Paulina Dávila, en dos tiempos

La actriz colombiana explora dos de sus papeles recientes más destacados que, aunque contrastados, ponen de manifiesto su precisión, sensibilidad y una entrega total a la historia

Por VALENTINA VILLAMIL |

julio 23, 2025

4:39 pm

Cortesía Prensa

En los últimos meses, Paulina Dávila ha estado saltando entre sets. Viene de interpretar a una mujer real cuya historia permaneció al margen del ojo público en Sin querer queriendo, la serie biográfica sobre Chespirito, y sin pausa pasó a encarnar a una espía encubierta en Gringo Hunters, la nueva serie de acción de Netflix. Dos proyectos que no podrían ser más distintos entre sí, y que, sin embargo, marcan bien el tipo de actriz en la que se ha convertido.

“Yo creo que la responsabilidad con la que viene acompañada del tamaño del personaje en las historias. Creo que eso ha cambiado”, dice, al hablar de cómo ha evolucionado su relación con su profesión. “Las oportunidades que tengo hoy en día también, pues creo que cada proyecto va alimentando las posibilidades de lo que sigue. Y la trayectoria que tengo detrás me permite acceder a más cosas hoy día”.

Dávila nació en Medellín, creció en Santa Marta y estudió Artes Visuales en Bogotá antes de dedicarse por completo a la actuación. Su formación le dejó una forma particular de observar y analizar, y esa perspectiva todavía guía su manera de construir un personaje. “Sería imposible desaprender lo que ya uno tiene. Es una sensibilidad y una educación audiovisual en general. Para todo trabajo con referentes. Siempre hay un componente visual, simbólico, que me acompaña”, explica.

Aunque su carrera en pantalla comenzó hace más de diez años, habla de su entrenamiento y formación como algo que continúa en curso. “Nunca me dejé de preparar, y no creo que me detenga. Disfruto estudiando, y creo que esta máquina que permite que yo haga lo que haga, necesita como de ser engrasada constantemente, de estar en mantenimiento que como cualquier profesión necesita”.

En Sin querer queriendo, Dávila interpreta a Graciela Fernández, la esposa de Roberto Gómez Bolaños, en una serie que reconstruye el universo íntimo detrás de uno de los fenómenos televisivos más reconocidos de América Latina. A diferencia del personaje que representa, Dávila ha pasado buena parte de su carrera en el centro del encuadre. Pero esta vez el desafío fue dar vida a alguien que deliberadamente permaneció lejos de los reflectores.

“El hecho de que ella haya tenido una vida tan privada y que no haya estado en el ojo público me permitió una libertad a la hora de crear este personaje”, señala. “Me sentí muy bien respaldada, me dieron muchas herramientas para poder interpretarla. Cosas que al final están hechas a la medida de esta historia que estamos contando”.

La serie, producida y escrita por los hijos de Chespirito (Paulina y Roberto Gómez Fernández) con base en su autobiografía, apuesta por una narración que pretende alejar a su protagonista del entorno cómico que habitó en vida a lo largo de su carrera, para mostrarlo en un entorno más realista, con grandes momentos profesionales y personales. Y, con ese enfoque en mente, la historia se traslada también a su entorno íntimo. En el caso de Graciela, su presencia no se reduce a ser una figura satelital en la vida del comediante, sino una mujer compleja, con un trasfondo, siendo alguien que también toma decisiones, habita silencios y cuya presencia fue más significativa de lo que muchos creyeron.

El guión traza un arco extenso que acompaña a Graciela a lo largo de décadas, en distintos momentos personales y profesionales, marcados por el crecimiento de Bolaños. Para Dávila, construir esa evolución fue una de las tareas más complejas y estimulantes del proceso. “Crear a este personaje que en cada época está siendo atravesada por algo diferente, en donde además cambian cosas de ella y de cómo ve el mundo, de cómo ve la maternidad, a sus hijos, a la pareja… ese era el ejercicio que me resultó más interesante”.

HBO Max

En el elenco que acompaña a Dávila se encuentran Pablo Cruz Guerrero en la piel de Chespirito; Bárbara López como Margarita Ruiz, un personaje aparentemente inspirado en Florinda Meza; Andrea Noli en el papel de Angelines Fernández y Miguel Islas interpretando a Ramón Valdés. Juntos, reconstruyen una época significativa para el público latinoamericano, sin caer en el cliché nostálgico que parece estar inundando la industria.

Más allá del personaje, la serie supuso una oportunidad de conectarse con una parte de la cultura mexicana desde otro lugar. Aunque nació en Colombia, lleva más de diez años viviendo en México, y este proyecto, dice, le permitió verse dentro de esa historia. “De alguna forma también me representa como aceptar ese lado que ya está integrado dentro de mí y yo integrada dentro de un universo, más allá de mi país de nacimiento”, explica. “Esta posibilidad de que justo en este oficio lo ideal es que te permita, como actriz, ser un poco lo suficientemente neutra para poder ser de cualquier lugar”.

HBO Max

Justo después de cerrar el capítulo de Sin querer queriendo, la actriz se lanzó a una apuesta completamente distinta con Gringo Hunters, la serie de Netflix basada en la unidad clandestina de la policía de Baja California que persigue fugitivos estadounidenses en territorio mexicano. Dávila da vida a Emma, una agente encubierta que trabaja en un entorno donde el peligro acecha desde múltiples frentes. 

“Creo que Emma no hubiera existido si no viniera de hacer a Graciela, que era una mujer de otra época, que la rodeaban otro tipo de temas”, señala. “Es decir, los saltos que hemos tenido las mujeres de generación en generación en las últimas décadas han sido muy fuertes y muy evidentes, para bien en muchos sentidos. Entonces interpretar a un personaje actual contemporáneo con unas condiciones de vida tan diferentes, tan contrastada a Graciela. Eso era Emma, en una historia de acción que no tiene nada que ver con la anterior”.

Gringo Hunters toma inspiración de hechos verídicos, partiendo de un reportaje del Washington Post de 2022 sobre la Unidad de Enlace Internacional de Tijuana, que ha deportado a más de 1.600 fugitivos estadounidenses desde 2002. La serie es un esfuerzo por capturar esa realidad de operativos encubiertos, cooperación con agencias estadounidenses, arrestos en cuestión de horas y una tensión constante entre la moral y el método. “Fue una oportunidad de hacer algo diferente, que representaba un reto diferente, pero también que me permitía a mí explorar algo completamente opuesto”, añade Dávila sobre su personaje.

Netflix

La política migratoria estadounidense, especialmente en el contexto de políticas más duras con Trump al mando, añade relevancia al relato. “Esta historia está basada en hechos reales… no es tan común y no habíamos escuchado un poco de esta historia”. Dávila ve cómo el show abre una nueva perspectiva en un momento en que la frontera se ha vuelto un campo de tensiones. “Muestra como un clima fronterizo que si vas a Tijuana, se siente y es muy evidente”.

Ese tono sociopolítico fue inherentemente atractivo para Dávila. “Para mí representaba la posibilidad de dar vida al personaje de una mujer muy de la frontera, una mujer que está siempre viviendo en cierto peligro, si se puede decir así”, analiza. “Y en una mujer que está dispuesta a poner su vida en riesgo para encontrar justicia por su amiga y por ende se convierte como una especie de justiciera”. Esa transición, de informante a figura activa en la misión, da prueba de la evolución interna de Emma y el desarrollo de su papel a lo largo de la serie.

En sus palabras, Emma es el relato de aquellas mujeres atrapadas entre el sistema y la justicia, con una vocación peligrosa que termina siendo casi que personal. “Empieza solamente primero como informante en un caso, pero en realidad le gusta esta sensación y encuentra que ahí puede haber algo. Ella es un poco como un alma perdida entre fronteras y Emma encuentra en esta experiencia con los Gringo Hunters una posible misión y un posible camino de vida, en donde, se puede encontrar a sí misma”. Y de hecho, son esos detalles que le hacen tomar cariño a la historia. “Me enfoco en el personaje porque al final yo me enamoro también de los personajes”.

Después de habitar personajes con vidas atravesadas por el amor, el duelo, la injusticia o incluso la urgencia de hacer justicia, Paulina Dávila vuelve la mirada hacia el terreno donde todo eso ocurre: la industria audiovisual latinoamericana. “Hay más apertura y más oportunidades desde que se produce más”, resalta. “Nuestras historias empiezan a ser más relevantes y se produce con un nivel que no tiene nada que envidiarle a ningún lado”.

Aunque reconoce “los booms”, como ella misma define, las pausas y los retrocesos, también rescata el impulso sostenido por la expansión de las plataformas y una voluntad colectiva de contar historias locales con proyección global. “Las plataformas vinieron a revolucionar la forma en que producimos, la forma en que consumimos. […] Todo es rápido, tiene que ver con las redes sociales y con una serie de cosas que no te permite acomodarte en ningún lugar”. Sin embargo, a sus ojos, esto abre la puerta a nuevas posibilidades. “Me representa un constante reto, entender cuál es el lugar que ocupo yo como actriz en esta industria. Desde dónde ejerzo mi trabajo, no solo como actriz, sino como una voz creativa”. 

Cortesía prensa.

Sin embargo, la noción de “voz” no se limita a su carrera actoral. Dávila está cada vez más interesada en tomar las riendas de los relatos, no sólo como intérprete. Acaba de terminar Santita, una serie de la que, sin revelar muchos detalles, describe como uno de los proyectos más significativos de su carrera. “Le di todo mi ser. Vengo de ese viaje y no veo la hora de poder contarlo”. 

Mientras tanto, planea enfocarse en sus propias historias, en involucrarse desde otros roles, en mirar la industria desde adentro para moldearla a su manera. “Ahorita seguiré trabajando en mis propios proyectos, en historias que me interesa contar e involucrarme desde otro lugar en esta industria, como producir, por ejemplo”. Su trayecto, como actriz, como autora, e incluso como mujer latinoamericana, sigue en marcha. “Ahí voy encontrando mi propio camino para contar las historias que a mí también me interesan”. 

VALENTINA VILLAMIL

Redactora Senior

Redactora senior en The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone. Ha retratado a un centenar de artistas con relatos donde convergen música, cine, televisión y moda.

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