Después de más de una década viviendo en México, el director belga Hans Bryssinck encontró en el nahualismo, las tradiciones populares y la experiencia de la extranjería el punto de partida para Celestino, una de las propuestas más singulares surgidas recientemente del cine mexicano independiente. La película sigue a Iván, un periodista extranjero que llega a un pueblo hidalguense buscando a un escritor desaparecido, solo para terminar atrapado en una experiencia donde la identidad, la espiritualidad y la percepción de la realidad comienzan a confundirse.
Estrenada en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, la cinta cuenta con las actuaciones de Jonathan Capdevielle, Evangelina Martínez, Sandra Celedón, Kerygma Flores y Martha Claudia Moreno, una de las intérpretes más sólidas del cine mexicano contemporáneo. Su personaje, Pilar, se convierte en una pieza fundamental dentro de una familia dominada por las mujeres y por una lógica que desafía constantemente la mirada racional del protagonista.
Conversamos con Hans Bryssinck y Martha Claudia Moreno sobre el creciente interés de los jóvenes por el nahualismo, la figura del extranjero, las dinámicas de género dentro de la película y la manera en que Celestino construye un universo donde la incertidumbre es parte esencial de la experiencia.

Se percibe un creciente interés de las nuevas generaciones por el nahualismo y otras tradiciones espirituales. ¿A qué creen que responde esa fascinación?
Hans Bryssinck: Es curioso porque empecé a interesarme por estas espiritualidades a finales de los años noventa y principios de los dos mil, cuando sentía que mis contemporáneos no tenían demasiado interés en estos temas. Ahora estamos en otro momento. Vivimos en una época marcada por la posverdad, por la desconexión y por muchas preguntas sobre el sentido de la vida. Quizá estas tradiciones ofrecen una forma distinta de relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos.
Martha Claudia Moreno: Yo tampoco pertenezco a la generación Z, pero entiendo que frente a una experiencia cada vez más vertiginosa y digital exista una necesidad de encontrar tierra firme. Tal vez estas búsquedas espirituales les permiten construir identidad y encontrar algún tipo de arraigo.
El nahualismo introduce la idea de una identidad múltiple. ¿Cómo dialoga eso con las discusiones contemporáneas sobre identidad?
Hans Bryssinck: Me interesa porque plantea otra manera de entender nuestra relación con el otro. El nahualismo nos invita a pensar que la frontera que percibimos entre una persona y otra quizá no es tan firme como creemos. Lo familiar y lo extraño pueden coexistir. En un mundo tan polarizado, donde constantemente definimos quién pertenece y quién no, me parecía interesante explorar esa posibilidad.
La película está atravesada por la figura del extranjero. Iván observa, investiga, pero también invade. ¿Hasta qué punto Celestino reflexiona sobre la mirada foránea?
Hans Bryssinck: Totalmente. La figura del intruso era algo que quería explorar desde el principio. Iván entra en una casa, en una dinámica familiar y en una cultura que no le pertenecen. Pero la película también muestra la mirada inversa. Él observa a la familia, pero ellas también lo observan a él. Se preguntan quién es, qué busca y hasta dónde están dispuestas a permitirle entrar en sus vidas.

Martha, háblanos de Pilar. ¿Qué representa dentro de este universo?
Martha Claudia Moreno: Para mí Pilar representa los usos y costumbres, la tradición. No necesariamente la espiritualidad profunda, pero sí una forma de fe ligada a ciertas prácticas y rituales heredados. Es alguien que habita ese mundo de manera natural y que, sin proponérselo, empieza a provocar cosas en el protagonista.
La familia está compuesta casi exclusivamente por mujeres y el único hombre que irrumpe desde afuera es Iván. ¿Qué les interesaba de esa estructura?
Hans Bryssinck: Está inspirada en experiencias reales que he tenido en México. He conocido muchas familias donde las mujeres son quienes sostienen la casa, toman las decisiones y mantienen unidos los vínculos. Me interesaba invertir ciertas dinámicas de poder. Aquí el extranjero masculino entra a un territorio donde las reglas ya existen y donde él tiene que adaptarse.
La casa parece funcionar como un personaje más. ¿Era una intención consciente?
Martha Claudia Moreno: Sí, completamente.
Hans Bryssinck: Siempre estuvo planteada como un personaje. La casa cambia a medida que cambian las circunstancias de la historia. Tiene una presencia viva. Pero también hay un recorrido espacial muy claro: empezamos en la ciudad, llegamos al pueblo, luego a la casa, después a una habitación y finalmente terminamos dentro de la mente del personaje. Es como un proceso de encierro progresivo que conduce hacia el mundo interior.
Mientras veía la película pensaba mucho en los monstruos clásicos y especialmente en Drácula. La entrada de Iván en la casa parece cruzar un umbral similar.
Hans Bryssinck: Qué interesante que lo menciones porque sí estaba presente. Pensaba específicamente en el momento en que Jonathan Harker entra al castillo de Drácula. Hay una invitación, pero también una sensación de peligro. En Celestino ocurre algo parecido. Pilar le dice: “Mi mamá dice que puedes pasar”. Hay una autorización, pero también una tensión. Él sabe que está entrando a un lugar que tiene sus propias reglas.
Como extranjero viviendo en México, ¿qué fue lo más difícil de traducir al lenguaje cinematográfico?
Hans Bryssinck: Evitar la exotización. Ese era probablemente el mayor riesgo. Por eso fue tan importante trabajar con Rosa Hadit Hernández en la fotografía. Necesitaba una mirada mexicana que me ayudara a no caer en clichés. Mi interés siempre estuvo en desdibujar los límites entre lo familiar y lo extraño, no en presentar una cultura como algo exótico o distante.
La película apuesta por la ambigüedad en una época donde gran parte del público busca respuestas inmediatas. ¿Cómo han percibido las reacciones?
Hans Bryssinck: Lo que más me sorprendió fue el silencio. Al principio me asustó porque pensé que algo no estaba funcionando. Pero después entendí que era un silencio lleno de preguntas. La película sigue trabajando dentro del espectador después de terminar. No se trata de que alguien salga confundido, sino de que continúe pensando en lo que vio.
Martha Claudia Moreno: Creo que el cine también tiene que permitir eso. No todo tiene que estar resuelto. A veces una película vale precisamente por las preguntas que deja abiertas.
¿Esa era la intención final?
Hans Bryssinck: Exactamente. Que el espectador se convierta en una parte activa de la experiencia. Que complete ciertos espacios desde su propia mirada y sus propias preguntas.