Moscas, la nueva película de Eimbcke, tendrá su estreno en la Berlinale

Fernando Eimbcke y Eréndira Núñez se reunieron con The Hollywood Reporter en Español para hablar sobre las infancias en los sets, nombres complicados para películas y la belleza del cine

Por JULIETA CHÁVEZ |

febrero 2, 2026

12:03 pm

Festival de San Sebastián

Con el Festival Internacional de Cine de Berlín a la vuelta de la esquina, Fernando Eimbcke y Eréndira Núñez se reunieron con THE HOLLYWOOD REPORTER EN ESPAÑOL para hablar sobre Moscas, la nueva —y quinta— película del director mexicano.

En ella podremos conocer a Olga, interpretada por la nominada al Ariel en 2012 como Mejor Actriz por Verano de Goliat y en 2019 como Mejor Actriz de Reparto por La camarista, dirigida por Lila Avilés; Teresa Sánchez. La historia sigue a la mujer, quien por cuestiones económicas se ve en la necesidad de rentarle un cuarto de su multifamiliar a un hombre que mete a escondidas a su hijo de nueve años. Juntos, desarrollarán una conexión que obligará a Olga a salir de su encierro emocional.

Esta conversación recorre el proceso creativo detrás de Moscas, desde su selección en la Berlinale hasta el largo camino de escritura, producción y rodaje que la hizo posible. Eréndira Núñez y Fernando Eimbcke hablan sobre el trabajo en equipo, la relación entre una adulta y un niño en pantalla, las decisiones estéticas como el blanco y negro, y los retos de exhibir cine independiente hoy, con una mirada íntima sobre cómo se construyen las historias que buscan conectar emocionalmente con el público.

Felicidades por lo de la Berlinale. ¿Cómo se sienten los dos?

ERÉNDIRA NÚÑEZ: No, feliz, no puedo esconder mi felicidad. La verdad es que fue una noticia increíble. Nunca sabes, con las películas que haces, en dónde van a acabar o qué va a pasar. Entonces, cuando recibimos esta noticia, brincamos de felicidad. Le dije a Fernando: “Por favor, busca una silla, que tengo que decir algo”. Y a mí, cuando me habló la directora del festival, estaba en shock. Me dice: “¿Estás ahí todavía?” Y yo: “Sí, sí, sí, dame dos segundos”. Y le dije: “Otra vez, ¿qué me dijiste? ¿Escuché bien?” Y todavía no me la creía hasta que nos llegó la carta oficial, porque nos hablaron por teléfono. Entonces yo asistí a memoria y dije: “A lo mejor escuché mal y me estaban diciendo que no”. Yo grité de emoción y no los escuché de verdad. Entonces le decía a Milena y a José, que trabajan con nosotros: “Oigan, ¿estoy loca? ¿Sí fue real o no fue real? ¿Qué si le dije a todo el mundo que estamos en Berlín y no es cierto?”.

Y tú, Fernando, ¿cómo recibiste la noticia? Cuéntame.

FERNANDO EIMBCKE: Felices. Lo más importante de una película es que pueda ser exhibida ante un público. No importa en dónde, no importa si es en un festival de cualquier parte, no importa si es en una sala pequeña o grande. El ciclo de una película solo se completa cuando puede ser compartida, para eso se hacen las películas, para compartirlas. Fue una sorpresa enorme, porque es una película muy contenida en términos de producción, de actuación, de recursos. No quiero decir que no hayamos tenido los recursos, los tuvimos. Ese fue el gran trabajo de Eréndira y de todo su equipo de producción, cuidar esos recursos y utilizarlos realmente donde eran necesarios, tanto económicos como humanos. Es una película muy contenida, y para nosotros es un regalo tener la oportunidad de poder presentarla. También ya llevamos mucho tiempo Eréndira y yo trabajando. Esta película la llevamos trabajando desde hace un buen tiempo, y nos tardamos por un diseño muy preciso de cómo se tenía que hacer esa película, cuáles eran las piezas. Estamos felices, muy emocionados, especialmente por todo el equipo que trabajó en la película. Muchos de ellos nos van a acompañar en la Berlinale. Va Bastian, que es el actor, el niño. Va Hugo Ramírez, que va de papá. Va el diseñador de producción. Va la productora ejecutiva, el editor, van los de casting. Van todos. Es una celebración.

¿Cuánto se tardaron en hacerla? No solo en la producción, sino en todo el proceso. Desde que iniciaron hasta ahora. ¿Cuánto fue? 

E.N. :El guión fue lo que más tardó. Estábamos haciendo Olmo Fernando y yo en Nuevo México, y me contó que tenía un guión guardado y que quería revivirlo. Quería traer a Vanessa Garnica para escribirlo con la misma idea, pero desde cero, y aplicar a los fondos con nosotros. Pasó el rodaje y como a los tres meses me dijo “ya está el guión, léelo”, y eso fue en 2023. Entonces, del 2023 a hoy fue el proceso de Moscas, pero con un proceso previo más largo de Fernando.

Y tú, Fernando, ¿desde cuándo iniciaste o desde cuándo tenías pensado este guión?

F.E.: Este guión lo hicimos hace más de 20 años. Estoy convencido de que los guiones no se tiran a la basura, se guardan y esperan su momento. Alguna vez me dijeron que uno no escoge cuándo dirige una película, la película lo escoge a uno. Estaba limpiando mi computadora y encontré este guión que se hizo hace 20 años para un proyecto muy lindo que tenía Alejandro González Iñárritu, una serie de televisión que se llamaba Detrás del Dinero. Hicimos ese guión y la serie no se hizo por diferentes razones. Lo encontré, le hablé a Alejandro y le pregunté si podía utilizarlo. Me dijo “es tuyo”, y ahí empezó la aventura. Se lo mandé a Eréndira, estábamos con Olmo. Era una locura. Los tiempos eran muy apretados. Metimos a una ventana de EFICINE y salimos con buena calificación, pero no la necesaria para obtener el contribuyente. Eso fue una buena situación, porque en vez de amargarnos, escuchamos el input de la oficina. Nos dijeron cosas y dijimos “perfecto”, ajustamos todo y mejoramos. Ajustamos muchas cosas del guión, sobre todo en el segundo y tercer acto. Eso fortaleció al equipo y la visión de la película. Después volvimos a meterla y sacamos un 100 de 100.

¡Felicidades!

F.E.: Gracias. Eso nos dio muchísima confianza. La película sucedió en un momento donde muchas cosas estaban acomodadas y tuvo muy buena suerte. Incluso cosas que parecían negativas terminaron siendo muy positivas. Nos llevó un tiempo, pero no tanto. Algo que me interesaba mucho de trabajar con Eréndira desde Olmo era ver cómo produce tantas películas. Michel es un cineasta muy prolífico, filma casi una película por año. Le dije a Eréndira “quiero ser como Michel”. Eso te mantiene en forma, en el músculo narrativo y en el músculo de estar en un set. Fue un aprendizaje bien padre. De hecho, me acuerdo que el año pasado estábamos presentando en Panorama la película de Olmo y yo llegué a la pre oficial de Moscas. No nos dio tiempo ni de celebrar. Fue una experiencia bien bonita.

Muchas felicidades. Qué loco lo del 100 que sacaron. Me gustaría saber más sobre Moscas. Principalmente lo que me causa curiosidad es por qué se llama Moscas. ¿Qué nos pueden contar?

E.N.: Al inicio, Michelle y yo decíamos que necesitábamos otro título. Y nada más no logramos pensar en nada para proponerle a Fernando. Ya ahora es parte de, y está impregnado en el ADN de la película.

F.E.: Pasó algo muy curioso con lo de “moscas”. Esta película tiene mucho diálogo con otras películas, no solo las que hace uno, sino las que hacen otras personas. Siempre hay un diálogo y se nutren. Esta película tiene un diálogo muy fuerte con Temporada de Patos. Sucede en un multifamiliar, en un conjunto habitacional. No es todo en el interior. Es en blanco y negro. Pero aquí hay la diferencia de un personaje adulto y un personaje niño. Nunca había trabajado con niños, había trabajado con adolescentes, pero no con un niño. Entonces esta película tiene mucho de Temporada de Patos, pero también tiene algo más. No quiero decir profunda, porque no es que Temporada sea superficial, ni mucho menos, pero toca más las fibras del melodrama. A mí me gusta mucho. Aquí hay una necesidad de provocar en el espectador no solo la risa, sino también tocar esa fibra que te lleva al llanto. El llanto también es algo que te ayuda a liberarte. Era muy importante eso. Moscas, pues es que siempre son estos títulos raros, como Temporada de Pato y hasta ahora me doy cuenta. No me había dado cuenta antes.

Es tu esencia.

F.E.:  Es que los dos vuelan, los dos tienen alas. Los patos, en un sentido más acostumbrado, son más poéticos. Los pintamos y los ponemos en cuadros. Las moscas difícilmente van a ser un cuadro. Pero también era bonita esta idea de estos seres que se meten en nuestras vidas y que no queremos que estén ahí. Cuando hay una mosca en tu casa, lo que quieres es sacarla. O en una de esas, matarla. Entonces representaba un poco lo que se le avecinaba al personaje de Olga. Entra esta pequeña escena donde ella persigue una mosca y es el aviso de lo que va a pasar en la película. De cómo va a lidiar ella con estas intrusiones que no quiere y para las que no está preparada. Es un título que no es lo más amable, pero también tiene una cosa de misterio y es muy lindo. No es un documental sobre moscas, es una historia que habla de relaciones humanas. Es complicado, pero todos mis títulos son así: Temporada de Patos, Lake Tahoe, Club Sandwich, Olmo… 

Fernando Eimbcke. Cortesía

Me surgen dos preguntas más respecto a la película. Uno, ¿por qué blanco y negro? Y dos, justo como mencionabas, tu cine se centra también un poco en la adolescencia, pero aquí el foco es una adulta y un niño de nueve años. ¿Cómo se relaciona esto con tu interés por las relaciones humanas íntimas que hemos visto en tus películas?

F.E.: Me gusta mucho trabajar en blanco y negro. Me sentí muy cómodo haciéndolo en Temporada de Patos. También me cuesta mucho trabajo manejar el color, soy un poco daltónico. Más allá de eso, también había algo: el edificio y el entorno lo pedían. Hablando mucho con María, empezamos a buscar muchas referencias de fotografías de niños. Ella me decía que el blanco y negro fortalece mucho la idea de inocencia, un mundo muy simple, en su esencia. Los niños ven las cosas pequeñas, que quizás para un adulto no son tan importantes. Empezamos a buscar referencias de blanco y negro, fotografías de Graciela Iturbide, quien fue una influencia muy importante. De ahí venía eso, esta cosa de la cuadratura, cosas muy geométricas, y el mundo de un niño que venía a romper eso. Después empezó a tomar mucha forma porque empezó a haber toda la cuestión de los videojuegos. Y entonces, el videojuego en blanco y negro, son videojuegos no antiguos, pero de los que hay en las farmacias o en las tienditas, los Cosmic Defenders. El blanco y negro integraba muy bien estos dos mundos: el mundo del exterior y el mundo de los videojuegos. Porque hay una relación muy importante en esto. Fue muy interesante hacer este juego. El trabajo de Alfredo Vigueras, el director de arte, está presente: él diseñó estos Cosmic Defenders, estos animalitos, y había congruencia entre el videojuego y el mundo exterior. Es importante mencionar que la película, si la ves en color —porque la filmamos en digital— tiene una paleta de color tremenda. Aunque filmamos en blanco y negro, Alfredo siempre estuvo preocupado por mantener esa paleta. Traducido en blanco y negro, funciona muy bien. Tiene mucha fuerza.

Mucha personalidad.

F.E.: Para terminar, trabajar con un niño es todo un reto. Yo había trabajado con adolescentes y le decía a él: “Sí, no importa. Ya tengo experiencia”. No tenía ni la mínima experiencia. Fue un reto tremendo. Los primeros días le hablé a Eren y le dije que no sabía si lo íbamos a lograr, no por el niño, sino por la coordinación que se necesita entre producción, dirección y fotografía. En esta película eso se logró y se ve en pantalla. Fue un trabajo en equipo del que todos estamos orgullosos. Además, tuvimos la suerte de tener a Teresa, Teresita Sánchez. Eren y yo ya la habíamos visto desde hace mucho tiempo, en las películas de Lila Aviles y de otros chicos que han hecho muchas películas. Ya la teníamos pensada desde que estaba el guión. Ya era ella. Y ella, además de ser una gran actriz, es una persona muy generosa. La actuación se trata de eso: de la capacidad del actor de estar viendo al otro y de enfocar toda su atención en que el otro exista, porque solo así va a poder existir él. Entonces Teresa fue de una generosidad enorme y ayudó muchísimo. Ella hacía los juegos con el niño. Ayudaba a generar el tono cuando había ciertos momentos de tristeza. Sabía equilibrar. Hay un momento muy complicado, ya verás la película, pero es un momento dramático muy fuerte. Y Teresa lo manejó impresionantemente. Sin ella no hubiéramos sido capaces de hacer esa escena. Trabajar con niños y con actores profesionales es un aprendizaje, es una escuela. Por un lado tienes la frescura del niño y por otro la disciplina del actor profesional. Entonces, cuando ellos dos se juntan y empiezan a enseñarse, es impresionante. Como directores, es una de las grandes fortunas.

Sí, vas aprendiendo cosas en el camino. Y ahora, retomando lo de las infancias, Eréndira, me llamó mucho la atención lo que dijo Fernando sobre que los primeros días del rodaje fueron complicados. ¿Cómo fue para ti escuchar eso? ¿Cómo sobrellevaron esa situación? 

E.N.: Yo tuve la suerte de tener una infancia sin tecnología a mi alrededor. Hoy las infancias son completamente diferentes a lo que nosotros vivimos. Están los iPads, las tablets, el celular, y hay tantas cosas que están constantemente a tu alrededor que no es que te distraigan, pero te sobreestimulan. Es algo que me dijo Fernando, que los celulares en pantalla son horribles. Y desde que me lo dijo, no hay película en la que vea un celular y no diga “¿por qué hay un celular?”. Aquí hay un Nokia, es lo único que hay. Entonces fue platicar con la mamá de Basti, Carla, que estuvo ahí con nosotros todo el rodaje y fue increíble tenerla con nosotros. Se convirtió en alguien más del crew. Y le dije el primer día: “¿Qué hacemos para que Bastien esté entretenido entre tomas mientras iluminan el set? Tú que lo conoces”. Y me dijo que es una persona con mucha energía, que buscáramos juegos, que jugáramos con él. Es la única forma de que pueda soltar esto, dejarlo de lado y no aburrirse, porque los niños se aburren. Entonces el crew convirtió el base camp, que era la zona de descanso, lejos del set, en un área de juegos. Todos empezamos a traer cartas, cuadernos para dibujar. Daniela, de arte, empezó a traer cositas para construir. Basti se convirtió en la persona más querida de todos y empezamos a hacer muchísimas cosas con él. Nunca me había pasado algo así. Todos estábamos súper involucrados con él. Diario íbamos aprendiendo cositas, aunque no todo fue sencillo. Para la semana tres ya era increíble. Ya había un ritmo, una dinámica súper establecida que funcionaba.

Eréndira Núñez. Cortesía

F.E.: Ahí tengo otra parte de la historia. Fue tremendo. Fue un aprendizaje. Hubo un día en el que miembros de la producción llegaron con crayolas, llegaron con dibujos. De hecho, cuando veas la película, hay unos dibujos super importantes en la historia que eran como de “a ver, Bastian, hazlos tú”. Los hacía y los usábamos. Hay una escena en donde el niño hace un freestyle, empieza a improvisar. En el momento vi una cosa y dije, “ahorita hay que improvisar”. Entonces iba con todo el crew, haciendo su freestyle, su rap. Hicimos la escena y salió en la primera. Porque había un equipo involucrado y eso es impresionante. El niño nunca, nunca, nunca se sintió solo. Hubo muchísima disciplina. Tratar de no hacer llamados muy largos para no cansar al niño. Si alguna vez teníamos que, por alguna cosa del plan de rodaje, extender un poco, siempre era hablar con Carla, su mamá, que también fue un apoyo impresionante y hablar con todo el equipo porque era una hora y no se podía más. Ya verás la película, ya verás al niño. Esa luz y esa energía es la energía de todo el equipo centrado en esa historia.

Se escucha todo muy lindo. Justo últimamente ha estado la conversación sobre los niños actores. Entonces, qué lindo que hayan tenido todas estas atenciones. Se escucha que todxs se adaptaron bien. Eréndira, justo como mencionaba Fernando, has trabajado bastante para posicionar el cine mexicano. ¿Qué me puedes decir sobre ese trabajo? También me gustaría saber qué planes hay para la distribución de la peli. No sé si ya sepan algo o si ya tengan algo en mente.

E.N.: Para mí el cine es mi vida desde que tengo 11 años. Me siento muy afortunada de estar rodeada de los directores que desde que empecé a estudiar cine me inspiraban, de haber hecho carrera con ellos y también con el equipo con el que trabajo. Como dice Fernando, una película es en equipo. Más allá de que ya soy familia de los directores, también lo soy del diseñador de producción, de la fotógrafa, del productor en línea. Con todos he estado muy de cerca desde las primeras películas que hice. Eso es increíble. También el cine para mí es súper importante, sobre todo en estos momentos que vivimos, en los que necesitamos poder desconectarnos de todo lo que sucede afuera. No necesariamente para cambiar o aprender algo, sino para desconectar y recordar lo bello que es vivir y compartir, porque el cine es compartir emociones. Estoy feliz y seguiré buscando directores nuevos y trabajando con los mismos con los que ya trabajo. Seguir haciendo lo que me gusta hasta que no pueda más, básicamente. Por otro lado, la exhibición es algo súper crucial para una película. El festival es la primera semilla para que esta película se vea y exista. Después viene todo un camino que hay que recorrer y hay que encontrar sus formas, porque el cine va cambiando constantemente y las audiencias también. Entonces hay que encontrar cómo llegar a ellas. Berlín es el primer paso. Ya tenemos distribución en España con La Contracorriente gracias a que ganamos un premio en el Festival de San Sebastián. En México espero encontrar un gran aliado que admire el cine de Fernando, que entienda que este cine no se vende como otras películas. Hay que ser creativos también en ese sentido. Nuestro sueño es hacer una proyección hermosa en el CUPA. Encontrar maneras de llegar a las audiencias de una forma diferente y no con las métricas de las salas de cine que no siempre están a nuestro favor. Eso es lo que vamos a hacer.

Claro, puedo notar que entiendes y respetas el cine mexicano y el cine de las personas con las que trabajas. Felicidades.

F.E.: Quisiera sumar algo ahí. Ha sido muy interesante y nos nutre estar en generaciones diferentes. No se trata de una generación en lucha con la que viene, sino de trabajar juntos y aprender. Quienes somos de una generación más adelante aprendemos de los nuevos esquemas y de otros paradigmas de cómo se está haciendo el cine. Eso es lo que decía sobre el trabajo colectivo. No es que ni Irene ni la gente más joven que trabajó en la película no tenga experiencia. Tienen muchísima experiencia, pero son otras maneras de trabajar. Entonces nos nutrimos mucho. Eso es muy bonito. En el tema de la exhibición y la distribución estamos en un momento en el que el paradigma anterior ya no funciona. No podemos competir con las grandes producciones. Hay menos salas después de todo lo que fue el COVID. Las salas están copadas. Tenemos que ser creativos. Queríamos trabajar con un niño de la Ciudad de México y hacerlo parecer de provincia. No es que seamos buscadores de talento ni que estemos haciendo favores. Es reconocer que para ampliar el panorama y reconocer que este país tiene muchas historias. No solo en producción y en cómo se cuentan, sino en cómo se exhiben. Se están haciendo esfuerzos muy grandes en circuitos alternativos. Antes lo alternativo sonaba a algo marginal, pero hoy es una realidad con la que tenemos que trabajar. Las redes sociales y todo lo que sucede ahí también cambian las formas de exhibición. Ahora tenemos la fortuna, y es una de las cosas que más nos emociona, de que este festival ayude a detonar cosas para la película. Que haya interés, que pueda ser vista por más gente. Ese es el objetivo principal del festival. Claro que celebraremos, y es una celebración hermosa. Pero lo más importante es que sea un detonante para que esta película llegue a la mayor cantidad de personas posible.

Por supuesto. Muchas gracias a ambos. 

JULIETA CHÁVEZ

Redactora

Redactora editorial en The Hollywood Reporter en Español. Ha entrevistado a directores, actores y líderes de opinión, con un foco especial en mujeres, arte contemporáneo y temáticas de género.

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