Recientemente la industria cinematográfica chilena ha estado construyendo un espacio de memoria colectiva de resistencia y lucha. Sus producciones han hecho justicia desde sus trincheras a los derechos de la comunidad LGBTIQ+, ya que sus autores mantienen estas temáticas en diálogo con las leyes recientes y las discusiones sociales sobre igualdad. Según estudios sobre cine chileno y diversidad sexual, estas obras funcionan no solo como entretenimiento, sino también como herramientas de visibilización y debate social.
Es importante señalar que, aunque esto se ha abordado en Chile desde 1990 con el personaje de Javier en Caluga o menta, en este texto nos enfocaremos en la ola de representaciones que ha surgido en los últimos años. A partir del siglo XXI, tras una década de haber finalizado la dictadura militar, la representación LGBTIQ+ pudo diversificarse y expandirse, reflejando cambios legales y sociales significativos en el país.
Cineastas chilenos como Marialy Rivas, Pepa San Martín, Alexander Anwandter, Rodrigo Sepúlveda y Diego Céspedes han logrado poner en el centro del panorama nacional estas temáticas, impactando fuertemente en la narrativa del país.
En 2012, Marialy Rivas presentó Joven y alocada, que recibió el premio a Película de Temática LGBT en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. La cinta aborda la historia de una joven bisexual que experimenta su primer amor homosexual, mostrando los conflictos familiares y sociales que enfrenta.
Pepa San Martín, con Rara en 2016, exploró la vida de dos familias encabezadas por mujeres, un tema que aún estaba en debate social y legislativo en Chile, antes de la legalización del matrimonio igualitario en diciembre de 2021.
Alexander Anwandter dirigió Nunca vas a estar solo en 2016, inspirada en el caso real del asesinato de Daniel Zamudio en 2012. La película retrata la homofobia que enfrenta un adolescente y reflexiona sobre la violencia y discriminación que persiste en la sociedad.
Rodrigo Sepúlveda adaptó Tengo miedo torero, basada en la novela homónima de Pedro Lemebel publicada en 2001. La historia sigue a una mujer travesti que se enamora de un joven guerrillero mexicano, y cuya vida se cruza con la planificación de un atentado político durante la dictadura de Pinochet, mezclando activismo, deseo y memoria histórica.
Finalmente, Diego Céspedes dirigió La misteriosa mirada del flamenco, centrada en una niña que observa cómo su madre adoptiva, una travesti llamada Flamenco, enfrenta la propagación del VIH en Chile. La película fue seleccionada por la Academia de Cine de Chile para representar al país en los Premios Óscar 2026 en la categoría de Mejor Película Internacional y en los Premios Goya en la categoría de Mejor Película Iberoamericana.
Un ejemplo clave de cómo el cine chileno puede influir en la sociedad es Una mujer fantástica de Sebastián Lelio, ganadora del Oscar a Mejor Película de habla no inglesa en 2016, que generó un debate nacional sobre los derechos de las personas trans. La producción narra la historia de Marina, una mujer trans que enfrenta el duelo y la discriminación después de la muerte de su pareja, pues muchos sospechan que ella es la culpable detrás de su asesinato. Su impacto fue tal, que contribuyó a la aprobación en 2018 de la Ley de identidad de género, que llevaba cinco años en discusión y buscaba garantizar el reconocimiento legal de las personas trans en Chile.
En los últimos años, distintos festivales y programas de apoyo han fortalecido la presencia de voces diversas dentro del cine chileno. Espacios como Amor Festival y el Festival de Cine Movilh se han convertido en plataformas esenciales para visibilizar producciones centradas en identidades disidentes y temáticas LGBTIQ+. De igual forma, CineLab 2025 reveló recientemente los ocho proyectos seleccionados para recibir apoyo a través del Fondo para la Equidad Creativa de Netflix, en colaboración con la Academia de Cine de Chile. Este programa está enfocado en impulsar proyectos dirigidos por mujeres (cisgénero, transgénero o personas que se identifiquen con una experiencia de género femenina) chilenas o extranjeras residentes en Chile, con el objetivo de seguir construyendo una industria audiovisual más equitativa e inclusiva
Con esto, el cine chileno ha demostrado la fuerza que tiene el nombrar identidades, problemáticas y realidades para hacerlas evidentes. Autorxs han trabajado constantemente para construir un país, al menos en el imaginario audiovisual, seguro y justo con todas las personas. Hoy día podemos ver los resultados que sus esfuerzos han logrado que con el tiempo, haciendo que la representación LGBTIQ+ deje de ser una excepción y se convierta en una parte fundamental de su identidad cultural.