larga introducción de una historia que nunca termina de arrancar. En dichas entrevistas, los hermanos se muestran humildes y con una modestia encantadora, muy alejados de la actitud fanfarrona y agresiva que caracterizó su fama inicial. Quizás solo estén interpretando un papel ante las cámaras, pero la película suaviza su imagen de forma entrañable, sin dejar de mostrarnos ese ingenio despreocupado que los hizo famosos (especialmente en el caso de Liam), su visión irónica de sus años turbulentos y el vínculo totalmente distinto que han forjado en la madurez. Cuando Noel califica a su hermano como “encantador”, es probablemente una de las cosas más dulces que jamás hayas escuchado.

La película realiza sin duda un hechizo, y poco importa si se trata de una estrategia de marketing puramente cínica (aunque insidiosamente eficaz) cuando uno se deja llevar por ella. Lo que realmente transmite la esencia de lo que la película, y la banda, pretenden evocar son las abundantes imágenes en primer plano de los asistentes al concierto: vitoreando y llorando, maravillados al escuchar en directo canciones emblemáticas —entre las que destacan las del álbum de 1995 (What’s the Story) Morning Glory?—, ya ​​fuera por primera vez en años o por primera vez en la historia. El público abarca desde la Generación Z hasta los integrantes de mayor edad de la Generación X; una mezcla de personas del Reino Unido, Irlanda, Brasil, Corea del Sur y Estados Unidos que extraen algo poderoso no solo de la música en sí, sino del hecho de su regreso y de la gran reconciliación que implica su interpretación.

Supongo que se podría encontrar ahí cierta dimensión política; cabría hacer una afirmación de gran alcance sobre cómo el mensaje de la película, centrado en la unidad y en dejar atrás las rencillas, ofrece una solución al caos social y a la fragmentación en que nos encontramos inmersos. No sé si quiero llegar tan lejos, pero resulta un placer innegable, una experiencia reconfortante y plena, ver a multitudes pasándoselo en grande y viviendo emociones intensas de forma colectiva.

Vemos a un joven, con el rostro enrojecido y surcado por lágrimas, de pie y en solitario en el recinto tras el concierto; está abrumado por lo que acaba de presenciar y, sin duda, triste porque todo ha terminado y ahora debe regresar a la relativa monotonía de la vida cotidiana. Entonces, un hombre de mediana edad se acerca para abrazar al joven; es alguien que parece un completo desconocido, pero que se aproxima para decirle: “Te entiendo”. Esa empatía compartida parece escasear hoy en día, sobre todo si pasamos gran parte del tiempo en internet, como hacemos tantos de nosotros. Don’t Look Back in Anger nos recuerda la maravillosa posibilidad de conectar con los demás al hacer cosas en el mundo real.

Pero todo esto podría tener mucha menos trascendencia de no ser por estas canciones en concreto, dosificadas con cuidado a lo largo de la película mientras esta avanza gradualmente hacia los grandes éxitos. ¡Qué muros de sonido tan fuertes y, resulta, atemporales son!: himnos de múltiples capas, melancólicos y desafiantes que, si bien en algún momento tras su lanzamiento pudieron tildarse de cursis, hoy han adquirido el aura dorada de los verdaderos clásicos. Probablemente yo habría colocado la canción que da título al álbum al final, pero “Champagne Supernova” —con ese lirismo amable y carente de sentido lógico que nos transporta a viajes en coche, bailes escolares y noches de ensueño a solas en nuestra habitación— también funciona a la perfección.

RICHARD LAWSON

SUSCRÍBETE A NUESTRAS EDICIONES

Vive la experiencia completa de The Hollywood Reporter en Español, sin límites y todos los días, en sus versiones impresas y digitales.

MÁS DE HOLLYWOOD REPORTER EN ESPAÑOL

Síguenos