Mulholland Drive, ese sombrío y trastornado diamante que resplandece entre la imponente obra de David Lynch, estuvo a un paso de no existir. Pero en un esplendoroso plot twist, no sólo se logró filmar, sino que se convirtió con su estreno hace 25 años, en lo que la crítica considera una de las mejores películas del siglo 21.
Los giros inesperados empezaron fuera del set: la elección de la mexicana Laura Harring como coprotagonista no fue nada convencional. Fiel a su naturaleza, Lynch quiso que hiciera pareja con Naomi Watts guiado inicialmente sólo por una foto de la deslumbrante sinaloense. Confiado en su instinto, le otorgó el papel (doble) que le dio a Harring un pasaporte dorado en la historia del cine, al darle vida a Rita y a Camilla Rhodes.
Paradójicamente, Mulholland Drive, esa mezcla de fantasía onírica y retrato de la cara más sórdida de Hollywood, ganó más de 50 premios, incluyendo el de Mejor Director en Cannes, y fue candidata en la misma categoría en los Óscar.
En su primera entrevista desde su retiro de la actuación hace más de dos años, Laura Harring recorre con emoción aquella experiencia lyncheana que le cambió la vida (que continuó de cierta forma en Rabbits e Inland Empire) y que le abrió puertas para compartir cintas con Denzel Washington, John Travolta, Javier Bardem y Andy García.

Originalmente, Mulholland Drive iba a ser una serie de TV. ¿Cómo te eligió Lynch para el piloto?
David trabajaba con una supervisora de casting, Johanna Ray, y yo de casualidad había hecho una película con su hijo, Eric Da Re (Silent Night, Deadly Night 3) y ella tenía mi foto. Cuando estaban buscando actrices, se la enseñó a David y se emocionó tanto viendo la foto que dijo: “Tráela hoy”. Johanna me habló, pero yo iba a mi clase de pilates y de la emoción me pegó el coche de atrás, o sea, hubo un choque, y le dije que más bien podía ir un día después. Llegué a la mañana siguiente, les platiqué del choque y la secretaria no lo podía creer, porque me dijo: “¿Ya leíste el guion?” Le dije que no. Me dice: “Es que tu personaje empieza con un choque de coche”. Se me hizo muy raro y ahí pensé que era un simbolismo de que me iba a ir bien.
¿Qué recuerdas de tu primera reunión con Lynch?
Cuando finalmente conocí a David, se me quedó viendo mucho tiempo y parecía que en su cabeza estaba viendo las escenas junto con la música, porque era un genio creativo. Sólo me dijo: “Qué bien, qué bien, qué bien”. Y seguía moviendo la cabeza como diciendo: “Sí, qué bien”.
Después de 56 veces que dijo eso, me dio mucha risa y luego me puso la música que ya tenía preparada. Yo no lo quería ver a los ojos, porque yo era muy tímida. Era muy incómodo y mejor veía hacia un lado. David me dijo, ya después, que ahí visualizó la primera escena de la historia, cuando yo estoy en el coche viendo hacia afuera. Así ocurrió y ya no vio a ninguna otra actriz.
De ese primer encuentro al rodaje del piloto, ¿cuánto pasó?
Pasaron muchos meses, me dieron el guion y yo cuando lo leí empecé a llorar un poquito. Se me hizo tan misterioso, tan bien escrito, tan diferente, emocional y que tenía muchas capas, ¿no? Normalmente ellos te llaman y te dicen que te dieron el papel. Así funciona. Pero no, nadie me llamó y luego David se enojó porque yo no había llamado. Le dije: “Pero así no funciona. Claro que yo lo quiero hacer”. Y me dijo que estaba sentido porque yo no había llamado para decirle que aceptaba el papel. Hasta en eso David era distinto.

¿Cómo fue tu relación con Naomi Watts?
El estudio primero quiso hacer una prueba de cámara. En aquel entonces Naomi estaba muy preocupada, porque tenían a otra actriz en mente, no estaban 100% convencidos porque decían que yo me veía muy joven a su lado. Entonces nos hicimos amigas. Hubo muy buena química y gracias a Dios le dieron el papel a ella, porque se metió a fondo en el personaje. Eso también tenía que ver también con David, que como siempre hacía meditación, era muy calmadito y tenía como una gentileza, una ternura en su voz y siempre te sentías muy protegida.
Esta película cambió tu vida. ¿Cómo lo ves en retrospectiva?
Naomi y yo tuvimos mucha suerte, porque las dos éramos principiantes. Yo venía de hacer una obra de teatro y esto fue un cambio muy grande en mi vida. No solamente haber conocido un director súper genio, sino a una persona tan generosa, dulce y apasionada. Sí lo vi enojarse un par de veces, pero casi siempre estaba calmadito, apoyando mucho a los actores; todo bien, todo perfecto. Le encantaba hacer películas.
¿Cómo viviste el proceso entre que el piloto fracasó y se transformó en una película?
En el invierno de 1999 empezamos a hacer el piloto, pero nos dijo en inglés: “Mulholland Drive is dead in the water, girls”, o sea, está acabado. “Nadie lo va a ver. Lo quieren poner a las 2:00 de la mañana en ABC”, que era el canal que nos estaba contratando. Y yo le decía: “Tengo el presentimiento de que no está muerto”. También se lo decía a Naomi, porque me hablaba y lloraba y pues yo a David le decía: “No, no está muerto el proyecto”. Luego el piloto lo vio Pierre Edelman, un ejecutivo francés de Studio Canal Plus, y lo contrataron, le dieron más dinero a David para escribir la segunda parte y él lo combinó todo.
Cuando nosotros leímos la segunda parte, que me acuerdo bien eran 18 páginas, estábamos un poco confundidas de cómo lo iba a hacer, pero yo tenía mucha fe en él y ahí fue cuando me dijo que iba a haber una escena de amor y que iba a haber desnudos.

¿Te tomó por sorpresa?
Sí, porque me dijo: “Va a haber un poco de desnudez”, y me agarró la mano como para hacer la promesa de que lo haría y fue muy rápido todo. Yo hice la promesa con mucha fe, pero ya a la hora de la hora medio me arrepentí y me dijo que no me preocupara, que lo iba a poner muy oscuro, que iba a mostrarse la silueta, que iba a estar muy bien iluminado y sí nos protegió mucho. O sea, la verdad que para él los actores eran lo máximo. Nos trataba con mucho respeto y mucho cariño.
Su estilo de dirección era singular, les daba indicaciones abstractas, poéticas.
Sí, cuando dirigía, hablaba como si estuviera recitando una poesía, con metáforas. Y fue muy diferente cómo me dirigió en la parte de Rita y en la parte de Camilla. Rita era la femme fatale, fue muy divertido hacerla, porque era una mujer súper conectada con su sensualidad y con mucha confianza, mucho poder. David también usaba su voz, te metía en su mundo con sus manos, y se aseguraba de que todo mundo estuviera calladito para que te pudieras concentrar y él estaba enfocado al 100%.
La mayor parte de la gente ahora está distraída especialmente con los teléfonos, pero él siempre estaba 100% presente, enfocado y de buen humor. Entonces con esa energía te sentías con mucha confianza. Era muy específico en lo que quería, pero una vez improvisé un poquito y, como en general sus actores no improvisaban, pensé que me lo iba a prohibir, pero yo estaba tan en el papel que se me salió y le gustó, me dijo que estaba bien y para mí fue lo máximo.
¿Hubo días complicados en el rodaje?
Sí hubo complicaciones. Por ejemplo, un día el guion decía que era necesaria una limusina Cadillac y le trajeron una Chrysler, por decir, y se enojó. Dijo que nadie leía los guiones. Luego una vez traje al set a un fotógrafo, con permiso, porque siempre tenías que pedir permiso, y se puso celoso, que porque yo estaba distraída. Yo nunca fui ni su amante ni su novia, pero en su escenario, en su película, tenía como una posesión sobre los actores, no quería que nadie nos distrajera.
Esas fotos salvaron el proyecto después, porque cuando ya ABC salió de la jugada, las fotos que ellos tenían se perdieron. Entonces mis fotos se usaron para promover la película.
Al ser tu primera gran película, ¿qué fue lo más difícil para ti en la filmación?
Para mí no fue fácil. Yo llegaba a casa y no me podía despegar de las emociones que había vivido ese día. Yo regresaba con náusea, era muy joven, no sabía cómo despegarme. Emocionalmente fue muy difícil, porque David me decía: “Piensa que hay una nube oscura que siempre te está siguiendo”, imagínate. Entonces tenía que estar como media vacía por dentro y ahí es donde me ayudó mucho la meditación para enfocarme en crear espacios entre mis pensamientos. Hice espacio adentro, mucho silencio dentro de mi mente, y en eso me enfoqué, para entender eso de que la nube oscura me seguía. Fue muy estresante esa parte, la verdad.

¿Alguna vez hiciste meditación con David?
Sí, varias veces. Él hacía una meditación todos los días, más o menos a las 5:00 de la tarde, nos invitaba y yo a veces iba. En el Festival de Cannes me preguntó si yo había meditado y le dije que no, porque él meditaba dos veces al día; yo cada segundo o tercer día, no tenía tanta disciplina como él y esa vez me dijo: “Cierra los ojos” y estábamos en una cena grande, súper glamorosa, pero cerré los ojos. Hice mi meditación unos 5 minutos, me dijo: “Hasta 5 minutos sirven”, abrí los ojos y me sentí mejor. Me sentí centrada, me sentí conectada, me sentí querida, como que la luz en mi corazón se prendió.
¿Cuál es tu mejor recuerdo de la premiere en Cannes?
En Cannes, a mí me trataron increíblemente todos. La gente en Francia me conocía porque yo había hecho una serie de Aaron Spelling, Sunset Beach, y mi papel de Paula Stevens, que era como una policía, tenía romance con el guapo latino y fue muy popular esa historia dentro de la serie. Aparte, yo estudié en Suiza y tenía muchos amigos europeos que me dijeron que llegara días antes para que se me quitara el jet lag y estuviera fresca. También un fotógrafo me dijo exactamente cómo caminar en la alfombra roja y me anotó dónde iban a estar los fotógrafos y cómo lo debería hacer. Eso hice y se volvieron locos. Tuve mucho apoyo.
Una cosa bien interesante es que Naomi era la mejor amiga de Nicole Kidman. Nicole la estaba ayudando, le dio agente, ya estaba con CAA, la agencia más grande, tenía el publicista más picudo y ya tenía manager. Yo no tenía nada de eso.
Pero yo llené mi mente con mi meditación y mis conocimientos espirituales. Dije: “Dios es mi agencia, Dios es mi publicista. El universo me apoya”. Y le dije a mi familia que por favor me mandaran faxes, y me mandaban deseos de buena suerte y cosas muy bonitas. Y resultó que la prensa me comparó con Rita Hayworth, Ava Gardner y Marilyn Monroe. Para mí fue una lección de que, si uno se conecta internamente, todo te sale bien.
David nos dijo antes de ir a Cannes: “Cuando presentemos la película nos pueden abuchear, pero vamos a caminar con la barba arriba, porque nadie puede juzgar el trabajo artístico de otra persona”. Esa fue una lección enorme: hacemos arte, expresamos lo que sentimos, sea baile, canto, pintura, fotografía, actuación, escritura, sin que nos importe. El juicio de los demás es muy personal.
¿En Cannes ya notabas que la película te iba a marcar para siempre?
Pues no sé cómo decirte, pero sí me cambió la vida, por lo que todo mundo me decía y lo que escribieron sobre mí. Cuando regresé a Estados Unidos me fue bien, porque tuve carrera larga e hice más de 50 películas. Hice muchos personajes y estoy muy agradecida. Todo mundo me decía que yo me iba a convertir en una superestrella, pero viéndolo ahora, para mi personalidad, yo que valoro mucho mi privacidad, resultó perfecta mi decisión de retirarme hace unos años. Prefiero mi vida, voy al Caribe, viajo mucho. A veces me reconocen, pero no siempre, y yo prefiero vivir así.

Para muchos críticos, esta película es la mejor del siglo 21. ¿Tú qué opinas?
Qué increíble, ¿verdad? Yo pienso que la película toca temas muy profundos. Lo que estábamos hablando sobre la mente. A mí David nunca me lo dijo, pero como los dos meditábamos, sabíamos que en la India la mente la representan como una caja. ¿Y tú te acuerdas de la caja azul en la película? ¿Y de la llave que la abre y se ve que está vacía? Esa es la meta en la India y en todo lo budista: mantener la mente con mucho espacio, con menos pensamientos y estar más en el corazón. Para mí, la película toca esos temas espirituales muy profundos, pero también cómo la gente destruye su vida por la fama o por dinero. Y la triste realidad de que Hollywood es una fantasía para mucha gente. Muchas chicas y chicos van con ilusiones, les prometen y no les dan o venden su alma.
David representa eso con mucha ternura, pero no solamente Hollywood, sino la vida: lo que hace la gente por la fama. Las traiciones de las amistades por dinero y todo eso. Yo pienso que la película muestra que hay más en la vida que eso. El Vaquero dice en una de las escenas que tu actitud en la vida es todo, ¿no? David era un genio.
Yo estoy muy agradecida de ser parte de una película que tiene tantas capas y tantos niveles, tanta emoción y que toca tantos temas de la vida real, del fracaso, de la fama, de cómo nos cambia, que habla de la fantasía y la vida real. Estoy muy agradecida con David y con la gente que respeta y quiere mucho la película y no la deja, la sigue viendo. Me da mucho gusto ser parte de algo tan clásico y tan profundo.
Si cierras los ojos, ¿cuál es la primera imagen de David que te viene a la mente?
Su pelo, siempre tenía un peinado bien bonito, como de cacatúa, y también su voz. Siempre usaba frases de los años 50. La imagen que veo es su cara, sus ojos azules, llenos de amor. Pero también me acuerdo, por ejemplo, cuando la estilista de la película me dijo que no podía hacerme un vestido con el peso que yo tenía. David estaba ahí y con una voz fuerte me dijo: “No bajes ni una libra, Laura”.
Una vez en la filmación yo estaba dormida, eran las 3:00 de la mañana, estábamos haciendo la escena donde me pidió caminar como una muñeca rota, en el principio de la película, después del accidente. Hacía un frío enorme y me despertaron. En Los Ángeles el frío se te mete a los huesos. Él vio que yo estaba sin ganas y, en vez de ensuciarme con el polvo, como normalmente lo hacen en Hollywood, la chica del crew me dijo: “Ponte en el piso y rueda”. Yo con frío, un minivestido y los taconazos, y me dice David: “Sí, mira, es fácil” y se bajó al suelo con tierra y se dio vueltas, pero él traía ropa de esquiar. Yo me ataqué de la risa, me desperté y me tocó mucho el corazón que hiciera eso.
¿Cuántos años más tuviste relación con él?
Siempre nos comunicábamos por email y yo iba a visitarlo. Pero no fue constante, si soy franca. Se enojó porque yo no quería participar en la miniserie Rabbits. Al final lo hice, pero me sentía con mucha claustrofobia. No me sentía cómoda. Entonces yo le conseguí a Rebekah del Río para que me reemplazara. Aparte, nadie me veía (por el disfraz de conejo). Fue la noche antes de los Óscar y me quería dar gripa, o sea, no lo quería hacer y no era un proyecto oficial. Era como estar jugando, ¿me entiendes? Naomi estaba ahí, Justin Theroux estaba ahí y le mandé a Rebekah, pero no le quedaba el traje de conejo a ella y David se enojó conmigo y no me habló por un año, pero luego ya volvimos a ser muy amigos. O sea, siempre tuvimos amistad, yo lo trataba como un igual. Si no me gustaba lo que él me decía, yo sí le respondía. Una vez sí me sentí muy mal con él, le hablé por teléfono y le dije todo. Por eso pudimos mantener esa amistad.

¿Te invitó a la serie Twin Peaks: The Return (2017)?
Sí, iban a haber como 200 cameos, pero mis agentes y yo dijimos que un cameo no. Si me daba un papel con sustancia, pues sí. Él llegó a decirle a alguien que yo era una de las personas más buenas que conoció en su vida, buenas de corazón, muy bonito, pero le preguntaron por qué no me incluyó, y pues es que yo tampoco estaba interesada. En los últimos años, después de eso, ya no hablamos.
Pero siempre hubo mucho cariño. Él me apreciaba mucho porque yo lo ayudé también en cuestiones benéficas. Fui la embajadora de buena voluntad de la David Lynch Foundation por varios años, pero así es la vida, todo cambia. Me dolió mucho cuando murió. Fue una persona muy especial, no hay gente como él.
Tú fuiste su musa mexicana.
¡Sí¡ ¡Viva México! Fíjate que David quería cambiar el nombre de mi personaje de Rita a María. Le dije: “Estás loco”. Las actrices mexicanas podemos hacer papeles estadounidenses, igual que los estadounidenses hacen papeles latinos. Lo tuve que educar un poquito sobre que eso era un poco insultante. Claro, él no lo veía así, o sea, insulto no es, pero no tienes que anunciar que eres mexicana, ¿me entiendes? Pero le encantó la idea, para él fue lo máximo. Yo creo que no había tratado con actrices latinas. Si ves sus películas, no puedo pensar en una que fuera latina. Eran todas estadounidenses.
Para ti eso es un orgullo, ¿no?
La verdad, sí. Y te voy a decir una cosa. Yo dejaría la jubilación para hacer una película mexicana buena. Yo me iría a la Ciudad de México y haría una película con tal de que tuvieran un trailercito para que yo pudiera descansar. Yo estoy muy orgullosa de ser mexicana. A mí me decían que soy muy blanca, que me veía muy gringa, pero luego no querían mi acento. Tengo un acentito latino muy leve en inglés. Y entonces estaban confundidos. Me decían: “¿Puedes hablar como Rosie Perez?” O sea, por favor, el acento de Rosie Perez no me va. Uno tiene que ser como es y por eso soy actriz. Interpretas diferentes papeles, igual que las estadounidenses pueden interpretar todo tipo de personajes.