Sebastián Moya: Contar desde la libertad, sin perder el pulso humano

El creador de Sin justa causa nos habla sobre independencia creativa, múltiples roles y la necesidad de narrar el conflicto colombiano desde la ficción

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

abril 7, 2026

5:40 pm

Cortesía de Gabriel Carvajal

En un panorama audiovisual cada vez más dominado por plataformas y fórmulas probadas, la irrupción de proyectos independientes sigue siendo una apuesta arriesgada. Sebastián Moya ha logrado abrirse camino precisamente desde ahí. Actor con más de dos décadas de trayectoria, ha expandido su carrera hacia la escritura, la dirección y la producción con Sin Justa Causa, una serie que no solo marca su debut como showrunner, sino que también le ha valido cuatro nominaciones a los Premios India Catalina. Su apuesta es clara: Contar historias profundamente humanas, ancladas en la realidad colombiana, pero con un lenguaje narrativo capaz de conectar con audiencias globales.

Cortesía de Mocca Films

Sin justa causa dialoga con los formatos tradicionales, pero también con una televisión más independiente y alternativa. ¿Cómo negocias esa libertad creativa con las exigencias de un público moldeado por las plataformas?

Con Sin justa causa tuvimos una fortuna, y es que al ser una convocatoria del Estado, uno aplica con la historia como se la imagina en su universo creativo. Si resultas ganador, tienes esa libertad. Obviamente uno entiende que el lenguaje y las escenas determinan para qué público es la serie, pero no tienes ese “cliente” que te diga qué sí y qué no.

En mi caso, como showrunner y guionista, escribo pensando en cómo voy a dirigir y editar. Yo también hago el montaje, entonces desde el guion ya estoy visualizando el resultado final. Eso permite ser muy fiel a la idea original y llevarla al rodaje tal como fue concebida.

Asumes múltiples roles: Actor, director, guionista, editor. ¿Cuándo ese control se vuelve una ventaja y cuándo empieza a ser un riesgo?

Yo soy actor primero, llevo más de 20 años en eso. Siempre quise contar mis propias historias y he sido muy autodidacta. No estudié cine formalmente, pero aprendí desde la práctica, desde estar frente a la cámara y entender cómo se comunican los actores.

Ese control tiene ventajas porque pienso todo el tiempo en el montaje. En el set muchas veces digo “ya lo tengo” porque sé que en otro plano está resuelto. Pero también hay límites. Por ejemplo, no dirijo y actúo al mismo tiempo. En Sin justa causa hago un cameo muy pequeño, porque actuar implica soltar el control, y en los modelos de producción que tenemos —rodar 10 o 12 escenas al día— es imposible hacerlo todo bien.

Cortesía de Mocca Films

Entonces, ¿dirigir y actuar depende del tamaño de la producción?

Totalmente. Eso se traduce en tiempo, y el tiempo es presupuesto. En producciones grandes puedes grabar una o dos escenas al día y revisar mucho más. Aquí no. Para lograr una buena actuación necesitas tiempo, y para dirigir también necesitas distancia.

Cuéntame sobre la historia de Sin justa causa.

Es una historia basada en hechos reales que escribí con Camila Guzmán. Cuenta el asesinato de un joven y su mejor amigo frente a una panadería en 2003, sin explicación. A partir de ahí, el padre entra en una obsesión por encontrar respuestas, en medio del abandono total de la justicia. Veinte años después, el asesino confiesa el crimen dentro de un proceso de desmovilización, y una investigadora empieza a reconstruir la historia para darle verdad a la familia.

Aunque parte de hechos reales, quisimos alejarnos del tono documental. Está contada como ficción, en formato cinematográfico, con seis capítulos cortos pensados también para plataformas. La idea es que, aunque sea una historia local, pueda conectar con cualquier espectador.

¿Crees que la televisión colombiana tiene una deuda con lo sociopolítico desde la ficción?

Sí, totalmente. Y además quisimos evitar el esquema de “villano porque sí”. Nos interesaba entender qué hay detrás de esas personas: muchas veces son jóvenes reclutados, atravesados por el odio o la violencia. Creo que el reto está en contar estos temas con una estructura que atrape: cliffhangers, ritmo, personajes con los que conectes. Si no, se quedan en lo contemplativo o en lo documental, y eso aleja al público.

Cortesía de Mocca Films

¿Cómo defines el tono de la serie?

Es un thriller investigativo con un fuerte componente de drama social. La historia familiar tiene mucho peso, pero cuando entra la investigación se activa el suspenso. Es usar esos géneros para hacer la historia más atractiva sin perder la base real.

Tu método parece muy centrado en lo actoral. ¿Cómo trabajas la dirección?

Dirijo mucho desde la actuación. Me interesa que la escena esté viva antes de pensar en la cámara. Trabajo con los actores hasta que encuentro el tono, y luego construyo lo técnico con mi director de fotografía.

También trabajo mucho desde la música. Desde la escritura creo playlists que definen el universo de la historia. Todo tiene ritmo: el texto, las pausas, la edición. Para mí, editar es como hacer música.

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Mencionas el ritmo y la musicalidad como algo central…

Sí, para mí todo es una partitura. Así me formé como actor. Incluso hago curvas dramáticas de los personajes para saber en qué punto emocional está cada escena. Eso es clave porque rodamos en desorden. Entonces puedo guiar al actor con precisión y también tomar decisiones en el montaje. Para mí, el editor es un nuevo guionista, y la música es otro personaje.

La serie tiene cuatro nominaciones a los India Catalina. ¿Cuáles son?

Mejor miniserie o serie corta, Mejor edición, Mejor musicalización y Mejor actriz de reparto para Margalida Castro (QEPD).

Pensando en audiencias internacionales, ¿dónde se puede ver la serie?

Actualmente está en canales regionales en Colombia, pero estamos trabajando con una distribuidora para llevarla a plataformas y a otros países. Está hecha con estándares para eso.

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¿Qué viene ahora?

Estoy en la postproducción de Volver a la tierra, una película que también aborda temas sociales como el desplazamiento y la migración, pero desde una historia íntima.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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