Hay personas que sueñan con volar. Jiro Horikoshi soñaba con construir aquello que permitiera a otros hacerlo. Esa diferencia es fundamental para comprender a Se levanta el viento, probablemente la película más íntima y personal de Hayao Miyazaki. No hay espíritus del bosque, castillos flotantes ni criaturas fantásticas. Lo que encontramos aquí es la historia de un hombre enamorado de la belleza en un siglo decidido a convertirla en destrucción.
Desde niño, Jiro observa el cielo con fascinación. Su miopía le impide convertirse en piloto, pero descubre otra forma de acercarse a las nubes: diseñando aviones. A partir de ahí, Miyazaki construye un relato que atraviesa el terremoto de Kantō, la crisis económica japonesa, el auge del militarismo y los años previos a la Segunda Guerra Mundial, siempre desde la mirada de alguien cuya principal preocupación es la perfección de una idea.
Lo extraordinario de la película es que nunca convierte a Jiro en héroe ni en villano. Tampoco intenta absolverlo ni condenarlo. Miyazaki entiende que las contradicciones humanas suelen ser más interesantes que los juicios morales. Jiro diseña máquinas porque las considera hermosas. Ama la elegancia de sus formas, la precisión de sus mecanismos y la promesa de libertad que representan. Sin embargo, el espectador sabe algo que él parece empeñado en ignorar. Esos mismos aviones terminarán participando en una de las guerras más devastadoras de la historia.
La película vive precisamente en esa tensión. Cada vez que Jiro contempla uno de sus diseños, sentimos simultáneamente admiración y tristeza. Admiración por el talento necesario para imaginar algo tan extraordinario. Tristeza porque conocemos el destino de esa belleza.
Las secuencias oníricas con el ingeniero italiano Giovanni Caproni son quizá la mejor expresión de esa idea. En ellas, los aviones surcan cielos imposibles, gigantescos y elegantes, como si fueran esculturas suspendidas entre las nubes. Son escenas de una belleza deslumbrante, pero también contienen una pregunta: ¿puede una creación seguir siendo hermosa cuando su propósito es matar? Miyazaki nunca responde. Prefiere que la pregunta permanezca flotando en el aire. Pero si los aviones constituyen el cuerpo de la película, el alma pertenece a Nahoko.
La historia de amor entre Jiro y Nahoko es una de las más delicadas de toda la filmografía del director. Se desarrolla mediante gestos pequeños, encuentros fortuitos y momentos compartidos que adquieren un valor inmenso porque ambos personajes saben que el tiempo juega en su contra.
La enfermedad de Nahoko introduce una fragilidad constante que envuelve toda la segunda mitad del filme. Cada instante de felicidad parece acompañado por la consciencia de su carácter efímero. Miyazaki filma esa relación con una sensibilidad extraordinaria, encontrando belleza incluso en los momentos más dolorosos.
Como obra de animación, Se levanta el viento es una maravilla. No necesita criaturas mágicas para deslumbrar. Las montañas, los campos, las ciudades japonesas de entreguerras y los cielos infinitos poseen una riqueza pictórica que solo un maestro de la animación podía alcanzar. La secuencia del terremoto de 1923 sigue siendo una de las escenas más impresionantes de toda su obra. La Tierra parece convertirse en un organismo vivo que se retuerce bajo los pies de los personajes, generando una sensación de horror tan poderosa como cualquier escena fantástica de sus películas anteriores.
Y luego está el viento. Siempre el viento. Moviendo la hierba, empujando las nubes, sacudiendo sombreros, impulsando aviones y acompañando la respiración cada vez más débil de Nahoko. El viento funciona como una presencia constante, una fuerza invisible que atraviesa toda la historia y conecta la vida, el amor, los sueños y la muerte.
Lo fascinante es que, bajo su aparente sencillez, Se levanta el viento termina siendo una reflexión sobre el propio acto de crear. Jiro vive consumido por una obsesión que lo define y al mismo tiempo lo aleja de todo lo demás. Resulta imposible no percibir ecos del propio Miyazaki en ese retrato de un hombre incapaz de abandonar la búsqueda de la perfección.
Por eso la película resulta tan conmovedora. Habla de cualquier persona que haya dedicado su vida a perseguir una visión, de quienes aceptan sacrificios personales en nombre de una pasión, de quienes continúan trabajando aun sabiendo que el mundo puede utilizar sus creaciones para fines que jamás imaginaron.
Título original: Kaze Tachinu
Veredicto: Más que una biografía, Se levanta el viento es una hermosa meditación sobre los sueños y sus consecuencias, la belleza y su fragilidad, sobre el amor que permanece incluso cuando todo lo demás desaparece, y sobre cómo las cosas más hermosas que crea el ser humano suelen convivir peligrosamente cerca de las más terribles.
Título en español /inglés: Se levanta el viento / The Wind Rises
Año: 2013
Duración: 126 minutos
País: Japón
Dirección: Hayao Miyazaki
Guion: Hayao Miyazaki
Basada en: La vida de Jiro Horikoshi y la novela Kaze Tachinu de Tatsuo Hori
Producción: Studio Ghibli
Música: Joe Hisaishi
Dirección de animación: Kitaro Kosaka
Dirección artística: Yoji Takeshige
Montaje: Takeshi Seyama
Voces originales:
Hideaki Anno como Jiro Horikoshi
Miori Takimoto como Nahoko Satomi
Hidetoshi Nishijima como Honjo
Masahiko Nishimura como Kurokawa
Jun Kunimura como Hattori
Mansai Nomura como Giovanni Caproni
Género: Drama, romance, histórico, animación
Estreno: 20 de julio de 2013 (Japón)
Distribución: Cineplex