Hace cien años, México vivió uno de los episodios más oscuros de su historia. Durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, las restricciones al culto religioso y las medidas anticlericales propiciaron la Guerra Cristera, un conflicto armado en el que se enfrentaron las fuerzas federales y grupos de católicos en distintas regiones del país.
En 2012, Dean Wright llevó esta historia a la pantalla con Cristiada, cinta que regresará a los cines mexicano el 15 de octubre. Reconocida por su aproximación histórica y sociopolítica, la película reúne a grandes intérpretes, entre ellos, Oscar Isaac, Catalina Sandino, Rubén Blades, Peter O’Toole, Néstor Carbonell, Harold Torres, Bruce Greenwood, Santiago Cabrera, Eva Longoria y Andy García.
García, quien participó por primera vez en el doblaje al español para el relanzamiento del filme, da vida a Enrique Gorostiera, un general retirado que, pese a no ser un hombre particularmente religioso, termina al frente del ejército cristero.
En entrevista con THE HOLLYWOOD REPORTER en Español, el actor rememora su experiencia en Cristiada y comparte nuevas reflexiones en torno a los temas que aborda y su relevancia en la conversación pública actual.
Cuando una película regresa a los cines, tiene la oportunidad de ser descubierta por nuevas generaciones. ¿Qué le gustaría que el público joven encuentre en Cristiada?
Siempre es importante que las historias, cuando se cuentan, tengan resonancia, que pongan a la gente a pensar. Este es un momento sumamente importante en la historia de México que debemos recordar porque, en mi opinión, son errores que no se pueden repetir. Si la juventud no conoce muy bien la historia o, si acaso, quiere profundizar en ella, la película puede ofrecer ese gesto.

Interpreta a Enrique Gorostieta, un general retirado que, pese a no ser un hombre particularmente religioso, termina al frente del ejército cristero. ¿Qué fue lo que más le interesó de las contradicciones y motivaciones de este personaje?
Él dice algo en la historia que me interesó muchísimo, que para mí fue la clave. Ocurre cuando se apunta para ser general de los cristeros. Ellos vienen a pedirle ayuda, a contratarlo, y él acepta. Se lo platica a su esposa —Eva Longoria en la película— y explica que se va a comprometer con esta lucha, pero ella le dice: “Tú no eres religioso, tú no crees en Dios”. Y él responde: “Yo no creo en Dios, yo no soy religioso, pero creo en la libertad absoluta y en el derecho del ser humano a tener su religión”.
En el transcurso de la historia, por supuesto, vive una especie de redención y un encuentro espiritual a través del niño. Esa fue la esencia; por ahí empecé. Eso me llegó profundamente.

En un diálogo, Enrique relaciona vivir en el pasado con la muerte. ¿Qué le llamó la atención de esa reflexión?
Esa escena con Rubén Blades, en la que dice eso. Usted es la segunda persona que me habla de ese parlamento; es interesante que haya llegado a la gente. Eso es parte de, tú sabes, si uno no conoce el pasado y la historia, uno puede repetir esos errores también. Yo, por lo menos, te hablo de una manera más personal, pienso que el pasado de uno es todo lo que es la persona. Mi pasado es parte de cómo yo me motivo; lo uso para enfrentar al futuro.

La película retrata un periodo específico de la historia de México, pero también aborda temas que trascienden su contexto. ¿Qué considera que puede decirnos sobre el mundo actual?
Es posible que haya paralelismos con el mundo actual, con gente luchando por la libertad. Sí, por supuesto. Tristemente, la lucha por la libertad del ser humano ha sido constante, desde el principio, desde la creación del ser humano. Es esencial que el ser humano sea libre y hay que luchar contra cualquier régimen o situación que oprima ese derecho.

Andy, ¿qué lugar ocupa Cristiada en su filmografía, particularmente, ahora que vuelve a encontrarse con esta historia a través del doblaje?
Le tengo mucho cariño a la película. Le tengo mucho respeto a la película. Le tengo mucho respeto y cariño al pueblo mexicano. He trabajado varias veces allá y, desde los años 70, he viajado al país. Empecé visitando con mi padre la zona de Quintana Roo: Chetumal, Cancún, Cozumel e Isla Mujeres. Lo ayudaba porque él tenía un negocio; vendía en esas zonas francas y en las zonas libres. Después, trabajé en el Distrito Federal y, con esta película, pude conocer muchísimas partes de México que no había visto.
Fue una experiencia memorable. Siempre he tenido un gran respeto por los cineastas mexicanos y, por supuesto, llevo el cariño de México en el corazón.
