Ana Sofía Gatica interpreta a Livia Martínez, uno de los personajes más potentes, desafiantes y emocionalmente complejos de Pecados Inconfesables, el nuevo thriller de Netflix que se adentra en los rincones más turbios del deseo, la privacidad y el poder. Hija del poderoso Claudio y marcada por el suicidio de su madre, Livia es una joven ambientalista que se rebela contra el negocio familiar mientras enfrenta sus propias contradicciones, desde su obsesión por Iván hasta su animosidad contra Helena. Un personaje tan apasionado como desconcertante, que comparte con su padre una determinación feroz por lograr lo que quiere, cueste lo que cueste.
En entrevista con The Hollywood Reporter en Español, Gatica nos habla sobre la vulnerabilidad en la era digital, las contradicciones de su personaje, el uso del cuerpo como herramienta narrativa, los vínculos entre mujeres y las preguntas personales que le despertó el interpretar a su personaje.
No es la primera vez que participas en un proyecto donde la privacidad de los personajes se ve vulnerada. Anteriormente ya lo habías hecho en Control Z con Claudia. ¿Hay algo que te llame la atención de este tópico o ha sido pura coincidencia?
Ha sido coincidencia que hayan tocado estos dos proyectos, pero sin duda es algo que me interesa mucho. Justo hablábamos de esta era digital que nos pone mucho más vulnerables en áreas en las que no pensábamos que lo íbamos a ser. Cuando a mí me preguntan de qué va Pecados Inconfesables digo que es como un Control Z de adultos, pero muy de adultos. Siento que esta parte de lo público y de lo privado y esa línea que se ve completamente rota y que abre un sin fin de problemáticas y vulnerabilidades es algo muy digno de contar, porque está pasando todos los días. Es muy loco porque ves Pecados Inconfesables y dices “no, esto no pasa”, pero yo me he enterado de historias así. Entonces sí creo que estamos en una época en la que es súper padre toda esta onda de la digitalización, pero también hay que ser conscientes de que existen estas problemáticas.
A pesar de que la serie se va a lo que muchos podríamos considerar “extremo”, termina siendo una realidad. Entonces, ¿para ti cómo crees que nos afecta esta línea ahorita en la era digital donde hay que ser muy meticulosos al momento de cuidar nuestra privacidad?
Siento que hay que tomar decisiones. A mí me pasa como actriz que tengo que pensar qué tan pública quiero ser, qué parte de mi vida privada quiero que sea pública y cuál no. Sí es importante reflexionarlo y tomar decisiones a partir de eso. Por lo menos para mí, aunque me parece una herramienta súper poderosa, creo que también puede ser un vicio y algo completamente contraproducente.
¿Cómo fue para ti interpretar el personaje de Livia en esta serie?
Livia es un personaje que me gusta, que me estimula mucho, que siento que me dio la posibilidad de tocar lugares y matices que no había tocado antes en otros personajes. Me pareció súper divertido entender a esta chava medio berrinchuda, caprichosa, de familia de dinero, pero al mismo tiempo muy sensible, con un arrojo hacia una causa muy particular, muy ambientalista, y muy incongruente también dentro de todo.

¿Te pasó en algún momento que juzgaste como espectadora a tu personaje, ya que estás diciendo qué te parece también una persona muy contradictoria?
¡Sí!, total. Lo que me pasó al principio es que yo decía “¡Qué mal me cae!” Como que es muy berrinchuda y por un lado se pinta muy revolucionaria, pero por el otro lado se mete con el novio de su madrastra por berrinche. Al principio sí la juzgué, pero después entendí la razón y el contexto de el por qué de sus acciones y de dónde vienen. El contexto de un niño de una familia de tanto dinero y con tantas problemáticas y violencias a nivel interno, hace que de pronto ella tome las decisiones que toma. Poder entenderla y poder empatizar con su lado emocional fue crucial para mí.
Aparte tiene una relación muy particular con el deseo. ¿Cómo fue para ti explorar esta dimensión del personaje?
Siento que es algo que comparto con Livia. Hay una parte del deseo que me mueve. Creo que el deseo y el cuerpo en general son un arma súper poderosa y son una herramienta que se puede usar a favor de todo. Entonces en ese sentido me sentí muy cómoda. Era muy importante para mí tener muy claro qué desea Livia a lo largo de la historia y cómo sus deseos también van cambiando.
¿Por qué dirías que era importante para ti?
Porque siento que eso hace que Livia se vea como un personaje mucho más complejo, con otras aristas y que no solamente se quede en la superficie. Te hace ver cómo el deseo bien llevado, de alguna manera, la puede llevar a lugares padres o lindos, pero también se puede volver en algo completamente egoísta y violento.
¿Hubo partes de Livia que entiendas más ahora que ya terminaste de interpretarla a cuando leíste el personaje por primera vez?
Sí, cuando la leí no entendía mucho la relación con su papá. Había una cosa como de “lo odia, pero lo ama”, y ahora lo entiendo un poco también espejeándome en la relación con mi papá y las relaciones que todos tenemos con nuestra familia. Entre más decides alejarte o quieres alejarte de una persona, más te acercas. Entre menos yo me quiero parecer a mi mamá, más parecida me vuelvo, pero conforme empiezo a ver por mí, trabajarme a mí y hacer mi vida poco a poco y dejo de pelearme con eso y hago las paces con mi contexto, siento que puedo llegar a lugares diferentes. Siento que logré entender mucho de dónde venían esos conflictos internos de Livia.
¿Crees que la serie muestra el deseo desde un lugar distinto al que estamos acostumbrados a ver en la ficción mexicana?
Sí, es algo de las cosas que a mí me llamaban mucho la atención del proyecto. Hay un arrojo alrededor del deseo muy grande. Era importante que se hiciera y se contará con estas ganas de reflejar y ver en pantalla esto. Nos daba un poco de miedo a la hora de estrenar, porque nos preguntábamos “¿cómo se va a recibir?”, ya que tanto puede ser un proyecto que por ser tan arriesgado, se puede recibir desde un lugar increíble, o puede ser súper señalado.
¿Hay algo de la historia que te haya hecho reflexionar sobre tus propios límites?
Toda la narrativa que hay entre Elena y Livia me puso a pensar en hasta dónde estaría dispuesta a llegar en una relación amorosa o en una relación sexoafectiva, que no necesariamente sea de pareja, y qué vínculo me gusta generar con las mujeres a mi alrededor. Es algo que llevo cuestionándome muchísimo tiempo, pero sí creo que Livia es un reflejo de esta pregunta. O sea, ¿desde dónde me voy a relacionar con las mujeres en mi vida? y poder entender que no somos competencia. Salió una portada que hizo Zuria que decía algo que me encantó, que es “las mujeres no somos competencia, somos refugio”. Y creo que es justo eso.

¿Qué más aprendiste o qué más te llevas de este proyecto?
A nivel personal aprendí que no hay nada que me guste más en el trabajo que pasarla bien. O sea, hacer equipo y pasarla bien con el equipo. Eso es algo que destaco mucho de este proyecto. Supimos hacer equipo, supimos pasarla bien, supimos disfrutar todo lo que implicaba. Desde las escenas más densas, las más eróticas, hasta las partes más cómicas. De verdad lo hacíamos desde un lugar de mucho disfrute y eso es algo que es importante para mí siempre que esté trabajando. Puede darse por hecho, pero si no se hace un equipo firme, no termina de pasar.
¿Tú qué crees que distingue a Pecados Inconfesables de otros proyectos mexicanos?
Es un proyecto muy ambicioso que tiene una apuesta muy grande hacia temáticas que normalmente no las vemos reflejadas en la pantalla mexicana. Es usar el cuerpo como una herramienta, como un arma y como parte de un discurso más allá de la idea moralista que podemos tener.
¿Qué es lo que más te emociona de que el público finalmente pueda ver la serie?
Más bien me intriga mucho ver por qué lugares van a pasar. Me emociona mucho la incomodidad que pueden llegar a sentir y al mismo tiempo el placer que pueden llegar a sentir, como esta parte misteriosa del thriller. Estoy contenta de que ya la puedan ver.