Zeta: Cine de espionaje y acción con identidad española

Mario Casas y Dani de la Torre, protagonista y director de la cinta, conversan con THE HOLLYWOOD REPORTER en Español sobre los orígenes, vértigos, búsquedas y satisfacciones de crear una de las historias más ambiciosas del cine español

Por KARLA LEÓN |

marzo 23, 2026

1:25 pm

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Una de las múltiples lecturas de ‘Saturno devorando a su hijo’, la famosa y sombría pintura de Francisco de Goya, es su representación de las crisis sociopolíticas de España. Al mismo tiempo, también ha permitido ahondar en las relaciones y conflictos entre padres e hijos. Ante estas interpretaciones, esa es la imagen que nos introduce en Zeta, el thriller de espionaje y acción de Dani de la Torre, quien escribió el guion junto a Oriol Paulo y Jordi Vallejo. 

Zeta es una de las películas más ambiciosas del cine español. Su narrativa minuciosa y detallista nos sitúa en Bangkok, Panamá, Tokio y Nueva York, donde cuatro exagentes encubiertos, convertidos en embajadores, son asesinados simultáneamente. El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) descubre que todos participaron en la ‘Operación Ciénega’ hace más de 37 años, y que el paradero de un agente adicional es desconocido. Para localizarlo, el organismo recurre a su mejor agente: Iago, también conocido como Zeta (Mario Casas). 

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Una conexión inesperada con la misión involucra a Zeta en una carrera contrarreloj. A esta se suma la inteligencia colombiana con Alfa (Mariela Garriga), una de sus espías más audaces, quien parece conocer más detalles sobre la operación que la propia agencia española. A medida que avanza la investigación, ambos esquivan peligros y desentrañan secretos ocultos durante décadas.

“El CNI te permitirá vivir muchas vidas. Todas las vivirás a cambio de la tuya”, dice Salvador Ancares (Luis Zahera) a Zeta, poco después de ser encontrado. Mario Casas, quien recientemente ganó el Premio Gaudí por Molt lluny (Muy Lejos), ofrece una de las interpretaciones más sólidas de su carrera en un entramado que combina intensidad operativa, giros estratégicos inesperados y un componente humano que deconstruye los estereotipos del cine anglosajón. 

De la mano de Dani de la Torre, nominado al Goya por El desconocido, dotan a la cinta de una verdad distintiva, enraizada en una de las propuestas más ambiciosas del cine iberoamericano. En entrevista con THE HOLLYWOOD REPORTER en Español, De la Torre y Casas hablan sobre los orígenes, vértigos, búsquedas y satisfacciones de hacer un cine que examina el heroísmo no reconocido de quienes operan en el anonimato para proteger a millones en medio del caos global.

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Zeta encuentra su propia identidad no solo dentro del cine español, sino también en el género de acción a nivel mundial. ¿Cuál fue la intención de construir una película así desde la escritura del guion, junto a Oriol Paulo y Jordi Vallejo, y posteriormente, al dirigirla?

Dani de la Torre: Lo que queríamos era, evidentemente, que fuese muy local, muy arraigada en España; que la gente viviese la problemática que hubo durante años y tuviese esa cercanía con el personaje, que pudiese entenderle, comprender de dónde viene y por qué toma esas decisiones.

Por otro lado, también necesitábamos hacerla universal, para que la problemática se entendiese en otros países y el público pudiese sentirse cercano a ella, incluso en la distancia, conectando con los temas comunes que abordamos. Hoy en día, con un mundo tan global, los agentes se mueven de un lugar a otro porque los conflictos están en todas partes y nos afectan a todos.

Es el signo de nuestros tiempos. Ahora mismo, estamos inmersos en un nuevo orden, y creo que eso también impacta a los agentes que viajan por todo el mundo. Hoy, algo puede suceder en tu país, pero viene dirigido desde otro. Es decir, todos necesitamos estar en contacto y ayudarnos a combatir lo malo que sucede en el mundo.

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Zeta tiene la oportunidad de vivir otras vidas, algo no muy alejado de tu realidad. ¿Qué fue lo que más te atrajo e interesó de interpretar a este personaje?

Mario Casas: Sobre todo, trabajar con Dani. El guion me atrapó y me apetecía contar la historia, pero claro, tienes que confiar en quien dirige el barco. Conozco a Dani desde hace muchos años, desde El desconocido, y nos hemos seguido la pista. Los dos teníamos ganas de trabajar juntos y, por fin, llegó el momento. Nos ha pillado en un momento bonito, con varios años en la profesión. Lo sacamos adelante juntos, sobre todo él como director, y yo aportando desde mi lugar como actor.

Es una peli difícil, una peli grande. En España se hacen cosas grandes, muy increíbles. Tenemos grandes talentos, sobre todo en los equipos técnicos, que son bestiales. A veces, tenemos vergüenza de hacer este tipo de historias de acción, de espías; no nos atrevemos. Y es verdad que Dani ya nos ha demostrado, con otros trabajos, que es de los que están capacitados para contar historias así. El resultado ha sido muy bueno. Lo que él tiene como director hace que todo luzca más grande. Pocos tienen su talento y su visión para este tipo de cine.

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Es una película muy minuciosa y detallista. No solo se construye en torno a un entramado criminal y de espionaje, sino también sobre la pérdida familiar como motor emocional de varios personajes. ¿En qué momento surgió el interés por explorar esa dimensión más íntima de la historia?

Dani de la Torre: Surgió cuando diseñamos al agente secreto. Nosotros queríamos huir un poco de los estereotipos, de lo que estamos acostumbrados a ver, sobre todo en el cine anglosajón. Me refiero a James Bond, ese personaje heterosexual, irresistible, que lo soluciona todo. Me parece que estamos en otro momento, por lo menos nosotros. Evidentemente, queremos diferenciarnos de lo que hay, pero también hacer algo más apegado a la realidad.

Hemos conocido y trabajado con agentes reales. Detrás de un agente secreto hay una persona que sufre, que toma decisiones erróneas, que duda, que acierta, que no es irresistible, que busca ayuda de los demás para conseguir las cosas. A partir de eso, creamos un personaje mucho más humano y cercano.

Es verdad que la historia parte de dos premisas. Una es la misión de encontrar al agente que está perdido, pero resulta que ese agente es su padre, del que desconocía que seguía con vida. Hay un shock emocional muy grande para el personaje. No solo hay una intención de encontrar a esa persona, sino de encontrar a su padre para preguntarle qué está pasando, por qué ocurrió y por qué, si conoce los secretos más íntimos de la nación, ignora los suyos. 

Ese tránsito y esa manera de afrontar la misión para descubrir a la persona que hay detrás humaniza mucho al personaje y hace que el espectador viva lo que le está pasando. Zeta nunca va por delante del espectador. El espectador se entera al mismo tiempo que él, lo que genera empatía y ganas de saber más. 

La película y los personajes tienen muchas capas, y para nosotros eso era fundamental, porque la vida no es tan simple. Las decisiones que tomamos no responden solo a una misión concreta o porque somos de una determinada forma. Hoy somos de una manera y mañana de otra; depende de lo que vivimos. Hay agentes que son muy buenos en su trabajo, implacables, pero siempre hay una persona detrás, y nosotros quisimos que fuese una película de personas normales con talentos extraordinarios.

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Eso nos habla de identidad, un aspecto que también juega un papel importante en la historia. Zeta se mueve en zonas emocionales complejas. Mario, ¿cómo construiste esos matices?

Mario Casas: Trabajamos bastante, casi un mes y pico. Ya habíamos hablado mucho antes y empezamos con todo el tema físico tres semanas antes del rodaje. También estuvimos cerca de un mes con un asesor militar para aprender a manejar bien las armas, porque es realmente complicado. Aprendimos cómo entrar en un lugar, cómo movernos y cómo tantear una entrada. Dani ya venía de hacer cosas similares, así que intentamos hacerlo lo mejor posible.

Después trabajamos la parte emocional, que para mí es lo más importante y lo más difícil. Hablamos mucho durante los ensayos y construí este personaje de la mano de Dani. Hubo un punto clave que a mí me dio mucha claridad. Es verdad que al actor le dicen: “No conoces a tu padre, nunca lo has conocido”. Al principio de la película, a Zeta le hablan de él, y entonces pienso qué voy a hacer y cómo lo voy a dramatizar. Dani me dijo que no, que en realidad era alguien a quien no conocía. 

A lo mejor yo me lo habría llevado a algo mucho más dramático, más cercano a lo que soy yo, Mario; pero en realidad es una persona que para Zeta no existe. Y aunque en un primer momento me lo imaginé, eso fue una pista para no creerlo, tomar distancia y asumirlo como una misión más. Por eso me interesó tanto, porque sí hay un arco. Después me encuentro con él (Salvador Ancares) y ahí estallo. Son pequeños motores o pistas con las que vas encontrando al personaje. Lo fuimos descubriendo poco a poco y viendo qué pasaba con él.

Dani de la Torre: Esto me pasó también con Luis Zahera, quien interpreta a Ancares. Cuando encaraba la conversación personal que hay al final, en la que explica qué pasó y por qué, tenía la tendencia a irse al drama, y yo le decía: “No puedes irte al drama, Luis. No puedes, no tienes derecho. Eres un padre ausente, te largaste y tienes que explicárselo como un colega o un amigo. Te estás abriendo de corazón, pero no hay drama. No quieres compasión, buscas perdón, y eso es muy diferente”. 

No buscábamos la compasión de los personajes, sino el porqué. De alguna manera, al conocer las razones, llega el perdón, porque el perdón ya está implícito cuando dos personas se juntan para hablar. Es una parte muy bonita, porque es un agente veterano hablando con un agente muy bueno sobre los errores que cometió en el pasado, para que lo entienda. Hay también una parte muy abierta de Zeta para escucharle, pero también otra que desconfía, que tiene cuidado porque no lo conoce de nada.

Mario Casas: Al final, explota por la madre. Zeta piensa: “¿Qué coño estás diciendo tú de mi madre?”. No tanto por la relación que tiene con ella.

Dani de la Torre: Explota porque se siente agraviado, porque parece que está poniendo a la madre como excusa para justificar lo que hizo en la ‘Operación Ciénega’. Como Zeta piensa que su madre nunca estuvo metida en nada ni sabe nada, dice: “Vaya excusa se ha buscado este tipo para que la culpa se la lleve mi madre, que no tiene nada que ver con esto”. Hay un momento muy visceral en el que plantea: “Como hables de los míos, te mato; porque encima te largaste de casa y nos dejaste solos”. Es decir, hay una relación de padre e hijo que luego se va recomponiendo, sobre todo porque se echaban de menos.

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La película es un gran ejemplo de lo que significa construir la “verdad” de un personaje. ¿Cómo dialoga un director con un actor que también es director?

Dani de la Torre: Es algo que tenemos muy claro. Al final, lo que queremos es entender a los personajes, aunque a veces no es fácil. Creo que hay una intención muy clara, que es entender por qué sucedió todo esto. Existe cierta expiación de la culpa, sobre todo en los veteranos, porque esa culpa está afectando a los nuevos agentes como Alfa o Zeta. A ambos se les ha hecho daño en el pasado y están llenos de dolor. No se justifican, simplemente piden perdón e intentan resolver lo que salió mal.

Mario, mencionaste en una entrevista que como actor te gusta tirarte al vacío para descubrir nuevas cosas. ¿Qué tipo de vértigo te provocó Zeta?

Mario Casas: Dani tiene una forma de rodar que a mí me costó entender los dos o tres primeros días. Él lo tiene todo muy claro y, con la velocidad del rodaje, entendí que los actores tenemos uno, dos o tres disparos, no más. Para mí, el inicio fue un reto. 

Sucede algo muy interesante en la primera o segunda toma que no vuelve a pasar; después empiezas a rehacer o sientes que te ha gustado menos. Así que esos primeros días fueron mi vértigo, pero no te queda otra más que confiar. Entendí la manera de trabajar de Dani, y a partir de ahí, me tiré al vacío.

Al final, ver el resultado de la película fue sorprendente. Claro, yo conocía el trabajo de Dani, pero a mí, como actor, me cuesta mucho ver el resultado. Suele no gustarme o intento no verla porque me condiciona y comienzo a pensar que habría sido mejor hacer las cosas de otra manera. Aquí no, aquí la disfruté. La peli me acogió, funciona como un tiro. Ojalá hubiese una segunda o tercera. Ya sé cómo rueda, ya puedo estar hiper mega concentrado para darlo todo.

Dani de la Torre: Tiene una explicación y es que, cuando repites mucho, entran en juego factores como la cabeza y el cansancio. No quiere decir que esté mal, sino que vas a hacer otra cosa, algo que a lo mejor no es lo que pretendes, pero tienes que llegar ahí.

Lo que yo buscaba era una misión a contrarreloj. Si haces una misión a contrarreloj, tienes pocos disparos. Si vas a Colombia y tienes una reunión, esa es la reunión. Cada toma te da cosas diferentes y la película se te puede ir por muchos sitios; no quiero decir que esté bien o mal, simplemente yo no quería ese camino. 

Hay un momento en el que los personajes se juntan y tienen que hacer algo en un tiempo limitado, así que tú tienes que jugar con eso también. Si Mario necesita repetir una toma, lo hacemos, y con el resto de los actores igual, pero se requiere mucha concentración en poco tiempo, porque esa limitación también la tienen los personajes. En la historia, una persona española y otra colombiana tienen que entenderse en una semana para solucionar un problema, trabajar juntos e ir de la mano. Lo mismo con el resto de los personajes.

Nos pasó a nosotros en Brasil o en Tallin. Tuvimos que entendernos con el resto del equipo en muy poco tiempo, incluso en idiomas diferentes. Logramos que todo fluyera, que todo el mundo remara en la misma dirección. Eso también ayudó a que los propios actores prepararan sus personajes, porque un agente no puede fallar, o tiene muy pocas oportunidades para hacerlo.

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Dani, ahora que Mario menciona una segunda película, y que la trama entre Alfa y Zeta queda abierta, ¿piensas seguir trabajando en esta historia?

Dani de la Torre: Ojalá, yo encantado. Ya sabes, depende de cómo funcione la película en Prime Video. Si sucede, si funciona muy bien y nos dan greenlight para la segunda parte, te aseguro que estamos preparados para hacerla y para seguir viendo a Zeta en otras situaciones.

¿Qué fue lo más desafiante de dirigir un proyecto que combina una trama tan ambiciosa con una producción de gran escala?

Dani de la Torre: Ante todo, manejar la historia, equilibrarla, que no se te vaya. Que los personajes sean siempre lo principal y que la acción o los fuegos artificiales nunca tapen lo que realmente importa.

La película parece más grande de lo que es, porque la rodamos en diez semanas, con un presupuesto que está bien para una película española. En Brasil estuvimos una semana; en Tallin, tres días. Trabajamos poco tiempo en los lugares, pero lidiamos con climas muy radicales: mientras en Brasil estábamos a 40 grados, en Tallin a no sé cuántos bajo cero, con poca luz. Nos adaptamos a todo y vivimos como un equipo real de agentes que se traslada de un sitio a otro.

Tienes que adaptarte, trabajar con equipos locales, entenderte y tirar hacia adelante. Para mí, el equilibrio lo es todo: entre los personajes, las locaciones, el tono de la película. Eso es lo más complicado. Tengo la suerte de trabajar con un equipo técnico magnífico y con unos actores increíbles. Todos entienden los problemas que puede haber en una producción. Viajamos juntos, estuvimos juntos, y el calor y el frío nos afectaron por igual.

Mario Casas: Ha sido una experiencia preciosa y muy positiva. En España no estamos acostumbrados a hacer este tipo de películas, con personajes así, con locaciones tan diferentes. No solo conocimos cómo trabajan otros equipos, sino que vimos el empeño que hay para sacar una película adelante, y fue especial compartirlo con compañeros como Luis Zahera y Mariela Garriga.

Como actor lo vives, te empapas, aprendes, aprendes, aprendes y juegas. Al final, nuestro trabajo es un juego, pero también tenemos que prepararnos y concentrarnos. Ha sido muy especial formar parte de este proyecto.

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¿Dirías que ha sido uno de los personajes más importantes de tu carrera?

Mario Casas: Yo creo que sí. Es decir, cada proyecto es el más importante de tu carrera. A mí me cuesta mucho sumergirme en un proyecto si no siento que es el mejor personaje. Cada papel te aporta aprendizajes; te construyes a base de los proyectos que haces.  ¿Qué hay en este personaje, en este proyecto? Muchas cosas. Engloba cómo ha sido la película, cómo ha sido la experiencia, mi relación con Dani y con los actores. Eso no suele pasar tanto. Todos hemos formado parte de esto. 

Queremos hacerlo bien, hacer una segunda parte. Si se logra una segunda o una tercera y se convierte en una franquicia, lógicamente será una de las cosas más importantes que me han podido pasar. Es una historia y un proyecto maravilloso.

Dani, después de La Unidad, ¿qué representa esta historia en tu filmografía?

Dani de la Torre: Te puedo decir que mi primera película, El desconocido, por ser la primera, la que te da a conocer y realmente te coloca en un lugar, es la más importante de mi vida. ¿Por qué? Porque representa el final de un camino y el inicio de otro.

Ahora mismo, es un sueño hecho realidad poder hacer una película sobre un agente secreto en España. No estamos habituados a hacer eso aquí. El apoyo de Prime Video fue importantísimo, creyeron en el proyecto y en que nosotros éramos capaces. Hacerla fue importante porque, cuando haces las cosas por ti, también las haces un poco para todo el mundo. Los retos fueron para todos, desde los actores hasta el equipo técnico, y nadie había hecho una película de este estilo. Para mí, es importante seguir creciendo como profesional y asumir nuevos retos. Zeta es un reto muy importante porque es mi primer original; es la primera vez que hago algo que se va a ver en todo el mundo al mismo tiempo. Tengo mucha ilusión por ver cómo viaja Zeta por el mundo.

KARLA LEÓN

Redactora de Cine y Televisión

Karla León es redactora de cine y televisión en The Hollywood Reporter en Español. Su labor periodística se distingue por entrelazar los procesos creativos, el contexto sociopolítico y el futuro de la industria.

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