En medio del auge del terror mexicano contemporáneo, Olallo Rubio regresa a la ficción con Tormento, una película que combina atmósfera, pesadilla y crítica velada. Conocido por su trabajo en Gimme The Power, This Is Not a Movie y ¿Y tú cuánto cuestas?, el cineasta se adentra esta vez en un terreno distinto, aunque sin dejar atrás el pulso social que siempre ha acompañado su mirada. La historia, inspirada en Morgue de Hugo J. Cardozo, sigue a una guardia de seguridad que pasa la noche en un depósito de cadáveres, donde la realidad y el delirio comienzan a mezclarse.
Al frente del proyecto está Natalia Solián, una de las voces más potentes de la nueva generación de actrices mexicanas. Tras su papel en Huesera, que le valió una nominación al Ariel, Solián vuelve al género que la consolidó, esta vez con un papel que exige tanto cuerpo como mente. Junto a Olallo, ambos comparten cómo nació la idea, el reto de construir atmósferas sin recurrir al exceso digital y el proceso de trabajar un guión pensado específicamente para ella.

Pues bueno, iniciemos con Olallo. Me gustaría preguntarte, tú cine es conocido por ser crítico y tener esta parte social. ¿Qué te motivó a hacer una película de terror como Tormento?
OLALLO: Yo siempre había querido hacer terror. Es un género muy cinematográfico, cine puro, construcción de atmósferas, manejo de suspenso… Por otro lado, sí, efectivamente he hecho documental mensajístico que transmite mensajes muy claros y explícitos. Pero aquí también hay un trasfondo social, hay un subtexto socioeconómico y político. Que aunque no es muy evidente y no está en la superficie, lo comunica de alguna manera. Creo que también el terror sirve para hacer otro tipo de exploraciones con otra presentación.
Claro, muchas gracias. Natalia, tú fuiste aclamada por tu actuación en Huesera, que también es una gran película que llega con esta nueva ola del cine de terror mexicano. ¿Dirías tú qué te has encontrado ahora en el cine de terror como actriz?
NATALIA: Indudablemente hay muchos elementos del género, que están catalogados en el mundo para los amantes del horror. Hay particularidades, por ejemplo, del horror físico que disfruto mucho, como una tendencia mucho más dramática o la construcción psicológica. La gran ventaja para mí, que provengo del mundo de la escena, es que tiene un rango de expresión muy amplio, cosa que otros tonos quizá no permitan tan abruptamente. En ese sentido, pues sí, me gusta pensarme dentro de ese universo. Claro que también me gustan muchos otros géneros y que disfruto también otro tipo de construcciones, pero particularmente creo que he venido generando una forma de conducir mi ser actriz en películas de terror.
Aparte lo haces excelente.
N: Muchas gracias.

Y ahora, ¿qué fue lo que a ambos más les atrajo de querer contar esta historia?
O: Bueno, para mí, la posibilidad de explorar las pesadillas. Desde que tengo memoria, hasta los 17 años, padecí de episodios intensos de terror nocturno. Para quien no sepa qué es esto, te despiertas de un sueño y la pesadilla continúa y se combinan elementos de la pesadilla con la realidad. Entonces eso es algo que yo quería explorar desde hace mucho tiempo. Creo que la psique del ser humano es muy flexible y se presta para este tipo de cosas. Eso es lo que a mí me entusiasmaba mucho. Le escribí el guión a Natalia. La posibilidad de trabajar con ella también, obviamente, fue algo que me estuvo motivando y por eso fui persuasivo e hice todo para convencerla de que lo hiciera.
¿Escribiste el guión pensando en ella? Padrísimo.
O: Por supuesto. Vi Huesera y dije “ella puede hacer esto”. Es una película que hicimos en poco tiempo. Afortunadamente, la tuve de referencia, porque tampoco tuve tanto tiempo para escribir el guión. Era muy arriesgado escribir un guión para un personaje porque si no lo hacía ella, no me interesaba hacer la película.
N: Sí, me convenció.
O: ¿Y me creíste en su momento?
N: Me fui dando cuenta de que era verdad. Porque había muchas cosas mías ahí que sí noté.

¿Qué fue lo que más te convenció a ti [Natalia] del proyecto?
N: Bueno, primero conocer a Olallo. No es que esté aquí presente, pero es un referente de la modernidad y es una voz muy importante de crítica y creo yo, también de estética. Poco a poco nos vamos a ir dando cuenta de con quién hemos estado conversando mediante la posibilidad de que sus películas sí existan.
O: Que se logren financiar, que no es fácil.
N: Pero también algo que tenía el guión, y que a mí me llama mucho, es la parte de destreza física. Me planteaba un reto muy interesante. Sin duda el rango emocional me parece que es algo que yo no me hubiera pensado haciendo, porque en su momento lo leí como una complicación. Había indicaciones en el guión como “está frente al espejo mirándose en el preludio de un llanto”… Cosas que son muy exactas y que describen estados emocionales que nos podemos imaginar muy bien, pero que están poblados de muchas cosas. Nutrir eso para un actor o una actriz siempre representa un proceso y el cine lo que menos tiene es el tiempo para hacer proceso. Toda esa combinación de factores contradictorios son los que me llamaron mucho.
Natalia, hay una escena donde estás tú en una cama de la morgue. ¿Cómo fue para ti ver eso?
N: Estuvo loquísimo. Yo no me estaba viendo porque estaba parada y luego estaba acostada.

Yo pensé que era un prop.
N: No, soy yo con efectos. Para no respirar.
O: No es una película que recurriera mucho a efectos digitales, pero sí tuvimos que congelarla digitalmente. Las respiraciones,
N: Los ojos y el torso también.
O: el cadáver, el cuerpo. Esa escena tuvo su inspiración en el prólogo de Drácula de Francis Ford Coppola.
N: Ese fue el primer sonido que relacioné con el ambiente de Tormento, porque cuando la estábamos analizando, Olallo me dejó ir el soundtrack de Drácula e hicimos muchas bromas al respecto. Es un gran momento.
O: Tiene su fuerte inspiración en el prólogo de Drácula de Bram Stoker dirigida por Coppola, que es cuando Drácula descubre a su mujer muerta. Por eso es tan operático ese momento, porque es un sueño febril.
Es cuando se escucha la música clásica de fondo, ¿cierto?
AMBOS: Es esa.
O: Pero la distorsionamos, son coros.
N: Mucho tiempo en las copias de trabajo vivió el soundtrack de Drácula y era nuestro objetivo inalcanzable.
O: Nuestro equipo logró hacer un coro eclesiástico, litúrgico, distorsionado, que obviamente complementa la secuencia como lo que es, algo completamente operático.

Para terminar, a mí me interesa hacer unas últimas dos preguntas para cada uno. Primero, Nayo, tomando en cuenta tus proyectos anteriores, ¿dirías que hay algo de crítica social que quisieras destacar dentro de este filme? ¿O es algo nuevo para ti?
O: Hay un vacío de información intencional dentro de la película para que el espectador proyecte lo que quiera. No hay un discurso como tal, pero sí hay una invitación a hacer ciertas consideraciones sobre cómo vive un personaje como Brenda Martínez. Es una invitación a hacer ciertas consideraciones, por un lado, y por otro lado, quizá un retrato al vivo, onírico, sobre la experiencia de un personaje así. Digo, yo me acerqué con cuidado y muy intuitivamente a eso, y ya que llegó Natalia, lo encarnó y lo llevó a otro lugar, a donde tenía que llegar.
Claro. Y Natalia, el cine de terror en México ha tenido personajes femeninos muy icónicos y complejos. ¿Qué significa para ti formar parte de esta nueva generación de protagonistas en el género?
N: Creo que hay una parte muy inconsciente todavía de eso. La verdad es que la percepción que tengo de mí es todavía muy joven en ese sentido. Me alegra que así sea, porque creo que luego, cuando uno se empieza a creer esas cosas, dejas de ser tú mismo y te conviertes en eso que esperan. A mí la verdad me gusta pensar que todavía no sé si esa es mi identidad en realidad o de pronto no.
Aún te sigues descubriendo cómo actriz.
N: Sí, así es.