Desde el inicio de su 76° edición, la Berlinale ha estado sujeta a críticas por parte de diferentes miembros de la industria debido a su frágil postura política respecto a los sucesos aconteciendo alrededor del mundo. Al ser un encuentro de cine internacional, muchos cineastas y actores se han pronunciado en contra de la ideología con la que se ha estado desenvolviendo el festival.
El más reciente de ellos fue el mexicano Fernando Eimbcke, ganador en dos ocasiones del premio Ariel, quien obtuvo el Premio del Jurado Ecuménico —otorgado a películas que forman parte de la competencia principal y que destacan por su calidad artística y sus valores humanos, sociales o espirituales— y el Berliner Morgenpost Reader Award por su película Moscas.
Durante su paso por el podio para agradecer el galardón, el cineasta reconoció el genocidio que lleva ocurriendo más de dos años en Gaza. En su discurso referenció al director fránces Jean-Luc Godard, quien alguna vez dijo que “no se trata de hacer cine político, sino de hacer cine políticamente”, de acuerdo a la cita que hizo Eimbcke. “Los mensajes deben decirse y hacerse en el podio. Así que ahora que estoy aquí, permítanme enviar un mensaje. Más de 17.000 niños han sido asesinados en Gaza en los últimos dos años. Debo alzar la voz, y pido a todos los gobiernos y organizaciones que también la alcen”.

Moscas narra la historia de Olga, una señora introvertida que le renta un cuarto de su departamento a un hombre con un hijo. En ese camino, el niño y ella desarrollan una relación de cercanía que la lleva a romper sus barreras emocionales. Por eso mismo, al terminar su discurso, Eimbcke dedicó su premio al corazón de la película: las infancias alrededor de todo el mundo, destacando la niñez Palestina.
En respuesta a todos los acontecimientos presentados durante los diez días del festival, Tricia Tuttle, directora de la Berlinale, aseguró en la ceremonia de clausura que a pesar de haber sido un año bastante retador para la edición, aceptan los cuestionamientos que se les realizaron. “Puede que no siempre sea agradable cuando nos cuestionan, pero es bueno porque significa que la Berlinale le importa a la gente. Somos una institución cultural muy visible de la que la gente espera mucho, y vivimos en un momento de polarización. Creo que todos debemos asumirlo y abrazar la comunidad que construimos juntos, porque la crítica y la expresión de opinión son parte de la democracia, al igual que el desacuerdo, y respetamos a la gente que se expresa, porque a veces se necesita mucha valentía para hacerlo, y no siempre estamos de acuerdo con todo lo que se dice de nosotros”.
