Crítica Búnker: Penélope Cruz y Javier Bardem resultan fascinantes como un matrimonio que se distancia en un drama psicológico incisivo pero esquemático

Stephen Graham y Patrick Schwarzenegger también protagonizan lo último de Florian Zeller, una obra que aborda los dilemas éticos y emocionales que surgen cuando un arquitecto se plantea aceptar un encargo lucrativo de un multimillonario del sector tecnológico

Por DAVID ROONEY |

septiembre 10, 2026

2:21 pm

Tamara Arranz/Blue Morning Pictures/Mod Producciones/Pathé Films/Sony Pictures Classics

Desde que dio el salto del teatro al cine, el guionista y director Florian Zeller se ha especializado en examinar la presión que los problemas de salud mental ejercen sobre las familias, abordando la demencia en The Father y la depresión en The Son, ambas basadas en sus propias obras teatrales. Su tercer largometraje, Búnker, pone bajo la lupa un matrimonio aparentemente feliz en el que empiezan a surgir grietas. La película resulta especialmente gratificante cuando mantiene el foco en la intensa dinámica psicológica entre dos personas que se aman. Esto se debe en gran medida a las actuaciones electrizantes de la pareja en la vida real formada por Penélope Cruz y Javier Bardem, para quienes se escribió el filme, quienes aportan una poderosa carga emocional tanto a las escenas de intimidad como a las de distanciamiento.

La característica actuación de reparto incisiva de Stephen Graham aporta un valor añadido a una película que resulta menos convincente en su análisis de la desigualdad económica. El brusco giro hacia el cine de género en la recta final de la historia, cuando la trama se convierte en un thriller violento, se percibe algo forzado y repentino como mecanismo para resolver la crisis. No obstante, el trabajo de los actores logra mantener el interés del espectador, al igual que la composición visual impecablemente controlada, el uso impactante del color y el sólido sentido de la dinámica espacial.

Búnker

Conclusión: Con fallas, pero irresistible 

Recinto: Festival de Cine de Venecia (En competencia)

Elenco: Penélope Cruz, Javier Bardem, Stephen Graham, Paul Dano, Patrick Schwarzenegger, Mark Gattis, James Bisping, Karen Ascoe

Director-guionista: Florian Zeller

Duración: 2 hora y 6 minutos

Zeller se inspiró en el thriller de comedia negra argentino de 2009 El hombre de al lado, cuyos codirectores, Andrés Duprat y Mariano Cohn, figuran aquí como productores ejecutivos. Aquella película se centraba en un conflicto creciente entre vecinos de distintos niveles socioeconómicos a raíz de una disputa inmobiliaria; dicha trama se integra aquí en una historia sobre la tensión que ese enfrentamiento, sumado a otros factores, ejerce sobre el matrimonio del célebre arquitecto Miguel Moreno (Bardem) y Sofía (Cruz), editora en una casa editorial.

Tras mudarse de Madrid a Londres cuando su prestigio profesional se disparó al recibir un prestigioso galardón internacional, Miguel, Sofía y sus dos hijas pequeñas se han instalado en un barrio gentrificado. Su casa reformada es una auténtica maravilla arquitectónica: inundada de luz natural y diseñada con un estilo minimalista y elegante, goza de total privacidad gracias a un jardín amurallado contiguo a la sala, comedor y cocina, que cuentan con paredes acristaladas. (El diseñador de producción Alain Bainée realizó un trabajo impresionante al construir la casa por completo en un plató de Madrid, lo que permitió a Zeller explorar las conexiones entre la arquitectura y la psicología).

Esa burbuja protectora que aísla a los Moreno del mundo exterior se ve vulnerada cuando Toby (Graham), su vecino de clase trabajadora, emprende un proyecto para convertir su garaje en un estudio e instala una ventana en la pared medianera que separa ambas propiedades. Zeller plantea esta situación con gran destreza al integrar los golpes de maza del albañil contratado por Toby en los pasajes de percusión de la inquietante banda sonora compuesta por Volker Bertelmann.

Indignado por no haber dado su consentimiento para esta intrusión estructural, Miguel protagoniza un tenso enfrentamiento con su vecino; este, lejos de disculparse, se limita a ofrecer una justificación pragmática: quería que entrara luz solar en su estudio. Aun así, accede a devolver el muro a su estado original —a costa de Miguel—, sin ocultar su desprecio por los nuevos residentes adinerados que están transformando la zona residencial.

Zeller introduce esta situación con destreza a través de una entrevista televisiva a Miguel, quien muestra su lado más tierno al relatar cómo conoció a Sofía. Ella observa y escucha con una evidente ternura en la mirada, pero también con un matiz indescifrable de distanciamiento emocional, o tal vez incluso de irritación.

A medida que avanza la historia, queda claro que Sofía lamenta haber dejado atrás una gratificante carrera editorial en Madrid para trasladar a su familia y seguir a su marido a Inglaterra. Se siente insatisfecha en su puesto de editora sénior del departamento de literatura extranjera, ya que pasa más tiempo tratando con traductores que con autores. Está a punto de quedar vacante el puesto de responsable de ficción, pero Sofía se muestra escéptica sobre las posibilidades de que alguien que no sea británico consiga el cargo.

Aunque en la mayoría de los aspectos Miguel es un esposo, padre y proveedor cariñoso e ideal, no se percata del creciente distanciamiento de Sofía. Esta situación se hace cada vez más evidente a medida que ella llega más tarde a casa, ocupada en acompañar por la ciudad a Jeremy (Patrick Schwarzenegger), un novelista estadounidense en pleno ascenso, para atender compromisos de prensa previos al lanzamiento de su libro en el Reino Unido. Sin embargo, las sospechas celosas de Miguel pasan por alto la verdadera causa de la inquietud que carcome a Sofía.

El factor de mayor peso que amenaza con distanciarles surge cuando Miguel recibe la propuesta de diseñar un búnker descomunal en Hawái para un multimillonario tecnológico anónimo. Paul Dano interpreta a este personaje en una escena magnífica, encarnando a un hombre poco acostumbrado a escuchar un “no” por respuesta. Su rostro refleja una mezcla de indiferencia y autosuficiencia, situándose a medio camino entre Elon Musk y Mark Zuckerberg, con un toque del gato de Cheshire. Cuando Miguel rechaza la oferta en un primer momento, el cliente la duplica y pone sobre la mesa una suma capaz de cambiarle la vida.

Sofía siente un fuerte rechazo ante la actitud de los ultra-ricos, que se preocupan únicamente por sí mismos mientras el mundo se tambalea al borde del desastre, dando la espalda a los demás. Por supuesto, eso es otra faceta de lo que hace Miguel al intentar impedir que el obstinado Toby vea su casa y su jardín. No es que se le pueda culpar por ello. Sofía, que nunca oculta lo que siente, está indignada de que Miguel siquiera contemple el proyecto de Hawái, descrito con entusiasmo desbordante por su representante de negocios (Mark Gatiss) como “faraónico”.

Todo esto se desarrolla de manera fascinante a medida que las numerosas inquietudes de Sofia sobre la vida de la familia en Londres estallan en forma de ira. La tensión conyugal que transmiten Cruz y Bardem hierve a fuego lento hasta volverse abrasadora, aportando una bienvenida dosis de fuego al estilo habitualmente más frío y clínico de Zeller. El hecho de que los Moreno hablen español en casa también añade una chispa de frescura a la obra de un cineasta que suele optar por una contención gélida y emociones contenidas. Lo mismo cabe decir del rencor que transmite Graham (tan memorable en Adolescence), cuyo personaje, Toby, parece a punto de propinarle un cabezazo a Miguel en cualquier momento.

Lo que resta valor a la película es la manera torpemente enfática en que se anticipa un giro dramático de la trama; este queda prácticamente expuesto por un técnico de una empresa de alarmas que convence a Miguel de las ventajas de instalar un sistema de seguridad doméstica de última generación. Hay diálogos algo didácticos sobre la fragilidad de las relaciones, disfrazados de charla, durante una cena y un simbolismo excesivamente evidente en un cuadro que Sofía admira en la inauguración de una galería, aunque el eco visual que este genera en los momentos finales de la cinta resulta inevitablemente conmovedor.

Otros detalles poco sutiles empañan la sofisticación de la película; por ejemplo, el hecho de que la protagonista de la novela de Jeremy sea un personaje atrapado en su propia existencia, lo que sugiere de manera evidente lo que siente Sofia. Sin embargo, el problema principal radica en que la profundidad psicológica con la que Zeller aborda a sus personajes supera con creces sus reflexiones sobre el aislamiento privilegiado que conlleva la riqueza. Asimismo, las acciones de un salvador inesperado durante una experiencia traumática para los Moreno conducen a un desenlace que se percibe como una salida fácil.

A pesar de ser irregular y esquemática, Búnker es una película visualmente magnífica que vuelve a poner de manifiesto el ojo perspicaz de Zeller, en colaboración con su director de fotografía habitual, Ben Smithard. La ubicación de Cruz y Bardem en momentos clave frente a una pared de cocina de un rojo intenso —casi deslumbrante, como el de un camión de bomberos— resulta sumamente eficaz. Es una obra que logra una mayor implicación emocional y resulta menos implacable que la sombría The Son, contando además con las interpretaciones de un elenco consumado al que no se le puede poner ni una sola queja.

DAVID ROONEY

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