10 masculinidades problemáticas en el cine y la TV

Un breve (pero significativo) recorrido por personajes icónicos que normalizaron formas tóxicas de masculinidad y siguen influenciando nuestra cultura visual

Por JULIETA CHÁVEZ |

agosto 15, 2025

8:56 am

Michael Curtiz,1942; Guy Hamilton, 1964; Martin Scorsese, 2013

Durante décadas, el cine ha exaltado figuras masculinas que encarnan ideas dañinas sobre el poder, el deseo y la violencia. Algunos de estos personajes han sido celebrados, otros cuestionados, pero muchos transmiten versiones dañinas y limitadas de la masculinidad que se han naturalizado en nuestra cultura visual y social, moldeando profundamente cómo la entendemos y experimentamos.

Este texto no busca hacer un ranking ni un listado definitivo. Más bien, es un recorrido por personajes que, en distintos momentos y contextos, reflejan esas ideas problemáticas. La intención es analizarlas desde el cine porque es a través de la pantalla que estas masculinidades se vuelven parte de nuestro imaginario colectivo y resultan difíciles de cuestionar. Señalarlas y comprenderlas es fundamental para que se reconozcan, se cuestionen y dejen de reproducirse como modelos únicos o naturales de masculinidad.

La idea de este artículo surge de conversaciones que THE HOLLYWOOD REPORTER en Español ha tenido con actores, directores de cine y guionistas de teatro que comparten esta preocupación y compromiso. Este recorrido incluye figuras icónicas y reconocidas en la historia del cine, como Jordan Belfort en El lobo de Wall Street, Pepe le Pew y Rick Blaine en Casablanca, que, a pesar de sus diferencias tanto en contextos sociales, como culturales, reflejan patrones masculinos problemáticos que se han perpetuado a lo largo de la historia.

Rick Blaine, Casablanca (1942)

Rick Blaine suele ser visto como un héroe que renuncia al amor de su vida por una causa mayor, dejando ir a Ilsa para que siga con Victor Laszlo, su esposo, en la lucha contra el nazismo. Durante gran parte de la película, Ilsa está dividida entre su amor por Rick y su compromiso con Laszlo, sin expresar abiertamente que quiere quedarse con Rick. Sin embargo, este último actúa como si esa opción existiera y, desde su dolor y orgullo, decide por ella que debe irse con Laszlo. 

Es solo al final, cuando la decisión ya había sido tomada, que Ilsa expresa claramente su deseo de quedarse con él, pero él no lo acepta. En cambio, impone su decisión y pronuncia la famosa frase “Siempre nos quedará París.” Este momento muestra que Rick no reconoce la autonomía de Ilsa y continúa tratándola más como un objeto que perdió que como una persona con libre albedrío.

Aunque la película presenta ese acto como un sacrificio noble, en realidad es una forma de mantener el control frente a su herida emocional, negando la voluntad de una persona que debería ser vista como un sujeto autónomo.

Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

Pepe le Pew, Looney Tunes (1945-presente)

El emblemático y romántico zorrillo francés de los Looney Tunes es otro ejemplo digno de mencionar. Su personalidad “mujeriega” y conquistadora (inspirada en el actor francés Alain Delon) marcó a varias generaciones desde los años 40, quienes crecieron viéndolo intentar cortejar a la pobre Penélope, la gatita desafortunada que siempre huía de sus intentos.

Aunque las interacciones entre ellos son caricaturescas y graciosas, resulta preocupante pensar que este modelo de “aferramiento” (acoso, más bien) haya formado a tantos niños. La trama gira en torno a Pepe insistiendo constantemente y dando por sentado que Penélope solo “se hace la difícil”, como si su rechazo le perteneciera, cuando claramente no es así.

Este tipo de dinámicas, aunque presentadas con humor, normalizan actitudes de insistencia y falta de respeto a los límites de las personas, los cuales pueden perpetuar ideas tóxicas sobre el consentimiento y las relaciones afectivas.

Really Scent (1959)

James Bond (1953-2021)

Bond es uno de los personajes más famosos del cine. Su personalidad seductora y sus habilidades lo convierten en el espía ideal, elegante y letal; una figura que muchos ven como una fantasía aspiracional por su mezcla de riesgo, control y sofisticación.

Sin embargo, esta imagen choca con la forma en que Bond se relaciona con las mujeres. En las primeras películas (aunque reflejaban la época, siguen sin justificar su conducta) esas relaciones estaban marcadas por el poder, la coerción sexual y la violencia. Lo que en su momento se presentaba como carisma o dominio, hoy se reconoce como una forma clara de misoginia.

Ese mismo tono también estaba presente fuera de pantalla. ​​En una entrevista de 1965 con Playboy, Sean Connery, quien interpretó a Bond en varias entregas, declaró: “No creo que haya nada malo en golpear a una mujer, aunque no recomendaría hacerlo del mismo modo que a un hombre. Si una mujer está histérica o es muy obstinada, lo haría”.

La franquicia ha reconocido estas críticas, como cuando M le dice al Bond de Pierce Brosnan que es “un dinosaurio machista y misógino”. Así, aunque evidentemente fue creado para

satisfacer la mirada masculina, con los años Bond se ha convertido también en un ejemplo evidente de masculinidad tóxica disfrazada de encanto.

Sean Connery como James Bond en Goldfinger. (Guy Hamilton, 1964)

Michael Corleone, El padrino (1972)

Michael Corleone es un personaje que encarna una forma particular de masculinidad tradicional y tóxica que no se presenta como un villano en el sentido clásico directamente. Él es un retrato de cómo muchos hombres protegen y cuidan su masculinidad (y su familia), a veces obsesionándose con ella porque la ven como un deber que deben cumplir. Michael se siente obligado a asumir un rol de protector y líder absoluto, lo que lo lleva a tomar decisiones frías y violentas, justificadas por un sentido de honor y lealtad familiar. Su control absoluto sobre su entorno y el manejo de sus lazos de sangre simbolizan un poder masculino que no admite vulnerabilidad ni emociones abiertas.

A pesar de sus actos cuestionables, el personaje es presentado como un patriarca legítimo y respetado, lo que evidencia cómo la cultura suele crear estereotipos de masculinidad muy ligados o disfrazados de “narrativas complejas”.

Al Pacino como Michael Corleone en El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972)

Han Solo, Star Wars (1977-2019)

A pesar de ser uno de los personajes más queridos del universo Star Wars, Han Solo representa una presencia masculina marcada por el ego y la condescendencia. Su relación con Leia, sobre todo en las primeras entregas, está marcada por una actitud que constantemente la minimiza o desestima. Le habla con tono burlón, interrumpe sus planes estratégicos y asume que puede seducirla solo con encanto y terquedad.

Aunque la saga eventualmente le permite crecer y convertirse en un personaje más empático, no deja de ser significativo que su atractivo esté cimentado en una forma de cortejo basada en la insistencia, el sarcasmo y la autosuficiencia. Leia, pese a su fortaleza y liderazgo, tiene que navegar la relación enfrentando también esa condescendencia disfrazada de carisma. Revisar a Han desde esta perspectiva no es restarle valor como personaje, sino abrir un espacio para cuestionar cómo sus actitudes han sido celebradas a pesar de que invalidan constantemente a las mujeres que lo rodean.

Harrison Ford como Han Solo en Star Wars (George Lucas, 1977)

Marty Mcfly, Volver al futuro (1985-1990)

Aunque Marty McFly no es un personaje violento ni abiertamente controlador, sí encarna ciertas ideas problemáticas de masculinidad que se repetían con naturalidad en el cine de los años 80. Durante las tres entregas de las películas podemos verlo tomar decisiones precipitadas cada vez que su orgullo se ve fragmentado por la opinión de terceros. Esto es un ejemplo de cómo dichas reacciones están ligadas a su identidad como hombre, al punto de que llamarlo “gallina” lo orilla a tener que probarle a los demás, casi como si para él fuera una necesidad, que no es débil. 

Esos comportamientos tan constantes en la escritura de su personaje, refuerzan una noción tóxica y tradicional de lo que debe ser un “hombre de verdad”, creando un rechazo constante a su vulnerabilidad. 

Esa necesidad constante de probar que no es débil refuerza una noción tóxica de hombría, basada en la competitividad, el orgullo y la imposibilidad de mostrarse vulnerable. Es relevante ver cómo su valor como protagonista está constantemente vinculado a su capacidad de tener la razón, salvar el día o conseguir a la chica, aunque durante la trilogía eso esté disfrazado bajo un tono ligero y de aventura.

Michael J. Fox como Marty Mcfly en Volver al Futuro (Robert Zemeckis, 1985)

Johnny Bravo (1997-2004)

Johnny es un personaje caricaturesco que ejemplifica una masculinidad tóxica presentada desde la comedia y la exageración. Su ego inflado, su obsesión con la apariencia física y su constante intento de conquistar mujeres reflejan un estereotipo de macho arrogante y superficial. Aunque es cómico y muchas veces víctima de su propia torpeza, Johnny representa el modelo del hombre que cree que el atractivo físico y la actitud prepotente son suficientes para el éxito con las mujeres.

A diferencia de personajes más complejos, Johnny no evoluciona ni cuestiona su comportamiento; su insistencia y falta de respeto hacia las mujeres, aunque exageradas para la comedia, normalizan un tipo de masculinidad que se centra en la superficialidad y la obsesión megalómana. Es un ejemplo perfecto de cómo la cultura pop utiliza el humor para mostrar, pero también perpetuar, dinámicas problemáticas durante la construcción de la masculinidad.

Johnny Bravo © Netflix 

Nate, El diablo viste a la moda (2006)

Aunque la propia Anne Hathaway ha dicho que no considera a Nate un villano, sigue siendo importante señalar las actitudes cuestionables que tiene a lo largo de la película y que pueden leerse como expresiones de una masculinidad herida. Si pensamos en los roles de género tradicionales, el hombre suele ser quien debe destacar en la pareja, tener éxito y mantener el control. En El diablo viste a la moda, esa lógica se invierte, y Nate parece no saber cómo lidiar con ello. 

Su forma de desacreditar a Andy, de cuestionar constantemente sus decisiones profesionales y de asumir que él sabe mejor que ella quién es o qué le conviene, refleja una actitud paternalista disfrazada de afecto. No le ofrece apoyo, sino juicio. Esa incapacidad para acompañarla sin imponer sus propias inseguridades revela una masculinidad que se resiente cuando no es el centro, y que reacciona con condescendencia más que con respeto.

Durante años ese tipo de actitudes fueron vistas como románticas, incluso justificadas bajo la idea de que él era “la voz de la razón”. Hoy, aunque sigue siendo tema de debate en redes, también abre la puerta a cuestionar cómo ciertas formas de control emocional han sido peligrosamente romantizadas por el público al punto de normalizarlas.

Adrian Grenier como Nate en El Diablo Viste a la Moda (David Frankel, 2006)

Jordan Belfort, El lobo de Wall Street (2013)

Jordan Belfort, protagonista de El lobo de Wall Street, es un claro ejemplo de masculinidad tóxica no presentada como villano tradicional, sino como un antihéroe carismático. Su figura encarna el exceso, la arrogancia y la búsqueda implacable de poder y dinero, valores que define su identidad y que justifica con discursos seductores y una confianza narcisista.

Aunque la película retrata sus excesos y consecuencias, Belfort nunca pierde esa aura de triunfo y dominio que fascina a la audiencia. Su comportamiento incluye manipulación, misoginia, abuso de sustancias y una explotación constante de su entorno, pero lo hace desde una masculinidad que se construye en la impunidad y la autosuficiencia. Así, sin ser un villano típico, su ejemplo evidencia cómo ciertas formas de masculinidad dañina pueden ser atractivas y normalizadas, sobre todo en contextos de éxito y poder.

Leonardo DiCaprio como Jordan Belfort en El Lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013)

Carmy, The Bear (2022 – presente)

Aunque el personaje de Carmy en The Bear está construido desde una herida profunda (el duelo, la baja autoestima, el trauma laboral y familiar), también encarna una masculinidad que, por muy contenida que parezca, estalla de formas agresivas. Se sabe que carga con una presión inmensa, que su jefe fue abusivo y que su entorno no le enseñó a sostener vínculos desde el cuidado. Sin embargo, su forma de relacionarse con el equipo es muchas veces violenta, no tanto por gritos o golpes, sino por la rigidez y la hostilidad.

Aunque gran parte de su comportamiento responde a un entorno que lo ha llevado al límite, sigue siendo preocupante cómo se normaliza que el dolor masculino se exprese de formas tan violentas y explosivas. Él no es un villano, pero sí un retrato de cómo la masculinidad tradicional puede volverse una prisión donde la agresividad resulta cotidiana al momento de resolver diferencias

Jeremy Allen White como Carmy en The Bear (2022-presente). Chuck Hodes/FX

JULIETA CHÁVEZ

Redactora

Redactora editorial en The Hollywood Reporter en Español. Ha entrevistado a directores, actores y líderes de opinión, con un foco especial en mujeres, arte contemporáneo y temáticas de género.

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