Casi lo expulsan de la industria. Luego se reinventó: de ídolo adolescente a protagonista de cine y televisión, hasta convertirse en un magnate del podcast. Ahora, la estrella de la próxima serie de HBO, DTF St. Louis, habla sobre su familia, su acuerdo de cien millones de dólares con ‘SmartLess’, su encuentro viral con Charli XCX y cómo protagonizó uno de los mayores regresos en la historia reciente de Hollywood

Hubo un periodo, en sus veinte, en que Jason Bateman consideró dejarlo todo.
Había estado actuando desde los 10 años, protagonizando una serie exitosa tras otra: La casa de la pradera, Silver Spoons, The Hogan Family. Cuando tuvo la edad suficiente para conducir, ya era un rostro habitual en revistas como Bop y Tiger Beat, y las oportunidades le llegaban como caramelos.
Pero lo que tiene la fama de ídolo adolescente es que no dura, algo que Bateman aprendió por las malas.
Hubo un fracaso duramente criticado, luego una serie de comedias canceladas rápidamente y una década de excesos. A mediados de los años noventa, Bateman fantaseaba con meter el poco dinero que le quedaba en un bolso de viaje, dirigirse a la terminal internacional de LAX (Los Ángeles) y empezar de nuevo. Está convencido de que, si hubiera pasado unos meses más sin trabajo, probablemente lo habría hecho.
“Habría comprado una pequeña cafetería en algún pueblo de Europa Occidental, aprendido el idioma y hecho amigos locales”, dice con nostalgia. “Suena estúpido, pero habría caminado con un pequeño delantal, me habría sentado en la mesa de todos y llevado una vida tranquila y encantadora; y apuesto a que me habría encantado”.
Nunca tuvo la oportunidad de averiguarlo. En 2003, Bateman consiguió el papel del agobiado Michael Bluth en Arrested Development, un éxito instantáneo de culto que lo devolvió al centro de la atención. Astutamente, aprovechó ese papel para otros trabajos, primero pequeños (Juno) y luego más grandes (Ozark). A partir de ahí, firmó un importante acuerdo con Netflix, creó una productora de renombre, lanzó el podcast de 100 millones de dólares ‘SmartLess’ y continuó sumando películas y series de televisión, incluyendo Zootopia 2, Black Rabbit y la próxima serie de HBO, DTF St. Louis. Si parece que Bateman, de 57 años, está de repente en todas partes, es porque, bueno, lo está.
“Si no hubiera sido por esos momentos críticos al inicio de mi carrera, no sé si sería tan bueno manejando estas oportunidades”, explica desde la concurrida sede de Aggregate Films, en West Hollywood. “Pero he visto y sentido lo que es realmente no tener muchas perspectivas, y eso te mantiene hambriento”.
Irónicamente, sus amigos, un grupo muy unido que incluye a Will Arnett, Jennifer Aniston y Jimmy Kimmel, lo llaman “abuelo”, aunque eso tiene más que ver con sus hábitos de vida, su rutina de golf, los Dodgers y un flujo constante de MSNBC, que con su prolífica carrera. Además, como señala Kimmel: “Rara vez se queda fuera después de las 10, y si lo hace, siempre hay un montón de: ‘¡Excelente trabajo, abuelo! ¡Felicidades!’”.
Afortunadamente, Bateman es tan bueno recibiendo las bromas como lanzándolas, algo evidente para cualquiera que lo haya escuchado junto a Arnett y Sean Hayes en ‘SmartLess’. “Pero la verdad es que admiro a J.B. en muchos sentidos”, dice Arnett, quien en el podcast lo molesta llamándolo “tonto”, pero fuera de las grabaciones insiste en que Bateman es todo lo contrario. “Busco su consejo en casi todos los aspectos de mi vida, porque es alguien que realmente ha enderezado su propio rumbo”.

A pesar de los problemas que Bateman enfrentó a la mitad de su carrera, su entrada en la industria fue notablemente tranquila. Fue su padre quien inicialmente despertó su interés. Al igual que Bateman, él tenía aspiraciones actorales, aunque eran los trabajos de postproducción los que pagaban las cuentas, lo que llevó a la familia a mudarse de Nueva York a Boston, y luego a Salt Lake City, todo antes del octavo cumpleaños de Jason. Finalmente, los Bateman se establecieron en Los Ángeles, aunque de manera poco convencional, porque su padre perseguía oportunidades freelance y su madre, azafata de Pan Am, pasaba dos semanas de cada mes fuera de casa.
“Mi padre y yo no íbamos al parque a jugar a la pelota, íbamos al cine”, dice Bateman. “Él me explicaba qué era una buena actuación y qué no lo era”.
Un día, cuando tenía 10 años, un vecino y amigo de su padre se dirigía a una audición para un cortometraje e invitó a Bateman a acompañarlo. Terminó leyendo para el papel de su hijo, y aunque el vecino no consiguió el rol, Jason sí. Después vinieron los comerciales y luego La casa de la pradera. Pronto, su hermana major, Justine, también quiso probar suerte. Al igual que su hermano, comenzó a hacer comerciales y consiguió un papel fijo como Mallory, la hermana de Michael J. Fox, en el exitoso programa de los años ochenta, Family Ties.
“En retrospectiva, es realmente una locura”, dice Bateman. “Los dos conseguimos estos programas de NBC, y así comenzamos”.
Hasta el día de hoy, sus amigos se divierten con su crianza en el mundo del espectáculo, convencidos de que ha conocido a casi todos en sus casi 50 años de carrera. De hecho, Kimmel hace un juego de lanzar nombres de Hollywood al azar. “Puedes decir, por ejemplo, ‘Gary Coleman’, y él responde: ‘Oh, sí, Gary y yo éramos amigos. Jugábamos a los trenes en el set de Silver Spoons’”, cuenta Kimmel. “O dices: ‘Leif Garrett’, y él contesta: ‘¡Leif! Sí, salió con mi hermana. Es un buen amigo, viajamos juntos en una casa rodante de un pueblo de esquí a otro’. O ‘Mr. T’, y él dice: ‘Me compró mi primer collar’. Eso último quizá lo inventé, pero realmente eso es lo que obtienes”.
Sin embargo, ese éxito temprano no estuvo exento de complejidad. Sus padres se convirtieron en sus managers, como luego lo serían de Justine, y de repente él se volvió un contribuyente importante al ingreso familiar, antes de siquiera entrar a la secundaria. Para mantener su permiso de trabajo y el estilo de vida que ofrecía, debía mantener un promedio de ‘C’, lo que añadió lo que él mismo describe como una presión “devastadora” en cada examen importante. En el podcast ha hablado de los desafíos significativos de ser “el jefe a una edad en la que necesitas la guía de tus padres”.
Hoy en día, reconoce que también sentía un gran orgullo por ello. “Quizá era masoquista, pero realmente me sentía orgulloso de que mis padres y el equipo contaran conmigo”, dice. “Sí, a veces me sentía abrumado por la presión, pero no tanto como por la sensación de reconocimiento que tenía a mi favor”. Y razones para recibir elogios no le faltaban. De hecho, a los 15 años, Bateman fue invitado a conducir su propio programa. A los 18, se convirtió en la persona más joven en ser admitida en la DGA. Y si los elogios de la prensa durante ese periodo son un indicativo, todo eso se le subió a la cabeza. Algunos de esos momentos, incluidas sus primeras apariciones en el programa de Johnny Carson, aparecen periódicamente en sus redes, y él se estremece cada vez que los ve.
“Tal vez, si me hubiera comportado más como un invitado y menos como un veterano amargado, habría sido un poco más aceptable”, admite. “Pero, ciertamente, creía que era increíble en mi adolescencia”.
En aquel entonces, Bateman asumió con ingenuidad que la transición de ídolo adolescente a actor adulto sería fácil, por lo que nunca se preocupó por tener un plan B. Cuando se le pregunta si alguien le había aconsejado considerar la universidad, se ríe. “Mis padres eran mis managers en ese momento, así que tenían un conflicto de interés. No iban a decirme: ‘Deja esto y empieza a estudiar otra cosa’”, comenta. En retrospectiva, Bateman, que ni siquiera terminó la secundaria, desearía que lo hubieran hecho. “Pero hice Teen Wolf a los 18, y pensé: ‘Bueno, de aquí en adelante todo es cuesta arriba. ¡Mírenme, estoy protagonizando películas!’”.
Ese debut en la gran pantalla, que produjo su padre, fue duramente criticado y fracasó en taquilla. No mucho después, él y su padre se separaron profesionalmente. Bateman suele decir que hubo muy poca fricción, simplemente que, como explicó una vez a Howard Stern, “llegó un momento en que papá ya no debería ser tu manager”. Pero en una entrevista de 2015 con Marc Maron, reveló que él y sus padres habían mantenido una relación “distante” en las décadas siguientes. Hoy, mantienen un vínculo más medido: “Asumo que nuestra relación es tan normal como la de cualquier hijo adulto con sus padres a esta edad”.
Cuando The Hogan Family terminó su ciclo de seis temporadas, Bateman tenía 22 años y las ofertas ya no llegaban con la misma frecuencia. Aún hacía un piloto por año, pero de los pocos que realmente llegaban a serie, ninguno superaba una sola temporada. De repente, su éxito pasado se sentía como un peso. “Fue un gran golpe de humildad”, recuerda. “Daba miedo saber que aún tenía mucha vida por delante”. Con tiempo libre, Bateman decidió ponerse al día con todas las fiestas que no había podido disfrutar. Se entregó al alcohol, a la cocaína y lo que pudiera conseguir, aunque siempre ha sostenido que era más un hedonista que un adicto. Su mentalidad era simple: si no iba a divertirse actuando, encontraría la diversión en otro lado.
“Afortunadamente, vivía en una época sin redes sociales ni cámaras en los teléfonos, así que me salí con la mía muchas veces, aunque hubo momentos críticos”, dice con una sonrisa traviesa. Según Kimmel, hubo “algunas travesuras” tras bastidores con Andy Dick, durante la primera aparición de Bateman en su programa, pero decide no entrar en detalles. (Él y Bateman se hicieron amigos mucho después. “Después de las drogas”, bromea Kimmel.) Aún así, Bateman insiste en que siempre podía presentarse a trabajar a la mañana siguiente, si había que hacerlo. Sus padres podían quedarse con el 15% de sus ganancias, pero sí le inculcaron disciplina.
A comienzos de los años 2000, Bateman audicionó para ser el tipo del: “¿Me escuchas ahora?”, en los comerciales de Verizon. Su carrera estaba muy lejos de donde había estado, y mucho más de dónde él quería estar.

En la primavera de 2003, Bateman leyó el piloto de Arrested Development y entró en pánico. “Era increíble, y lo único que pensaba era: ‘¡Oh, mierda, esto suena exactamente a algo en lo que no querrían que yo estuviera involucrado!’”, detalla. “Yo era el típico actor de comedia multicámara frente a un público en vivo, y ellos estaban tratando de hacer algo punk rock en este nuevo mundo de comedias con una sola cámara”.
Pero fue a la audición y captó el tono irreverente de la comedia, que encajaba a la perfección con su propio sentido del humor: muy seco y sarcástico, heredado de su madre británica. La serie debutó en Fox ese otoño, y entre críticos y expertos, fue un éxito inmediato. “Estados Unidos no la vio, pero quienes daban trabajos sí, y se notaba: ‘Oh, esto es genial, y el hecho de que formemos parte de ellos nos hace geniales por asociación’”, comparte Bateman. “Y así fue como ese tufillo, que casi podía oler, se fue lavando de mí poco a poco”.
Al año, más o menos, puso fin a la bebida y las fiestas, o a lo que quedaba de ese hábito ahora que tenía un trabajo estable de día. “Tengo amigos que tocaron fondo de formas bastante escalofriantes, pero tuve la suerte de reconocer que, probablemente, había llegado a mi límite para alcanzar las cosas que quería”, confiesa Bateman, quien mostraba disciplina, incluso, en sus excesos. “Todo el tiempo estuve consciente de que quería tachar muchas de esas casillas antes de ser padre y convertirme en alguien con una carrera que no solo quería, sino que sentía que podía alcanzar si conseguía el trabajo correcto”.
Para entonces, se había casado con Amanda Anka, actriz de doblaje e hija de Paul Anka, con quien estaba ansioso por formar una familia. Ella había sido la principal proveedora al inicio de la relación y sigue siendo una fuerza estabilizadora. “Amanda y yo definitivamente tuvimos algunas negociaciones sobre el momento en el que el grifo de las fiestas se iba a cerrar por completo. Ella decía: ‘Este goteo es molesto e impredecible, Jason’”, comenta, para luego aclarar: “No exigía que me abstuviera por completo, pero ese era el tira y afloja, y yo pensaba: ‘Siento que mi sobriedad está a seis meses, pero si puedo aterrizar este avión ahora, aliviaría mucha tensión, así que hagámoslo de una vez’”. (Aunque lleva décadas absteniéndose del alcohol y de lo que él llama “lo de Scarface”, Bateman ha bromeado diciendo que es “California sober”, es decir, que no tiene problema con algún dulce de marihuana).
Al igual que los reconocimientos, que incluyeron varias nominaciones al Emmy y al SAG, y un Globo de Oro, las oportunidades empezaron a fluir a partir de ese momento. Aunque Bateman fue mucho más selectivo la segunda vez. “Al estar tanto tiempo fuera, mirando desde la distancia, adquirí un buen sentido de lo que realmente daba longevidad”, medita. “No era la fama ni el dinero, era el respeto”. Así que dijo que sí a proyectos que lo pusieran junto a actores y cineastas a quienes respetaba, sin importar el tamaño de los roles ni el género o medio en el que se presentaran.
Durante un buen tiempo, eso incluyó una serie de papeles de hombre sensato en comedias de cine como Couples Retreat, Game Night y Horrible Bosses. Para 2013, el mismo año en que Netflix revivió Arrested Development, Bateman debutó como director de largometrajes con Bad Words, una comedia negra sobre un concurso de ortografía que también protagonizó, esta vez, interpretando uno de sus arquetipos más populares: el imbécil. Focus adquirió los derechos de la película por 7 millones de dólares, y las prioridades de Bateman cambiaron casi de la noche a la mañana. “Tener un trabajo que me pedía aportar todo lo que había aprendido fue realmente emocionante. Pude darme cuenta de que podía ser el tipo al que los veteranos del set se acercaban y decían: ‘Lo hiciste bien, chico’”, reflexiona.

Pero ningún proyecto desde Arrested Development tuvo un impacto tan inmediato y significativo en la carrera de Bateman como Ozark, un fenómeno al estilo de Taylor Sheridan, antes de que Sheridan estuviera en escena. Al principio, Bateman tuvo que convencer a los ejecutivos de Netflix y del estudio MRC para que le permitieran dirigir el piloto de 2017, y aunque ellos habían pensado en un director de primera línea como David Fincher, finalmente cedieron. Según todos los informes, se convirtió en el motor creativo del drama criminal, tanto delante como detrás de la cámara. Para el segundo año, Bateman había ganado un Emmy por su labor como director de la serie, lo que no sorprendió a quienes estaban involucrados.
Julia Garner, su compañera de reparto, ha dicho que es su capacidad para “relajar a todos y hacer que sea divertido” lo que lo distingue como director. Laura Linney, quien interpretó a su esposa durante cuatro temporadas, dice algo similar sobre él: “Yo me sentía una especie de científica loca; leyendo el guion un millón de veces, desglosándolo, haciendo investigación y todas estas cosas para lidiar con mis nervios, y luego Jason llegaba al set, aprendía sus líneas en cinco segundos y estaba completamente presente. Todo era muy divertido”, afirma, mientras señala que fue Bateman quien la animó constantemente a empezar a dirigir, algo que finalmente hizo con un episodio clave de Ozark y, más tarde, con dos episodios de su serie Black Rabbit.
Bateman, quien estudia meticulosamente las publicaciones del sector y cada reseña sobre su trabajo, ya tenía buena relación con Ted Sarandos, de Netflix, cuando la plataforma firmó con él y su productora, Aggregate Films, un acuerdo integral en 2018. En ese entonces, ya había reclutado a Michael Costigan, un ejecutivo experimentado que había trabajado en Sony, y Scott Free, para ayudarlo a consolidar la compañía al estilo de Imagine, de Ron Howard y Brian Grazer. Antes de aceptar el puesto, Costigan voló a Atlanta, donde se filmaba Ozark, para sentarse con Bateman y asegurarse de que Aggregate no se convirtiera en otra productora de vanidad.
“Afortunadamente, esa también era su gran alergia”, menciona Costigan. “Si íbamos a hacer esto juntos, él tampoco quería que se sintiera como: ‘El mundo según Jason Bateman’”. En cambio, el dúo reunió a un equipo de unas diez personas, compuesto en su mayoría por veinteañeros y treintañeros alentados a desafiar a sus jefes de la generación boomer, y se pusieron a trabajar en una lista de proyectos de alto perfil que no siempre protagoniza Bateman. Hasta la fecha, la productora ha incluido éxitos como Lessons in Chemistry, protagonizada por Brie Larson y nominada al Emmy, y Hit Man, con Glen Powell, que generó gran expectativa. Lo siguiente: un proyecto ultrasecreto con Jacob Tierney, creador de la exitosa Heated Rivalry.
En cuanto a Bateman, tras casi cinco décadas en la industria, asegura que está completamente enfocado en elegir papeles que se sientan frescos y diferentes, y que lo alejen, como él mismo dice, del “Jason Bateman de la televisión”. Esto estuvo muy presente cuando Jude Law lo llamó para protagonizar junto a él Black Rabbit, motivo por el que aceptó el papel del “hermano problemático”, en lugar del rol más serio que interpretaba Law. Lo mismo ocurrió con DTF St. Louis, una comedia negra y misteriosa en la que varios personajes, incluido el de Bateman, exploran sus fetiches sexuales. Steve Conrad, guionista y director de la serie, insiste en que Bateman no se inmutó ante la naturaleza provocativa del proyecto. De hecho, asegura: “Si alguien iba a sentir miedo, pensaba que sería yo, porque Jason puede hacer mi trabajo y yo no puedo hacer el suyo, pero no hubo ni un momento en que él titubeara”.

Lo más exitoso en el currículum de Bateman nunca fue pensado como un podcast. Claro, siempre había dicho que esperaba que su próximo proyecto incluyera un programa de entrevistas al estilo de Charlie Rose, pero ‘SmartLess’ no es exactamente eso (aunque tres expresidentes han participado como invitados). En cambio, lo que comenzó como una manera de que tres amigos se mantuvieran en contacto al inicio de la pandemia, se transformó en algo mucho más importante. Desde 2020, ha habido una gira con entradas agotadas, una docuserie en HBO y una sucesión de lucrativos acuerdos de distribución, el más reciente con SiriusXM, valorado en nueve cifras.
“La seguridad financiera que me brinda es algo que no tomo a la ligera, y me ha dado un nivel saludable de indiferencia al evaluar otras oportunidades creativas para mí”, dice Bateman, mientras una sonrisa se dibuja en sus labios. “También es un buen recordatorio de que algunas de las mejores cosas en la vida llegan cuando no las estás persiguiendo”.
Para sus oyentes, ‘SmartLess’ ha ofrecido la oportunidad de conocer al verdadero Bateman, después de años viéndolo interpretar a otros. “Lo que escuchas es exactamente como cenar con todos ellos”, enfatiza Kimmel sobre las constantes bromas pesadas. “Con Jason, puedes ir de una autoconciencia total a ninguna, y el momento en que pierde la autoconciencia es cuando Will le lanza una flecha llameante”. Su extrema disciplina, casi obsesiva, con cosas como la comida y el ejercicio también es un blanco frecuente, al igual que su gusto por la buena vida. (Según múltiples fuentes, se sabe que ha negociado vuelos privados hacia y desde el set, y mantiene límites estrictos sobre cuánto tiempo dedicará a un proyecto).
Pero el formato de ‘SmartLess’, en el que dos de los tres anfitriones no saben quién será el invitado antes de la grabación, tiene sus inconvenientes. Esto se hizo evidente a principios de este mes, cuando Hayes invitó a Charli XCX al programa. Como oyente, quedó claro que Bateman sabía muy poco sobre la estrella pop, llegando a reconocer en un momento que el fenómeno cultural que fue Brat le había pasado prácticamente desapercibido. Luego metió la pata al preguntarle a la cantante de 31 años cuántos hijos quería; cuando ella respondió que ninguno, sugirió que su opinión podría cambiar al conocer a la persona indicada, como lo hizo su esposa al conocerlo a él. Por supuesto, si Charli hubiera sido la invitada de Bateman, él habría sabido que ya estaba casada y que había explorado sus sentimientos sobre la maternidad en su música
El intercambio en sí fue amistoso, pero la reacción en línea a las preguntas de Bateman fue decididamente menos amigable. Al ser consultado una semana después sobre lo ocurrido, comentó: “Teníamos una gran conversación sobre su vida creciendo como hija única. Me pareció un seguimiento muy natural. Eso fue todo. No tengo mucho más que decir al respecto, salvo que siempre resulta interesante, valioso y educativo escuchar los pensamientos, reacciones y sentimientos de las personas sobre cualquier cosa que diga o haga”.
La ironía de todo esto es que Bateman, desde que tiene memoria, ha querido una familia tradicional; la oportunidad de crear el tipo de “normalidad” que no tuvo en su propia casa mientras crecía. Ese apodo de “Abuelo” no solo se debe a que le gusta acostarse temprano; es porque a Bateman le gusta estar en casa con su esposa e hijas. “Soy un blandengue”, expresa con orgullo. “Me gusta mover a Elf on the Shelf todos los días. De hecho, ahora tenemos un nuevo juguete, un troll que se mueve durante la temporada baja. Pero me encanta todo: las pantuflas, la chimenea, el anidamiento”.
Su hija mayor, aspirante a directora, se fue a la universidad el año pasado, y la transición ha sido considerablemente más difícil para él que para ella. Bateman todavía tiene en casa a su hija de 14 años, quien, quizá no sorprendentemente, ha mostrado interés por la actuación. Y aunque él insiste en que es “bastante buena”, se ha mostrado firme en contra del estrellato infantil para sus propias hijas. “¿Por qué someterlas a eso?”, razona. A punto de cumplir 60 años, y con una pila de guiones sobre su escritorio, todavía intenta dejar atrás su pasado. “Sigo sintiendo que trato de no ser un fracaso como niño actor”, revela. “Sigo intentando salir adelante”.