Daniel Giménez Cacho y el arte de saber dejar al personaje en el escenario

El actor hispanomexicano nos habla de su regreso al teatro con Nocturno, el monólogo de Adam Rapp dirigido por Francisco Franco Alba

Por HARETH PERAZA |

agosto 10, 2026

6:05 pm

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Con el paso de los años y participaciones estelares en proyectos como Club de cuervos y Arráncame la vida, Daniel Giménez Cacho se ha consolidado como uno de los grandes actores del territorio hispanohablante. Si bien el público está acostumbrado a verlo actuar para la cámara, el hispanomexicano también ha construido una fructífera carrera en el teatro, al cual regresa este 28 de agosto para protagonizar Nocturno, monólogo de Adam Rapp que en esta ocasión tiene como director a Francisco Franco Alba. 

Desde interpretar a Antonio Villalta en Blancanieves, de Pablo Berger, hasta dar vida al excéntrico “Tigre” Azcárraga en México 86, Daniel Giménez Cacho ha demostrado tener un rango actoral sumamente amplio. Sin embargo, este nuevo desafío lo verá exponer una vulnerabilidad que tal vez nunca se ha visto a lo largo de su carrera. Con una puesta en escena íntima, la obra narra la historia de un hombre cuya vida comienza a desmoronarse tras cometer un homicidio imprudencial, lo que lo obliga a emprender un largo viaje en busca de paz, redención y perdón. 

De cara al gran estreno de Nocturno, el actor hispanomexicano se reunió con THE HOLLYWOOD REPORTER en Español para hablar sobre las diferencias entre actuar para la cámara y actuar con una audiencia presente, la importancia de dejar al personaje arriba del escenario, lo que ha aprendido desde que también comenzó a dirigir y mucho más. 

La mayor parte del público está acostumbrado a verte interpretar personajes para la cámara, sea para cine o para series. ¿Cómo cambia la forma en la que encarnas a un personaje cuando es para el teatro? 

Bueno, como me formé en teatro y he hecho mucho teatro y sigo haciendo teatro, pues es una cuestión técnica porque la cámara puede leer tus pensamientos. O sea, la cámara puede ver lo que estás pensando. En el teatro no. Además, en el teatro todo el cuerpo habla y en el cine, muchas veces, según lo que se vea o incluso en un plano abierto, es difícil que el cuerpo hable. En el teatro es necesario. Todo el cuerpo es el que está enviando energía porque es un tema diferente.

El teatro es un tema de energía que se está moviendo en ese momento. Es una corriente de energía que viene de algún lugar misterioso, atraviesa por ti, va al público y de ahí regresa. Pero es una energía que tú estás moviendo. Eso es lo que tienen las cosas que están sucediendo en vivo. Lo otro es una reproducción. Y entonces en el cine capta ese momento.

Pero hay tantas cosas. La idea, por ejemplo, del tiempo; que cuando arranca la obra del teatro ya no vas a cortar. Es una continuidad de tiempo y tú como actor eres dueño de ese tiempo. En el cine no. 

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¿Y cómo ha cambiado tu relación con estar enfrente de una audiencia?

Como yo empecé en teatro, eso siempre ha sido muy curioso. Desde el principio esta sensación de contacto y de sentir esta energía de la que estábamos hablando —desde la primerísima obra— me hizo muy consciente de eso. Y me gusta porque es un intercambio. Es un intercambio de energía que recibes. 

Cuando acabas de hacer una obra de teatro, es muy difícil irse a dormir. Estás recibiendo tanta energía de la gente y tienes luego que procesarlo. 

A diferencia de una obra tradicional, por llamarlo de alguna manera, Nocturno se trata de un monólogo, lo que creo que añade una capa extra de dificultad. ¿Cómo cambia la forma en la que te preparas para una obra de este tipo en comparación con una donde hay más actores en el reparto? 

Pues no lo sé, porque tampoco soy experto en monólogos. Este va a ser el segundo. Hice uno hace tiempo que se llamaba Sexo, drogas y rock and roll, de Eric Bogosian. Pues sí [hay más dificultad], en el sentido de que tú llevas todo el peso, todo depende de ti.

Es una pregunta que ahorita no te puedo contestar, porque después de tener la experiencia, a lo mejor te voy a decir, “Oye, no, está más fácil porque todo lo tienes tú”. No lo sé, ya vamos a ver.

Y este monólogo en particular promete tener una carga emocional muy fuerte. ¿Cómo es para ti subirte al escenario, apropiarte de esas emociones, y luego al bajarte, dejarlas? 

Eso es muy importante. Entrar y salir, para mí es muy importante, porque así lo he aprendido. Al principio, cuando estás joven y quieres entrar en tanta intensidad, te llevas el personaje a tu casa y vives con ello, pero luego me di cuenta de que eso es un error y es peligroso, inclusive. 

¿Por qué? 

Porque empiezas a borrar las fronteras entre ficción y realidad, y te puede afectar, y puedes no tener control. Y para profundizar, no puedes, digamos, perder el control. Para eso tienes que tener muy claro que entras, por voluntad tuya, y sales, y lo dejas aquí. Cada día vuelves a entrar y le das ese tiempo hasta sagrado, y luego aquí lo dejas. No te lo llevas a otro lado, porque es peligroso borrar esa línea entre ficción y realidad. 

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Háblame también del proceso para entender a este personaje. Tienes trabajando en esto desde octubre junto a Francisco Franco, el director. ¿Cómo fue este análisis a profundidad que hicieron sobre el protagonista de esta obra? 

Mucho es darle y darle para que el texto mismo te empiece a decir qué hay ahí adentro. Eso obviamente a la primera lectura no aparece, así que vas profundizando, profundizando, profundizando.

En este caso, es un proceso de un duelo, digamos. O sea, ¿qué es un proceso de duelo? En este sentido, como está aquí, en esta obra, es que a partir de que tú puedes narrarlo estás teniendo el proceso de duelo. El asunto de narrar como una herramienta de sanación, de curación. El personaje tiene una tragedia, el joven deja su casa, su familia explota, y gracias a la literatura encuentra un camino. 

Por eso a todos nos encantan las historias, porque estamos tratando de narrar la nuestra y todavía no la acabamos, no sabemos cuál es el final. Queremos ver cómo acaban las de nosotros y para dónde se desviaron porque las estamos comparando con la nuestra que estamos narrando. Entonces, es un personaje al que la literatura le da una estructura, lo salva, de hecho, y él empieza a narrar su historia. 

Para narrar algo necesitas entenderlo, y entender es empezar a sanar. Es muy bonito cómo se cruza ahí la literatura con narrar su propia vida, hacer una versión de tu vida. Eso es transitar por un proceso de duelo para poderlo contar. Entonces, ¿qué pasa? Pues mira, me pasa que nací aquí, me pasó esto, mi hermana se murió, yo hice, mi mamá hizo. Si tú ya lo puedes ver y decir, ya estás del otro lado.

¿Y tú personalmente tienes algún momento muy marcado en el que hayas entendido esto de la parte catártica y sanadora del arte?

Pues en muchos trabajos que he hecho. No en mi vida porque yo no he tenido una tragedia de esta magnitud como la del personaje, pero a lo mejor fragmentariamente cosas que no ves de tu vida porque no las has entendido. Y después, gracias a procesos y terapias, dices, “Ah, no. Lo que pasó aquí realmente fue esto y esto”. Pero  mi interés siempre ha estado en el teatro, en el cine, en la literatura, es cómo se narran las vidas y lo que aprendes del alma humana por la narración de historias. Siempre es algo que me ha interesado. Creo que esa es la gran herramienta para conocernos, para sanarnos, para fortalecer nuestras relaciones, para desarrollar comunidad. Es, finalmente, mostrar las heridas. Al mostrar las heridas se genera algo muy peculiar, que es empatía automática, que es lo que sucede en el teatro. 

Quiero regresar al proceso de entender al personaje. ¿Es algo que termina en algún punto o que se sigue alimentando constantemente? 

Como yo le hago, es que se va acercando a mí. O sea, no es una persona que está allá. Hay una estructura que viene en el texto y tal, pero al final yo lo voy a rellenar con lo que soy yo. Así que eso pues no se acaba nunca, porque uno siempre se está constantemente descubriendo. Pero ya se empieza a tratar de ti, no de un personaje.

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Has dirigido algunos cortometrajes, recientemente estrenaste Juana, muchas felicidades, por cierto…

Muchas gracias.

¿Cómo ha cambiado la forma en la que te desenvuelves en el set o en el escenario y en la que te llevas con tus directores, ahora que tú también has vivido esa experiencia? 

Se enriquece mucho porque es conocer el otro lado de la moneda. Dirigiendo aprendes muchas cosas sobre la actuación. Actuando yo he aprendido muchas cosas sobre la dirección, porque los veo operando. Es un privilegio poder estar en los dos lados y se enriquece mucho. 

Te vuelves muy consciente de todo el fenómeno, porque ya lo empiezas a conocer. Ya no es nada más llegas, haces lo tuyo y te vas, sino que empiezas a entender lo que significa toda la plataforma que está ahí para que tú puedas pasar. Te haces más consciente y eso es mejor porque tienes más claro el rol que estás jugando cuando tienes una visión más completa de todo el panorama. 

Al ser parte de una obra, hay varias funciones, lo que implica interpretar al mismo personaje varias veces. ¿Cómo logras mantener la pasión y la credibilidad del personaje después de repetirlo tanto? 

A mí por eso me gusta el teatro, porque para mí nunca ha sido repetir. Nunca es repetir, sino que cada día sucede algo distinto y vas profundizando. De hecho, si tú repites, por ejemplo, en algún ensayo te pasa algo muy lindo, te llega una emoción y entonces al día siguiente dices, “¡Ay, lo voy a volver a hacer!”, ya te sale como a la mitad cuando lo quieres repetir y al tercer día nada. 

Tienes que estar renovando tus estímulos constantemente y encontrando. ¿Y en dónde estás buscando? Pues en ti. Estás buscando de tus recuerdos, de tu pasado, de tus memorias emotivas, afectivas, que eso nunca se acaba, nunca se acaba de lo que tú sientes. Como la memoria, como qué cosas te quedaron grabadas y por qué jalas una que trae otra que nunca habías visto. Eso nunca se acaba. Sí te dispones a buscar, a buscar, a buscar, a buscar, pero tienes que estar renovando mucho. Ese es el reto, para que cada momento sea vivo. 

Y por último, ¿qué es lo que tú personalmente esperas que el público se quede de esta obra y de tu interpretación? 

Pues es difícil, puedo decir algunas, pero pues las mejores obras son las que le dejan cosas a la gente que ni tú te imaginas. La obra es tan amplia que golpea por muchos lados, pero a mí lo que me atrae de esta obra y lo que me gusta de compartir es la belleza que hay en mostrar las heridas. Pienso que sí estamos educados para esconderlo, más siendo hombre. Un hombre no enseña debilidad, vulnerabilidad y este personaje nos habla completamente de una vulnerabilidad y de cómo en su juventud suceden una cantidad de cosas.

Hay un orden patriarcal y familiar en el que él es parte, pero ni lo entiende. No lo entiende por su edad y porque no hay diálogo en esa familia. Es una familia, no se comunican. Nadie sabe bien qué le está pasando. Se vive como por inercia. Ahora él viene al teatro y nos cuenta lo que pasó, pero él ya lo puede contar, ya lo puede analizar y lo podemos entender. Así que espero que se queden con lo importante que es hablar de la vulnerabilidad y del dolor y de las heridas. 

Daniel, muchísimas gracias. Fue un verdadero placer. 

No, a ti. Ojalá que te sirva.

HARETH PERAZA

Redactor / Community Manager

Redactor y community manager para The Hollywood Reporter en Español. Con una mirada objetiva hacia el entretenimiento, busca desentrañar los procesos creativos y el impacto de cada obra que retrata en sus textos.

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