Hay historias que nacen de recuerdos personales, pero que, inevitablemente, se vuelven colectivas. En la quietud de la noche, el más reciente cortometraje del cineasta mexicano Aristides Mantilla, es una de ellas. Ambientado en una noche del Día de Muertos, una de las tradiciones mexicanas más simbólicas y solemnes, el filme explora la memoria familiar, la reconciliación y el poder de los recuerdos.
El cortometraje, protagonizado por Yalitza Aparicio, Jesús Ochoa, Memo Villegas y Leonardo Nájar, nos sitúa en la preparación familiar de una ofrenda. Jesús, un niño de 10 años, participa por primera vez en esta celebración, pese a que su papá no cree en ella. Lo hace con la esperanza de encontrarse con Rubén, su abuelo paterno, a quien nunca conoció en vida. Así, mientras sus padres duermen, mantiene viva la ilusión y permanece junto al altar, hasta que la figura de su abuelo lo despierta y, en la quietud de la noche, salen a dar un paseo.
“La historia surgió en mi infancia”, detalla Aristides a The Hollywood Reporter en Español. “Tuve un sueño que se sintió muy real. En él, conocí a mi abuelo Rubén. Lo veía sentado en su escritorio, básicamente como la única imagen que tenemos de él en la casa, la misma que colocábamos en la ofrenda. Lo veía tal como era, lo abrazaba, pero no podía escuchar su voz. Todo se sintió muy real. Siempre me quedó la espinita de qué hubiera pasado si no me hubiera despertado, hasta dónde me habría llevado”.

En diciembre de 2023, Aristides comenzó a escribir el guion de En la quietud de la noche y, dos meses más tarde, la historia tomó forma bajo la premisa de que la memoria de quienes amamos no termina con la vida. “Fue un guión que fluyó bastante. Se siguió puliendo conforme pasaron los meses, e incluso, los diálogos cambiaron durante el rodaje. Ese fue el punto de partida para decidir quiénes interpretarían a los personajes”.
Aristides, quien anteriormente dirigió Ikigai, encontró en cada uno de los actores una pieza fundamental para construir la trama. El cineasta recuerda que ver a Yalitza Aparicio en Roma despertó en él un profundo interés por trabajar con ella. “Pensé que le gustaría el tema del Día de Muertos”, recuerda. A la par, se sumó Jesús Ochoa, quien comparte similitudes físicas con el abuelo del realizador, así como Memo Villegas. “Luego llegó Leo y, desde el momento en el que lo vi, supe que era el indicado. Él y yo tenemos muchas cosas en común que, sin querer, descubrimos en el set. Nada fue una coincidencia, todos tenían que formar parte de este proyecto”, añade.
Leonardo Nájar interpreta a Jesús, cuya inocencia enfatiza la añoranza, el asombro y la magia del cortometraje. “Me gustó mucho el guion y me sentí identificado porque mis bisabuelos también fallecieron. Lo que más me gustó del proyecto fue el tema del Día de Muertos y conocer San Andrés Tuxtla, que es un lugar muy bonito. Una de mis escenas favoritas sucede cuando bajo las escaleras con mi abuelo (Jesús Ochoa). La decoración era muy bonita”, comparte el joven actor, quien comenzó su carrera en Los Lobos.

Yalitza Aparicio destacó su talento para unirse de manera natural al rodaje: “Leo es un niño maravilloso y me encantó verlo en el set. Llevaba todo memorizado. Memo Villegas y yo siempre lo observamos con mucha admiración. Es lindo encontrar niños tan talentosos que te contagian su emoción por grabar. Su curiosidad le permitió aprender y descubrir muchas cosas, y eso también tiene que ver con la historia y su personaje. Jesús es un niño que quiere saber más y, desde su bondad y su inocencia, descubre lo que le rodea”.
La nominada al Óscar da vida a Frida, una joven madre que transita entre la ilusión de transmitir a su hijo su amor por las tradiciones mexicanas, la nostalgia por la pérdida y la esperanza de que Mateo (Villegas), su esposo, se interese en sus creencias. “Es una historia que se puede disfrutar en familia. Aporta un mensaje importante sobre rescatar y conservar una tradición que, en muchas regiones del país, comienza a perderse. En Oaxaca, el Día de Muertos es algo maravilloso. Me sorprende que pocos estados busquen conservar esta hermosa celebración; verla plasmada en este cortometraje, de una forma tan mágica, me fascinó”, reflexiona.
En la quietud de la noche se filmó en Veracruz, un entorno paradisíaco que aportó un valor significativo en torno a las raíces del director. “Para nosotros era importante que el cortometraje se grabara en San Andrés Tuxtla, porque ahí nació mi abuelo. De hecho, la escena que menciona Leo, en la que bajan por un pasillo lleno de flores, se rodó en una calle llamada La Fragua, donde él vivía. Son aspectos que no se ven en pantalla, pero que al final se sienten como un abrazo. Recuerdo que la gente se acercó con curiosidad al rodaje y se generó una gran fraternidad. También incluimos algunas escenas en Catemaco, la famosa ‘tierra de brujos’”.

El equipo creativo estuvo conformado por Alonso Quintero en la dirección de fotografía, Galo Ortiz en la música original, Bryan Caballero en la postproducción y Andrea Figueroa en el diseño de producción. Eli Zavala y Tania Vela se encargaron de la producción ejecutiva, mientras que Paola Mantilla, cofundadora de Cinemar Films, lideró la producción. “Fue un proyecto muy especial que se desarrolló de la mano de mi hermano y mi familia. Contamos con artistas de talla internacional, y ver a Jesús Ochoa como nuestro abuelo, a quien no tuvimos el gusto de conocer, nos provocó un nudo en la garganta. La conversación que se construye en las escenas es algo que a mi hermano y a mí nos habría gustado tener con él”, señala.
Para Yalitza Aparicio, En la quietud de la noche trasciende tanto por su simbolismo como por la manera en que enaltece la cultura mexicana ante el mundo. “Me encanta formar parte de proyectos que demuestran pasión. No se trata solo de plasmar algo en la pantalla, sino también de lo que hay detrás. Siempre he creído que no hay proyecto pequeño, al contrario, todo suma experiencias. Fuimos afortunados de viajar a este lugar tan maravilloso para contar una historia”, destaca.
“A través de este cortometraje mostramos algunas tradiciones mexicanas y, posiblemente, en otros países podrán comprender sus significados. Más allá de lo maravilloso que se ve o de sus colores, hay simbolismos con los que, como mexicanos, nos conectamos. Seguramente, la mariposa negra que aparece en el corto tiene vínculos con otros elementos alrededor del mundo. Por ejemplo, en mi tierra no solo colocamos los alimentos que les gustaban a nuestros difuntos, sino que también relacionamos la tradición con algunos animales. Podrán ver esta celebración con otros ojos, no solo como algo exótico, sino como algo de gran valor para nuestros hogares”, añade.

Aristides complementa la narrativa con elementos del realismo mágico que se integran como un homenaje a Rubén Mantilla. “Durante mi infancia, una mariposa oscura y grande entraba a la casa de mis papás y ellos decían que era mi abuelo. Durante la producción ocurrieron algunas casualidades, porque mientras editaba o trabajábamos en el corto, una mariposa aparecía en la oficina. Me gusta creer que él me visita. Veo la reacción del público y siento que eso también conecta con ellos. Es una misión cumplida”, asegura.
El cortometraje se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). Este año, formó parte de la programación de FIC Tequila y también fue seleccionado en el San Diego Latino Film Festival (SDLFF) y Chicago Latino Film Festival (CLFF). Próximamente, llegará a Europa. “Me gusta reforzar mis raíces en el extranjero”, admite el cineasta. “Me interesa que mi cine les recuerde que soy de Veracruz, que soy jarocho. En el cortometraje, junto con el equipo de arte, buscamos que los altares y las decoraciones reflejaran las del estado, por lo que incorporamos elementos como plantas verdes y palma. La ofrenda final es un ejemplo de lo que hacen en Naolinco”.
Su proyección en el extranjero, afirma Paola Mantilla, permitirá que los espectadores se identifiquen con las raíces mexicanas: “Se van a sentir parte de la cultura. Hemos notado que personas de otros países se interesan por el Día de Muertos y deciden colocar sus altares. Es una forma de integrarse a nuestras costumbres y, por otro lado, recordar a su familia”. “Es importante que el público se dé la oportunidad de ver estos proyectos”, agrega Yalitza Aparicio.

La actriz, quien recientemente actuó en La gran seducción, Familia de medianoche y Cometierra, recalca la importancia de que la industria y las audiencias reconozcan la producción de cortometrajes. “Me sorprende lo mucho que se puede contar en tan poco tiempo; la forma en que se estructura un guion para transmitir un mensaje que el público puede apreciar. También me parece que es un sector poco valorado, aunque tiene el mismo grado de importancia y se produce con la misma entrega. Para muchos es su ópera prima, y se realizan con menos presupuesto y tiempo. Muchos actores se suman a estas producciones, pero la distribución y la difusión siguen siendo un reto. Es cuestión de que los volteemos a ver, porque hay una lista inmensa de cortos maravillosos”.
En la quietud de la noche desafía el escepticismo, reafirma nuestras tradiciones y aporta un mensaje lleno de amor y perdón. El cortometraje marca el punto de partida de los próximos proyectos de Cinemar Films, casa productora de los hermanos Mantilla. “Estoy enamorado de la temática y me gustaría explorarla en otros proyectos. Existe una idea, pero aún no está desarrollada, sin embargo, estamos trabajando otras historias, más cercanas al largometraje. También tenemos otro corto, cuya versión para largo ya está escrita. Hay muchas ideas y estamos experimentando con distintos géneros, desde dramas y romances, hasta comedia y acción. Vienen documentales. Pronto regresamos a rodar”, declara Aristides.
