Crítica: Ponyo

Una de las películas más encantadoras de Miyazaki, una fábula sencilla que encuentra grandeza en la imaginación y la emoción.

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

junio 1, 2026

8:56 am

Cortesía de Cineplex

Hablar de Ponyo suele ser una de las tareas más difíciles dentro de la filmografía de Hayao Miyazaki. No porque sea una película compleja o particularmente ambiciosa, sino porque gran parte de su encanto reside precisamente en lo contrario. Después de obras monumentales como La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro, Miyazaki decidió contar una historia mucho más pequeña, íntima y aparentemente sencilla. El resultado fue una de las películas más cálidas y luminosas de toda su carrera.

La historia toma elementos de La sirenita de Hans Christian Andersen, pero los transforma completamente. Ponyo no es una princesa atrapada entre dos mundos ni una heroína romántica. Es un pez dorado con rostro humano que escapa del océano y desarrolla una amistad inmediata con Sosuke, un niño de cinco años que vive junto al mar. A partir de esa premisa, Miyazaki construye una aventura que parece avanzar siguiendo la lógica de los sueños más que la de una narrativa convencional.

Y ahí radica una de las principales diferencias entre Ponyo y gran parte de la animación contemporánea. Mientras muchos estudios intentaban impresionar al público mediante tecnología digital cada vez más sofisticada, Miyazaki continuó apostando por la animación dibujada a mano. Cada ola, nube y criatura marina parecen haber sido creadas con una paciencia casi artesanal. El resultado visual sigue siendo extraordinario más de quince años después de su estreno.

Las secuencias submarinas iniciales son probablemente algunas de las imágenes más hermosas producidas por Studio Ghibli. Medusas flotando como fantasmas de colores, peces prehistóricos deslizándose entre corrientes imposibles y un océano que parece estar vivo convierten la película en una experiencia visual cercana a la contemplación.

Lo más impresionante es que Miyazaki consigue transmitir asombro sin recurrir constantemente al espectáculo. En Ponyo, la maravilla surge de pequeños detalles. Una niña aprendiendo a caminar, un barco de juguete navegando sobre aguas mágicas, una conversación entre dos niños que todavía no entienden completamente el mundo. Esa mirada infantil es fundamental para entender la película.

A diferencia de muchas producciones occidentales que suelen introducir conflictos exagerados o villanos claramente definidos, Ponyo observa el mundo desde la curiosidad de la infancia. Incluso Fujimoto, el padre de Ponyo, interpretado inicialmente como una figura amenazante, termina revelándose como un personaje motivado por algo mucho más comprensible: el miedo a que el equilibrio natural desaparezca. Ese tema ecológico atraviesa toda la película.

Michael Dudok de Wit: “La curiosidad es la base de toda creación” – Hollywood Reporter

Miyazaki nunca fue un director especialmente sutil cuando hablaba sobre la relación entre humanidad y naturaleza. Lo hizo en Nausicaä, en La princesa Mononoke y también en Chihiro. Sin embargo, en Ponyo adopta un enfoque mucho más amable. La contaminación marina, los residuos humanos y el deterioro ambiental están presentes constantemente, pero no aparecen como sermones. Forman parte del paisaje y de las preocupaciones de los personajes.

La transformación de Ponyo altera ese equilibrio natural y provoca una gigantesca inundación que cambia completamente el mundo conocido por Sosuke. Lo interesante es que Miyazaki nunca convierte ese desastre en una secuencia de destrucción masiva al estilo hollywoodense. Incluso durante el caos, la película conserva una serenidad casi poética.

También ayuda que los personajes funcionen tan bien. Sosuke es posiblemente uno de los protagonistas infantiles más entrañables creados por Studio Ghibli. No posee poderes especiales ni características extraordinarias. Es simplemente un niño bondadoso, curioso y valiente. Su amistad con Ponyo nunca necesita grandes discursos ni explicaciones complejas. Miyazaki entiende que los niños aceptan el mundo tal como llega y que la amistad puede surgir con una naturalidad que los adultos suelen olvidar. Por eso la película resulta tan efectiva emocionalmente.

Aunque está dirigida a un público familiar, Ponyo nunca trata a los niños como espectadores incapaces de comprender emociones complejas. La soledad, la separación, la responsabilidad y el amor aparecen constantemente, pero expresados con una sencillez que los vuelve universales.

Si existe una crítica posible, es que la historia carece de la profundidad temática y narrativa que distinguió a otras obras mayores de Miyazaki. Comparada con la riqueza simbólica de Chihiro o la complejidad moral de Mononoke, Ponyo parece una obra más ligera. Algunos espectadores incluso podrían considerarla demasiado simple. Sin embargo, juzgarla desde ese criterio sería un error.

La intención de Ponyo nunca fue competir con las grandes epopeyas del director. Su objetivo era recuperar la capacidad de asombro infantil, observar la naturaleza con fascinación y recordarnos que la imaginación todavía puede transformar lo cotidiano en algo extraordinario. Y pocas películas han logrado hacerlo con tanta delicadeza.

Quizá por eso Ponyo ocupa un lugar tan especial dentro de la filmografía de Miyazaki. No es su obra más ambiciosa, ni la más profunda, ni la más compleja. Pero sí una de las más puras. Una película que encuentra belleza en las cosas pequeñas y que demuestra que la animación puede seguir siendo una forma de arte capaz de emocionar tanto a un niño como al adulto sentado a su lado.

Veredicto: Con una animación deslumbrante y una sensibilidad única, Ponyo transformó una sencilla historia de amistad en una de las películas más encantadoras de Hayao Miyazaki.

Ficha técnica

Título original: Gake no ue no Ponyo
Título internacional: Ponyo
Año: 2008
País: Japón
Duración: 100 minutos
Dirección: Hayao Miyazaki
Guion: Hayao Miyazaki
Producción: Toshio Suzuki
Música: Joe Hisaishi
Fotografía: Atsushi Okui
Montaje: Takeshi Seyama
Estudio: Studio Ghibli
Distribución internacional: Walt Disney Studios Motion Pictures, Cineplex
Voces originales japonesas: Yuria Nara (Ponyo), Hiroki Doi (Sosuke), Tomoko Yamaguchi (Lisa), Kazushige Nagashima (Koichi), Yuki Amami (Granmamare), Joji Tokoro (Fujimoto).
Género: Animación, fantasía, aventura, familiar.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

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