Pocas veces un documental logra capturar por completo la vida y esencia de una figura pública. El tiempo siempre es un limitante importante cuando se intenta abarcar la historia de una persona, pero Alejandra Arrieta parece haber vencido ese mito con su trabajo en Pola Weiss, el documental oficial sobre la teleasta mexicana.
Nativa de Venus —según se describía a sí misma— y reconocida como pionera del videoarte y la videodanza, Weiss se consolidó como una figura singular dentro de la experimentación audiovisual en México. Fue la primera persona en graduarse de la Universidad Nacional Autónoma de México mediante una videotesis, y posteriormente desarrolló una labor docente en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de su alma mater, donde integró la televisión como herramienta pedagógica, enfocándose en el movimiento del cuerpo, la percepción crítica y el video experimental. Su trabajo también circuló en exposiciones en México, Europa y Estados Unidos.
Lamentablemente, para los libros, su escandalosa muerte fue motivo suficiente para que muchos olvidaran su legado. Es aquí donde Arrieta llega y, tras una ardua y larga investigación, propone un recorrido completo con una duración de casi dos horas y media de la memoria perdida de una artista extravagante, llena de curiosidad y penumbra. En él, se abarca desde que sus padres se conocieron hasta su fallecimiento a través de testimonios —de familiares, amigxs, exparejas y colegas— que se sienten profundamente sinceros, material de archivo de sus obras y memorias de sus diarios. Provocando la construcción de un retrato más amplio de una mujer adelantada a su época.
El resultado es un acercamiento a una Pola excéntrica, multitalentosa y revolucionaria. Una mujer a la que le gustaba provocar y era “un virus” para los más conservadores. Se evidencia que, además de ser la creadora de Somos Mujeres (1978) o Ciudad Mujer Ciudad (1978), fue de igual forma una hija, hermana, amiga, maestra y nieta. Muestra que fue su abuela quien la enamoró del cine, además de ser el centro, motivo y su razón en vida. Cuentan sus inquietudes con el mundo, como lo fue su mala relación con su madre; retratan su ser social, como la vez que se propuso conocer a David Lynch y logró establecer una conversación con él o cómo, a pesar de no ser tan expositiva, sus alumnos siempre la seguían a todos lados debido a la profunda admiración que se sentían por ella.
Esa complejidad también se traslada a la forma en que el documental está construido. En Pola Weiss, Arrieta es el portal y la vocera de la historia, pero es destacable cómo gracias al uso de inteligencia artificial para recrear su voz, Pola es la narradora de su propio documental. Podemos escucharla leyendo entradas de su diario, describiéndonos sus días, emociones y penas. Todo eso logra que el proyecto sea una honra a su vida, construida a partir de la superposición de imágenes, loops y repeticiones visuales, elementos característicos del lenguaje de Pola, que hacen que el documental dialogue directamente con su forma de entender la imagen y construya una memoria coherente con su obra.
A simple vista, una decisión obvia, pero ciertamente inteligente. Y nadie mejor que Arrieta para hacerlo, pues en todo momento le ha demostrado una profunda admiración que ha traspasado la pantalla. La cineasta ha llevado el legado de Weiss a otros espacios, desde la apertura de convocatorias de piezas audiovisuales inspiradas en su trabajo, hasta su presencia en las marchas del 8M en la Ciudad de México y la reactivación de sus videoinstalaciones en distintos espacios culturales. Ese interés genuino por mantener viva su memoria y expandirla más allá del propio documental se vuelve evidente en la forma en que se retrata su muerte, donde hay un balance muy bien logrado entre su contexto y su obra, que van de la mano, pero se abordan con una delicadeza que evita caer en el mismo sensacionalismo o morbo con el que se le ha descrito en sus años póstumos.

El documental deja ver a una mujer que era un alma habitando en un mundo que no estaba preparado para verla crecer. No solo hablando de sus proyectos, sino también en su desarrollo personal, sus relaciones, su forma tan libre y desenfadada (para la época) de vivir su vida. Era constantemente juzgada y hasta catalogada como “una loca”, etiqueta que la acompañó hasta el fin de su vida. Aunque en el documental una psicóloga clínica sugiere que parte de su estado mental podría tener un componente hereditario por parte de su abuela, es cierto que desde chica estuvo marcada por la represión de la mirada ajena.
Sus allegados decían que poco a poco “se fue volviendo más ella”, refiriéndose a la inestabilidad mental que tanto la caracterizó. Se puede ver en el proceso que atravesó después del fallecimiento de su abuela, su intento de suicidio a los 18 años, la pérdida de su primer embarazo y la incertidumbre sobre el paradero del cuerpo de su bebé. A esto se suma una carrera marcada por una brecha de género que limitó su desarrollo dentro de la industria. Pero la realidad es que, conforme avanza el documental, una aprende que la muerte siempre estuvo presente en su vida. “¿Qué hay después de la muerte? No sé, y me da miedo”, escribió en su diario.
El punto de quiebre fue la muerte de su padre. A partir de ahí, su deterioro emocional se volvió mucho más evidente. Las notas de su diario eran cada vez más desgarradoras y comenzaron a apuntar a un inminente final, alimentando el triste mito del artista incomprendido. Su escuincla (cámara) dejó de ser su amiga y, como ella misma lo expresó, “se agotó la imaginación, la magia se desvanece, las emociones y las sensaciones quedan muy cerca de la mediocridad. Lo cual es una muerte terrible para un artista”.
Pola perdió su pasión. La tecnología la sobrepasó y se comenzó a sentir ajena a un mundo al cual se presentó como pionera. En vida se convirtió en Pola “La Trágica”, pero su muerte en 1990 le mostró a los suyos que “todo lo que uno hace tiene implicaciones importantes en el futuro”. Es por eso que su extravaganza la hizo pasar a la historia y Arrieta, con su documental, se ha encargado de que no se borre su historia. Permitiendo que Pola sea recordada mediante sus propios medios.