¿Quién es mejor?: El talento insólito según Adamari López, El Diablito, Yordi Rosado y Michelle Rodríguez

Cuatro figuras del entretenimiento buscan habilidades capaces de sorprender, pero descubren que la valentía, la historia personal y el carisma pueden alterar cualquier veredicto

Por ANDRÉ DIDYME-DÔME |

agosto 4, 2026

2:06 pm

Cortesía de TelevisaUnivisión

Los concursos de talentos suelen ordenar a sus participantes dentro de categorías reconocibles. Cantantes, bailarines, cocineros, imitadores o acróbatas compiten ante un jurado encargado de separar la técnica de la ilusión familiar. ¿Quién es mejor? altera esa organización al abrir el escenario a cualquier persona convencida de poseer una habilidad extraordinaria, sin importar si proviene del arte, el cálculo mental, el circo, la resistencia física o una ocurrencia que difícilmente encontraría espacio en otro programa.

En cada episodio, diez participantes presentan sus actos ante el público y un panel de “expertos” integrado por Adamari López, Yordi Rosado, Michelle Rodríguez y Mauricio Barrientos, conocido como El Diablito. Los concursantes pueden tocar varios instrumentos simultáneamente, hablar al revés, resolver operaciones a una velocidad prodigiosa, ejecutar números callejeros o defender con absoluta seriedad una habilidad que los demás apenas consiguen comprender. El formato, conducido por Marie Claire Harp, transforma esa diversidad en una competencia entre el criterio del panel y las preferencias de la audiencia. 

La dificultad no consiste únicamente en reconocer una destreza técnica. Los expertos deben decidir hasta qué punto cuentan la originalidad, la presencia escénica, la disciplina y la capacidad de conectar con quienes observan. Un participante puede ejecutar impecablemente su acto y desaparecer de la memoria unos minutos después; otro puede equivocarse y, aun así, conquistar al público gracias a su personalidad o al valor necesario para exponerse frente a millones de espectadores.

Esa tensión convierte el programa en un pequeño experimento sobre la mirada contemporánea. Vivimos en una época en la que cualquier actuación puede ser grabada, compartida y juzgada antes de terminar. Las redes sociales prometen visibilidad, pero también han fortalecido el temor al ridículo. En ¿Quién es mejor?, la posibilidad de fallar no aparece como accidente que debe ocultarse: forma parte del espectáculo y, en ocasiones, revela algo más interesante que la perfección.

Adamari López, El Diablito, Yordi Rosado y Michelle Rodríguez analizaron la autenticidad de los participantes, la frontera entre la comedia y la humillación, el peso de las historias personales y la función comunitaria que todavía conserva la televisión.

Adamari López (Cortesía de TelevisaUnivisión).

Adamari, ¿Quién es mejor? mezcla emociones, humor y bastante caos. ¿Qué fue lo primero que pensaste al conocer el tipo de talentos que desfilarían frente a ustedes?

ADAMARI LÓPEZ: Lo resumiste muy bien. ¿Quién es mejor? tiene humor, talento, risas, momentos de nervios y la posibilidad de descubrir cuáles son realmente las habilidades de cada participante.

Para mí fue una grata sorpresa recibir la oportunidad de regresar a México y volver a TelevisaUnivision para hacer este proyecto con Miguel Ángel Fox. También representa la posibilidad de continuar creciendo dentro de mi carrera como conductora y como experta del programa. Me divierto, me emociono y me llena de alegría estar allí, aunque también me pongo nerviosa. Cuando aparece una persona que quizás no posee el talento que esperabas encontrar, tampoco quieres hacerla sentir mal ni pronunciar una palabra capaz de lastimarla. 

Estoy feliz porque el programa también me permitió compartir con personas a quienes no había tenido la oportunidad de conocer tan bien. Trabajar con El Diablito ha sido un verdadero agasajo. Michelle es extraordinariamente talentosa y a Yordi ya lo conocía, pero ahora cada uno puede aportar algo diferente para construir un gran espectáculo frente a los participantes. No podría haber recibido una invitación mejor.

El Diablito (Cortesía de TelevisaUnivisión).

Diablito, tú procedes de una comedia irreverente y salvaje. El programa me recuerda por momentos a The Gong Show, aquel concurso estadounidense construido alrededor de un humor patético y surrealista. ¿Qué tan divertido fue descubrir participantes que parecen salidos de un sueño o de una pesadilla?

EL DIABLITO: Algunos parecen salidos de uno de esos sueños que tienes después de comer aguacate. Ha sido muy divertido. En México tuvimos un programa llamado Estrellitas callejeras, que también mostraba números muy particulares, pero aquí tenemos la posibilidad de conocer habilidades completamente distintas. Creo que esa variedad es el principal elemento diferenciador de ¿Quién es mejor?

Estábamos acostumbrados a concursos centrados en cantantes, bailarines o cocineros. Aquí cada participante puede presentar algo diferente. Aparecen habilidades verdaderamente surrealistas y también actos que merecen que todo el público se ponga de pie. El concepto está muy bien construido y producido. Nosotros nos divertimos muchísimo como expertos, aunque a veces realmente sentimos que estamos dentro de un sueño.

Yordi Rosado (Cortesía de TelevisaUnivisión)

Yordi, has entrevistado a muchísimas personas y conoces bien el funcionamiento del ego. ¿Qué distingue a alguien auténticamente talentoso de quien solamente desea alcanzar el éxito y la fama?

YORDI ROSADO: En este programa se nota principalmente a través de los actos. Los participantes no tienen demasiado espacio para hablar de sí mismos o construir un personaje egocéntrico antes de presentarse.

Lo que observamos puede ser una habilidad física, mental o verbal, pero casi siempre se manifiesta de una manera muy clara y específica. Nosotros no hablamos con los participantes ni los entrevistamos hasta después de haber visto el número completo. Por eso no existe demasiada ambigüedad en la primera reacción. Sabemos si nos sorprendió, si funcionó o si no consiguió aquello que buscaba. En ese momento, el acto habla por la persona.

Michelle Rodríguez (Cortesía de TelevisaUnivisión)

Michelle, como actriz y comediante sabes que hacer el ridículo puede ser difícil y exige valentía. ¿Hubo algún concursante que te conquistara más por su autenticidad que por su habilidad?

MICHELLE RODRÍGUEZ: Ese es uno de los juegos interesantes del programa. Estamos buscando al mejor y, de pronto, aparece alguien que quizás no es el mejor dentro de su disciplina, pero el público comienza a gritar su nombre y se vuelca sobre esa persona con sus aplausos.

En ocasiones ha sido difícil dejar marchar a esos participantes. La gente que llega para mostrar aquello que sabe hacer, con el corazón en la mano, ya posee una carta de presentación muy poderosa. Tampoco tiene oportunidad de fingir demasiado: hace bien el acto o no lo hace bien. Sin embargo, cuando después los escuchamos hablar, sucede algo sorprendente. Una persona puede creer que su gran talento es bailar, aunque lo haga terriblemente, y descubrimos que su verdadera habilidad consiste en ser encantadora. Cuando habla pensamos: “Es verdad, esta persona tiene algo especial”. 

Como expertos hemos sido claros con aquello que buscamos: espectáculo y talento. También estamos compitiendo contra el público. La audiencia escogerá a un participante muy fuerte y nosotros debemos seleccionar al mejor porque no queremos perder.

E programa tiene un componente profundamente humano: personas que defienden con absoluta pasión habilidades que otros podrían considerar absurdas. ¿Esa convicción vuelve la experiencia emocionalmente más cercana?

ADAMARI LÓPEZ: Sí. Algunas habilidades pueden parecer tan absurdas que llegamos a preguntarles: “¿Quién te dijo que tenías ese talento?”. Sin embargo, también llegan con una motivación muy importante: realizar algo que para ellas representa un sueño. El programa les proporciona visibilidad y les permite reconocer y valorar aquello que consideran una habilidad propia, aunque nosotros no siempre coincidamos con esa apreciación.

Tienen el valor necesario para presentarse y darse una oportunidad. Se atreven a hacer algo que muchas personas no intentarían. Existen incluso personas con grandes capacidades que permanecen en sus casas porque no confían en sí mismas. Me parece una plataforma maravillosa para desinhibirse y decir: “Voy a intentarlo. Si lo hago bien y realmente poseo este talento, alguien me lo dirá. Si no es así, por lo menos no me quedé con las ganas”. El acto puede divertirnos, aburrirnos, asustarnos o conseguir que nos pongamos de pie. Algunas personas hacen cosas que nosotros jamás nos atreveríamos a intentar.

Hace poco conocí un estudio según el cual las nuevas generaciones están bailando cada vez menos por el temor a ser grabadas y juzgadas. ¿Crees que el programa dialoga con esa ansiedad y con la necesidad de desinhibirse?

EL DIABLITO: Sí. El programa se convierte en una ventana para personas que presentan su arte en las calles. En los países latinoamericanos encontramos muchísimo talento en los semáforos, las plazas, los teatros pequeños y los circos.

Es una buena oportunidad para que la televisión muestre a quienes poseen grandes capacidades, pero normalmente trabajan en esos espacios. También es una plataforma que puede ayudar a otras personas a perder el miedo y decidirse a mostrar aquello que saben hacer.

ADAMARI LÓPEZ: Existen muchas maneras de entretener. Aquello que me divierte quizás no sea lo mismo que disfruta El Diablito, y eso no significa que una persona carezca de talento simplemente porque su actuación no me gustó. Tal vez no corresponde a mi manera de divertirme, pero puede conectar con El Diablito, Jordi, Michelle o con el público que observa desde casa. La audiencia también puede estar en desacuerdo con nuestras decisiones y considerar extraordinario a alguien que nosotros no escogimos.

Esa diversidad permite que todos tengan una oportunidad. En uno de los programas conocimos a un participante que nos divirtió, aunque nosotros lo considerábamos entre los más débiles. El público, en cambio, lo recibió con muchísimo entusiasmo y se negó a colocarlo entre los peores.

La audiencia aplaudió el simple hecho de que se hubiera atrevido. Al final, él preguntó qué dirían ahora sus compañeros, quienes creían que jamás tendría el valor de presentarse. A veces otras personas intentan aplastar nuestra seguridad y necesitamos demostrar que nadie tiene derecho a hacernos sentir inferiores. Esa fortaleza también forma parte de la dinámica.

El programa no evalúa únicamente el talento. También parecen intervenir la valentía, el carisma y la presencia escénica. ¿Puede una personalidad definida ser tan importante como la habilidad técnica?

EL DIABLITO: Sí. Puedes cantar muy bien y tocar el piano, pero hay muchas personas capaces de hacerlo. La pregunta es qué te diferencia, qué riesgo estás dispuesto a asumir y qué elemento conseguirá que nosotros digamos: “Esto realmente sorprende”. Paulina Rubio, por ejemplo, quizás no posea la mejor voz desde un punto de vista técnico, pero basta escuchar la primera nota para reconocerla.

ADAMARI LÓPEZ: Tiene estilo, personalidad y presencia.

EL DIABLITO: Tiene un sello. No basta con llegar y presentar un talento. Necesitamos descubrir aquello que te identifica y nos hace escogerte a ti.

El programa combina concurso, espectáculo y una especie de experimento social. ¿Crees que la televisión necesita formatos más creativos y caóticos para recuperar la capacidad de sorprendernos?

YORDI ROSADO: Sí. El formato reúne varios elementos muy interesantes. Primero observamos objetivamente el talento de una persona. Después la conocemos y esa conversación puede modificar nuestra decisión sobre si queremos conservarla dentro de la competencia. Posteriormente descubrimos la opinión del público y conocemos la historia del participante. Puede tratarse de alguien que llega después de trabajar en una producción gigantesca o de una persona que realiza su acto frente a un semáforo en alguna calle de Centroamérica.

Todos esos elementos pueden jugar a favor o en contra. El resultado no es únicamente un espectáculo de números, sino también un programa sobre seres humanos.

Michelle, algunas personas llegan convencidas de poseer habilidades extraordinarias y quizás no sea así; otras tienen preparación, pero la presión las paraliza. ¿Qué situación te preocupa más?

MICHELLE RODRÍGUEZ: Son dos situaciones diferentes. Hemos recibido personas completamente seguras de ser las mejores bailando con una escoba y descubrimos que no bailan demasiado bien ni con la escoba ni sin ella. Dentro del programa intentamos jugar con ellas y mostrarles que existen otras disciplinas que requieren mucho esfuerzo, años de aprendizaje y una enorme dedicación. Incluso los propios participantes observan determinados actos y preguntan cómo es posible conseguir algo semejante. La respuesta suele ser la misma: años de experiencia.

Tratamos esas situaciones desde el humor porque presentarse frente a las cámaras y saber que millones de personas en Latinoamérica estarán mirando produce muchísimo miedo. No es sencillo. En el otro extremo, el programa representa una gran oportunidad. A veces el miedo y los nervios pueden traicionarte. Quizás viajaste desde otro país, tu madre está observándote desde Brasil, abandonaste determinadas cosas porque decidiste trabajar en el circo y llegas al escenario cargando toda esa historia. Si no consigues abrazar emocionalmente ese peso, puede perjudicar tu actuación.

Una persona puede tener preparación, talento y una carrera internacional dentro del circo, pero el miedo termina dominándola. En ese caso podría aprender algo de la confianza del participante menos preparado. Uno puede aprender de la seguridad del otro y el otro puede aprender de su disciplina. Se necesita encontrar un punto intermedio.

Yordi, una de las claves de tu trayectoria ha sido la empatía y la posibilidad de colocarte en el lugar del otro. ¿Hubo alguna historia que cambiara completamente tu percepción sobre un concursante?

YORDI ROSADO: Recuerdo a una mujer orquesta capaz de tocar siete instrumentos simultáneamente. Su acto era muy hermoso, pero no sabíamos si realmente se encontraba entre los mejores, y esa es la pregunta que da nombre al programa. Después conocimos su historia. Descubrimos que continuó presentándose incluso durante su embarazo, que inicialmente construyó sus instrumentos con botes de leche y de agua, y que además es madre soltera de dos niñas a quienes debe sacar adelante todos los días.

No existe manera de escuchar algo así sin sensibilizarse. Allí aparece una de las dificultades del programa. Nosotros debemos decidir si escogemos a alguien a partir del acto, sin permitir que la historia personal determine por completo el resultado. Sin embargo, el público tiene la posibilidad de rescatar, abrazar y apoyar a esa persona.

El formato está diseñado de una manera muy inteligente porque nos presiona para seleccionar el mejor talento y nos obliga a ser rigurosos, mientras la audiencia puede relacionarse con los participantes desde otros lugares. También posee una estructura muy accesible. El espectador no necesita saber qué sucedió en el bloque anterior ni qué ocurrirá después. Puede ver quince minutos, conocer tres talentos y decidir desde su propia perspectiva quién es mejor.

La variedad es enorme. No observamos solamente cantantes y bailarines. Hay personas que hablan al revés, realizan cálculos extraordinarios, comen veinte perros calientes en un minuto, desarrollan actos de mentalismo o presentan habilidades difíciles de clasificar. También recibimos participantes de Estados Unidos, Centroamérica y México. Resulta muy emocionante observar a tantas personas cumpliendo un sueño porque la mayoría posee un talento genuino.

El humor es una parte fundamental de ¿Quién es mejor?, pero actualmente aquello que hace reír a una persona puede ofender a otra. ¿Cómo trabajaron la comedia sin olvidar que están evaluando los sueños de los seres humanos?

MICHELLE RODRÍGUEZ: Fue uno de los aspectos que intentamos cuidar con mayor atención. Presentarse frente al panel, el público y las cámaras constituye un desafío enorme. El simple hecho de hacerlo ya les concede un reconocimiento adicional. Procuramos no emitir un juicio definitivo sobre la persona. Nuestro trabajo consiste en buscar al mejor participante de cada bloque. Desde esa premisa intentamos decir de la manera más amable posible que alguien todavía necesita trabajar o preguntarle cómo está desarrollando su habilidad.

Jugamos con ellos para que la evaluación se convierta en una conversación y no en un ataque. En ocasiones, los propios participantes terminan reconociendo que quizás su talento no era tan extraordinario como imaginaban o que los nervios afectaron el acto. Se ríen con nosotros. La comedia puede comunicar muchísimas cosas, incluso datos muy duros, pero lo importante es no pasar por encima de nadie. Los participantes están emocionalmente muy expuestos. El objetivo es que todos formemos parte del juego. Nosotros no estamos situados por encima de ellos. No juzgamos su valor como personas; intentamos escoger el mejor acto del bloque.

Actualmente cualquiera puede intentar hacerse famoso desde un teléfono y construir su propio público en las redes sociales. ¿Qué continúa ofreciendo la televisión que esas plataformas todavía no han conseguido reemplazar?

YORDI ROSADO: La televisión todavía posee la capacidad de escoger y organizar diferentes cosas para el espectador. En las redes existen tantas opciones que uno también puede cansarse. Una de las grandes cualidades de la televisión es la curaduría. Cuando existe un buen director de programación, sabe qué puede interesarle al público, cuál contenido debería aparecer después de otro y cómo construir un recorrido.

Naturalmente, cada persona conoce sus gustos y sabe qué quiere ver, pero existen momentos en los que uno termina agotado de buscar. A veces paso mucho tiempo recorriendo una plataforma y finalmente pienso: “Ya me cansé de decidir. Muéstrame algo”.

La televisión puede presentarte un contenido que jamás habrías escogido y que termina gustándote. Además, posee muchos años de experiencia. Ayer me preguntaron si creía que desaparecería y respondí que no. La fotografía no desapareció cuando surgió el cine, el cine no desapareció con la radio y la televisión tampoco desapareció con la llegada de internet. Ahora existen más opciones y cada medio posee cualidades diferentes.

Me encanta el mundo digital y estoy seguro de que continuará creciendo y ocupará una proporción cada vez mayor dentro de nuestros hábitos, pero la televisión seguirá siendo un lugar seguro al cual regresar.

MICHELLE RODRÍGUEZ: Quiero añadir algo a lo que dice Yordi. La televisión también produce una comunidad que las redes sociales no siempre consiguen crear. Si dos personas estamos viendo el mismo programa, compartimos la experiencia y podemos conversar inmediatamente sobre aquello que sucede. En las redes, tu algoritmo es diferente del mío. Aunque ambos hayamos visto el mismo video, nunca será exactamente igual a sentarse con la familia para disfrutar juntos de un programa.

Yo crecí de esa manera. Puedes ver un contenido digital, pero cada persona lo hizo a una hora distinta y bajo circunstancias diferentes. Cuando ves algo con tu pareja o con tu familia, todos reaccionan al mismo tiempo. Incluso existe ahora la llamada “infidelidad de series”: alguien se adelanta y ve sin ti el capítulo que habían acordado compartir. La experiencia conjunta todavía importa. En la televisión, o lo vemos juntos o lo vemos juntos.

ANDRÉ DIDYME-DÔME

Editor de Cine y TV

Psicólogo y comunicador, se desempeña como editor de cine y TV para The Hollywood Reporter en Español y Rolling Stone en Español. Ha realizado las críticas de más de 2000 películas y series para las dos revistas, escrito diversos artículos de análisis y opinión y ha entrevistado a más de 200 figuras del cine y la TV.

SUSCRÍBETE A NUESTRAS EDICIONES

Vive la experiencia completa de The Hollywood Reporter en Español, sin límites y todos los días, en sus versiones impresas y digitales.

MÁS DE HOLLYWOOD REPORTER EN ESPAÑOL

Síguenos