Con una trayectoria destacable en el teatro y el cine, Adriana Llabrés se ha consolidado como una actriz versátil. Formada en Londres y Nueva York, su trabajo ha sido reconocido tanto por la crítica como por la industria, incluyendo el Ariel a Mejor Actriz por el drama mexicano Todo el silencio.
Ahora, con el estreno de Psicópata: El Asesino del Conejo Blanco, Llabrés encabeza un thriller psicológico mexicano, dirigido por J. Xavier Velasco, en el que interpreta a Nora Sierra, una agente de psicología criminal con trastorno de identidad disociativa que se enfrenta a la búsqueda de un asesino serial.
En entrevista con The Hollywood Reporter en Español, la actriz habló de la preparación física y emocional para poder encarnar con responsabilidad el papel, del trabajo con especialistas para entender el trastorno sin caer en lo sensacionalista y de su interés por comprender el comportamiento humano. También compartió su postura sobre la violencia, entendida desde un lugar más amplio y menos simplista, y reflexionó sobre la tendencia a ver todo en extremos, cuando en realidad —como plantea— gran parte de la experiencia humana ocurre en los grises.
Cuéntame, ¿cómo está esta nueva película que vas a estrenar?
Muy emocionante. Es una película que hicimos con muchísimo amor y dedicación. En la conferencia de prensa era muy claro cómo todos habíamos hecho mucha investigación sobre los temas de nuestros personajes. Ver el resultado y cómo resonó con la gente, cómo saliendo de la función estaban emocionados y en un nivel de energía alto, es algo particular también con el cine que hacemos en México. Me gusta hacer ese cine, pero sí hay una diferencia en cómo queda la audiencia al final. Aquí estaban muy arriba, y eso es padre de ver. Es diferente para mí.
Sí, claro. ¿Qué fue lo que te atrajo de este personaje tan complejo?
Su complejidad. Es un personaje con diferentes capas, muy tridimensional, todos los personajes lo son. Forma parte de un guión en donde hubo una dedicación para entender a los personajes que mueven la historia. No es sólo circunstancial, como muchas veces. Es un guión diferente y un personaje con el cual tenía que investigar, y eso me encanta. Me encanta aprender.
¿Dirías que este ha sido tu rol más demandante física o emocionalmente hasta ahora?
Fue demandante de una manera diferente. En otro proyecto tuve que aprender lengua de señas y estuve clavada en eso dos años. Aquí tuve unos cuatro meses antes para prepararme, lo cual fue importante y muy necesario. No creo que haya sido el más demandante, pero con todos los personajes me exijo bastante, y este no fue la excepción. Estuve con entrenadores de la UFC para poder acercarme al cuerpo de una persona que está buscando justicia. Nora es la entidad que ha estado tomando este cuerpo por más tiempo últimamente y tiene esta determinación de encontrar al asesino, entonces había que entrenar ese cuerpo, así como las peleas. También la investigación sobre el trastorno de identidad asociativo, intentando no hacerlo sensacionalista por consigna del escritor, que también es el productor, y del director, además de la psiquiatra con la cual me apoyé. No había referentes visuales, ya que las películas que tratan este tema tienden a ser sensacionalistas. Había que indagar en algo nuevo para mí, con poco material visual. Entender bien el trastorno, qué marca a las diferentes entidades, por qué sucede, y explorar la corporalidad y los cambios entre estas entidades, sin dejar de ser el mismo personaje.

Eso es lo que te quería preguntar, porque el tema de la salud mental es importante y se tiene que trabajar con responsabilidad. ¿Cómo manejaste eso, además de la preparación y el apoyo de especialistas?
Aparte de eso está lo personal. Voy a terapia desde los 9 años. Siempre he estado muy interesada en comprender al ser humano y por qué hace lo que hace. Mi mamá es psicóloga, entonces he crecido con conversaciones del tema. Algo interesante de lo que vivimos hoy en día es que penduleamos hacia tendencias. La última ha sido la científica y racional. Cuando se dejan de cuidar y transitar las emociones, uno se priva de algo que también está sucediendo. No podemos irnos solo a lo racional, hay muchos problemas de salud mental por evitar las emociones.
Teniendo un acercamiento mucho más personal a estos temas tienes una sensibilidad distinta al momento de tocarlos, ¿no?
Sí, lo veo desde un lugar en donde puedo tomar distancia respecto al juicio, al bueno y al malo, y no juzgarlo desde ese lugar. Por supuesto que no justifico la violencia, pero creo que la comprendo. Me parece interesante pensar que, si la comprendiéramos, podríamos cambiar el sistema, que es un engranaje que a veces empuja hacia la violencia. Todo es sistémico, no es algo aislado, sucede por diferentes cosas. Algo que aprendí con esto fue que somos seres biopsicosociales. Uno puede nacer con ciertos genes, pero no se van a disparar si no suceden ciertas cosas en su entorno, en sus herramientas, en lo social. Son tres aspectos que nos conforman y van dictando nuestra personalidad.
Esta postura sobre la violencia que tienes, ¿ya la habías encontrado antes o la descubriste mientras ibas construyendo el personaje?
Ha coincidido con cosas que he trabajado en mi vida personal, más o menos al mismo tiempo que hice la película. Puedo ver a un ser violento, comprenderlo y decidir tomar distancia. También tiene que ver con la vida, con lo que veo, y con cierta resignación y resiliencia de entender que el mundo es así. Algo que he tenido desde siempre es el ojo de entender que todo lo que hacemos es para sobrevivir, incluso cuando nos hace daño. Por ejemplo, evadir o beber es una manera de querer estar bien, aunque también haga daño. Algo se gana que tiene que ver con la supervivencia. Es algo que he visto desde niña y que me ha dado cierta comprensión hacia el ser violento. Pero eso no significa que haya que estar cerca de alguien así ni que se justifique la violencia.
Muchas cosas que las personas hacen no son personales, sino su manera de lidiar con lo que viven. Solo queda marcar límites.
Sí, pero también he aprendido que los límites se los marca uno mismo, no al otro, porque eso ya es control. Si uno cree que está marcando límites pero lo hace con violencia, no es lo ideal. Hay diferentes niveles de violencia, y si uno tiene que salir de algo violento de manera violenta, ¿quién soy yo para juzgar?
Es un tema bien complejo, pero estoy de acuerdo.
Justo lo que le da esa complejidad es que no es blanco y negro. Hay un gran espectro de lo que estamos hablando.
He estado pensando mucho últimamente es que en la vida la mayoría de las cosas no son ni blanco ni negro. Vivimos en grises. A la gente nos gusta encasillar las cosas y tenerlas en una sección específica para sentir tranquilidad, pero en realidad hay muchos aspectos en nuestro imaginario que habitan en los grises. Es un tema muy interesante.
Sí, porque mientras más cómodos estamos en los grises, mejor digerimos el mundo. La tendencia es polarizar, ver siempre dos lados. Yo tengo conflicto con eso, estoy intentando encontrar mi balance. No sé si es algo colectivo, pero sí veo esa tendencia a lo blanco y negro.
Sí, pero también el balance puede estar en el centro, no tiene que estar en una orilla.
Claro, definitivamente el balance no está en la orilla.
Pero bueno, pasando a otro tema menos filosófico, has sido llamada la “It Girl Mexicana del Teatro”. ¿Cómo crees que el teatro en México está viviendo esta temporada? ¿Dirías que hay un renacimiento? ¿Cómo lo percibes?
Hice muchísimo teatro sin parar. El teatro en México y los teatreros son personas increíbles, es donde me siento muy en casa. Tenemos que trabajar en fomentar la dramaturgia y las obras de nuestro país, y acercarnos más a su diversidad. Es increíble que haya burbujas de teatro muy interesante, que ha ganado premios Pulitzer y ha sido número uno en Broadway y en el West End. Pero veo una falla que tenemos que pulir, que es fomentar nuestro propio teatro y no necesariamente desde una mirada extranjera, como a veces se hace para venderse fuera, un poco más folclórico. Está bien que exista ese tipo de teatro, hay mucha diversidad, pero falta impulsar nuestra propia dramaturgia.

Claro, es complicado el arte en México y en Latinoamérica en general.
Estudié un diplomado de literatura latinoamericana del siglo XX. Tenía muchas dudas sobre mí misma y por qué había optado por irme a Londres y Nueva York a estudiar. La pasé increíble, pero tenía esos cuestionamientos. ¿Por qué nos resulta tan obvio voltear a ver al mundo anglosajón como si fuera mejor? Cuando vivía allá vi aspectos muy eficientes y cosas muy buenas, pero no creo que sea mejor. Tenemos una herida de la conquista, porque no dejamos de ser un país muy joven. Fuimos Nueva España por 300 años y tenemos 200 años de ser México. Cuando nos independizamos, nos quedamos sin dinero y otros países se aprovecharon. Hay una herida de opresión, de verlos como si fueran el jefe. Lo que falta es creer en nosotros y abrazar lo diversos que somos. Eso nos va a hacer muy fuertes. Estamos en tiempos complicados y es importante hacerlo.
Bueno, aparte de complicados, yo diría importantes, porque justamente han estado saliendo producciones increíbles, tanto de teatro como de cine. Y siento que, viéndolo desde mi perspectiva, es complicado, porque ahorita, que están saliendo muchas cosas, es cuando más están a juego las cosas, justamente por esa herida de opresión que tú mencionas. Porque hay que ver si funciona y tenemos que hacerlo funcionar, sigue siendo una responsabilidad colectiva.
Claro. Hace un año me invitaron a hablar en Harvard, representando al arte y la cultura de México, y decidí hablar de teatro. Hay muchas oportunidades de crecimiento para el teatro en México. Ahí decía que México está de moda. Estamos en un momento importante. Por ejemplo, en algún momento tuvimos un presidente, Alfonso López Mateos, que puso al teatro como un servicio de salud. Se construyeron muchos teatros que ahorita están cerrados. Hay uno al lado del Four Seasons, el Teatro San Jerónimo, que está junto a hospitales, porque eran parte de la salud. Y lo son. Si los abrazamos desde ese lugar, podría haber otro auge.
Sí, claro, me encanta tu perspectiva. ¿Qué otros proyectos tienes en puerta?
Estoy haciendo películas de acción. Acabo de terminar otra con Paco Álvarez, un thriller de acción que él produce junto con Dulce María. Estoy con Víctor Hugo Martín y otros actores. También terminé una serie que dirige Natalia Bermúdez, que pronto saldrá en VIX. Y estoy siguiendo un camino de producción. Todo el silencio la co produje con Luis Salinas, Serena Payán y María Yu. Ahora estamos organizando otro proyecto con Enrique Singer, Jimena Escalante y Ana Cooper. Parece que Luis Salinas también se sumará. Lo que me interesa mucho con mis proyectos es participar en romper la barrera que existe entre el mundo teatrero y el mundo cinematográfico, con la que yo me enfrenté cuando quise entrar al cine.