La combinación ganadora de desenfado, seriedad y atractivo que Gael García Bernal ha aportado tanto a la gran pantalla (Amores perros, Y tu mamá también) como a la pequeña (Mozart in the Jungle) no logra trasladarse a su segundo intento como director, Hombre al agua; se trata de una comedia dramática atípica, demasiado caótica y confusa para alcanzar su objetivo.
El actor, que escribió el guion junto a Mariano Pensotti, ejerce una doble función como protagonista y director en esta historia algo recargada sobre un socorrista cubano que se convierte en la mano derecha de un magnate empresarial mexicano, solo para ver cómo su vida se desmorona rápidamente porque, bueno, eso es lo que suelen hacer estas peculiares tragicomedias. La película se esfuerza demasiado por buscar la risa y la profundidad, a pesar de contar con un reparto atractivo, cuyos personajes rara vez transmiten la sensación de ser personas reales. Tras su estreno en la sección paralela Venice Spotlight, Hombre al agua debería abrirse camino en América Latina, aunque lo tendrá más difícil para navegar en aguas internacionales.
Hombre al agua
Conclusión: Un proyecto personal poco convencional y sin un propósito claro.
Recinto: Festival de Cine de Venecia (Venice Spotlight)
Elenco: Gael García Bernal, Esmeralda Pimentel, Débora Nascimento, Natalia Oreiro, Anna Díaz, Manuel García Rulfo, Jorge Salinas, Ricky Martin
Director: Gael García Bernal
Guionistas: Gael García Bernal, Mariano Pensotti
Duración: 1 hora y 56 minutos
El título, una expresión que alude tanto al tono caótico y desenfrenado que el actor imprime a su tercer largometraje, tras el drama más contenido de su debut en 2019, Chicuarotes, como al incidente desencadenante de la nueva película. Tras una escena de sexo inicial que resulta hilarantemente desastrosa entre el emigrante cubano Camilo (Bernal) y su esposa Juana (Esmeralda Pimentel), atleta profesional, la historia retrocede en el tiempo para mostrar cómo Camilo pasó de ser un solitario socorrista en la playa de Varadero, Cuba, a convertirse en un padre y empresario de éxito, después de salvar de morir ahogado a Don Abel (Jorge Salinas), un hombre de gran fortuna e influencia, y casarse poco después con la hija de este. Ahora vive en la impresionante hacienda de su jefe y suegro en Yucatán, donde ayuda a Juana a cuidar de su hija pequeña y administra una fábrica que ostenta el monopolio de las bridas de plástico.
El planteamiento es ágil y el humor tiende a lo disparatado, al estilo de una película de los hermanos Coen, aunque sin su dominio del ritmo narrativo, que aquí resulta errático de principio a fin. A Camilo empiezan a sucederle todo tipo de locuras, empezando por la crisis de su matrimonio a raíz de que Juana se vuelve muy cercana a Fabiana (Débora Nascimento), una llamativa actriz brasileña a la que entrena para interpretar a una saltadora de pértiga profesional en la pantalla. Entretanto, Don Abel sufre un atropello y le pide a Camilo, bajo secreto, que cuide de Silvana (Natalia Oreiro), su amante argentina embarazada, a quien instala en la finca durante la mayor parte de la película. La situación también se complica en la fábrica de Camilo, donde se ve obligado a despedir a una parte de la plantilla.
El actor y director somete a su protagonista a todo tipo de situaciones sin mucha lógica, en lo que parece una crisis de mediana edad a la deriva que nunca logra encontrar un hilo conductor sólido. Resulta difícil discernir cuál es el elemento unificador de Hombre al agua, más allá de ver a Bernal rodeado de tres mujeres hermosas —y de un hombre atractivo, Ricky Martin, que protagoniza un divertido cameo— en un entorno paradisíaco.
Parece estar disfrutando del papel, haciendo gala de un acento cubano y de su habitual carisma para interpretar a un hombre decente que se aferra desesperadamente a una vida privilegiada que le cayó del cielo. La película incluye una crítica social constante sobre la brecha de clases en México, ya sea a través del absoluto desprecio de Don Abel hacia sus trabajadores o de Juana pavoneándose como una princesa consentida en ropa deportiva, pero dichas observaciones rara vez profundizan más allá de la superficie. De fondo se emite continuamente una telenovela brasileña en blanco y negro, protagonizada por Fabiana en el papel de la esposa de un rebelde de clase trabajadora, pero esta no deja una huella significativa.
En el mejor de los casos, Hombre al agua es un proyecto personal en el que la estrella mexicana reflexiona sobre la paternidad, la masculinidad y el sentido moral. Sin embargo, un guion más sólido y menos caos habrían ayudado a que su mensaje llegara con mayor claridad, en lugar de diluirlo entre tantas payasadas. “Esto parece una mala sitcom”, exclama Camilo en un momento en que la situación se vuelve verdaderamente absurda, y es inevitable preguntarse si Bernal está expresando en voz alta lo que todos nosotros hemos estado pensando.