Crítica: Tres lunas nuevas

Una cinta colombiana con una mirada cruda, poética y desencantada sobre los márgenes de la ciudad y la niñez sin futuro.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

octubre 20, 2025

12:26 pm

Cortesía Danta Cine

Director: Rodrigo Dimaté

David Cardona, Elkin Caro, Marta Correa, Nicolás Holguín, Marlon Rodríguez

En Los olvidados, Luis Buñuel desnudó con ferocidad la infancia abandonada del México moderno. Su mirada, herencia directa del neorrealismo italiano, con ecos de El limpiabotas de Vittorio De Sica, no era un retrato piadoso sino un exorcismo social. Desde entonces, el cine, especialmente el latinoamericano, ha sostenido una línea de continuidad que podríamos llamar la tradición de “los niños perdidos”, esa genealogía doliente que une a Crónica de un niño solo de Leonardo Favio, Pixote de Héctor Babenco, Rodrigo D: No futuro y La vendedora de rosas de Víctor Gaviria, Kids de Larry Clark, Gummo de Harmony Korine, Ciudad de Dios de Fernando Meirelles y, más recientemente, Los reyes del mundo de Laura Mora.

En ese linaje se inscribe Tres lunas nuevas, ópera prima de Rodrigo Dimaté, una cinta que observa las grietas de Bogotá como si fueran cicatrices. Su cámara no busca la épica de la marginalidad, sino el temblor íntimo de los cuerpos que sobreviven en ella. Dimaté, docente, gestor y cineasta, compone tres relatos que orbitan la misma pregunta: ¿qué ocurre con quienes viven en un país donde el futuro no empieza nunca?

Las tres historias que integran la película son fragmentos de una misma noche extendida. Alex, Steven y Kevin, cada uno en un barrio distinto, representan tres fases de una misma condena: la exclusión. 

Dimaté los filma sin concesiones, con actores naturales cuya presencia física sustituye cualquier artificio dramático. David Cardona, Elkin Caro y Nicolás Holguín no interpretan sino existen. En sus miradas hay cansancio, miedo y una inocencia que se defiende con dientes y uñas. Marta Correa, como la madre que sostiene una esperanza mínima, encarna la tragedia de las mujeres que aman desde la intemperie.

Bogotá aparece aquí no como decorado sino como un personaje. Una urbe líquida, sucia, contradictoria, donde la luna nueva (metáfora central) se vuelve espejo de los jóvenes que habitan sus sombras. La fotografía de Jackson J. Gómez se inicia con luz y termina recurriendo gradualmente a la penumbra, al neón mortecino, a la textura granulada del concreto; mientras el sonido, dirigido por Mercedes Gaviria, transforma los murmullos del tráfico y el eco de las sirenas en respiración del entorno.

Cada espacio (una azotea, un andén, un lote baldío) parece cargar una memoria de lo que alguna vez fue hogar. Y aunque la cinta evita la estética de la “pornomiseria”, su insistencia en los mismos tópicos (droga, violencia, desesperanza) puede conducirla a circular sobre sí misma. Sin embargo, ese giro también funciona como metáfora: el eterno retorno de una juventud atrapada en su propia periferia.

La puesta en escena de Tres lunas nuevas es austera y precisa. Dimaté no decora el drama sino que lo extiende durante dos horas y media y lo seca. Su realismo no es documental, pero no llega a ser estilizado. Eso sí, en algunos momentos es poético. Se aproxima a la vida sin filtros, pero con una sensibilidad que evita el sensacionalismo. En el montaje de Luis Carlos Torres hay rupturas temporales que refuerzan el desconcierto, saltos de ritmo que evocan el flujo errático de la memoria y el delirio urbano.

La música de Santiago Botero y los temas de rap aportan una dimensión coral: el pulso callejero se vuelve elegía. Es, en esencia, un canto urbano que no pide compasión sino atención. Y es que el filme no ofrece respuestas; apenas una certeza. Mientras haya jóvenes que miren al cielo buscando una luz, el cine seguirá siendo su forma más bella y dolorosa de reflejo.

Tres lunas nuevas es un retrato áspero y sensible sobre los hijos de la ciudad que nadie adopta. Su mayor logro está en mirar sin juzgar, en permitir que la vida se filtre sin adornos. Si en Los olvidados Buñuel denunciaba una moral hipócrita, Dimaté nos enfrenta al vacío contemporáneo de un país donde las lunas se renuevan, pero la noche no termina.

Tráiler:

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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